Gente Blogs http://www.gentedigital.es/blogs/ Tue, 14 Aug 2018 20:00:52 +0100 FeedCreator 1.7.2 SEGUNDA DE EL PUERTO Y DOS PUERTAS GRANDES http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/12049/segunda-de-el-puerto-y-dos-puertas-grandes/ El Fandi y Miguel Ángel Perera descerrajaron ayer la puerta grande de la plaza de El Puerto, el primero con dos trofeos, uno en cada toro y Perera con un doble trofeo en el primero de su lote. Castella por su parte saludó dos ovaciones. Dos toros de La Palmosilla destacaron por su raza y bravura, que fueron el primero y el tercero. La plaza registró media entrada, muy por debajo de lo que el cartel prometía. El buen momento por el que atraviesa Perera lo demostró ayer en la faena al primero de su lote al que cuajó totalmente. Distintas fueron las faenas del Fandi a base de entrega y exhibición de todo su repertorio muy del gusto del respetable.
El lote más complicado fue para Castella quien únicamente pudo lucirse con el capote. Su segundo derribó con estrépito en el caballo librándose de milagro José Doblado .Lo intentó Castella pero el toro se acabó pronto. Y esto es lo que dio de sí la corrida; el buen momento, la madurez y el poso de Perera, los recursos y el repertorio de El Fandi y la buena disposición de Castella.
El próximo viernes, el cartel más rematado de la feria con los toros de Juan Pedro Domecq, la despedida de Castella, el doblete de Manzanares y el número uno del escalafón, Andrés Roca Rey.
Cañaveralejo

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Cañaveralejo Mon, 06 Aug 2018 07:45:00 +0100
SEGUNDA DE EL PUERTO Y DOS PUERTAS GRANDES http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/12050/segunda-de-el-puerto-y-dos-puertas-grandes/ El Fandi y Miguel Ángel Perera descerrajaron ayer la puerta grande de la plaza de El Puerto, el primero con dos trofeos, uno en cada toro y Perera con un doble trofeo en el primero de su lote. Castella por su parte saludó dos ovaciones. Dos toros de La Palmosilla destacaron por su raza y bravura, que fueron el primero y el tercero. La plaza registró media entrada, muy por debajo de lo que el cartel prometía. El buen momento por el que atraviesa Perera lo demostró ayer en la faena al primero de su lote al que cuajó totalmente. Distintas fueron las faenas del Fandi a base de entrega y exhibición de todo su repertorio muy del gusto del respetable.
El lote más complicado fue para Castella quien únicamente pudo lucirse con el capote. Su segundo derribó con estrépito en el caballo librándose de milagro José Doblado .Lo intentó Castella pero el toro se acabó pronto. Y esto es lo que dio de sí la corrida; el buen momento, la madurez y el poso de Perera, los recursos y el repertorio de El Fandi y la buena disposición de Castella.
El próximo viernes, el cartel más rematado de la feria con los toros de Juan Pedro Domecq, la despedida de Castella, el doblete de Manzanares y el número uno del escalafón, Andrés Roca Rey.
Cañaveralejo

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Cañaveralejo Mon, 06 Aug 2018 07:45:00 +0100
PRIMERA DE EL PUEERTO: PUERTA GRANDE PARA EL TORICANTANO DANIEL CRESPO http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/12048/primera-de-el-pueerto-puerta-grande-para-el-toricantano-daniel-crespo/ Casi tres cuartos de entrada registró la plaza con una corrida de Núñez del Cuvillo desigual de presentación y falta de raza en general, exceptuando el noble primero que fue el de la alternativa del torero local Daniel Crespo y al que cortó una oreja tras estocada ligeramente caída. Otra oreja cortó en el que cerró plaza tras gran estocada lo que le valió para abrir la puerta grande de su plaza.
Morante saludó una ovación desde el tercio tras una faena que presagiaba triunfo grande hasta que el toro se acabó, defendiéndose y falto de fuerza. Lo despachó el de La Puebla tras cuatro pinchazos, estocada y descabello-
Sonora fue la bronca-de las de antes- para Morante en el que hizo de cuarto, un sobrero de Fernando Sampedro que sustituyó al titular de Cuvillo que se lesionó. Lo paró Morante y tras dos largos puyazos, lo sobó por los costados y lo despachó por la cara de dos pinchazos y media estocada. La bronca, como decimos fue de las de antes.
Nada `pudo hacer Manzanares en su primero, un toro aquerenciado, que se defendió acortando el viaje y el alicantino optó por abreviar. Hubo petición y bronca al palco.
El quinto fue el peor de la corrida ,huyendo hacia tablas, imposible para el lucimiento. Dos tandas con la derecha y una con la izquierda fue todo lo que tuvo el burel. Mató recibiendo y fue ovacionado.
Hoy, segunda de feria con toros de La Palmosilla para El Fandi, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera
Cañaveralejo.-

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Cañaveralejo Sun, 05 Aug 2018 09:30:00 +0100
Reivindicación de Eloy de la Iglesia http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/12047/reivindicacion-de-eloy-de-la-iglesia/  

