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Sequía

Pensábamos los leoneses que vivíamos en el paraíso. Que el sacrificio de no pocas familias que tuvieron que dejar sus casas y sus vidas y la inundación de algunos de los valles más bonitos, bastaría para que al menos a nosotros el agua no nos faltara. Pero los años han pasado y ha ido aumentando el consumo y el número de hectáreas de regadío ha subido exponencialmente.

Archivado en: Nicolás Pérez Hidalgo, sequía, Esla, Porma, Albufeira, agua para Portugal

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Nicolás Pérez Hidalgo
23/9/2022 - 02:20

Al tiempo, llueve menos y casi nos habíamos olvidado de que los embalses se utilizan también para generar electricidad y que las eléctricas los pueden vaciar cuando a ellas les parezca (y si no que se lo pregunten a los zamoranos). Las comunidades de regantes del Esla y del Porma ven con preocupación como un acuerdo internacional de finales de los años noventa con los portugueses (el convenio de Albufeira) les obliga a pasarles algo de agua cuando llueve poco en el país vecino. De ahí la manifa y tractorada por la capital leonesa de hace unos días, con la que parece que han adquirido el compromiso del Gobierno de revisar el convenio. Pero la sequía continuará y en los próximos años la cosa no irá a mejor. Es cierto que los nuevos regadíos van acompañados de una mejora en su gestión, pero aún quedan muchas zonas de la provincia en las que se sigue derrochando agua. Si a eso, le sumamos que los cultivos de moda requieren grandes cantidades, la cosa no pinta bien. Si no, que se lo digan a los que aun riegan por inundación los prados de siega, las choperas o las fincas de maíz.
Probablemente el pegarse por el agua, sea tras "el reñir por las lindes" uno de los pasatiempos preferidos en nuestros pueblos. Al menos en aquellos que tienen un río y que tradicionalmente han tenido un reguero con el que regar el huerto. Cualquiera que lo haya vivido, se verá reflejado en mis palabras y habrá comprobado en sus carnes los métodos mafiosos que emplean los mandamases de las comunidades de regantes para hacer que a "todos" les llegue agua. Básicamente consiste, en que cuatro manejan el cotarro y los demás riegan cuando éstos les dejan, al tiempo que la Confederación Hidrográfica de turno mira para otro lado. Si de verdad queremos revisar convenios internacionales y negar el agua a nuestros vecinos portugueses, habrá que empezar por arreglar primero lo de casa.

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