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El ministro inane de Pedro Sánchez

Lo de la extrema izquierda -lo de los comunistas- con el asunto de la carne es una ignominia sin paliativos hacia un sector fundamental de la economía española. Y lo es por mucho que, con la habilidad de un tahúr venido a menos, pretendan equivocar y cambiarle el paso a la opinión pública, adobando y buscándole las vueltas a las palabras del inútil ministro de Consumo, el pisa charcos Alberto Garzón, un personaje de un nivel político ínfimo.

Archivado en: Julio Cayón, COVID, Alberto Garzón, carne española, Pedro Sánchez,

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Julio Cayón
21/1/2022 - 01:10

Porque el meollo de la cuestión, lo nieguen o lo eviten con infumable verborrea, no son las llamadas ‘macrogranjas' -esa es la derivación en la que se apoyan para salir del paso y (pretender) embobar a la gente- sino, en general, los productos cárnicos nacionales, a los tildan de mala calidad y provenientes de animales maltratados. Ese es el quid de la cuestión. Hay que ser bobo de remate para tirar piedras sobre tu propio tejado. O es que tal vez el intelecto no les da para más. Que todo puede ser.
La carne española goza de un predicamento internacional envidiable. Irrebatible. Y por eso, con todos los sacramentos al uso, se exporta sin ningún pero. ¿O es que los países receptores del género en sus diversas variantes -vacuno, porcino, ovino, o avícula- son idiotas? Y algo más grave aún. En ese batiburrillo de estupideces están involucrando de manera indirecta a los profesionales veterinarios, un colectivo respetado y reconocido en el ámbito sanitario español, que jamás permitiría que en las explotaciones pecuarias de la índole que fuera, se incumpliera la normativa que garantiza la trazabilidad del producto que se genera. Y asimismo ponen en jaque, también, a las grandes superficies -lo que es ya una barbaridad en sí misma- y, a la vez, al pequeño comercio de mercaderías cárnicas, tan extendido por la geografía española.
No es extraño, en fin, que los ganaderos quieran levantarse en armas -tómese la expresión en modo figurado- y, como primera providencia, exijan al mutante Pedro Sánchez -que también se metió con los criadores no hace tanto tiempo- el cese fulminante del inane ministro. El daño causado con sus declaraciones a un periódico británico es inabarcable. Y lo penoso del asunto, es que no se prevé que el presidente de los pactos contra natura -le da igual so que arre- tome tal decisión, porque le gusta más el Puma y el Falcón, que a un tonto un lápiz frente a una pared inmaculada. Y en La Moncloa debe haber muchísimas con estas características. De lo contrario, amigo, no se explica tan absurda indolencia gubernamental.

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