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Un amigo de León

Humores de niño

No siempre los mayores somos protagonistas de anécdotas, ocurrencias o dichos que hacen aflorar una sonrisa entre los que nos rodean. De lo que no cabe la menor duda es de que no hay mayor veracidad y espontaneidad que la que sale, en determinados momentos, a nuestros menores.

Archivado en: Maximino Cañón, humores de niño

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Maximino Cañón
10/12/2021 - 01:10

Hablo de la contestación que un niño llamado Teo, de seis años, sevillano aunque con raíces profundamente leonesas, le dio a su querido abuelo Enrique en una de esas estancias que en verano, y en compañía de su primo mayor Hugo, comparten en León y, fundamentalmente, en la sociedad La Venatoria.
Es corriente ver los enfados que los adultos tienen que soportar para evitar rabietas y llantinas continuas por un "quítame allá esas pajas". Y es que caprichos siempre los hubo, los hay y los habrá. Cuando un niño no sabe todavía hablar se vale de la mímica y la corajina rompiendo todo lo que le ponga por delante y que los abuelos, generalmente, le permitan, aun a costa de las reprimendas de los padres de las criaturas. Después, cuando van creciendo, tienes que cuidar el léxico porque ellos, con sus conocimientos, te corrigen a las primeras de cambio. A mí, mi nieta me enmienda la plana si, al ir al colegio, digo alguna incorrección o palabra mal dicha, mientras mantenemos una conversación que hace más llevadera la vuelta casa.
A mi gran amigo Enrique, abuelo de Hugo, ya de mayor edad y más arraigado a León debido a sus largas permanencias en casa de sus abuelos; y de Teo, el benjamín de los nietos con raíces leonesas pero con asentamiento sevillano, le sorprendió un día dentro de las temporadas que aquí se pasa, mayormente en verano, cuando, al llegar a casa después de una tarde de piscina, su abuelo, con la intención de entretenerle mientras llegaba la cena, le preguntó si quería jugar un poco, con el fin de hacer mas llevadera la espera, a lo que éste, que venía un poco atravesado por no haber podido estar jugando más rato, le contesto: "Déjame, que no estoy de humores". Échale guindas al pavo con la criatura de seis años. Lo cierto es que estos enfados son transitorios, porque la cuestión se soluciona cuando sus abuelos, "Quique" y "Pilar", no regatean esfuerzos para hacerles la vida más agradables en sus viajes a León.
A Eva y Lidia.

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