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Espiritualidad sensible y apasionada

La gran historia de la música se encuentra en todas las civilizaciones, abarca a todas las culturas y épocas en su sentido más amplio, nace de los seres humanos y para el resto de sus congéneres puede considerarse una manifestación cultural mundial de altísimo nivel, en su grado máximo. La misma puede cambiar la forma en que nos sentimos y sobre todo la manera en que actuamos, como válido experimento que pone a la gran mayoría de personas en estados de ánimos muy distintos.

Archivado en: Manu Salamanca, espiritualidad sensible y apasionada

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Manu Salamanca
26/11/2021 - 01:10

Está presente en nuestra vida cotidiana, en nuestros peculiares rituales y, cómo no, espirituales también. Estamos llenos de canciones que habitualmente tarareamos mentalmente en más de una ocasión. Los centros comerciales y los cafés que visitamos a veces durante nuestro tiempo libre, muy rara vez se encuentran en silencio. La música nos impacta, nos afecta de lleno, tratará de evaluar satisfactoriamente nuestro ánimo, pero también nos afligirá en su nostálgico recuerdo, como a su vez en el transcurso de muchas enfermedades y de ciertas patologías, como bien pudieran ser la depresión, la tristeza y la misma alegría, pero ante nuestra aventurada percepción del mundo que imaginamos con sorpresa, no menos expectación.
Por sí misma tiene el magnífico poder de atracción sobre nuestros sentimientos y emociones.Nos identificamos con la experiencia de escuchar la melancolía de unas notas que no permitirán nunca evadirnos de un estado emocional muy concreto. Nuestros estímulos sensoriales detectan aquellas expresiones faciales que están influenciadas por nuestro estado mental, con la música ayudamos a trabajar nuestras sensibilidades, fomentando las conexiones incluso entre las personas.
Su originalidad busca un nuevo apoyo y lenguaje, quizá en el deseo de comunicación en sus diferentes alturas de sonoridad, imaginad al Homo Sapiens de hace miles de años, capaz de imitar los entrañables ecos de la naturaleza, sabiendo diferenciar de los que constituían la estructura de su lenguaje característico. La misma voz emite sonidos desde cantar, tararear, silbar, incluso toser o bostezar. Sin duda es la mayor manifestación de sentimiento como definición y como empleo en su dinámica graduada, pero siempre desde su expresiva moderación, ya que junto con la supremacía de su melódica esfera, se detalla como impactante y sobre su cuerpo sólido de armonía, acepta de buen grado su influencia, incluso advierte de su enorme clasicismo, porque el equilibrio y la composición se forman de pureza y transparencia, pero siempre en proporción de su enorme creatividad, como igualmente se recrea de su gran "Espiritualidad sensible y apasionada".

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