            La figura del realizador donostiarra Eloy de la Iglesia ha quedado desdibujada en la historia del cine español. Niño prodigio de la realización cinematográfica y televisiva, sólo contaba 25 años cuando llamó la atención por primera vez con Algo amargo en la boca (1969), un drama en la estela de Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini. El italiano fue uno de sus primeros maestros, pero de la Iglesia no tardó en dejar constancia de la fuerza de su propia mirada en algunos de los mejores relatos criminales del cine de comienzos de los años 70: El techo de cristal (1970), La semana del asesino (1972) y Nadie oyó gritar (1973). Estas cintas, además de ser una de las cumbres del giallo español, dieron un nuevo brío a las carreras de algunos grandes interpretes de décadas anteriores, quienes reclamaron al donostiarra para el relanzamiento de sus filmografías. Esos fueron los casos de Carmen Sevilla y Vicente Parra.

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            A finales de esa misma década y comienzos de los 80, Eloy de la Iglesia fue, junto con José Antonio de la Loma, el máximo representante del cine quinqui. Llegaron entonces títulos como Navajeros (1980), Colegas (1982) o las dos entregas de El pico (1982 y 1983). Puesto a dar cuenta de las miserias de esa nueva delincuencia juvenil, que tuvo en la droga su principal azote, el mismo Eloy de la Iglesia -que buscaba a sus actores para aquellos filmes entre jóvenes de experiencias muy parecidas a las de los personajes que interpretaban en la pantalla- cayó en la toxicomanía. El deterioro de su vida a partir de entonces acabó afectando a su obra. Tras una adaptación de La estanquera de Vallecas estrenada en 1986, se mantuvo retirado hasta que en 2003 presentó Los novios búlgaros. Murió prematuramente tres años después, cuando el recuerdo de su último derrotero pesaba más sobre él que la innegable calidad de sus relatos criminales.

 

            A poner las cosas en su sitio viene ahora la muestra Eloy de la Iglesia, oscuro objeto de deseo. Recién inaugurada en la sala Kutxa Kultur Artegunea de San Sebastián, está comisariada por Pedro Usabiaga -uno de los más prestigiosos fotógrafos de actores del cine español- y permanecerá abierta hasta el próximo cuatro de noviembre. En base a 130 fotografías se traza un recorrido cronológico por toda la filmografía del cineasta, así como por su experiencia televisiva y teatral. La reivindicación se antoja especialmente oportuna en estos tiempos en que nadie pone en duda la libertad sexual. De la Iglesia, que nunca ocultó su homosexualidad, fue uno de los primeros cineastas españoles que aludieron a ella abiertamente en sus películas. Esa fue la causa de que una de ellas, La semana del asesino, sea una de las cintas que más cortes sufrió por la censura franquista en toda su historia. Tanto es así que en las copias españolas -que no en las que conocieron distribución internacional- no se hace referencia alguna a la relación homosexual que mantiene su protagonista, un empleado en una industria cárnica, con un joven burgués.

 

            Al igual que su admiración por Stanley Kubrick, que puso de manifiesto en Una gota de sangre para morir amando (1973), uno de sus filmes más singulares, otra de las cosas que de la Iglesia nunca ocultó fue su militancia comunista. Sobre esa concepción marxista de que los pobres no pueden elegir otro destino que el que les ha tocado en suerte, pivotó todo su cine quinqui. Puesto a buscar intérpretes para aquellos dramas, recorrió los barrios marginales de Madrid -igual que Pasolini hiciera años atrás en los de Roma- en busca de jóvenes lumpen que supieran por su propia experiencia de las miserias de la toxicomanía. Fue tanta su entrega que no dudó, llegado el momento, puesto a meter a delincuentes juveniles en su propia casa. Cuando la policía iba a detenerlos, salía a relucir el nombre del cineasta. Los productores, que otrora no escatimaron medios a Eloy de la Iglesia -su cine, incluido el primer quinqui les dio mucho dinero- dejaron de confiar en él.

 

            Pedro Usabiaba tampoco duda en señalar lo destructiva que fue la relación del cineasta con José Luis Manzano, un joven de la UVA de Vallecas, uno de los barrios madrileños más castigados por el paro juvenil a finales de los años 70, que de la Iglesia convirtió en su quinqui por excelencia.

 

            "Eloy de la Iglesia fue un personaje muy molesto para todo el mundo, para todos los partidos políticos y en todos los momentos", recuerda Usabiaga. "Fue molesto para el franquismo, fue molesto durante la transición porque El diputado (1978) era una película en la que José Sacristán recreaba a un político de izquierdas y homosexual que tenía un amante jovencito. Cuando se metió en la droga, presentó al hijo de un guardia civil junto al de un abertzale en El pico".

 

            De hecho, han sido los cinéfilos, que no el cine oficial, quienes han comenzado a reivindicarle con ahínco dentro del paquete de esa revisión fascinada de la que es objeto el cine quinqui por parte de los aficionados más jóvenes. Ellos son los que han empezado a aplaudir cintas como Una gota de sangre para morir amando. Ambientada en una Madrid futurista, sus secuencias nos presentan a una pandilla de delincuentes juveniles y a una enfermera, encarnada por "Sue Lyon, la Lolita de Kubrick, que lee la Lolita de Nabokov en un bar de homosexuales. ¡Maravilloso!", concluye Usabiaga.


