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Opinión / Lucha contra el coronavirus

Por qué aplaudo cada día

Se ha convertido en uno de los momentos principales de cada día. Puntualmente, a las ocho de la tarde, los balcones y ventanas se pueblan de vecinos y durante algo más de cinco minutos aplauden, llenándose las vacías calles y avenidas de un susurro comunitario de aliento y de ánimo.

Marcos Álvarez
13/4/2020 - 14:15

Las primeras convocatorias al acto promovían el aplauso comunitario como muestra de agradecimiento y de apoyo a los sanitarios que luchan por controlar la infección, tratando a los contagiados y buscando nuevos medicamentos y vacunas que nos permitan superar la pandemia.
Surgieron voces que también extendían el homenaje y el recuerdo a los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad que controlan y velan por que el orden se mantenga en el país en este estado de emergencia. Y también, de forma natural se fue agrandando el abrazo diario a los trabajadores de aquellos servicios esenciales que permiten que una sociedad como la nuestra siga avanzando cada día, al ralentí sí, pero sin pararse en ningún momento.
Personalmente creo que el aplauso diario es un poco más. Aplaudo para animar, homenajear y dar gracias, por supuesto, a todos los colectivos que he mencionado, pero mi recuerdo, se extiende a todos los que de una manera o de otra, contribuimos a mantener y sostener esta sociedad que nos ampara y cobija.
A todos los agricultores y ganaderos que siguen trabajando a diario para producir los alimentos necesarios; a esas empresas transformadoras, cooperativas de trabajadores que transforman los productos que pueblan las estanterías de tiendas y supermercados; a los trabajadores del sector del transporte y logística que acercan cada día los bienes y materias primas a ciudades y polígonos industriales; a los trabajadores de los supermercados y los pequeños comerciantes que abren todas las mañanas las puertas de sus establecimientos; a esos trabajadores que permiten que los distintos suministros energéticos o de comunicaciones lleguen a nuestros hogares llenando de luz, calor y cercanía nuestras casas; a los trabajadores de las empresas de limpieza viaria y comunitaria que recogen los residuos que generamos a diario y mantienen nuestras calles y propiedades en perfecto estado sanitario...
Todos somos necesarios. Todas las ocupaciones y trabajos forman parte de una gran cadena de intercambio que posibilitan que la sociedad que hemos construido, entre todos, siga su curso, mejorando cada día, no dejando a nadie atrás.
También somos necesarios los que, por las características de nuestros trabajos o profesiones, debemos quedarnos en casa para reducir las tasas de contagios y contribuir a la lucha contra el virus. También el aplauso es para todos ellos. Los que cada día nos miramos a la cara desde la ventana de enfrente. Los que sonreímos tímidamente, o hacemos un leve gesto de complicidad ante vecinos de los que nunca nos habíamos preocupado antes. A esos que nos saludan con canciones desde sus balcones o nos organizan un bingo comunitario, o a los que organizan una fiesta de cumpleaños por el aniversario del pequeño de la comunidad de propietarios.
Para todos ellos, para todos nosotros, es mi aplauso diario. ¿Y el tuyo?

Marcos Álvarez

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