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"Gasolina" para "un coche viejo"

Así describe Valentín Huerta su 'profesión' actual, la de cuentacuentos del distrito, un entretenimiento que le da vida cumplidos sus 85 años.

Archivado en: hortaleza, madrid, mayores, cuentacuentos

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Valentín, el pasado miércoles en el teatro del Hospital Niño Jesús de Madrid

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gentedigital.es/Patricia Costa
05/4/2013 - 09:05

Ha pasado media vida ligado a la industria metalúrgica, como tornero mecánico. Nada que ver con la literatura o la escritura. Esa es su nueva profesión, la de cuentacuentos. Una profesión que descubrió hace una década y que ahora, a sus 85 años, no piensa abandonar. Su nombre, digamos artístico, es 'el abuelito Valentín', que es como se le conoce en la red (Elabuelitovalentin.blogspot.com.es), en los colegios del distrito, en sus centros de mayores e incluso en hospitales como el Niño Jesús.

De momento, este vecino de Hortaleza desde hace más de cincuenta años, natural de La Roda (Albacete), cuenta con una treintena de historias de su puño y letra, y ha sido atentamente escuchado por alumnos del Colegio Esperanza, del Ramón Pérez de Ayala, el San Miguel, la Escuela Infantil El Carmen de Manoteras, o el colegio Gaudem de Barajas. También por los mayores del Centro de Día El Querol, el Centro de Mayores El Carmen o el de Nuestra Señora de la Merced.

SU NIETA, LA INSTIGADORA
Y eso que a sus dos hijos, de niños, solía relatarles simplemente su infancia a modo de cuento, aquella época que le tocó vivir. Fue su nieta, que ahora cumple los 17, la que le pidió creatividad, historias nuevas para dormirse cada noche, lejos de Caperucita y El lobo y los siete cabritillos. "Con nueve años me dijo que escribiese las historias que le contaba cuando la cuidaba para guardarlas como recuerdo", explica. Pero no son historias cualquiera, sino que en ellas tienen especial protagonismo los animales y la naturaleza. "Me gusta relacionarlos con los niños, porque en los cuentos tradicionales siempre se les adjudica malas intenciones", opina. Por ejemplo, su última obra, verídica, habla de una ardilla salvada por unos operarios tras caer del nido. "Es mi entretenimiento, me da vida, lo que me hace más feliz. Esos abrazos que recibo en los colegios funcionan como la gasolina que se le echa a un coche viejo para que ande más kilómetros". Se emociona. No es para menos, habla de sus nietos postizos.

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