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Ahora, hay que 'llenar' el Museo Diocesano y de Semana Santa

Después de cincuenta años concluyó la cantinela que se arrastraba en el tiempo. León ya tiene Museo de la Pasión. ‘Diocesano y de Semana Santa', es el título del espacio habilitado en el viejo seminario conciliar de San Froilán, para regocijo de papones, seguidores de cortejos procesionales y algún que otro despistado con el encargo de seise. Ahora, toca ‘llenarlo de cosas', que explicaba hace unos días este mismo cofrade de bajos vuelos y altas ensoñaciones. Un alma cándida. Él sabrá -al igual que otros varios de parecido corte- lo que es ‘'llenarlo'.

Archivado en: Julio Cayón, Museo Diocesano y de Semana Santa de León,

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Julio Cayón
31/7/2020 - 01:10

En el cuaderno de bitácora de la Junta Mayor -también en el del sentido común- ya se aclaraba que el museo jamás podría ser el depósito de imágenes y tronos que los simplistas anhelaban. Sería un sinsentido. Y aquí cabe señalar que el quid de la cuestión se va a centrar en dos puntos imprescindibles e irrenunciables: la gestión y el orden en cuanto a aceptar recepciones con el suficiente interés artístico. Porque una cosa es la devoción -hay efigies que sin ser de un entallado brillante, concitan por sí mismas la devoción de la gente- y otra la calidad de las obras. Estos, entre algunos más, serán los dos caballos de batalla que deberán lidiarse en la exposición religiosa.
Y una de las incógnitas que se intentan despejar por la gente es saber qué tratamiento museístico van a tener las figuras representativas de algunas penitenciales en concreto. Resulta indiscutible que la imagen del Nazareno, del escultor Gregorio Fernández, convertida en buque insignia de la Semana Santa y expuesta al culto en la iglesia de Santa Nonia, debería ser una de las que, de manera puntual al menos, tendría que figurar en la muestra. O la Virgen de las Angustias, de Juan de Angers, propiedad de la cofradía del mismo nombre. O La Piedad, de Luis Salvador Carmona, custodiada en la iglesia de San Martín. Naturalmente, hay varias opciones más con el suficiente calado, como, por ejemplo, el monumental paso (carroza) de La Cena, de la Hermandad de Santa Marta, obra del siempre recordado Víctor de los Ríos.
El asunto, por lo tanto, es concluir si estas tallas y otras a mayores van a ser cedidas de forma temporal por sus dueños o, por el contrario, esta hipotética colaboración dormirá el sueño de los justos. Porque un museo de unas características tan marcadas -en eso estará todo el mundo de acuerdo- debe ser algo vivo y tremendamente atractivo si se le quiere dotar de larga vida. En esa sintonía deben estar, en este caso, la Diócesis y las cofradías.

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