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con la venia señoría

Mienten más que pestañean

El silencio, ¿no es acaso la máxima expresión de la inexpresividad? Pero si convertimos a alguien en invisible, ¿no estaremos agrediéndole psicológicamente y de continuo? Lo anulamos emocionalmente y vetamos su necesidad de una clara e inmediata conexión social. Desde luego, es una práctica muy habitual que observamos en algunos centros educativos de nuestro entorno, al igual que podemos notar su presencia en algunas relaciones de familia, incluso sí que pueden verse afectadas en diversas relaciones de pareja.

Archivado en: Manu Salamanca, mienten más que pestañean

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Manu Salamanca
11/12/2020 - 01:10

Sin duda, entre un nutrido grupo de amigos o de esa clase política sin bajeza que sigue siendo tan devastadora y superficial, su flujo y veneno nos intoxica, nos acomete y anula desgraciadamente.
La indiferencia y su cómplice el silencio son letales de necesidad. Nadie está preparado para encajar con tristeza la desidia en una desolación que se incremente paso a paso, y día a día, no tiene nada que ver con el ideal de alguien virtuoso en su benevolente y firme condición. Mostrarnos apáticos hacia los demás en la mayoría de esas causas naturales que nos acompañan de continuo nos condiciona incluso aísla, aún así si persistimos en su grado ideológico contaminado y persuasivo, la localizada percusión conductual que alcanzan "sus señorías" nos degrada de muy serias y diversas maneras. Quizá sea pura esencia de comportamiento usual, aún así siendo sustancial como parte influyente de su activo ego centrismo, ya que pudieran sentir todos ellos como algo muy propio e insustituible. Ahora bien, la tensión que generan los otros, (bando inconformista) es aplicada, como una importancia excesiva que en sí mismos, revalida la problemática que en este tipo de actitudes sincronizadas y de proporcionada magnitud, produce indecisiones, escalofríos y bloqueos comportamentales sin ningún tipo de justificación en los demás.
Cuando nuestros políticos mienten lo hacen de manera sencilla, utilizan cualquier palabra en lugar de otra, dándole a su vez el valor que debiera tener y entre su vasto perfil mediático, así de fácil, hay quienes "Mienten más que pestañean". En muchas ocasiones reconocemos a todos los demás en el intercambio que la misma apatía y la mentira se deben a ese trastorno ocasional, pero como una respuesta más bien dura y hacia una terrible manera de ser, que proyecta de forma esquiva y agresiva en todo aquello que demandaría buena visibilidad. Entre otras espirales de imprecisiones, comprobamos también que el fracaso afectivo, se define como un estado emocional lamentable y, ante la aversión que domina el rechazo de todos los que interfieren con sus escrupulosos y devastadores principios añadidos. Revela nuestras mejores expectativas de sentimiento contrariado, sobre todo de desafección plural, sobre aquellos que sentados en su ilustrísima "tribuna" siguen haciendo lo que les viene en gana, no duelen tanto mis queridos amigos las palabras agresivas, como los silencios cómplices y prolongados, como sus emparejadas apatías y descabelladas mentiras, que irrumpen ipso-facto en nuestra ahora, pobre existencia. Mucha precaución y cuidarse.

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