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Javier Memba Fri, 03 Aug 2018 06:15:00 +0100
REMATADA FERIA TAURINA EN EL PUERTO DE SANTAMARÍA http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/12046/rematada-feria-taurina-en-el-puerto-de-santamaria/ La empresa Reyma (Reverte y Matilla) ha programado una gran feria taurina para El Puerto de Santamaría. Superadas las vicisitudes iniciales que pusieron en peligro su celebración, acabó imperando el buen sentido y con el buen hacer de los actuales gestores del coso, se ha llegado a un final feliz con la programación de una importante feria compuesta por 3 festejos mayores de a pie, un festejo de rejones y una novillada sin picadores. Una feria corta como está sucediendo en la mayoría de las plazas en las que la crisis se ha cebado sin compasión. Se acartela dos tardes José María Manzanares y se despide de la afición de El Puerto Juan José Padilla. La feria tiene combinaciones para todos los gustos, así se satisface tanto al aficionado como al espectador en general que quiere ver espectáculo. Se ha cuidado también el apartado ganadero con tres ganaderías de prestigio, presentes en todas las ferias importantes y que son una garantía para la Fiesta.
Las combinaciones son las siguientes:
Sábado 4 de agosto, toros de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, José María Manzanares y Daniel Crespo que tomará la alternativa-
Domingo 5 de agosto, toros de La Palmosilla para El Fandi, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera.
Viernes 10 de agosto, toros de Juan Pedro Domecq para Juan José Padilla, José María Manzanares y Roca Rey.
Miércoles 15 de agosto, corrida de rejones de Ruferser de Peñaranda para Rui Fernandes, Diego Ventura y Leonardo Hernández.
Se programa también una novillada sin picadores para el sábado 11 de agosto con reses de Santiago Domecq para Alejandro González, Juan de María, Corruco de Algeciras, Núñez de Molina, Rafael Camino, Manuel Vera y Mario Sánchez.
Sólo resta esperar una respuesta de la afición acorde con la categoría de los carteles.
CAÑAVERALEJO

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Cañaveralejo Sat, 28 Jul 2018 07:30:00 +0100
Adulación y esteticismo http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/12045/adulacion-y-esteticismo/             Vista al cabo la retrospectiva de Cecil Beaton que hasta el próximo diecinueve de agosto permanecerá abierta en la Fundación Canal de Madrid, he de reconocer que, más allá del retrato de la maravillosa Audrey Hepburn, la muestra me ha causado cierta decepción. Las fotos, a excepción de algunas de las dedicadas a la aristocracia de la sangre, el dinero y el poder, me son tan conocidas como han de serlo a cualquier aficionado y sus copias de época están contadas. Son pocas y no destacan especialmente entre las positivadas para la ocasión o simplemente impresas. Impresas sí, porque, a buen seguro, los clichés de Beaton habrán sido debidamente digitalizados por los responsables de su archivo, Sotheby & Co., quienes lo adquirieron en 1977.

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            Fue en el número 4 de Los grandes fotógrafos, la colección de álbumes editada por Orbis hace ya la friolera de tres décadas y media, donde me dejó impresionado el retrato de Eileen Dunne, la niña de tres años herida en la cabeza durante uno de los bombardeos de Londres llevados a cabo por los alemanes, que se repone en un hospital. Aquella imagen, publicada en la portada de un número de la legendaria revista Life fechado en 1940, influyó de forma determinante en la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. A mi juicio, este retrato viene a dejar constancia de la fuerza de la mirada de Beaton. Máxime si se considera que, en modo alguno, hablamos de una imagen sensiblera. El gesto con que Eileen mira a cámara no es para nada compungido, como cabría esperar. En mi opinión denota curiosidad frente al objetivo. No hay duda de que la pequeña apenas es consciente de que la barbarie de la Luftwaffe de la Wehrmacht -la misma que bombardeo España bajo el nombre de Legión Cóndor, por cierto- ha hecho mella en su cabeza.

 

            No creo que ninguna de las numerosas imágenes que Beaton tomó a las mujeres más admiradas, a los artistas más destacados y a los más poderosos, esos mitos del siglo XX a quienes hace referencia el lema de la muestra y el fotógrafo llevó a las páginas de Vogue, entre otras prestigiosas publicaciones dedicadas al gran mundo, tuvieran la transcendencia del retrato de esa niña. Todavía es ahora cuando dicha fotografía tiene mucha más vigencia que el resto de la muestra.

 

            En sus últimos años, Federico Fellini afirmaba que el mundo tendía a su vulgarización de forma inexorable. ¡Vaya si estaba en lo cierto! Esa reivindicación de lo soez como autenticidad -sin entrar en otras consideraciones- hace que el universo de Beaton, que tuvo en la dirección artística de Mayfair Lady (George Cukor, 1964) una de sus más genuinas representaciones, al día de hoy resulte como poco cursi. Cukor es uno de los cineastas clásicos que menos me interesan. A excepción de Mayfair Lady porque Audrey es mi bella dama -título español del filme- y porque es uno de los últimos grandes musicales.

