Gente Blogs http://www.gentedigital.es/blogs/ Wed, 01 Oct 2014 20:15:54 +0100 FeedCreator 1.7.2 EL JULI Y SU APODERADO http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/11530/el-juli-y-su-apoderado/ Julián López El Juli ya tiene nuevo apoderado. Tras once años con el vallisoletano Roberto Domínguez, ha decidido cambiar de apoderado, nos imaginamos que tras una ruptura amistosa como suele decirse en estos casos. Once años en la cima del escalafón y con el mismo apoderado son muchos años como para pensar otra cosa distinta. Domínguez le ha llevado con buen pulso pero no logró apartarle de los ambientes enrarecidos que supusieron primero el G10 y luego el G5.Esto ha pesado negativamente en el balance final. El Juli no necesita de asociaciones con nadie para mandar en esto y se ha visto perjudicado enormemente durante estos últimos años al menos en el tema económico y de imágen. Así, pues, como decimos, el balance final del apoderado tiene este borrón negro del asociacionismo o de las amistades peligrosas por no haberle apartado de ellas o haber permitido su integración en esos grupos sin objetivos ni claros, ni concretos ni alcanzables. Ahora se va con "Luisma" Lozano, un apoderado aunque de ilustre apellido taurino, independiente en su gestión. Actualmente está dirigiendo la carrera de Sebastián Castella, trabajo que ha hecho con seriedad y con el máximo respeto para su torero. No ha entrado en cenáculos ni grupos sin definir por lo que los asociados le han mirado más bien de soslayo y no porque Sebastián sea un hombre insolidario, porque él ha dejado bien claro que se podía contar con él para asuntos reivindicativos, pero sin asociarse en grupos cuyo objetivo no veía diáfano. Ahora El Juli, en manos de un apoderado, serio, independiente y respetado en los despachos, dará un giro importante en su carrera que será más cercana al aficionado y redundará en beneficio de todos. Creemos que ha acertado con el cambio, ojalá no nos equivoquemos, y se dedique a lo suyo que es torear, olvidándose de problemas burocráticos y reivindicaciones sin sentido, al menos para él.-
Cañaveralejo
Septiembre´14

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Cañaveralejo Mon, 29 Sep 2014 08:30:00 +0100
La conquista de lo inútil http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11529/la-conquista-de-lo-inutil/ La conquista de lo inútil

(ficción complementaria al artículo del asiento anterior. Recordando a M. P.)

            Recuerdo a Juliet Berto, aquella musa de Godard y Jacques Rivette, y me parece volver a ver a Lalá Valdés en su juventud. Las dos eran flacas y tristes, tal y como me gustaban las chicas a mí; las dos sintetizaban el ideal de belleza femenina de mi adolescencia; las dos eran actrices y yo las conocí. En realidad, Lalá quería ser actriz y a Juliet sólo llegué a verla una vez. Fue durante la presentación de su película Nieve, cinta que protagonizó y codirigió en el 81 junto a Jean-Henri Roger. Su estreno español la trajo a Madrid aquel mismo año, a uno de aquellos encuentros entre cineastas y cinéfilos que tenían lugar en la cafetería de los cines Alphaville, al que acudimos Lalá y yo.

            Acabábamos de recorrer el camino que nos llevó de la revuelta a la posmodernidad. De modo que la Juliet que vimos ya no era aquella que sintetizaba la estética de la revuelta -estética hippie que se diría en la más tosca simplificación- de los filmes de Godard y Jacques Rivette. Sin llegar a peinarse una cresta ni a teñirse el pelo de color naranja, como mandaba el canon de la posmodernidad, Juliet ya no era la Yvonne de la célula maoísta que nos presenta Godard en Le Chinoise (1967). "¡Eso sí que son rojas!", me dije al verla por primera vez junto a Anne Wiazemsky en las secuencias de aquel filme. Cautivo de su belleza, me enamoré al punto de Juliet. Fue durante la primera proyección española de La Chinoise, que tuvo lugar en la Filmoteca cuando aún estaba en el cine Covadonga de la calle López de Hoyos. Así que debió de ser en 77 o poco más. Sí señor, unos años antes de aquella velada en los Alphaville en la que Lalá y yo conocimos -léase "vimos en persona"- a Juliet Berto.

###LEER_MAS###

            Esa misma tarde en que me enamoré de Juliet, también me enamoré de Lalá al acabar la proyección de La Chinoise. Desde meses atrás venía admirándola en secreto, mientras esperaba en la cola de la taquilla o avanzaba por el pasillo central del patio de butacas, haciendo alarde de toda su teatralidad. Pero en aquella ocasión, al salir del cine, ella me abordó. Llevaba una pamela como la de Juliet en Out 1, noli me tangere (Jaques Rivette, 1971). Pero yo la quise, también al punto, no por la coincidencia, sino porque hablamos largo y tendido sobre la simbiosis que hubo entre Josef von Sternberg y Marlene Dietrich, el concepto de la revolución en la filmografía de Alain Tanner y las grandezas del ciclo Corman-Poe-Price.

            De ordinario, al ponerme a hablar de estas cosas, las chicas me decían que era muy aburrido. El resto de los mortales, cuando se lo contaba, me aseguraban que no hacía falta que buscara flacas tristes. "Basta con que sean flacas, tristes no tardarás en ponerlas tú con semejantes temas de conversación". Cómo decirles a esos buscadores de la "chica buena, trabajadora y limpia para un proyecto de vida en común", que aún menudeaban en mi remota juventud, o a esos otros, que no querían más que estuviese "buena", que yo también buscaba cierta complicidad en mi monomanía. Y en aquella primera charla sobre cine en una cafetería de la calle López de Hoyos, me di cuenta de que Lalá también pertenecía a la que, con el correr del tiempo -en Soñadores (2003)-, Bertolucci habría de llamar la "masonería de los cinéfilos". En efecto, nosotros también buscábamos la primera fila de la sala con avidez. Como si quisiéramos recibir esas imágenes proyectadas en la pantalla, magnéticas como las sirenas de Ulises, antes que ningún otro espectador.

