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La Semana Santa y la pandemia

Desde que se conoció la suspensión de la Semana Santa -nada sorpresivo porque hacía tiempo que se veía venir- los hosteleros han vuelto a elevar sus protestas ante las administraciones. Saben que la ruina se agiganta hasta parámetros imprevisibles y, visto el panorama, andan desesperados. Viven hundidos. Ya es mucho el tiempo avanzado -casi un año- sin ejercer la actividad de forma habitual y reglada, y las pérdidas son enormes, estratosféricas. De seguir así -que es lo más probable- solo les quedará el cielo, las estrellas y los ojos para llorar. Y eso si tienen pañuelo con que enjugar las lágrimas.

Archivado en: Julio Cayób, Semana Santa y pandemia, daños en la hostelería,

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Julio Cayón
19/2/2021 - 02:20

Y si bien es cierto que la punta de lanza del desastroso escenario son ellos, no lo es menos que al socaire de la penosa situación, el desaliento se extiende a otro tipo de actividades inherentes a la propia hostelería. El pescadero, el carnicero, el panadero, el frutero, los almacenes de vinos y licores, los quiosqueros, las cerveceras, los mismos repartidores, los hoteleros, los taxistas... en fin, un mundo paralelo del que apenas se habla pero que está sufriendo, en silencio, idénticas carencias. Y al margen de esta anunciada debacle, solo resta esperar que el buen tiempo acompañe y que la gente salga y se expanda por calles y plazas.
En paralelo a ello y de manera cíclica, la Semana Santa -que es el meollo que ocupa y preocupa ahora- siempre ha supuesto para los diferentes ramos del sector en la capital leonesa un oasis económico en medio del desierto. Al menos y en particular -y eso es irrebatible desde el ángulo que se mire- para una buena parte de la hostelería -a la que antes se le acoplaba, como añadido, ‘y similares'-, debido a que durante las jornadas de pasión y procesiones se salvaba una buena parte del año. Y no es gratuito -ni mucho menos demagógico- señalarlo. Al contrario. Es el resultado de la confesión sin recovecos de los propios actores.
Todo ello, cosido, viene a denunciar que la Semana Santa, por sí misma, es un indiscutible motor económico para la ciudad. Como lo son las tradicionales y muy valoradas popularmente Fiestas de San Froilán, en octubre. Una y otra son dos de los sucedidos más destacados que se celebran en la capital, y en etapas tan complicadas como las actuales donde dos y dos nunca son cuatro, conviene tomar buena nota de ello con tinta indeleble. Y, llegado el momento, saber por dónde caminar porque una promoción acertada de ambos eventos es indispensable para el bien general. Apuéstese a caballo ganador. Es fundamental.

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