 

            Pero a diferencia del musical -junto al western y el noir uno de los pilares de la pantalla clásica-, que pese al curso del tiempo sigue siendo uno de mis géneros favoritos, como lo ha sido desde que lo descubrí hace más de cincuenta años en una proyección en el cine Princesa de Un día en Nueva York (Stanley Donen y Gene Kelly, 1949), las fotos de Cecil Beaton me han dejado de interesar. A excepción del de la pequeña Eileen Dunne y el de la maravillosa Audrey, he comprendido en la visita -mucho menos entusiasta de lo que imaginé al escribir la entrada sobre Brassaï en esta misma bitácora- que sus retratos ya no me conmueven. Probablemente se me vinieron abajo cuando dejó de ser suficiente que fuera guapa la chica que nos muestra para que una imagen me conmueva.

            Ahora también le pido a la instantánea que, amén de la belleza fotografiada, haya en ella algo de la mirada de su autor. Y la inspiración de Beaton es espuria. Tras su esteticismo sólo subyace un arribismo que acaba por enturbiar el tributo a la belleza. ¿Qué decir de los retratos de Churchill, Eisenhower, la reina de Inglaterra o la aristocracia española? Más que para Vogue, parecen tomados para las páginas de la crónica social de la época. Así como aplaudo la rosa -léase estética- de lo sórdido en Brassaï, critico el ansia de medro en Beaton. No sólo porque una de las cosas que más desprecio es la utilización de la creación artística o literaria para el ascenso social. También porque, además, en Beaton fue una escalada innecesaria. Como sus comentarios sobre el vestido roto con el que se presentó mi admirada Marianne Faithfull a la sesión de fotos con él. Cómo pedirle a un adulador de los poderosos que simpatizase con el torpe aliño indumentario de los jóvenes que empezaban a hacerse hippies.

 

            En la cita de la Fundación Canal, destaca la mala traducción de los pies de fotos, los textos de introducción a los diferentes apartados, en fin, la literatura que acompaña a la muestra. Tanto es así que en el apunte biográfico se induce a error al afirmar que el fotógrafo fue un hijo de la clase media. En realidad, Cecil Beaton perteneció a la alta burguesía, como corresponde a los vecinos del Hampstead que le vio nacer, tanto a él como a Marianne Faithfull. Era y es aquella una de las zonas residenciales de mas alto standing -nunca mejor dicho- no ya de Londres, ni del Reino Unido, del mundo entero. De hecho, su afición a la fotografía, cuando ésta era un divertimento de los muy pudientes, viene a dejar constancia de lo privilegiada que era la cuna donde el futuro artista vino al mundo.

 

            Su primera cámara fue un regalo paterno cuando tenía once años; su institutriz, su primera modelo. En el Londres de principios del amado siglo XX no era frecuente que tuvieran institutriz los hijos de la clase media. Sí lo era, por el contrario, en Hampstead. A Hampstead precisamente, al domicilio de los Banks, llegaba volando Mary Poppins. Y la infancia del pequeño Cecil debió de ser tan feliz como la de los niños Banks. De hecho, su afición a la puesta en escena -que ahora, en los tiempos del dinamismo del autorretrato y la instantánea, lastra sobremanera sus fotos- le vino de las pequeñas escenografías de su infancia. Afición en la que coincidió con Luchino Visconti y con algún otro privilegiado por la fortuna y las musas.

 

            Hay algo innoble en que quienes ya tienen todo quieran aún más. Al menos a mí me lo parece. Lo rechazo tanto como me resulta cansino, a estas alturas de la historia, seguir oyendo hablar de la redención de los pobres. Y aún es más innoble que, quienes además de favorecidos por la fortuna han sido tocados por las musas, pongan al servicio del medro su arte. Las fotos de Cecil Beaton hubiesen debido ser como las de Jacques-Henri Lartigue: otro desahogado tocado por las musas del Octavo Arte, que encontró en la fotografía el instrumento ideal para dejar constancia de su hedonismo. Su obra hoy lo acredita como uno de los grandes fotógrafos del amado siglo XX.

 

            Beaton es otro, no cabe duda. Pero a mí ya no me conmueve. O lo hace únicamente en los dos retratos aludidos. El de la niña porque obedece a la emoción por una causa justa -en aquel tiempo, el Reino Unido era la única nación que hacía frente a la barbarie nazi- y no al deseo de halagar a nadie. El de Audrey porque, como tantos espectadores, es una de las actrices que más he querido. Un símbolo de la belleza, la elegancia y la delicadeza pretéritas en un mundo tan vulgarizado como el nuestro.


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Javier Memba Wed, 11 Jul 2018 08:00:00 +0100
Sue Grafton se despide de sus lectores http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/12044/sue-grafton-se-despide-de-sus-lectores/             Sin entrar en comparaciones, que no proceden y siempre son odiosas, si hay algo que une a Sue Grafton y Honoré de Balzac, eso es La Parca, la Camarada Seca que se llevó al francés y a la estadounidense sin permitirles concluir los proyectos narrativos en los que ambos estaban inmersos cuando el reloj marcó su última hora.