            -En el cine todo es mentira -nos dijo un desconocido al escuchar nuestra conversación. No le hicimos ningún caso. Qué caso le íbamos a hacer si, de cuantos asuntos se ventilaban en el mundo en aquel tiempo, para nosotros no había ninguno más importante que el rodaje de un docudrama, que estaba llevando a cabo Wim Wenders en Nueva York, sobre los últimos días de un Nicholas Ray desahuciado por los médicos a consecuencia de un cáncer terminal.

            Ya hacía tiempo que mi adolescencia, como la estética de la revuelta, había quedado atrás. Dados mis antecedentes, en el momento de orientar mi vida, quise ser guionista. A tal fin me matriculé en una escuela de cine desoyendo los consejos de mi madre, que me exhortaba a buscarme un trabajo serio, sin duda adivinando que no habría de estrenar ningún libreto. Lalá, cuando supo de mis inquietudes, me confesó que era actriz. Iba a decirle que su teatralidad, su atuendo a la antigua usanza, sus excentricidades me lo habían hecho suponer cuando ella puntualizó:

            -Bueno, estudiante de interpretación.

            Había elegido un poema de Luis Cernuda -Peregrino- para su lectura en el examen de ingreso en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Allí mismo, en otro de aquellos alardes suyos que a mí me parecían toda una exaltación de la libertad, me demostró sus dotes de rapsoda leyendo los susodichos versos del sevillano. Estábamos en la edad de creer que, para que se materialicen las ilusiones, basta con poner fe en ellas y esforzarse. Así que mi adorada Lalá no le dio ninguna importancia cuando la rechazaron en la Escuela de Arte Dramático. Esa noche nos emborrachamos y no, no acabamos en la cama como era mi deseo. Estaba escrito que eso nunca iba a suceder.

***

            En los años sucesivos, Wenders estrenó su singular despedida del gran Nicholas Ray bajo el título de Relámpago sobre el agua (1980) y nosotros, al asistir a su proyección en los Alphaville, creímos levitar. La pantalla autóctona dejó atrás el compromiso y el destape. Una nueva comedia madrileña sucedió a la denuncia del pasado político del país. Realizada por una generación de cineastas emergentes, esa nueva comedia supo sintonizar con los espectadores más jóvenes. Tanto era el buen rollo que rezumaba aquel cine que Lalá quiso colaborar con él y así fue. En aquella ocasión no debió superar ninguna de esas pruebas en las que invariablemente la rechazaban con un "tienes mucho futuro, pero eres muy joven para el personaje".

            A decir verdad, aunque ya estábamos metidos de lleno en las noches de la posmodernidad, ese afán de apoyo mutuo de los días de la revuelta no había quedado del todo atrás. Más o menos adecuado a los nuevos tiempos, ese espíritu de colectividad de antaño, del que Tanner fue a dar buena cuenta en Jonás, que cumplirá los 25 años en el año 2000 (1975), era el que ahora impulsaba las cooperativas mediante las que, con demasiada frecuencia, se producía la nueva comedia madrileña. Apelando al pretendido amor al cine de cuantos las integraban, se convencía a los cooperativistas para que hicieran de su trabajo su aportación a la producción. De modo que no cobraba nadie. Ante este panorama, Lalá, por primera vez, no escuchó aquel "tienes mucho futuro pero eres muy joven para el personaje".

            Pese a que nadie iba a pagarle nada por sus tres sesiones de trabajo en una de aquellas nuevas propuestas cuyo título será mejor no recordar, mi Juliet Berto se sentía satisfecha con la experiencia. Por fin, el público iba a poder apreciarla en una pantalla como aquellas que nos magnetizaban. Pero tampoco pudo ser: el film resultó tan malo que no encontró distribución y no se llegó a estrenar.

            Todo ese amor al cine que nos llevaba a trabajar gratis, para mi profesor de guión en la escuela era una suerte de "esquirolismo". Yo también me presté a él con largueza en la filmación de cortometrajes. La cámara, el tomavistas, para Jean Vigo "no era un aparato neumático con el que crear el vacío", sino un instrumento con el que transformar la realidad en poesía. Pero si en el Madrid del año 83 alquilabas la cámara -y el equipo de iluminación- un viernes, podías rodar durante todo el fin de semana pagando sólo una jornada ya que era imposible devolverla el sábado: los arrendadores no abrían su negocio. Así que los cortometrajes siempre se rodaban en fin de semana, con horarios interminables y sin que nadie cobrara. Más que un trabajo -aunque lo era y tan fatigado como hacer zanjas en la calle- se consideraba un meritoriaje. Por lo tanto, nada más lógico que hacerlo gratis.

            Y al cabo yo tuve suerte porque aquellos esfuerzos no pagados terminaron por proporcionarme rodajes remunerados. A mi buena Lalá, que a menudo me acompañaba a las filmaciones donde estaba empleado como técnico sólo por el placer de estar en contacto con el cine, hasta estos trabajos en películas cuyos títulos también será mejor olvidar le fueron negados.

            Cuando aquel gran realizador, que sintetizaba el costumbrismo de esa nueva bohemia que ocupaba las buhardillas de Malasaña en planos secuencia de gran belleza plástica e hizo a mi Juliet trabajar gratis, puso en marcha su primer filme subvencionado, no contó con Lalá ni como figurante. Ella intentó convencerle por el método más eficaz y más antiguo. No obtuvo resultados. Mejor dicho, obtuvo uno que no era el esperado. La acompañé a librarse de ello a Londres.

            Naturalmente, yo tenía trato carnal con otras chicas. Personas normales, de esas que van al cine a distraerse. Puede que si en alguna de las noches que pasé en casa de Lalá lo hubiera intentado, ella también, aunque sólo fuera por camaradería, se me hubiese entregado. Pero esa necesidad imperante de ver películas que nos unía, ya con trazas de quimera porque se trataba de saciar un apetito que, de hecho, es insaciable, estaba muy por encima de los placeres de la carne.

