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TENIS: MASTERS MADRID

Explosivo, para variar

A veces, ese "¡Vamos Rafa!" que se escucha en la pista cuando juega el manacorí parece un politono. Habías dudas sobre su estado físico, pero las disipó muy pronto. Primer juego, un 'break' y casi coser y cantar ante Gasquet.

Archivado en: Nadal, Gasquet, octavos, dudas, explosivo

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Los descansos entre juegos provoca un ajetreo en la grada que recuerda a los cambios en las líneas del metro

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gentedigital.es/Marcos Blanco
17/10/2008 - 12:38

Si Nadal tenía molestias en la espalda, éstas igual desaparecieron durante el calentamiento. Como le dijo a su amigo Corretja al término del choque, antes de que comenzase el partido, ya sentía las ‘derechas' ganadoras en su musculado brazo izquierdo. Con el clásico "¡Vamos Rafa!"de fondo, incordiando en ocasiones al manacorí, el número uno del mundo le rompió el servicio a Gasquet nada más salir. ¡Toma ‘break'!

Con el 1-0, los dos tenistas, que se conocen desde niños, se dedicaron a abrir ángulos durante los primeros minutos, mientras un grupo de mequetrefes convertía la pista central en una guardería. Dos errores no forzados del francés propiciaron el 2-0, pero el adversario de Nadal no iba a pasar de rositas por los octavos de final. Nunca ha pasado de esta ronda en el torneo, pero su juego de piernas invita a pensar que puede escalar muchos puestos en la ATP.  Rafa dice que podría llegar a los cinco primeros. Quien sabe.


Saca Gasquet a más de 200 kilómetros por hora, cosa fina, pero cuando el joven español metía bien los primeros, era coser y cantar. Así logró el 3-1, un buen revés del francés, que tuvo momentos brillantes, materalizó el 3-2 y la maquina, uséase Nadal, se puso a carburar. Subiendo a la red (debería hacerlo más a menudo), llegando a esas bolas imposibles... Con un servicio galáctico, el francés redujo distancias (4-3), pero la explosividad de Rafa contrarrestó las subidas a la red de su adversario, dotado de un gran estilo. De esta manera, Nadal dio el primero paso hacia cuartos: 6-4.

La solemnidad del ambiente tenístico sorprende a los primerizos, con esas pausas que provocan el ir y venir del personal (como si de un cambio de línea en el metro se tratase), así como el aspecto trajeado de muchos rincones. Estos instantes permiten divagar, curiosear entre las caras de los espectadores y observar al moreno de los pantalones blancos, siempre cortos, ceñidos, la camiseta azul sin mangas, esa ‘diadema'...¡Pero sí es de carne y hueso! Además, el centro deportivo de todas las miradas desprende una notable educación, solicitando más bolas o pidiendo la toalla para secarse el sudor.

En fin, sigamos a lo nuestro. Vuelta a la actividad con el segundo set. Aparecieron los gestos ganadores del manacorí, ese signo de victoria tan característico, puño cerrado, rodilla flexionada... Aunque el francés se puso por delante (0-1), el español le ponía en aprietos buscando su revés, que flojeó bastante, demostrándole también que si subía a la red se lo iba a comer con esos paralelos asombrosos. Tras empatar con su servicio, el número uno del mundo hizo otro ‘break' y siguió buscando las líneas tal y como nos tiene acostumbrados (3-1). Nadal alcanzaba los 180 kilómetros por hora a la hora de sacar y todo iba viento el popa (4-2). Los genuinos paralelos de revés ‘made in Rafa' y los errores no forzados de Gasquet hicieron el resto. Para variar, el público se rindió ante este fenómeno de 22 años, mientras su rival se marchaba de la pista mientras sonaba aquello de ¡Me voy, qué lastima pero adiós...! (Julieta Venegas).

 

 

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