 

            La Comedia Humana (1830-1850) fue el ciclo narrativo con el que Balzac quiso hacer un retrato de la sociedad francesa entre la caída del Imperio Napoleónico (1815) y la Monarquía de Julio (1830). Por su parte, El Alfabeto del Crimen, la serie de casos de la detective Kinsey Millhone creada por Grafton y organizada en base al abecedario, vino a dar cuenta de la condición femenina en nuestros días. Puesta a hablar sobre la opinión que le merecen a Millhone las labores domésticas, Grafton escribe: "Apabullaba pensar que el ama de casa corriente se pasa la vida con las piernas rodeadas de artículos mortíferos".

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Sí señor, tanto La comedia humana como El alfabeto del crimen son empresas inconclusas. Ahora bien, no por inacabadas ni una ni otra dejan de ser ese espléndido fresco de su tiempo que quisieron ser. De hecho, las peripecias de Kinsey Millhone, además de ser uno de los mejores ejemplos de la novela detectivesca femenina contemporánea, han sido el fiel reflejo del camino seguido por esa nueva mujer hacia su empoderamiento desde los años 80 hasta nuestros días. Es harto revelador que A, de adulterio (1982), la primera entrega, surgiese cuando la autora imaginó la muerte de su marido mientras se separaba de él en un divorcio especialmente hostil.

 

            Sin embargo, Z de cero -en inglés "cero" se escribe con "z"-, la que habría de ser la entrega postrera siguiendo el estricto orden alfabético en el que fueron apareciendo los títulos a lo largo de los últimos 35 años, nunca verá la luz. Su publicación estaba anunciada para el año que viene, pero La Parca se llevó a la autora antes de poder escribirla. De modo que Y de yesterday, que acaba de llegar a las librerías como el resto de las entregas publicada por Tusquets, pone punto final a El alfabeto del crimen. Más aún, por deseo expreso de Grafton, quien, tras una desafortunada experiencia con el cine en los comienzos de su carrera, dejó dispuesto en su testamento que sus novelas no fuesen adaptadas a ningún medio audiovisual, sus lectores no verán a Kinsey Millhone en pantalla alguna. Por una disposición testamentaria semejante, la serie tampoco podrá ser prolongada por ningún otro escritor. De modo que Y de yesterday es, inexorablemente, el último caso de la detective de Santa Teresa que habita un "piso pequeño como una caja de cerillas" siente debilidad por los sándwiches de mantequilla de cacahuetes con pepinillos y un proverbial amor-odio por el running.

 

            "Cuando el lector llegue a la última página de la Y, sin duda le embargará una profunda añoranza hacia esa mujer que, joven y sola, se enfrenta a sus casos e investigaciones con una diligencia extraña y llega a su oficina con una ilusión envidiable", asegura su editora española, Ana Estevan.

 

            Y ya puestos al recuento al que invita la nostalgia, podría decirse que Sue Grafton, junto con Sara Paretsky, fue la autora más representativa de esa novela detectivesca femenina que, en contra de lo que pueda parecer, es totalmente ajena a las propuestas de Agatha Christie e incluso Ruth Rendell. Sobre el particular hay un dato concluyente, las intrigas de Christie y la mayor parte de las de Rendell suelen estar protagonizadas por detectives masculinos. Muy por el contrario, las de Paretsky y Grafton son mujeres. Mujeres que además se yerguen en contra del prototipo femenino de Raymond Chandler: o la muñeca o la mujer fatal.

 

            En su entrega postrera, Kinsey Millhone vuelve a su tiempo de referencia: los años 80, si bien el origen del caso se remonta al final de la década anterior. "Aunque los crímenes transcurren en los años 80 son muy actuales", continúa Estevan. En esta ocasión, la detective vuelve a vérselas con Ned Lowe, un antiguo enemigo, asesino y maltratador de mujeres al que la investigadora, en un momento dado, haciéndose eco de uno de los clamores más acuciantes de nuestro tiempo, llegará a advertir: "No te metas nunca con las mujeres".

 

            No hay duda, ese nuevo feminismo de nuestros días, ha tenido en Sue Grafton y por ende en Kinsey Millhone una de sus principales voces.

 

 


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Javier Memba Wed, 04 Jul 2018 07:45:00 +0100
Otra aventura de Jhen http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/12043/otra-aventura-de-jhen/             Los estudiosos de Mortadelo y Filemón -entre los que yo, aun siendo un rendido admirador de sus aventuras, no me cuento- se refieren a ciertas entregas del año 90 como "apócrifas con firma tampón". Son títulos como El rescate botarate, El Inspector General o El gran sarao, de tan escasa calidad que hicieron que la entonces editora de la serie, Julia Galán, cuestionase a Ibáñez sobre la calidad gráfica y argumental de lo que estaba presentando.

