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Aquellas citas no previas

Con tanto tiempo recluidos, para no ponérselo fácil en la expansión al temido virus, hemos tenido tiempo para casi todo: Ayudar en la limpieza casera; andar por los pasillos con paso legionario; comer a cualquier hora; leer y ver la televisión y, ¡como no!, recibir mensajes de todo tipo y color político. Por este medio algunos se despacharon según sus gustos y afinidades, enviando a conocidos, y no tanto, todo aquello que les llegaba, la mayoría de las veces sin verificar su procedencia ni intención.

Archivado en: Maximino Cañón, coronavirus, citas previas, clubs nocturnos

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Maximino Cañón
17/7/2020 - 02:20

Dejando a un lado lo que puede resultar más molesto, me quiero referir a un mensaje que me llegó y que, creo ha tenido amplia difusión, sobre todo entre el sexo masculino. Es en relación con las actividades que, en un conocido club de los llamados de alterne, se venían llevando a cabo de una manera anunciada en los medios hasta la llegada de la pandemia. A medida que íbamos entrando en las sucesivas fases de la desescalada, las citas previas inundaron todo tipo de solicitudes a la hora de adquirir cualquier producto necesario, o para hacer alguna gestión inaplazable a fin de aminorar los problemas. Metido en medio de la pandemia, recibo un correo de un allegado en la que se puede leer en la puerta de entrada del mencionado club alterne para adultos, un sencillo cartel con la siguiente leyenda: ‘Cita previa', con mayúsculas y dos números de teléfono a continuación. Chapó por la organización, aunque sea en tiempo de crisis.
Esto no es nuevo. Antes de venir yo a este mundo ya existían las casas de prostitución o de citas legalizadas en España hasta 1956. Entonces no había que solicitar cita previa, salvo que la persona solicitada fuera muy demandada con una ‘alta ocupación' en cuyo caso, como ahora en muchos sitios, habría que hacer cola, pero sin guardar los dos metros de distancia, sino que (me imagino), lo harían en una sala de espera echando un pitillo aguardando turno. Con esto quiero decir que aunque no fueran previas, las citas, ya viene de tiempos inmemoriales. Lo curioso es que después de su prohibición, lo que proporcionaba constantes enfermedades venéreas por la falta de regulación y control higiénico, casi toda la población masculina, empezando por las autoridades, era conocedora, sino cliente, de su existencia y actividad.

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