            Quería a Lalá Valdés porque se parecía a Juliet Berto y me hablaba de la conquista de lo inútil en el cine de Werner Herzog con la mirada encendida. Sé que de las películas es mejor no hablar mucho. Hay que decir lo justito. Si estás frente a un auténtico cinéfilo, bastará para que te contagie el entusiasmo que le inspiran. Lalá conmigo lo conseguía. Siempre lo he comparado con ese placer tan breve que, no, obstante, si te lo da la mujer que quieres, es lo mejor del mundo, el mayor pago que puede tener la hombría. De modo que veía a Lalá con el mismo amor que un buen marido ve a su esposa tras treinta años de matrimonio, cuando la vida sexual ya ha acabado pero le une a ella algo muy superior que esa pasión carnal de los primeros días. El British Film Institute, en la ribera del Támesis, programaba un ciclo de Michael Powell y Emeric Pressburger, The Archers. Aquellas sesiones cuentan entre las más entrañables de los cientos de proyecciones que disfruté junto a mi Juliet.

***

            En los años venideros, la sala de proyecciones de la Filmoteca pasó del cine Covadonga al Príncipe Pío, donde se celebraron aquellos ciclos veraniegos dedicados al western y al musical estadounidense que seguimos con avidez. A decir verdad, por más que en el atrevimiento de nuestra ignorancia nos creyéramos expertos filmófilos, en los días del Príncipe Pío aun estábamos en los primeros estadios de nuestra cinefilia: los géneros tradicionales, los cineastas clásicos, los argumentos resueltos con diligencia.

            La comprensión de las realizaciones más exuberantes y complejas, como las del gran Godard, empezó a sernos dada con la Filmo en la sala Minerva del Círculo de Bellas. En los textos que cimentaron nuestra cinefilia, supimos de la trascendencia de la filmografía de Godard en la historia de la pantalla. Desde entonces le elogiábamos. De ahí que le citáramos por el apellido, dando a entender cierta familiaridad con su obra que no teníamos. Veíamos sus películas como quien lee un libro, consciente de su densidad aunque sin enterarse de nada. Lo cierto fue que hasta mediados los años 80 no comprendimos, por nuestra propia experiencia cinéfila, el valor de las rupturas de Jean-Luc Godard: con la estructura del relato, con las fronteras que separan los géneros, con la concepción de los personajes, con el lenguaje fílmico... De aquellas sesiones, en que el nuevo entendimiento nos ensanchó el carácter, recuerdo a Lalá buscándome en las escaleras del Círculo de Bellas Artes. Quien llegaba el primero sacaba las entradas y esperaba al otro.

            Errante hasta que encontró su acomodo definitivo en el cine Doré, antes de llegar allí, cuando la Filmoteca abandonó el Círculo, tuvo otra sala de proyecciones en el cine Torre de Madrid. Llegó tras varios meses de cierre en que los enajenados por el cine antiguo tuvimos que conformarnos con algunas emisiones televisivas y lanzamientos en video. La versión original, nuestra otra gran pasión, se mantenía en su pequeño circuito.

            Cuando los de antes volvimos a vernos en el nuevo domicilio de la Filmo, echando en falta algunos rostros de los días del Príncipe Pío y el Círculo de Bellas Artes, Lalá y yo, en esas charlas del final de las sesiones que tanto habría de recordar y aún recuerdo, nos preguntamos por primera vez si nuestra monomanía no seria nuestra propia conquista de lo inútil. A la larga, no había mucha diferencia entre nosotros, aprendiéndonos de memoria las películas y cuanto a su realización concierne, y el Lope de Aguirre (Klaus Kinski) de Werner Herzog diciéndole a aquel mono, de la secuencia postrera de Aguirre, la cólera de Dios (1972) -un ejemplo meridiano de la inutilidad en el cine de Herzog-, que él era la cólera del Todopoderoso.

            Sabíamos a ciencia cierta que los ausentes, los que se fueron en esos meses sin Filmoteca, habían desertado de nuestro mundo de luces y sombras. Se habían ido porque pasarse la vida viendo películas no sirve para nada. De hecho, nos encontramos a varios y todos coincidieron en negar la gran pantalla como se niega a un dios idolatrado anteriormente, con esa intransigencia del converso, del antiguo fumador frente al tabaco. Después de escucharles sus razonamientos, mi dulce compañera y yo concluíamos al unísono: "Aquí todos somos igual de payasos. Las personas decentes, que pagan sus recibos, crían hijos sanos y van al cine a pasar un buen rato tanto como nosotros, que acudimos a la sala en pos de la quimera del apetito insaciable. Todos somos bufones en la misma corte, funámbulos en la misma cuerda floja".

            En aquel tiempo, la exhibición cinematográfica tal y como la conocimos Lalá y yo, en los palacios de la Gran Vía y en aquellos programas dobles en sesión continua, la maravilla de los sábados donde nos aprendimos las primeras películas de memoria, había iniciado su proceso de extinción.

           Para entonces, dos años como auxiliar de montaje se habían sumado a mi experiencia en los rodajes, llevándome a la conclusión de que mi obsesión por ver películas no significaba que también me gustara hacerlas. Diré más, los oficios del cine me resultaron especialmente agobiantes. Casi siempre a destajo y rodeado de técnicos, que de ordinario desprecian esa mentira que están contribuyendo a construir con las mismas que el común de las personas normales, de esas que ven películas por distracción, detestan su trabajo. A diferencia de mi cinefilia, que no estaba dispuesto a dar por baldía, consideré una inutilidad la pericia adquirida en el manejo de las viejas moviolas y demás instrumentos de sincronización, que pronto caerían en desuso. Comencé a emplearme como periodista especializado en la gran pantalla. La crítica no pudo ser porque el cine actual me interesa en la misma medida que pueda interesarle a un arqueólogo el arte contemporáneo. Lo mío son los obituarios. Rendir el último tributo a los grandes de la pantalla pretérita.