 

            Los estudiosos más devotos del maestro barcelonés hablan de esa "firma tampón" porque son entregas tan malas que se atribuyen a ese equipo editorial, que prosiguió con las aventuras de los de la TIA, mientras el entrañable Ibáñez litigaba con Bruguera por sus derechos sobre sus personajes. Sólo tengo un álbum apócrifo con firma tampón; o, por mejor decir, firmado directamente por el "equipo editorial": El crecepelo infalible. Su pie de imprenta data de mayo de 1986, aunque los expertos consideran que fue dibujado en 1985. De lo que no hay duda es de que se trata de un apócrifo. Si aún lo guardo entre mi colección de Mortadelos, es debido a un procedimiento semejante al que me lleva a ver una película mala, sabiendo a ciencia cierta que lo es, si la actriz que la protagoniza me gusta lo bastante como para deleitarme solo con mirarla.

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            Diré más: amén de lo entrañable que es para mí la mera estampa de Mortadelo y Filemón, atesoro El crecepelo infalible con el mismo afán que el numismático conserva una moneda defectuosa precisamente por su error. Tengo además dicho álbum como el ejemplo meridiano de la degeneración que puede alcanzar un personaje cuando su autoría empieza a ser un cachondeo. Ya sea en el cine, -donde abundan los ejemplos, desde James Bond hasta Han Solo-, o en el cómic -donde tampoco faltan, entre Spirou y Fantasio y el teniente Blueberry-, cuando el equipo cae sobre el personaje original de un individuo, un solo autor, éste se desvirtúa inexorablemente por mucho que les duela a los apólogos de lo común, la grey, la colectividad o cualquier otra de estas grandezas.

 

            Algo de esto he creído entrever en El ogro y la Flor de Lis (1986), la última aventura de Jhen que he tenido oportunidad de leer. Bien es cierto que, cuando me compré el primer álbum de este constructor de catedrales que es Jhen Roque en francés, en una visita a París, lo hice por la admiración que profeso a Jacques Martin desde que leí mi primera entrega de Alix y le supe el discípulo de inspiración más diversa del gran Hergé. Sin embargo, Martin no dibujó ninguna de las diez aventuras que conoció la serie mientras él aún vivía. Prácticamente, el historietista autor de Alix y de Lefranc -que siempre me olvido de este último, la otra gran creación de Martin, y eso que, como periodista, Lefranc es un heredero directo de Tintín- había abandonado el dibujo para dedicarse al guión.

 

            De modo que ese guión deslavazado, que acuso en El ogro y la Flor de Lis, pese a que me cueste reconocerlo como el rendido admirador del gran Jacques Martin que soy, es únicamente responsabilidad suya. El ogro, naturalmente, es Gilles de Rais, el Mariscal de las tinieblas y coprotagonista con Jhen de la serie; la Flor de Lis, al ser ésta el símbolo de la realeza francesa, no podía ser otro que Carlos VII de Francia, el rey coronado en Reims merced a las victorias de Juana de Arco.

 

            El señor de Rais, el abominable Barba Azul, ha decidido volver a Orleans para homenajear a su doncella con un fastuoso espectáculo teatral en el que, en diferentes escenarios, se reproduzcan otras tantas escenas que sinteticen el drama de Juana de Arco. Los lugareños, son empleados por el mariscal para la construcción de los andamiajes sobre los que se alzarán los escenarios. Otros son destinados a la elaboración de los decorados y las telas que los ornamentarán. A Jhen se le confía la redacción del texto y la dirección de su puesta en escena. Pero, cuando la ocasión se presenta, nuestro protagonista no ceja en su empeño de atajar los abominables apetitos de su amigo el mariscal. Y bien es cierto que el señor de Rais no le consentiría nadie que no fuera Jhen que le quitase a las víctimas de sus espantosas disipaciones, como en efecto hace el arquitecto y también dramaturgo en esta entrega.

 

            Ya parece que el relato va a discurrir por ese derrotero cuando es el propio Carlos VII quien se presenta en Orleans para asistir al espectáculo. A partir de entonces, sin que lleguemos a saber a cuenta de qué, la aventura nos muestra la degeneración de Carlos VII, más atento a su amante de turno que a su reina María de Anjou. Sin el más mínimo interés en los asuntos del reino, fatuo y caprichoso incluso con su propio hijo: el Delfín y futuro Luis XI. Será este último quien maquine para que sus servidores asesinen a un muchacho haciendo que todas las pruebas culpen a Gilles de Rais quien, esta vez sí, es inocente.

 

            La visión de Carlos VII que se nos ofrece, se me figura más cerca de ese pusilánime que nos presenta George Bernard Shaw en la pieza teatral que dedicase a la Pucelle, y por ende Otto Preminger en su adaptación cinematográfica -Saint Joan (1954)-, que a la idea que un francés como Martin debe de tener de la santa patrona de su país.

 

            Prima el apunte histórico sobre la aventura de Jhen propiamente dicha. Eso es lo que pasa. De ahí que, sin querer menoscabar con ello en modo alguno la obra de Martin, esta entrega me haya deleitado por el grafismo de Jean Pleyers, a mi juicio el mejor intérprete de los escenarios -que dicen en francés a los guiones- de Martin. Su visión de la Edad Media es primorosa. Ése es el verdadero valor del álbum. La fuente de su dibujo de Carlos VII -como también lo fuera la de Preminger- no es otra que el retrato del monarca pintado por Jean Fouquet y conservado en el Louvre. La de los andamiajes y el resto del tinglado de la antigua farsa, supongo que habrán sido esas justas y torneos, uno de los escenarios del medievo más frecuentes que nos vienen a la imaginación cuando pensamos en la Europa medieval. De una u otra manera, la interpretación que hace Jean Pleyers de esa imagen colectiva -por así llamarla- hace de El ogro y la Flor de Lis un álbum donde el dibujo supera con creces al guión.


