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La nueva época de las vacaciones

Agosto, que ya está ahí, ha dejado de ser el mes tradicional para las vacaciones de la mayoría de la gente. Los tiempos han cambiado. Porque en agosto, y recuérdese, la capital leonesa sufría una contrastada metamorfosis con la salida estructurada y la casa cuestas de miles de vecinos.

Archivado en: Julio Cayón, vacaciones, Antibióticos, Juzgados, La Candamia, agosto

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Julio Cayón
24/7/2020 - 04:40

La ciudad no se quedaba vacía porque siempre ha habido ricos y pobres, pero faltaba gente, que se decía por entonces. Y tanto era así, que Antibióticos, por ejemplo, cerraba la fábrica y sólo quedaba de ‘guardia' el personal de mantenimiento. O los juzgados, que, expresado en leonés, también echaban la trapa y hasta septiembre no volvían las togas ni las puñetas. Y el que tuviera pueblo, que, por aquella, muchos conciudadanos provenían del medio rural, para allá se dirigían con el ánimo de descansar y reencontrarse con los suyos, familiares y amigos. Agosto, en términos genéricos, se desarrollaba con esos mimbres.
Sin embargo, el cuento cambió. El cuento, los dineros y las personas. Y entre la inseguridad laboral cual espada de Damocles y, de retruque, el desamparo económico que se prevé a corto plazo, como explican los expertos, las alegrías estivales han pasado a un segundo plano. Han dejado de serlo. Y ante el coronavirus y sus nefandas -y también nefastas- consecuencias, la gente se repucha. Se cohíbe. Es la lógica reacción humana dadas las circunstancias que se padecen.
Y vistas las cosas con el prisma de la ensoñación y de las añoranzas -que, por otra parte, los buenos recuerdos jamás se van de la memoria- quizá llegue el momento (es un decir) del filete empanado y la tortilla dentro de la fiambrera de aluminio. Y, por encima, cubriendo la fritada, unos carnosos pimientos, rojos y verdes, para acompañar la tradicional vianda campera. Y, oiga, para La Candamia, la zona de esparcimiento durante tantos y tantos años de cientos de leoneses, a pasar el día. O la tarde. Y con la obligación, además, de subir hasta la Fuente del Oro a beber el agua ‘milagrosa' que brotaba -quizá ya no- en una de las empinadas laderas que corona la mítica zona de pinares: el centenario pinar de La Candamia.
La verdad es que, a estas alturas, poco romanticismo queda en el ánimo si del verano y el veraneo se trata. O nada. No hay bullicio en los corazones. Han pintado bastos y muy ralas son las esperanzas -como sería deseable- de que el panorama mejore en un tiempo prudencial. No obstante y a fuer de sinceros, el sol sigue brillando y es lo que nos queda. Y, si se tercia, hasta los ojos para llorar. Y poco más.

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