            Profesionalmente hablando, abandoné el cine cuando las pruebas empezaron a llamarse "casting". Con la nueva denominación, Lalá siguió escuchando las viejas argumentaciones con que la rechazaban: "tienes mucho futuro pero eres muy joven para el personaje". Inasequible al desaliento, asistió a todos los cursos de interpretación dictados por argentinos procedentes del Actor's Studio que se impartieron en Madrid. Para costeárselos se vio obligada a emplearse como camarera y, entonces sí, tuvo que renunciar a la estética de la revuelta y darse a los modernismos.

            Lo peor fueron todas las sesiones que mi compañera se perdió. Comprendí entonces que ella era una espectadora nata, como yo. Los dos habíamos nacido para ver películas, no para hacerlas. Sin embargo, mi Juliet, estaba dejando de ir al cine para pagarse los cursos como actriz. Escribí un artículo sobre esta paradoja. Ella lo leyó, consideró que la presentaba como una especie de loca, se molestó y me dejó de hablar. Después me enfadé yo. Nunca más nos volvimos a ver. Como tantos grandes amores -a su modo lo nuestro lo fue-, la amistad que nos unió se vino abajo de un día para otro por una tontería.

***

            Fue entonces, en mis primeras proyecciones sin Lalá, cuando di un paso importante en mi quimera del apetito insaciable al empezar a ver películas malas con la misma avidez que las buenas. Lógicamente, estos filmes desafortunados, a veces execrables, no me procuraban el mismo gozo que las obras maestras. Por el contrario, me brindaban un gratísimo regreso al pasado. Todo el cine, independientemente de la cronología de la ficción que cuente, es el reflejo de la época en que está rodado. Fue viendo alguna de esas comedias españolas de los años 60 cuando tuve el primer transporte a mi infancia. Habiendo sido el niño más feliz del mundo, con los innumerables reveses que me deparó la vida con posterioridad, hice de mis días tempranos un reino afortunado al que creí volver en esos filmes de los 60 cuyos títulos también será mejor omitir. Al ser cintas rodadas sin apenas dirección artística, el Madrid que muestran es el Madrid que fue. Así pues, vistas treinta o cuarenta años después, son el fiel reflejo del tiempo en que se rodaron, cuando fui el niño más feliz del mundo.

            Aquélla fue la primera vez que el cine redimió mi realidad. Al punto comencé envidiar a ciertos tipos que venía viendo en la Filmoteca desde los días del Príncipe Pío. Calculaba que gozaban de una renta que les permitía asistir a todos los días a todas las sesiones. Sin más vida que la dispuesta para ellos por sus cineastas favoritos, también acostumbraba a verlos en las salas del circuito de la versión original que nos eran afectas. Aquellas donde se proyectaban los escasos estrenos que todas las temporadas llamaban nuestra atención.

            Sin llegar a hablarnos, porque al cine no se va a hacer amigos, sino a redimir la realidad, esas ratas de filmoteca que me eran conocidas de pronto empezaron a ser un espejo en el que me observaba a mí mismo. Se estaban volviendo tan viejos como yo. Ya estábamos en los días del Doré. En una de mis lecturas cinéfilas de entonces, supe que el gran Tod Browning, autor de un carnaval de la las tinieblas en la pantalla silente, dedicó sus últimos años a pasar el día viendo cintas mudas junto a su esposa. Se hizo con copias en 16 mm. y las pasaba constantemente en la pequeña sala de proyecciones de su casa. Apenas tuve noticia de aquello, se convirtió en mi ideal de vida. Que mejor absolución final para mi historia, una sucesión de ambiciones insatisfechas, de ilusiones perdidas, que la de pasar cuanto pudiera restarme por vivir viendo películas.

            Desde entonces sueño con organizar mi vida alrededor de una mentira. Tengo cincuenta y cuatro años. Espero durar otros veinte más y quiero dedicarlos a ver cine en exclusiva.

            Juliet Berto murió prematuramente, de un cáncer fulminante, el diez de enero de 1990. En cierto sentido, su puesto fue ocupado por Jane Birkin en la filmografía de Jacques Rivette. Después pasó el tiempo.

            Calculaba que a Lalá estuvieron diciéndola que tenía mucho futuro y era muy joven para el personaje hasta que empezó a estar muy mayor y su tiempo había pasado. Entonces cambiarían de canción. Se habría hecho vieja sin madurar, como yo para ser exactos. Pero fue que, casualmente, tuve noticia de que su óbito se produjo el mismo día que el de Juliet.

 

            Ya convertido en ese espectador absoluto que desde mis primeras proyecciones sin Lalá quise ser, ya convertido en un conquistador de lo inútil, deje de tener el más mínimo trato con persona alguna. Salvo el tiempo que pierdo en comer, dormir y llegar al Doré, me paso el día viendo películas. Es tanta mi demanda de cine que las proyectadas en la Filmo, las dos mil quinientas que atesoro en mi casa, y esas tres o cuatro novedades que todas las temporadas siguen llamando mi atención me resultan insuficientes. Así que también he empezado a ver cine en YouTube. Allí he dado con algunas de las primeras cintas que Juliet interpretó para Rivette y en ellas me he reconciliado con mi dulce compañera. Hoy Lalá se ha vuelto a mí en una secuencia de Duelle (une quarantaine) (1976) y me ha saludado.

 

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Javier Memba Sat, 27 Sep 2014 12:15:00 +0100
Rafael Catalá, sustituto de Gallardón en Justicia http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11527/rafael-catala-sustituto-de-gallardon-en-justicia/ Era el número 2 del Ministerio de Fomento -casi un número uno bis, un viceministro, por su cercanía con la ministra Ana Pastor-, pero vuelve a casa -el Ministerio de Justicia- donde fue secretario de Estado de Justicia entre 2002 y 2004 con José María Michavilla de minisro en los ya lejanos tiempos de Aznar. Quizá su ‘jefa’ Ana Pastor sea su gran valedora para el ascenso de un alto cargo al que definen  como “un técnico de bajo perfil político”. Es decir, el mismo perfil que eligió Rajoy para sustituiar en Agricultura a Miguel Arias Cañete por Isabel García Tejerina. Pero hacen falta más ‘cambios’...

