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Que nunca se baje la guardia

¡Qué alegría, oiga! León -ahora sí- empieza a ser un grano para Valladolid. Un encastado y recio forúnculo. Después de tantos y tantos años de ostracismo político, de abandonos miserables y de olvidos premeditados, los jerarcas autonómicos han advertido -cuánta torpeza y cuánta arrogancia encadenada- que todo tiene un límite. Una línea roja. La provincia se despierta y eso les desvela. Les quita el sueño. Y se lo quita de tal manera, que los dos ‘grandes' de la Comunidad -Partido Popular y PSOE- andan a pedradas para ahuyentar responsabilidades.

Julio Cayón
21/2/2020 - 02:20

El golpe de efecto que, a últimos del pasado año, dio el alcalde de la capital al anunciar que León puede y debe conformar una comunidad autónoma propia, ha empezado a dar sus frutos. Ha brotado entre la sociedad. Porque lo que Diez hizo simplemente fue recoger el guante que subyacía entre la opinión pública leonesa. Y se atrevió con la apuesta. Y dio la cara. Quizá se la parta su propio partido. Quizás.
A partir de ahí el PP empezó a cojear. Como si bajara y subiera las aceras con una pierna en la calzada y la otra sobre el bordillo. También era lo esperado. Y, entonces, su secretario autonómico, Francisco Vázquez, fiel al mandato del ideario partidista, disparó contra todo lo que se movía. La última balacera, a primeros de mes, fue por la aprobación, en el Ayuntamiento de Villaquilambre -con los votos de los representantes socialistas-, de dos mociones, dos, a favor de la autonomía leonesa. Según Vázquez era "una traición a Castilla y León" por parte del Partido Socialista. Y pedía explicaciones. ¿Explicaciones a quién? Las majaderías no entienden de colores.
Y como las venas, a veces, sin inflaman en exceso y aturden, una semana después Vázquez viajaba a León para poner firmes a los tres ediles ‘populares' que, en Boñar, también habían apoyado otra moción con idéntico fin segregacionista. Pero, bondadoso, les perdonó. Y hasta los bendijo. Había entendido los motivos. La primaria amenaza de la sanción quedó en agua de borrajas. En nada. Aquí no había ‘traición'. Hay que tener cara. Aún así no se mordió la lengua al asegurar que Castilla y León era un modelo de éxito. Un paraíso. Y una coña marinera, le faltó decir.
La verdad es que uno y otro -PP y PSOE- ven la avalancha que se les viene encima. Y han caído en la cuenta de que no es tan fácil desmontar el sentimiento a favor de León, algo que en las últimas semanas viene surgiendo en todos los estamentos sociales del territorio. Y lo saben. De ahí que ahora aflore ese buenismo travestido.

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