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Javier Memba Sun, 24 Jun 2018 12:45:00 +0100
BURGOS 2018, UNA REMATADA FERIA TAURINA http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/12042/burgos-2018-una-rematada-feria-taurina/ La empresa Tauroemoción se estrena en la feria taurina de San Pedro con cuatro festejos de a pie y uno a caballo. Además ha programado un abono con tres festejos populares y dos novilladas gratuitas en formato de clase práctica. Al margen de los festejos taurinos propiamente dichos, Tauroemoción se propuso hacer de Burgos una ciudad taurina, una ciudad en la que lo que rodea al mundo del toro se recoja no solamente durante la feria taurina, sino que sea motivo de conversación y controversia durante todo el año. A fe que lo está consiguiendo entre otras cosas, a través del Ateneo Rafael Pedrosa por el que han desfilado ya personajes del mundo taurino en confrontación con otros del mundo artístico.
En el apartado ganadero regresa a Burgos después de quince años, Victorino Martín con una interesante corrida y con el gesto de José Ignacio Ramos que reaparece en su tierra para conmemorar el 25º aniversario de alternativa. Se trata de una reaparición especial ya que será por un solo día. Regresa también después de una año de ausencia la ganadería de Antonio Bañuelos; poco podemos decir de esta ganadería si no es que está recogiendo el fruto del mucho y muy buen trabajo realizado. Sus actuaciones en ferias importantes de España y Francia se cuentan por triunfos y estamos seguros de que este año tampoco defraudará. También después de muchos años vuelve la ganadería sevillana de Almadén de la Plata de Luis Algarra Polera con antigüedad de 1.983 y procedencia actual de Juan Pedro Domecq. Cierra el ciclo de corridas de a pie la ganadería jienense de Villanueva de la Reina de Román Sorando, procedencia como la anterior de Juan Pedro Domecq.
Para la corrida de rejones se reseña una cordobesa de La Castilleja, procedencia Murube-Urquijo. Es, en su conjunto, una selección ganadera muy cuidada que esperamos dé el juego deseado y propicie el triunfo de los espadas.
Por lo que se refiere a los toreros anunciados, una feria corta en la que se citan Manzanares-que regresa a Burgos después de cinco años-, Cayetano, Castella, Ureña y Roca Rey, se puede considerar una feria de categoría. Con ello, no nos olvidamos de los toreros de arte como Curro Díaz y Morenito de Aranda ,del gesto ya dicho de José Ignacio Ramos, del debut en Burgos de Emilio de Justo, especialista en las llamada corridas duras, del renacido López Simón y de los mediáticos Padilla y Fandi. Es pues un elenco para toda clase de público.
Castella ,con tres orejas cortadas y una puerta grande ,ha sido uno de los triunfadores de San Isidro; Cayetano, Roca Rey , López Simón, han sido también premiados con orejas , al igual que la rejoneadora Lea Vicens.
El festejo de rejones es también interesante, con Lea Vicens en cabeza del escalafón, Oscar Borjas y su nueva cuadra de caballos y el alicantino Andy Cartagena.
Hay que prestar atención este año a los horarios de las corridas, pues con motivo del campeonato mundial de fútbol, y para no coincidir con España, se han modificado los horarios como citamos a continuación con los carteles:
Día 29,viernes a las 18,30 h. toros de Luis Algarra para Curro Díaz, Manzanares y Cayetano.
Día 30,sábado a las 17,00 h. toros de Antonio Bañuelos para Castella, Morenito de Aranda y Roca Rey.
Día 1 de julio, domingo a las 19,30 h. toros de Victorino Martin para José Ignacio Ramos, Paco Ureña y Emilio de Justo.
Día 2 de julio, lunes, a las 18,30 h., toros de Román Sorando para El Fandi, Padilla y López Simón.
Día 3 de julio, martes, a las 18,30 h. toros de La Castilleja para Andy Cartagena, Oscar Borjas y Lea Vicens.
Fuera de los festejos mayores se establece un abono para los 3 festejos populares; el 4 de julio a las 20,30 h. se programa el Concurso Nacional de Recortadores; al día siguiente 5 de julio a las 18,30 h. el conocido Gran Prix y se cierran los populares con un festejo novedad en Burgos, que es la capea del pañuelo con suelta de reses y "discomovida" ,el viernes 6 de julio a las 23,55h.l
El sábado 7 en horario por concretar habrá el Certamen de Jóvenes Promesas consistente en dos novilladas en formato de clase práctica. Este festejo es gratuito.
La feria resulta lo suficientemente atractiva para atraer la atención de aficionados y espectadores en general.
Cañaveralejo

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Cañaveralejo Sat, 23 Jun 2018 07:15:00 +0100
Una nueva muestra de Brassaï http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/12041/una-nueva-muestra-de-brassai/  

            Coinciden por estas fechas en Madrid las muestras de dos clásicos de la fotografía del siglo XX: Brassaï y Cecil Beaton, quienes también son dos de los fotógrafos que más admiro. La de Beaton es la primera retrospectiva que se inaugura en nuestro país. Apenas la visite en las próximas semanas, daré aquí oportuna cuenta de ello.