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José Ramón Bajo Fri, 26 Sep 2014 08:30:00 +0100
UPL pide el cierre del Aeropuerto de Villanubla http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11526/upl-pide-el-cierre-del-aeropuerto-de-villanubla/ Ante la noticia aparecida en los medios de comunicación en relación con la oferta de Iberia para Valladolid del billete combinado AVE y vuelo con salida desde el aeropuerto de Adolfo Suárez Barajas, el secretario general de UPL, Eduardo López Sendino, considera que es el momento de cerrar definitivamente el aeropuerto de Valladolid que como ya ha repetido en muchas ocasiones, carece de sentido su existencia cuando tiene Valladolid un aeropuerto de primer nivel mundial como es el aeropuerto de Barajas, y ahora se consolida esta tesis porque carece de sentido ningún vuelo desde el aeropuerto de Valladolid, que no se entiende cómo ha contado y sigue contando con ingentes cantidades de dinero de subvención solapada de la Junta de c. y León. Es el momento de apostar por el aeropuerto de León como eje vertebrador de las comunicaciones aeroportuarias del noroeste de España.

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José Ramón Bajo Fri, 26 Sep 2014 08:00:00 +0100
Sin rastro de 50 mayores de 60 años en lo que va de año http://www.gentedigital.es/blogs/pendientes/36/blog-post/11528/sin-rastro-de-50-mayores-de-60-anos-en-lo-que-va-de-ano/ Son los datos que maneja Sosdesaparecidos. La solución pasa por abaratar la localización.

Por el cierre de muchos centros de día, víctimas de la crisis. Por la imposibilidad de las familias de pagar este tipo de recurso social o por los recortes en la ley de dependencia. Por la falta de preparación de quienes se quedan a su cargo en el hogar. Por su soledad. Son muchos los motivos que intentan explicar el aumento de mayores desaparecidos y el fatal desenlace registrado en buena parte de los casos. "En lo que va de 2014, hemos recibido y difundido en SosDesaparecidos 50 casos de personas mayores de 60 años. De ellas, 20 han sido localizadas en buen estado (40%), pero han sido encontrados los cuerpos sin vida de 22 personas (44%), sin duda una cifra altísima", explica Joaquín Amills, presidente de dicho colectivo. Añade, por otro lado que, a día de hoy, no hay ni rastro de 8 de esos 50 mayores ausentes. "Es otra cifra alarmante, teniendo en cuenta que es un 16%, el doble de la media nacional de desaparecidos sin resolver que decía el señor ministro de Interior en 2013, cifrándolo en el 8%", subraya.

Coincidiendo con la celebración del Día Internacional de las Personas Mayores, el próximo 1 de octubre, desde SosDesaparecidos exigen que se tomen medidas urgentes para reducir ese número de personas halladas sin vida. Y esas medidas pasan por abaratar los dispositivos de localización GPS disponibles en el mercado y dirigidos especialmente a personas con Alzheimer o demencia. "La propia Administración es la primera que debe afrontar este problema. La falta de poder económico en una familia o una pensión de jubilación mínima no debe significar que estos recursos tecnológicos no puedan ser facilitados", opina Amills. El precio, por ejemplo, de un reloj GPS, "ronda los 900 euros", indica Francisco Jiménez, coordinador de SosDesaparecidos, "y eso no todo el mundo puede afrontarlo, ni siquiera la administración", afirma.

En este sentido, el Ayuntamiento de Madrid acaba de presentar el programa piloto 'Código QR' para enfermos de Alzheimer, que se probará en 200 usarios de centros de día municipales. Se trata de un código de barras bidimensional colocado en chapas, pulseras, colgantes y otros soportes que, a través del lector de un móvil, identifica a estas personas, accediendo a los datos de su ficha.
En la cara buena, se sitúa el bajo precio del dispositivo, en torno a los dos euros. En la cara mala, el desconocimiento sobre su uso. "Todavía es muy bajo el número de personas que sabe cómo leer un código QR, o qué aplicación utilizar. Aunque sí es cierto que se trata de una alternativa muy asequible", puntualiza Raúl Jiménez, informático de Esri, compañía especializada en información geolocalizada.

Sin embargo, y paralelamente al abaratamiento de estos dispositivos, evitar la soledad de nuestros mayores sería otra de las estrategias a seguir. Más de 1.800.000 viven solos en España, una realidad contra la que lucha la asociación Amigos de los Mayores. "Los cambios sociales y demográficos llevan a que cada vez haya más mayores solos, y a que muchas familias ya no puedan responder como les gustaría a estas situaciones", concluye Tatiana Barrero, directora de dicha organización.

Jornada sobre la soledad y soluciones

La Federación Amigos de los Mayores abarca a Amics de la Gent Gran de Catalunya, Amigos de los Mayores de Madrid y Amics de la Gent Major de Valencia. El próximo 7 de octubre celebrará la Jornada Internacional sobre 'Soledad y personas mayores: Alternativas y soluciones desde la ciudadanía', para analizar cómo estos cambios afectan a estas personas en diversos países europeos y qué se está haciendo para ayudarles. Además, el colectivo acaba de lanzar la campaña 'No estáis solos', contra la soledad no deseada.

