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Gente en León

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Actuaciones inadecuadas

La cosa, como el marrón ‘glacé', pasa de castaño oscuro. Y cada vez, peor. La gente (de buena voluntad) vive asustada, llena de intranquilidades, rebosada por los sobresaltos y los miedos. Atemorizada cual un infante desvalido. Y, por si fuera poco, huérfana de quienes están obligados a aportar soluciones. Es un desorden. De continuar así la dramática epidemia -mejor decir trágica- el caballo de Atila podría reencarnarse en un simpático y bonito poni.

Archivado en: Julio Cayón, Isabel Díaz Ayuso, Hospital Isabel Zendal de Madrid, vacunas, covild-19

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Julio Cayón
05/2/2021 - 01:10

Porque a estas alturas de la vida, después de un desesperanzador año, nadie sabe a ciencia cierta a qué carta quedarse. Parece un galimatías. Ahora bien, si se aplicara la lógica y el sentido común, la única vía de escape para aliviar la situación se hallaría -y se encuentra- en manos de los científicos y los sanitarios, hombres y mujeres cansados de repetir lo mismo día tras día. De avanzar comportamientos sociales y aportar sus experiencias. Y de explicarlo de forma clara, dinámica. Todo el mundo lo entiende. O debería entenderlo. Son los competentes y, sin embargo, a quienes los políticos de pan y cebolla no hacen ni puñetero caso. O el mínimo exigible. Que es curioso. Anteponen los intereses partidistas a los de la salud. Hay gentuza en todas las partes.
Y como para muestra vale un botón, al ejemplo más destacado -o uno de ellos- se centra en Madrid y su vilipendiado hospital Isabel Zendal, creado de manera exclusiva para los enfermos de Covid. Jamás una iniciativa de la sanidad pública fue tan denostada, tan atacada y tan torticeramente desprestigiada por la izquierda -la radical de Podemos y la ‘suavona' (es un decir) del PSOE- y sus tentáculos mediáticos. Una sinvergonzonería en toda regla. Lo demás, no importa. Hay que ir como sea a la destrucción de Ayuso. A cualquier precio. Hasta el del bienestar común.
Y lo de Cataluña y sus elecciones es otra de las bromas más pesadas y crueles. Hay que mantener cerrados los establecimientos y confinada a la gente en sus casas, pero para asistir a los mítines barra libre. Y para acudir a votar aquellos que deban estar en cuarentena por haber adquirido el virus, también. Les permitirán abandonar sus domicilios con el fin de que introduzcan la papeleta en la urna. ¿Se puede tener más jeta? Y así -y por no hablar de las vacunas y su nefasta distribución- una tras otra. Y los centros de salud, incluidos los de León, reventados. Y quienes los sustentan, los vigilantes de la vida, hechos unos zorros, destrozados. Esto se está yendo de las manos. Es un caos.

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