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En el adiós del Bar 'Begoña'

Cuando en León cierra un bar ‘de toda la vida', parece que la ciudad se empequeñece. Porque los bares con prosapia no es que formen parte del paisaje urbano, que también cumplen su papel en ese lienzo de calles y de plazas, sino que, en la mayoría de las ocasiones, forman parte de lo personal y a veces íntimo de cuantos los ven casi como su segunda casa. Es la magia muy poco explicada de estos establecimientos de ocio y confidencias.

Archivado en: Julio Cayón, Bar 'Begoña' de León, Barrio Húmedo,

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Julio Cayón
19/6/2020 - 02:20

Y así como cerró ‘El Infierno', uno de los bares más entrañables del Húmedo, también le ha tocado echar la trapa -la persiana, dicen fuera de León- al ‘Begoña', en la confluencia -en chaflán redondo y ladrillado- de las calles La Rúa y Fernández Cadórniga en el barrio del Mercado. Manolo, su actual propietario y oriundo de La Majúa -un pueblecito leonés que acaricia la verde Asturias- ha puesto el punto final a cerca de setenta años de vida de tan entrañable local.
Corrían los años cincuenta del pasado siglo -tiempos difíciles aún- cuando el matrimonio formado por Senén Suárez y Sinaita Alonso -gente buena y trabajadora donde la hubiera- cogió el establecimiento en traspaso que, por entonces, se rotulaba ‘Valdevimbre'. ‘El Begoña' -que así se rebautizó en honor de una hija de los nuevos propietarios- pronto adquirió aroma y prestancia en la ciudad. Y cabe decir que junto al bar ‘San Francisco', abierto enfrente y antes inscrito como ‘El Ojo de gallo' y hoy ‘El tintero del poeta', fue referente de la histórica zona, amadrinada por el centenario convento concepcionista.
Antes de tomar las riendas del ‘Begoña', Manolo se curtió detrás de la barra de ‘El Gaucho', en la calle Azabachería, un bar muy popular del Barrio Húmedo por sus personalísimas y sabrosas patatas. A decir verdad, sólo tenían parangón con las elaboradas por el ‘Puerta Sol', éste en la retorcida calle de Santa Cruz. Pero sus miras -y las de su mujer, Luci- estaban en ser ‘amo' y no asalariado. Y en ‘El Begoña' cumplió el sueño de lo que hoy se diría un joven emprendedor. Era febrero de 1991.
El reputado ‘Begoña', que fue refugio de parroquianos y de apasionados papones, de mozos del barrio, cronistas y de algún cura que otro, jamás perdió su personalidad ni su especial halo. Ni su campechanía ni su crédito. Pero con Manolo, también un hombre bueno por genes y paciencia, se cierra un capítulo de la historia menuda de León. En el recuerdo, Senén y Sinaita. Y en la cercanía, Manolo y Luci. Juntos, los pilares indiscutibles de un ‘Begoña' que ha marcado una época en León.

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