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Patricia Costa Fri, 26 Sep 2014 08:00:00 +0100
Un Reino glorioso http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11525/un-reino-glorioso/ El alcalde de León, Emilio Gutiérrez, va encontrando cómplices para mantener esa “lluvia fina” de actos que den relevancia al hito histórico logrado en junio de 2013 cuando la Unesco declaró que los ‘Decreta de León’ de 1188 fueron la primera manifestación de lo que luego ha sido el sistema democrático con la participación de todos los estamentos sociales. Clave para llegar a este reconomiento fueron los actos celebrados en 2010 con motivo del 1.100 Aniversario del Reino de León, con el entonces Rey Juan Carlos I proclamando solemnemente en su discurso en el Auditorio que León es la Cuna del Parlamentarismo. Más de ocho siglos fueron necesarios para ‘consagrar’ un hecho que parecía claro, pero que nadie se había tomado en serio en investigar y documentar a pesar de que ya Claudio Sánchez Albornoz había escrito que “en este año inolvidable de 1188, un Rey Alfonso otorgó lo que podríamos llamar la Carta Magna Española, anterior en varios años a la inglesa. La Carta Magna Leonesa se dirigía a un pueblo que no conocía el régimen feudal, articulado en grandes municipios libres y fue por ello más democrática y liberal que la de Juan sin Tierra en Inglaterra”. Ni siquiera la celebración del VIII Centenario de las Cortes de Castilla y León en 1988 dio un paso en ese sentido. El empuje de Rogelio Blanco y de Juan Pedro Aparicio en 2010 fueron clave para la declaración final de la Unesco. En este camino fue decisivo el respaldo total del profesor y politólogo australiano John Keane, que en 2009 había escrito un libro situando el origen del parlamentarismo en las Cortes de León de 1188 y no en la Abadía de Westminster como se creía hasta entonces.
Esta semana ha seguido esa “lluvia fina” con la presentación del vino de Prada a Tope ‘Curia Plena’, la cumbre de presidentes de parlamentos autonómicos -con la ausencia, como no, de los del País Vasco y Cataluña y alguno más- o la inauguración del Calendario de Jardín ‘León, Cuna del Parlamentarismo’, en el monumento a los Reyes de León en la plaza de Guzmán. El Ayuntamiento de León hará bien de tirar de este hito histórico para atraer visitantes a la capital del Viejo Reino de León. Son años de reconocimiento histórico de un Reino que llegó a dominar gran parte de la Península Ibérica y que fue clave en la formación de España, como prueba el ‘león’ que luce la bandera española. Ahí está también el Santo Grial, siglos en la Real Colegiata -ahora Basílica- de San Isidoro y sin poner en valor hasta la publicación este año del libro ‘Los Reyes del Grial’ de Margarita Torres y José Miguel Ortega. Las visitas a San Isidoro se han incrementado más de un 30% estos meses con una ‘taquilla’ desde abril cercana a los 300.000 euros.
León tiene que hacer valer ese glorioso pasado histórico implicando incluso al Parlamento Europeo para que aquellas lejanas e históricas Cortes de 1188 sean un pasaporte de futuro para una ciudad en declive.

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José Ramón Bajo Fri, 26 Sep 2014 07:15:00 +0100
Treinta años de grabaciones http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11524/treinta-anos-de-grabaciones/             La pasada primavera hizo treinta años que comencé a grabar películas. Quería ponerme a ello desde que se comercializaron los primeros magnetoscopios a principios de los 80. Pero fue el 84 cuando, con los estipendios de un oportuno empleo como ayudante de montaje en unos estudios de Alcobendas, tuve dinero para mi primer JVC. Recuerdo sus trazas de armatoste: el mando a distancia tenía un cable. Largo como para operar con él desde el sillón, pero cable al cabo. Aun así, con aquel aparato grabé Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929) y El sirviente (Joseph Losey, 1963). Fueron las dos primeras cintas -nunca mejor dicho ya que entonces grababa en VHS- de una colección que hoy cifro en torno a los dos mil quinientos ejemplares. Todavía las conservo en perfecto estado. Y eso que, mi montador jefe de entonces, auguraba una vida efímera a mis grabaciones.

            Creo que fue él -un buen amigo y una buena persona por otro lado- el primero de todos los derrotistas que desde entonces han querido que desistiera en mi empeño. A excepción de eso muy corto, pero que si te lo da la mujer que quieres -como es mi caso- es lo mejor del mundo, no hay nada en la vida que me guste más que ver una película. Así que hace treinta y cinco años, apenas tuve noticia de la existencia de los magnetoscopios, comprendí las posibilidades que me ofrecían para ir haciéndome con ese tesoro videográfico del que ahora vengo a jactarme.

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            Consciente desde aquellas primeras cintas de que una de mis grandes tareas era la de grabar películas, al ver el entusiasmo con me refería a ello, nunca me faltaron agoreros dispuestos a derribar mis ilusiones. Al principio, como el video doméstico aún se debatía entre el Betamax, el V2000 y el VHS, los hubo que me dijeron que mi sistema no sería el definitivo. Se equivocaron tanto como el montador que me aseguraba una vida efímera para las grabaciones: como es sabido, el VHS fue el que se acabó imponiendo. Siempre haciendo economías por no haber escuchado a aquellos otros, que me aconsejaron que me dejara de escrituras para dedicarme a algo de provecho, he de reconocer que mi decisión por el VHS obedeció a que sus cintas eran las más baratas, dentro de lo caras que eran todas entonces. Mención especial merecen las Bedeo, a un precio entonces en verdad módico. En ellas grabé la filmografía completa de Jean Renoir, por poner un ejemplo.

            Ya con cientos de películas en mi tesoro empezaron a anunciarme que no habrían de servirme de nada cuando el DVD acabara por desplazar al VHS. En efecto, así ha sido. Pero para 2007, cuando yo mismo empecé a grabar en DVD, con vistas a no quedarme sin lectores para mis VHS ya me había hecho con tres magnetoscopios. Ahora tengo uno más en un combo con un DVD. De esta manera puedo seguir viendo J' Acusse (Abel gance, 1938), una de las innumerables joyas filmográficas que atesoro, cuando lo considero oportuno. Eso sí, siempre con los primores que requiere saber que el procedimiento ya es casi arqueológico. Es más, cuando por "a" o por "b" una de esas películas que se regalan ahora con las publicaciones es una que ya atesoró en VHS, grabó encima de la copia antigua para ahorrar espacio.

