Gente Blogs http://www.gentedigital.es/blogs/ Mon, 01 Sep 2014 09:32:04 +0100 FeedCreator 1.7.2 Iorix el grande http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11506/iorix-el-grande/             Nada es para siempre. Todo toca a su fin y si hay dos cosas especialmente efímeras, ésas son la gloria y la dicha. Mi dicha de este verano han sido las lecturas de las aventuras de Alix dibujadas por Jacques Martin y en estas líneas vengo a dar cuenta de la última. Aún me resta La torre de Babel, cuya segunda edición aguardo para dar puntual cuenta de ella, y Oh, Alejandría (1996), que compré la primavera pasada creyendo que también era obra de Martin en exclusiva. Empero al hojearlo en esos vistazos previos a la verdadera lectura, he descubierto que el maestro contó con colaboradores. Será que esa ceguera, que según cuentan en las esplendidas misceláneas de estas segundas ediciones acabó por impedirle trabajar en sus últimos años -triste destino para un dibujante de cómics-, ya había empezado a hacer mella en él.

            En cualquier caso, este Iorix el grande (1972) del que hoy vengo a dar noticia, fue la primera entrega que sucedió a esa "época dorada de Alix" y, a todas luces, revalida la bonanza de aquélla. No recuerdo las aventuras que la sucedieron puesto que las leí hace mucho tiempo, en las primeras ediciones de Norma de los años 80, y aún no tomaba notas. No obstante, tengo la sensación de que el nivel se mantiene hasta La cólera del volcán (1978) que, por estar ambientado íntegramente en una isla, se me antoja menos rico en lo que a escenarios se refiere.

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            Pero estamos con Iorix el grande. En sus viñetas, Alix vuelve a ser comisionado por Roma. En esta ocasión se le pide que lleve de regreso a la Galia a una legión oriunda de allí que ha combatido en Siria a los partos como una tropa mercenaria a sueldo de los romanos. Alix, en la idea de que su padre estuvo entre ellos, acepta de buen grado. El tribuno Horatius y su homólogo Iorius desconfían de él.

            La desconfianza que Alix, dada su juventud, inspira a no pocos de aquellos a quienes Roma se lo impone -quiero recordar los recelos de los notables de Cartago en La isla maldita-, ya era algo frecuente en la serie. Lo que sí se ve aquí por primera vez es una fisura en la elevada idea que Martin, no obstante la esclavitud y el resto de los crímenes sobre los que se alzó la antigüedad clásica, tenía de Roma. Que distinta de la Robert E. Howard en Los gusanos de la tierra.

            Muy en sintonía con el signo de aquellos años 70 en los que Iorix comenzo su edición seriada de Iorix el grande en la revista Tintín, también hay que dar noticia de cierto apunte erótico que, a buen seguro, ha de ser uno de los primeros desnudos en la historia de mi amado Noveno Arte, es el que protagoniza Ariela en la primera viñeta de la página 41. Creo entender que todos esos esbozos sicalípticos, que esporádicamente asoman en las aventuras de Alix que llegaron después y que llaman tanto mi atención por ser las únicas de toda la Línea Clara, tienen su origen aquí. Bien es verdad que la Lidia de La tumba etrusca es la primera chica de la colección. Pero por más que inspire a Brutus, el villano de aquella entrega, resulta un personaje asexuado.

            Volviendo a la historia propiamente dicha de Iorix el grande, a ese hilo de Ariadna que llamaba al argumento el gran Hergé, la legión mercenaria -a la que acompañan sus mujeres e hijos- aún no ha iniciado su marcha de regreso desde Tracia hacia su Galia natal cuando ya es objeto de la codicia de Lucius Varrón y Gaius Murena, jefes de un par de fuertes romanos de la región. Son conscientes de que los galos portan con ellos el oro con que han sido pagados y quieren arrebatárselo como sea. A tal fin urden un plan haciendo creer a los bárbaros que los galos quieren invadir su territorio. Ésta es la perfidia romana a la que me refería anteriormente. Y si ya es toda una sorpresa que Martin la presente, aún lo es más que la celada salga bien. Pues al comprender la situación, los galos deciden entregar el oro a los romanos.

            Para resarcirse de la pérdida del botín de los partos, Iorius ataca a los bárbaros para arrebatarles sus pieles. Es el comienzo de un delirio -consignado en las tres últimas viñetas de la página 29- que, tras masacrar a los bárbaros, le hará autoproclamarse rey de los galos. Cambia al punto el Iorius latino por el Iorix vernáculo. Pero al llegar a Galia, Iorix también arremete contra sus paisanos y su propia gente le acaba por lapidar.

 

            Ya en esas ocho páginas de textos misceláneos, que incluye esta segunda edición, se habla del trabajo en los estudios de Hergé y de las actividades que desempañaba cada uno de sus miembros. Asimismo se deja constancia de cómo su carencia de documentación sobre la antigua Roma cuando empezó la serie, llevó a Martin buscarla en el peplum fílmico, al que el dibujante fue un gran aficionado. Como imaginaba -basta con reparar en la frecuencia de las carreras de cuadrigas- entre todas las películas de romanos que le influenciaron destaca Ben-Hur. Pero no la versión del 59 de William Wyler, sino la del 25 de Fred Niblo. Lastima que la dicha que han sido estas lecturas en la terraza ya esté tocando a su fin.

