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Un amigo de León

Ganándose el pan

Estaban prohibidas las casas de citas desde el año 1956, aunque reinaba en el ambiente un cierto aire de tolerancia por parte de la autoridad gubernativa del momento. Menos permisivo era el clero a la hora de castigar con pecados de todas las calificaciones referidas al orden de la moral, como se decía. En la calle era "voz pópuli"el conocimiento que, de las citadas casas, la mayoría de los potenciales clientes tenían.

Archivado en: Maximino Cañón, casas de citas, PA Policía de Aviación

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Maximino Cañón
23/9/2022 - 01:10

El caso es que de esa forma se convivía guardando las apariencias, pero sin olvidar la practica del, según dicen, del oficio más antiguo del mundo. Nosotros, jóvenes del barrio acudíamos con mucho cuidado, allí donde algunos de los mayores nos comentaban que había una casa de ésas, a ver si podíamos ver algo (qué ignorantes éramos y qué jóvenes).
Lo cierto era que al no estar autorizadas las ‘casas' ya no se escuchaba esto de: "chicas al salón que hay clientes"porque a los clientes había que buscarles en los bares conocidos en la calle. Es decir, que ellas se buscaban la vida en los mencionados locales de alterne para, después de cerrar el trato, dirigirse a la pensión conocida y allí paz y después gloria, digo yo.
En León, como en toda España, había un lugar conocido en toda la provincia (situado en la Carretera de los Cubos, detrás de la Catedral) que, aunque no era un lugar de alto copete, proporcionaba el servicio que muchos clientes demandaban a un precio, según decían, asequible del momento.
Sin intención de reiterarme y pecar de repetitivo, contaré algo que me pasó en el año 1965, cumpliendo el Servicio Militar en Aviación, en la escuadrilla de policía, conocida como la P.A. Fui destinado a completar el grupo de tres policías que estábamos destacados en León para llevar a cabo la vigilancia sobre los comportamientos de los soldados, como si nosotros no lo fuéramos. El caso que voy a contar fue estando de servicio, dentro del cual teníamos que visitar el famoso "tuerto", (no supe porque le llamaban así, supongo que algún dueño de los anteriores tendría perdido un ojo) entramos con la gorra de plato en la mano y, al vernos entrar en una noche de aquel frío de invierno, donde había tres mujeres del oficio calentándose alrededor de una estufa de carbón nos dijeron: "Hola majos, hoy no hay ninguno de los vuestros por aquí". A lo que nosotros les contestamos: "Y a vosotras ¿qué tal os va el día? Pues aquí calentando la cena alrededor de la estufa". Y es que hasta en los sitios más inesperados se producen frases antológicas.

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