            En efecto, como también me aseguraban algunos de los que se empeñaban en que desistiera sólo porque detestaban verme ilusionado, tengo llena de películas una pared entera de mi casa. El resto con libros y con fotos: las paredes vacías me dan miedo, son terreno abonado a los espectros. A excepción de El bello Sergio (Claude Chabrol, 1958) atesoro -como el necrófago Gollum el Anillo Único- todo el cine de la Nouvelle Vague; el de la Hammer, menos Lust for Vampire (Jimmy Sangster, 1971); de Fritz Lang la filmografía completa... Pero siempre tengo un hueco para grabar rarezas de los grandes de la serie B canónica, el cine policiaco español de los años 50 -spanish noir que lo llaman- y el italiano de géneros. Esto es lo que ahora más codicio.

            Con las obras maestras, esas que vienen a ser algo así como de primero de cinefilia, los títulos clave de Ford, Hitchcock, Rossellini y el largo etcétera, me hice en los primeros años de mi saludable monomanía. Y digo bien al calificarla de "saludable" frente a quienes estimen, que no faltarán, que ha de ser perniciosa tanta obsesión por algo. Me explico: desde que por ir a beber una noche no grabé La dolce vita (Federico Fellini, 1960) -con la que me hice un tiempo después, por supuesto-, dejé de volver a salir siempre que se anunciaba una película de mi interés. No hay duda de que la medida debió de ser muy buena para el borracho que fui durante tanto tiempo. Lo cierto es que ahora grabo mucho menos que entonces porque rara es la película buena y antigua que se emite en televisión -incluso en los canales exclusivamente cinematográficos- que no obra ya en videoteca. De hecho, en la actualidad son más numerosas las cintas que adquiero ya grabadas, algo que empecé a hacer a comienzos de los 90, que las que grabo yo mismo.

            De este modo he llegado a nuestros días, en los que el DVD también se ha quedado obsoleto. Tengo el convencimiento de que el VHS era más resistente pese a que la calidad de imagen del DVD sea muy superior y el precio más bajo. Siempre a la espera de hacerme con una televisión de gran formato y un USB grabador que me permita proseguir con el tesoro en pequeños pen drive, también grabo en el disco duro de uno de mis reproductores.

            Aún lloro la perdida de La Luna (Bernardo Bertolucci, 1979), la única grabación en video que me ha fallado en estos treinta años. Del DVD no puedo decir lo mismo. Sin ir más lejos, hubo una ocasión en que el disco duro resultó ser demasiado blando y perdí los veinticinco filmes que almacenaba en él. Ahora bien, ni siquiera entonces dejé de dar cuenta de esas tres o cuatro películas de mi colección, que acostumbro a visionar semanalmente, pese a quienes me preguntaban si lo hacía. Al final, mi tesoro filmográfico ha dado una nueva dimensión a mi cinefilia, que también se alimenta de un par de cintas en salas semanales. Por el contrario, a aquel montador jefe de hace treinta años en Alcobendas, el cine ha dejado de gustarle. Al menos eso fue lo que me dijo la última vez que le vi, cuando me confesó que el tiempo que otrora dedicaba a ver películas, ahora lo empleaba en estar con la familia. Mis VHS han durado más que su cinefilia. Por no hablar de mis ilusiones.

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Javier Memba Thu, 25 Sep 2014 06:15:00 +0100
El PSOE de Castilla y León busca líder http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11523/el-psoe-de-castilla-y-leon-busca-lider/ El PSOE es un continuo ‘sin vivir’. Todavía está aterrizando Pedro Sánchez como nuevo líder socialista y ya se abren nuevos frentes antes de las primarias de las principales capitales y ciudades españolas previstas para el 30 de noviembre. Aquí, en Castilla y León, hay que enmendar el ‘roto’ producido con la dimisión de más de la mitad de los miembros de la Ejecutiva del PSOE de Castilla y León, lo que significó el cese inmediato de Julio Villarrubia y la formación de una gestora presidida por Jesús Quijano. Ahora toca reponer a un secretario general con un proceso democrático nuevo. Y en esa carrera anda Julio Villarrubia ahora con Luis Tudanca como rival. Óscar López es ya historia en el PSOE de Castilla y León y un cómodo puesto en el Senado es su recompensa. Sin embargo, Julio Villarrubia vuelve al tajo en un intento de demostrar que se le cargaron con premeditación, nocturnidad y alevosía. Lo va a tener difícil. Un problema -como era Villarrubia por su enfrentamiento con el entonces todopoderoso Óscar López- no puede ser la solución y por eso quizá no es el mejor candidato ‘crítico’. Si en las elecciones internas y posterior congreso extraordinario de octubre no sale un PSOE unido seguiremos en las mismas y el PSOE irá enterrando las pocas opciones electorales que le quedan. 2015 está a la vuelta de la esquina y el PSOE sigue envuelto en guerras interminables, ya que Villarrubia parece que gane o pierda irá a las primarias para ser candidato a la presidencia de la Junta. Vamos, que seguirá la guerra. Tienen un problema bastante gordo...

