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La precursora en una saga de campeones

Blanca Fernández Ochoa (Madrid, 1963) fue una de las pioneras del deporte femenino español dentro de una saga que lideró su hermano, Paco Fernández Ochoa, campeón olímpico y que la guió hacia el bronce que ella misma logró en los Juegos de Albertville 1992.

Archivado en: BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA

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GENTE
04/9/2019 - 15:42

Sexta de ocho hermanos y criada en el barrio madrileño de Carabanchel, Blanca y su familia se trasladaron pronto al Puerto de Navacerrada, donde comenzaron a cultivar su afición por el esquí en una sierra madrileña que permanecía blanca la mitad del año. Con el paso de los años, sus apellidos quedarían relacionados para siempre con el deporte de nieve en España.

Contaba con solo ocho años cuando su hermano Paco, fallecido en 2006, se convertía en el primer y hasta ahora único español en conquistar una medalla de oro en unos Juegos Olímpicos de Invierno; el 13 de febrero de 1972 se proclamaba campeón de eslalon gigante en Sapporo (Japón), y su éxito le inspiró para dedicarse al esquí. Con 11 años entró en el equipo de promesas e ingresó en el centro de entrenamiento de Vielha, en los Pirineos.

Ese mismo año, en 1974, se proclamó campeona de España infantil de eslalon gigante, título que revalidó el año siguiente, y tras ello llegaron los campeonatos estatales de 1982 --en eslalon gigante y descenso-, 1983 -en todos los títulos absolutos-- y 1989 --en eslalon, eslalon gigante y combinada--.

Especializada ya en eslalon y eslalon gigante, Fernández Ochoa comenzó a destacar en el circuito internacional, donde conquistó cuatro victorias en la Copa del Mundo, la primera de ellas en el eslalon gigante de Vail (Estados Unidos) en 1985, que le convirtió en la primera esquiadora española en lograr un triunfo en la competición. Luego llegaron los éxitos en Sestriere (Italia) en 1987, en Morzine (Francia) en 1990 y en Lech am Arlberg (Austria) en 1991, todas en eslalon.

Sin embargo, fueron los Juegos Olímpicos de Invierno, los que hicieron eterno a su hermano, los que marcaron su carrera. Participó en cuatro citas olímpicas: Lake Placid 1980, Sarajevo 1984, Calgary 1988 y Albertville 1992, y fue la última de ellas la que le alzó como la única española con medalla en unos Juegos invernales.

Tras lograr diploma en Sarajevo -sexta-, donde fue abanderada por primera vez, y Calgary -quinta, después de ser ganar la primera manga y caerse en la segunda-, la gloria le llegó en el eslalon de Albertville. Allí, en los Alpes franceses, conquistó la presea de bronce, última medalla española en unos Juegos de Invierno hasta que el snowboarder Regino Hernández rompió la sequía de 25 años y 361 días con otro bronce en PyeongChang 2018.

Tras la cita gala, que le convirtió en la única mujer española en ganar una medalla en una cita olímpica invernal, confirmó su retirada. Sus hazañas le reportaron numerosos galardones, como dos Premios Reina Sofía como mejor deportista española de 1983 y 1988, o la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo.

Su esfuerzo y dedicación sirvieron además de inspiración para generaciones posteriores, como María José Rienda, que emuló sus éxitos en la Copa del Mundo. Sin embargo, ninguna otra mujer pudo repetir su proeza en Albertville, que quedará para siempre como momento cumbre del deporte femenino español.

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