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Los empresarios aseguran dejar de percibir hasta el 40% de la recaudación por una hora menos

El cierre anticipado de Aurrerá supone perdidas económicas

Pleno silencio en la zona, salvo el de algún coche pasajero.  Nadie diría que se trata de los Bajos de Aurrerá en pleno sábado, una lugar que ha sido declarada hace  poco más de un mes Zona de Protección Acústica Especial por el exceso de ruidos que genera el botellón.

Archivado en: Argüelles, Aurrerá, medio ambiente, ruidos, botellón

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Álvaro Peris-Mencheta / Gentedigital
03/12/2010 - 13:56

El bar más exitoso de la zona, el TNT, acaba de abrir sus puertas para recibir a los pocos parroquianos que se aventuran fuera de casa a una hora tan temprana como las 21:30. En su interior se encuentra Pablo, dueño de este local y otra más pequeño en el piso de abajo, The Reaper, y víctima de esta situación que les obliga a cerrar una hora antes, a las 02:30.

"Cerrar todo una hora antes solo sirve para que perdamos dinero porque el 40% de la recaudación la obteníamos en esa hora que ya no está", se lamenta "y no creo que tengamos capacidad para mantener todo si esta situación se prolonga".

"El problema es el botellón, es así de simple", explica rotundamente, "para abrir un bar aquí tienes que pasar un montón de inspecciones que comprueban la insonorización. Vienen, te piden que enchufes el volumen al máximo y se sale fuera a medir. Si no pasa la prueba, a seguir insonorizando y no hay más".

Entiende a los vecinos y el odio que puede suponer encontrarse el portal "lleno de orín por la mañana", pero cree que la solución no es atacar a los lugares de ocio, si no a los que beben en la calle. "Pillas a uno bebiendo, multa", dice, "si con ese método se ha atajado el problema en el  Dos de mayo, tiene que funcionar aquí". Es facil comprobar por los restos la cantidad de gente que suele reunirse. "Fijate, hoy que no hay nadie haciendolo, no hay ruido alguno".

Para él, que se haya decidido tomar esta medida tiene una explicación más sencilla: dejación de funciones. "La Policía no se atreve a entrar aquí y cuando les llamamos ni siquiera vienen" cuenta, "es ridículo verles llegar para pedir los papeles y comprobar que cierras mientras sortean gente, latas y vasos tirados por el suelo sin hacer nada". Y para subrayar sus palabras, recuerda la gran cantidad de denuncias que han hecho para que limpien la zona "y que ni siquiera han servido".

Son las 23:30 y el bar se empieza a llenar, aunque ni a la mitad de su aforo. El jaleo empieza a ser mayor dentro, pero en la calle sigue sin haber apenas un ruido. La música está a todo trapo dentro, seña de identidad del TNT y los Bajos en general, pero el sonido no atraviesa las medidas de insonorización.

En el otro bar, The Reaper la música está aún más alta, pero tampoco se aprecia desde la calle. La puerta bien cerrada y las bebidas dentro es el credo de los encargados.

Cierre de fin de semana

Según el Consitorio, esta iniciativa se preparó para poder garantizar el descanso de los vecinos, "ante las varias quejas exsistentes" y al comprobar que, tras un estudio de los inspectores, el nivel de sonido llegaba a superar los 20 decibilios por encima de lo permito pasadas las 00:00 y la fuente eran los locales. "Si es por los bares, que me expliquen porqué  entre semana nos permiten estar abiertos sin ningún problema en lugar de cerrar antes, no tiene sentido", se lamenta Pablo.

Llegan las 02:00, a media hora del cierre. Dentro del bar el dueño está sudando porque "es ahora cuando ha empezado a entrar gente" y no sabe si en media hora conseguirá "el dinero justo para amortizar el día e igual irme con 30 euros a casa". Con vivienda y mujer, ya que el coche lo vendió para poder financiar la remodelación del bar, asegura que "sigue abierto porque cerrar me dejaría en el paro, con una hipoteca enorme y sin ninguna ayuda porque soy autónomo".

Las puertas cierran y hoy ha tenido suerte. Logra la cantidad necesaria, aunque "solo porque ha habido un cumpleaños".

La iniciativa de los 'mediadores'

Desde finales de verano, cada vez que un grupo se estaciona para beber, llega una persona para pedirles que se vayan y recordarles que está prohibido. Se trata de un 'mediador', como lo denominan los empresarios, un encargado que trata de hacer que se cumpla la ley y que "realiza las funciones que corresponden al Ayuntamiento". Dado que no tiene ningun tipo de autoridad real, sus peticiones apelan a la buena voluntad y en caso de no conseguir su objetivo, solo queda la opción de llamar a la Policía, "a ver si viene".

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