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El cura y el concejal

Era la Semana Santa de hace 30 años cuando dos concejales del equipo de gobierno de entonces formaban parte de la Procesión del Perdón, a la que amablemente habían sido invitados por la cofradía. El tiempo era más bien de abrigo (nunca mejor dicho) y los dos ediles representantes del Consistorio, dando ejemplo de resistencia ante la climatología que al principio se presentaba con sol, aparecieron a cuerpo chupándose los dedos de frío pensando en el camino de ida y vuelta que restaba hasta la finalización de la misma.

Archivado en: Maximino Cañón, Semana Santa

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Maximino Cañón
15/6/2018 - 01:10

A la mitad del itinerario se hacía una parada en la Residencia de Ancianos de La Corredera. En esos momentos de confraternidad entre los componentes: papones, concejales y autoridad eclesiástica representativa, uno de los concejales, con un amplio sentido del humor, y, sin perder el respeto en ningún momento, se acercó al religioso, al que conocía, y debido al parecido que físicamente tenían, y por lo que era habitual que les confundieran por la calle, le dijo:
Estimado Don Antonio: qué te parecería si ahora, aprovechando esta parada, nos cambiamos de vestimenta y efectuamos el resto del trayecto, yo con la sotana y tú con la banda trasversal de concejal con los colores de España, y experimentamos la sensación que produce sentirte el ser otro, a lo que el vicario en cuestión le miró a la cara y le dijo: ¡Tú estas loco!, vamos a seguir como estamos yo con los hábitos y tú con los distintivos de concejal que para eso hemos venido.
La verdad es que no era infrecuente el que, debido al gran parecido que por aquel entonces tenían, mucha gente les confundiera, bien por la calle o bien en las apariciones en los medios que cada uno, por razones de los cargos del momento protagonizaban. La cosa siguió hasta hace unos años en los que, por razón de la edad y por lo que se estropean los cuerpos (unos más que otros), los parecidos se desvirtuaron aunque no así la amistad existente que entre los dos. Ahora, cuando con cierta frecuencia se encuentran, se saludan con un efusivo ¿qué tal estas ‘pariente'? Lo cual pone de manifiesto que no está reñido el sentido del humor con el respeto a lo que cada uno representa.
Un fuerte abrazo a Don Antonio y al exconcejal, protagonistas de la simpática anécdota.

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