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Un amigo de León

Ls 'pistinas', el río y José Villa

Así era como vulgarmente los chavales del barrio definíamos a las piscinas, cuando a ellas nos referíamos, como algo muy alejado de nuestros ríos que era donde, de una manera inconsciente, nos movíamos. Los cursillos para aprender eran gratis y, sin ninguna prevención, eran dados por los mayores acompañantes, que te tiraban a donde cubría y tenías que salir por tu cuenta mientras los demás te animaban desde fuera.

Archivado en: Maximino Cañón, las 'pistinas', José Villa, río Bernesga

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Maximino Cañón
22/7/2022 - 03:30

La mayoría de las veces el baño se producía "en pelotas" (sin prenda alguna) o con unos trajes de baño estándar que se podían adquirir a buen precio en el histórico, ya desaparecido, ‘Maragato', que era quien proveía a la mayoría de los habitantes de la provincia de todo tipo de artículos necesarios para hacer frente a aquellos veranos en los que la sutileza de las protecciones contra el sol no se prodigaban.
Los sombreros y las pamelas de paja eran muy demandados, sobre todo por los habitantes de los pueblos, que entonces había, necesarios a todas luces al ir a la siega o a la trilla. La primera vez que me metí en una piscina fue en el Hispánico de la mano de un amigo de mi padre que pertenecía al Frente de Juventudes, con algún mando en plaza. Entonces empezaron a prodigarse sociedades, solo reservadas para sus socios. Cuando nos referíamos a las ‘Pistinas', lo hacíamos sintiendo envidia por no poder pertenecer a ninguna de ellas, con lo cual el peligroso río seguía siendo nuestro recurso más a nuestro alcance.
Me acuerdo como algunos domingos de verano disfrutaba en compañía de mi hermano Luis, mis primos y primas, con mi madre y mi tía Adoración, vigilando siempre las andanzas de la prole y que, después de los repetidos requerimientos que nos tenían que hacer para que saliéramos del agua, a orillas del Bernesga, para dar buena cuenta de la merienda. Esa era la alternativa a la carencia de piscinas públicas. El río, aunque con poco agua, tenía varios pozos, no exentos de peligro: ‘El ‘cangrejo', ‘la roca", al lado del cuartel de San Marcos. No puedo dejar de mentar aquella vez que, como tantas inconsciencias, estuve a punto de ahogarme al meterme en el ‘pozo del cangrejo' sin saber nadar y que, gracias a un chico mayor de mi barrio, ‘José Villa', que se tiró al verme que no era capaz de salir y, sujetándome, me hizo salir del peligro.
P D. A José Villa, el de las casas del Monte en la calle Renueva, que espero esté con nosotros y que, como agradecido que soy, siempre, me acordaré de aquel crítico momento.

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