Brassaï, que ocupa hasta el próximo 2 de septiembre la sala de la Fundación MAPFRE en el número 23 del Paseo de Recoletos, ya ha protagonizado algunas exposiciones españolas. Si no retrospectivas propiamente dichas, sí han sido lo suficientemente exhaustivas como para ofrecernos una idea del conjunto de su obra. Recuerdo sin ir más lejos la celebrada en el verano de 1995 en el Reina Sofía. Fue entonces cuando, al ver por primera vez copias positivas del maestro -hasta entonces sólo me habían sido dadas las reproducciones de sus obras que ilustraban las noticias que hablaban de él- descubrí la estética de la sordidez. La "rosa de lo sórdido" -entendiendo por "rosa" la belleza- fui a llamarla entonces en una clara alusión a Las flores del mal (1857), esa cumbre de la poesía maldita debida a Charles Baudelaire.

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A comienzos de los años 80, cuando empecé a interesarme por la fotografía de autor, de Brassaï -como de Weegee- me atrajo la fijación de su mirada con el drama de las criaturas de la noche. Veintidós años después, los retratos de Brassaï de los miembros de la banda del gran Alberto -también presentes en esta nueva exposición madrileña- me siguen pareciendo una de las mejores estampas de los hampones que haya podido captar un objetivo fotográfico. Pero he celebrado más otras sugerencias de la muestra. Verbigracia, las concomitancias que registra con las películas de Jean Vigo, el Jean Renoir de los años 30, el Marcel Carné primero... Es decir, mi queridísimo realismo poético.

Lo primero que se apunta en las noticias del gran Brassaï es la fascinación que ejerció sobre él el París nocturno y patibulario anterior a la guerra. Las instantáneas que tomó allí, en les bas-fonds que dirían los parisinos, ya en los años 70, cuando los difuminados del bueno de David Hamilton se tenían por el no va más en fotografía artística, procuraron a Brassaï la gloria en el Olimpo fotográfico. Contenidas todas ellas en el libro Paris de Nuit (1933), puede decirse que el resto de su obra es accesorio, encargos que le hicieron en base a la grandeza de su trabajo en el París de los 30.

Como también puede decirse que nada más lógico que las analogías que guardan esas instantáneas que integran Paris de Nuit con el realismo poético francés. Los personajes que interpreta Jean Gabin en aquellas películas, bien podían haber contado entre los malotes de la banda del gran Alberto. Hay en todas ellas ese tono documental de la fotografía alzada en busca de su propio lenguaje, frente a los que desde siempre han querido aproximarla al de la pintura con artificios como los difuminados y otros supuestos esteticismos. Aborrezco la fotografía contaminada por la pintura tanto como el cine contaminado por el teatro.

Vista esta nueva muestra madrileña de Brassaï, el París de los años 30, en su conjunto, se me antoja como un capítulo fundamental en el imago mundi del amado siglo XX. Ya entonces, el París de entreguerras magnetizó poderosamente a los artistas y literatos del planeta entero. El mismo Brassaï contó entre ellos y abandonó su Transilvania natal para instalarse en Montparnasse. Entre las amistades que cultivo entonces, destacaron la de Henry Miller y Picasso. El fotógrafo, que también fue un escritor brillante, autor de una bibliografía que ronda los treinta títulos, al norteamericano le dedicó una notable biografía de sus años parisinos; al malagueño un libro de entrevistas que también consta en los anales. Turner, sus últimos editores españoles, tuvieron la gentileza de obsequiarme ambos textos en 2002.

De todos los retratos de los notables de aquel París, con el que acabó inmisericorde la guerra, el que más me ha llamado la atención ha sido el de Kiki de Montparnasse. Después de haber sabido de la historia de esta musa de aquella bohemia, en la novela gráfica que le dedicaron Catel y Jose-Louis Boquet en 2007, me he congratulado de descubrirla foto que Brassaï la dedica.

Sin embargo, ha sido entre la documentación de esta muestra, en esas mil palabras en torno a sus imágenes, en la que me he cerciorado de cierta bonhomía de Picasso. Parece ser que, en los difíciles años de la ocupación, le confió a Brassaï la fotografía en exclusiva de algunas de sus obras para que pudiera ganar con ellas algún dinero y así poder sobrevivir. Eso le honra tanto como ese gesto, que el malagueño tuvo con André Breton, al obsequiarle una de sus pinturas para que el surrealista pudiera comer en aquellos mismos años.

Sí señor, ese París de los años 30, al que nos devuelven las imágenes del gran Brassaï, con sus artistas y sus retratos de prostitutas y hampones, es un mito en el imago mundi del amadísimo siglo XX. Brassaï fue uno de los protagonistas de aquella ciudad mítica, uno de sus más lúcidos testigos.

 

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Javier Memba Wed, 13 Jun 2018 06:45:00 +0100