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José Ramón Bajo Fri, 19 Sep 2014 08:00:00 +0100
La Historia sale al encuentro de León http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11522/la-historia-sale-al-encuentro-de-leon/ La Consejería de Cultura y Turismo, consciente de la importancia de la decisión de la Unesco de nombrar a León como Cuna del Parlamentarismo y en colaboración con el Ayuntamiento de León, ha organizado en La Casona la exposición ‘León, Cuna del Parlamentarismo’ con el objetivo de promover la importancia de los ‘Decreta’ y el significado histórico que aquella iniciativa leonesa tuvo en el desarrollo de la sociedad. La idea central consiste en mantener vivo el concepto de las Cortes de 1188, de ‘dar voz al pueblo’, destacándolo como el mayor logro conseguido en aquella curia regia, al conseguir la participación de todos en las decisiones que afectan al conjunto de la sociedad. Se trata pues de una oportunidad histórica tanto de reivindicación del legado del Viejo Reino de León -que fue clave en la formación de España y ahora no es ni comunidad autónoma- como de proyección de futuro de ese rico y glorioso pasado que no deja de sorprendernos como ha sido esta decisión de la Unesco o que la Basílica de San Isidoro albergue el Santo Grial desde hace siglos y casi no lo demos ni importancia. La Historia sale al encuentro de León y sus dirigentes tienen la responsabilidad y la obligación de sacar partido de ello y recuperar el prestigio a León.
En la nota de prensa facilitada por la Consejería de Cultura puede leerse que la exposición ‘León, Cuna del Parlamentarismo’ se articula en torno al deseo del ser humano de entenderse a través de la palabra, del diálogo y muestra cómo el parlamentarismo, como sistema político, parte del deseo del entendimiento colectivo, de su necesidad para lograr el acuerdo en los asuntos generales de las comunidades humanas, puesto que en León, se produjo el comienzo de un sistema político que no excluía a nadie.
Estas frases vienen fenomenalmente para aplicar en los tiempos que vivimos, ya que exigen más que nunca consenso y transparencia. Un joven Alfonso IX fue capaz de verlo en el lejano siglo XII. Hoy, con todos más preparados y unas inmensas posibilidades, el consenso brilla por su ausencia.La democracia ha servido en muchos casos para que demasiados políticos sin escrúpulos hayan llenado sus bolsillos. La democracia no es un sistema perfecto, pero tiene sus mecanismos para enderezar el rumbo cuando el camino se tuerce por los desmanes de algunos. La crisis económica ha golpeado sin piedad a la sociedad actual en los últimos seis años y ha derribado pilares que se consideraban indestructibles. Ahora es el momento de edificar un nuevo proyecto donde todos cuenten y en el que los que se pongan al frente se dediquen a sumar y no a restar. Buscar el diálogo y el consenso para poner en marcha un proyecto de futuro consistente y consensuado que vaya más allá de las siglas políticas que estén al frente. El bien común está por encima de caprichos personales.

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José Ramón Bajo Fri, 19 Sep 2014 07:15:00 +0100
Ingenieras, madrileñas y con alto potencial http://www.gentedigital.es/blogs/pendientes/36/blog-post/11520/ingenieras-madrilenas-y-con-alto-potencial/

En la imagen, Pilar Álvarez·Fotografía:Airbus

SÓLO UN 26% DE MUJERES ELIGE LA RAMA DE INGENIERÍA EN LA UNIVERSIDAD
Pilar, Mónica y Nuria, ingenieras industriales, ocupan actualmente puestos de responsabilidad en Airbus · Programas específicos buscan fomentar la presencia femenina dentro del sector

Entramos en la planta de Airbus Operaciones Getafe, donde se fabrican componentes para diferentes modelos de aviones (A320, A330, A350, A380). En la nave en la que se unen los cajones laterales que llegan de Puerto Real (Cádiz), Mónica Álvarez, ingeniera industrial (UPM), coordina a un equipo de cien personas como responsable del estabilizador horizontal del Programa A330, parte trasera de esta aeronave. "Siempre tuve debilidad por las matemáticas, la física, las ciencias, y la Ingeniería Industrial me pareció la más abierta, tenía cuatro años para elegir mi especialidad", explica. Sin embargo, cuando accedió a la universidad, en 1995, en clase se contaba a apenas una veintena de mujeres, de entre 100 alumnos.

El tiempo ha pasado, pero la proporción de hombres continúa siendo muy superior en la rama de ingeniería y arquitectura, alcanzando el 73,9%, según el informe 'Datos básicos del sistema universitario español. Curso 2013-2014', publicado por el Ministerio de Educación. Tanto es así que existen incluso programas específicos, como el promovido por la Universidad Politécnica de Madrid, para fomentar la presencia de mujeres, por ejemplo, dentro de la ingeniería aeronáutica, tanto a nivel formativo como laboral.

A la planta de Airbus Operaciones Getafe también se incorporó en 2003 Pilar Álvarez, otra madrileña, ingeniera industrial por la Universidad de Sevilla, y actual subdirectora del Programa A320 (desde 2013). "Mi primera opción era las Telecomunicaciones, pero me alegro de haberme decidido finalmente por la Ingeniería Industrial, porque me dio la posibilidad de elegir entre un abanico más amplio de posibilidades en lo laboral", reconoce. Y como en clase de Mónica, en la suya el porcentaje de mujeres giraba también en torno al 25%.

Más de lo mismo si nos acercamos al caso de Nuria Lizarbe, madrileña, Máster de Ingeniería Industrial por la UPM. A juicio de esta responsable del área de Materiales Compuestos de la planta, conseguir que el porcentaje de mujeres aumente en esta rama, pasa porque haya "una mayor colaboración entre la universidad y la empresa. Eso es lo que falla en España. Cuando estamos en la facultad, tenemos un desconocimiento tremendo de en qué consiste el trabajo en cada sector".

Según el último informe de Adecco sobre las titulaciones más demandadas por las compañías, Ingeniería Industrial ocupa la segunda posición, sólo por detrás de Administración y Dirección de Empresas (ADE).

Promoción interna y liderazgo
Dentro de Airbus Operaciones funciona Women Network, una red que organiza eventos para que las trabajadoras "se conciencien sobre su propio papel dentro de la empresa", indica Pilar Álvarez. Por otro lado, se desarrolla el programa Grow, dirigido a empleadas con alto potencial, como estas tres ingenieras madrileñas. Aunque, de momento, sólo un 15 por ciento de mujeres ocupan puestos de dirección en la compañía.

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Patricia Costa Fri, 19 Sep 2014 05:15:00 +0100