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COMENZARON SU GIRA MUNDIAL '360º' EN BARCELONA

U2, tan humanos como extraterrestres en el Camp Nou

Protegida por un escenario surrealista, la banda irlandesa emocionó a 90.000 fieles en el estadio azulgrana con la espiritualidad sonora que les caracteriza, aunque dos himnos no estuvieron a la altura y la despedida supo a poco. El jueves 2 de julio repiten en Barcelona. Quedan entradas.

Archivado en: U2, concierto, Camp Nou, Barcelona, gira mundial, Bono, The Edge, Adam Clayton, Larry Mullen

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Bono y Adam Clayton, sobre el escenario

Bono y Adam Clayton, sobre el escenario.

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gentedigital.es/Marcos Blanco
01/7/2009 - 20:46

Los U2 pusieron a prueba los cimientos del Nou Camp, abarrotado por 90.000 fieles, y los corazones de tantos seguidores que ansiaban observar al mítico cuarteto irlandés en vivo. Durante poco más de dos horas, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. dispensaron los 22 temas del repertorio con una ilusión casi pueril a la multitud, entregada desde la primera nota. La mastodóntica araña tecnológica dio cobijo y brillo a la banda, que utilizó una pasarela circular para campar a sus anchas, aunque la famosa teoría de los 360 grados mosqueó a más de uno. Una gran parte del graderío apenas le vio las caras. Desde el sector 419, la apoteosis sonora invitaba a dejarse llevar por una senda curvilínea, casi tan surrealista como múltiples rincones de la Ciudad Condal. Quince minutos agridulces estropearon una sensación global efervescente, pletórica. Dos himnos venidos a menos. Esa canción de despedida totalmente inadecuada. Surrealista puro y duro. La perfección es un ser desconocido hasta para los héroes.

Aparecieron los protagonistas y las gradas se colorearon con luces interminentes. Cámaras de fotos, móviles y demás parafernalia con la intención de que la memoria nunca nos juegue una mala pasada. 'Breathe' abrió la sesión, seguida de otras tres canciones pertenecientes al último e insípido disco del grupo. Demasiado lineal y onomatopéyico. Sin embargo, el directo es otra historia. Qué gustazo. "Oh oh oh" coreaba el personal al ritmo de 'No line on the horizon'. Hasta 'Get on your boots' tiene un pase en su trasvase al escenario. The Edge se pasea por la plataforma, Bono boxea contra una de las cámaras... La maquinaria, engrasada. El frenesí, instaurado. El capitán de esta nave musical saluda, bromea, presenta a la estación espacial y define a Barcelona como la capital del surrealismo. 'Beatiful Day'. Se acerca el primer punto álgido del evento.

Los acordes de 'Still haven´t found what I am looking for' exaltan al estadio, convertido en un coro gospel a falta de aquel utilizado para la grabación de 'Rattle and hum'. Bono se cuelga la bandera de Irlanda como si fuese una túnica. Sublime. Los chicos se miran entre ellos, sienten la energía colectiva, la reciben, la transmiten y vuelta al origen. Prosigue la fiesta con 'Angel of Harlem', inmaculada interpretación con sorpresa incluida: un tributo a Michael Jackson. Bono alude al estribillo de 'Man in the mirror' para alargar el tema. Además, recita un par de veces el falsete de 'Don´t stop till you get enough'. Sí, sí, quedó bien, pero podían haberse esmerado un poco más en la dedicatoria. Todo lo contrario sucedió en 'A little while', preciosa balada. ¿La destinataria? Mi inglés y la verborrea de Bono impiden semejante respuesta. "Estamos aquí porque creemos en el futuro", comentaron desde la Estación Espacial Internacional en conexión directa con el templo azulgrana. ¿A qué se debió la charla? Hace casi 40 años que el hombre llegó a la Luna. Grandilocuente. El postre a esta tapa cósmica fue 'Unknown caller', pieza con la que el concierto se acercaba a su ecuador.

Los juegos de luces y colores en la 'araña gigante' acompasaban 'The Unforgettable fire', un tema con más de dos décadas de vida. Cualquiera lo diría. Posteriormente, un rayo de luz alcanzó el cielo y aquella orgía visual tuvo la continuación idónea: 'City of blinding lights'. La banda goza. Su séquito alucina. Cuenta atrás. Huele a rock. 'Vértigo'. A nuestros pies, el suelo pide clemencia. El Nou Camp, en pie. Las gargantas reclaman frescura. Lástima. Se han acabado las cervezas. De regreso al foro, una discoteca modernista. Suena 'Crazy Tonight'. Pausa. Larry Mullen aporrea la batería. Arranca ‘Sunday bloody sunday'. Brutal. Pasado un cuarto de siglo desde su creación, continúa siendo un temazo. No puedo comparar esta interpretación con otras actuaciones en directo. Soy primerizo en estas lides. Pienso en cuántas veces la he escuchado. ¿Es posible tocarla mejor? Quizá. Que te emocione más, imposible. Para rematar sentimentalmente a los asistentes, ‘Pride (in the name of love)'. Rock, rock. The Edge, soberbio. Increíble. ¡Bendita secta en la que me encuentro! La caja roja se desgañita. Quedan siete temas. Venga, otra canción más del ‘Unforgetable Fire'. Su epílogo, ‘MLK'. Se detiene el tiempo. Paz.

Caminamos todos juntos. ‘Walk on'. Una melodía esperanzadora. Decenas de personas con las caretas de la Nobel birmana Aung San Suu Kyi se suben a la pasarela circular. Bono recuerda su figura. Primer amago de despedida. Nadie se lo cree. A través de las pantallas, el discurso de Desmond Tutu, líder religioso africano, provoca un aplauso generalizado. "¡Somo uno!", grita. Seguimos en trance. Crece la atmósfera envolvente de 'Where the streets have no name' y aquello no tiene nombre. Cualquier epíteto o definición sobra. Viajamos a la velocidad de la luz, hasta que el globo aerostático con cabida para 90.000 aventureros observa un pinchazo en la estructura. 'One' es un himno y no ejerce como tal. Bono se desespera con el pinganillo, habla solo. Reclama un volver a empezar. Al tema le falta alma, suena a funeral. Segundo amago de despedida.

El cantante de la banda reaparece con una chaqueta 'fantástica'. Se transforma en un animal. Golpea un espectacular micrófono que cae desde lo alto. 'Ultraviolet', del 'Achtung Baby', transmite una belleza acorde con las expectativas. Propósito de enmienda alcanzado. Sin embargo, la orfandad lírica reaparece en ‘With or without you'. Bono repite el comienzo, no llega, el público se come su voz, los instrumentos también. Enrabietado, aguarda el estribillo. Si hubiesen hecho una encuesta entre los fans, nadie habría dado un duro por ‘Moment of surrender', nuevo single de ‘No line on the horizon' y anestésico definitivo. Incoherente. Se quedaron sin pilas o sucedió algún imprevisto. ¿Les faltará un poco de rodaje para alcanzar esos 360 grados? ¿Tienen licencia para equivocarse? Hasta que nadie demuestre lo contrario son humanos, aunque su trayectoria y el envoltorio escénico les confieren un áurea extraterrestre. Eso sí, en el caso de que haya otro planeta dentro de nuestra galaxia, estuvimos allí durante un buen rato. Con ellos. U2.

 

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