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Javier Memba Thu, 28 Aug 2014 14:15:00 +0100
ARANDA DE DUERO,LOS TOROS Y LA ALCALDESA http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/11505/aranda-de-duerolos-toros-y-la-alcaldesa/ La alcaldesa de Aranda de Duero ha tomado una decisión valiente que por otra parte debería ser normal en cualquier regidor o regidora de su pueblo como es el querer lo mejor para la ciudad a la que representa. Tras dos años sin toros en Aranda de Duero y muchos más de discusiones sobre si la plaza es tuya o mía, ha tomado la decisión unilateral de conceder a D. Victoriano del Río, propietario del coso, la licencia definitiva para explotar su propia plaza atendiendo así a la demanda de la ciudadanía, y lo ha explicado a través de unas declaraciones llenas de coherencia, sentido común y amor a su pueblo. Una vez resueltos los problemas de capacidad de la plaza y aumento del diámetro del ruedo hasta los mínimos 45 metros que exige el Reglamento Taurino de Castilla y León en su artículo 23.1.a, sólo queda por construir un aparcamiento para el que se le ha facilitado ya la correspondiente parcela de suelo rústico para uso excepcional, todo ello dentro de la legalidad.
Existen en Aranda, no obstante, elementos que están dispuestos a denunciar la decisión de la señora alcaldesa por querer lo que el pueblo quiere y demanda, que no es otra cosa que Aranda no se quede un año más si toros con lo que ello significa para la ciudad en el aspecto económico y de promoción. Está sobrada de razones doña Raquel para actuar como actúa, desestimando la reversión del coso al Ayuntamiento por cuanto supondría un desembolso importante para la ciudad. Hay un partido político que se debe llamar Prcal que va de la mano con una plataforma que aunque no se dice anti taurina, por sus hechos lo parece, que lo que propone es quitar la plaza al propietario gratuitamente y que revierta al ayuntamiento. Joder con los demócratas, para ellos la solución es repartirse lo de los demás y quedarse con lo suyo. Pues no, doña Raquel, entona el mea culpa por decisiones anteriores tomadas como ella misma dice por desconocimiento del problema y aplica la cordura, y el sentido común a la solución más cabal: Sr. empresario, cumpla Ud. con sus obligaciones contraídas, renuncie a demandarnos por el lucro cesante en estos dos años sin toros y nosotros le daremos la licencia definitiva para que pueda ejercer su actividad en la plaza de su propiedad. Reconoce que los incumplimientos de D. Victoriano son graves pero que también lo son los del propio ayuntamiento. Así es que aquí paz y después gloria. Bravo, alcaldesa por su valentía y no tema Ud. que no llegará la sangre al río. Ha actuado Ud. con limpieza y sensatez y su único pecado es querer a su ciudad y atender la demanda de sus conciudadanos. La gente honesta y cabal como Ud. que son la mayoría se lo agradecerán.- Cañaveralejo
Agosto 2014

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Cañaveralejo Fri, 22 Aug 2014 06:45:00 +0100
Entrevista con el vampiro http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11504/entrevista-con-el-vampiro/             Una vez más he de reconocer que mi sempiterno prejuicio hacia todo lo que sea popular, mayoritario, gregario en definitiva, me había impedido descubrir una gran obra a su debido tiempo. Pero fue el caso que hace un par de años, el fragmento de Anne Rice incluido en Los nuevos góticos me resultó uno de los mejores de aquella la selección y desde entonces venía dándole vueltas a la lectura de la novela. Acometida hace unos días, éstas son mis conclusiones.

            Muy probablemente, la Rice última, la que en las postrimerías del amado siglo XX descubrió el cristianismo tras una vida de atea confesa, para empezar a escribir novelas sobre Cristo con las mismas que antes las había escrito sobre Louis, Lestat y otros vampiros, no sea más que una excéntrica autora de best sellers, que además ha vuelto a perder la fe, al menos en la Iglesia. Dicho de otra manera, muy probablemente, la Rice de ahora es aquella que yo no quise leer por popular. Sin embargo, la que en 1976 publicó Entrevista con el vampiro fue la autora que dividió en un antes y un después de ella la literatura de miedo.

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            Como los lectores de esta bitácora ya saben, de antiguo tengo la teoría -desarrollada más detenidamente en El cine de terror de la Universal (T & B, Madrid, 2004 y 2006) y No halagaron opiniones (Huerga y Fierro, Madrid, 2014)- de que el vampiro, tal y como lo entendemos, no tiene su origen en el sobrevalorada Drácula de Bram Stoker. A mi juicio, el chupador de sangre -como le llaman los lectores de Anne Rice-, dejando a un lado a Vlad e empalador y los antecedentes históricos, tiene su origen literario en El vampiro (1819), de John Polidori. Aunque los verdaderos ancestros de la bestia en la mitología popular son cinematográficos y se remontan al Drácula (1931), del gran Tod Browning.

            Desde entonces hasta la publicación Entrevista con el vampiro, cuanto al chupador de sangre concernía había sido, básicamente, un asunto estético: la elegancia y el poder de seducción del conde, impronta inequívoca de Browning, el primero que viste con un frac a Drácula y lo muestra seduciendo a mujeres. Pero, como dijo alguien muy sabio, no hay estética sin ética, "todas las decisiones estéticas son morales", escribe la propia Anne Rice en boca de Louis (pág. 87). En cuanto concierne a la inmortalidad, donde podía haber habido ética para dar y tomar en el desmesurado Drácula de Stoker no hay nada, ni el más mínimo apunte.

            Más aún, salvo error u omisión, creo que antes de Entrevista con el vampiro no hay ninguna novela sobre los chupadores de sangre que tenga la inquietud moral de la Rice. Ya en la página 22, cuando Louis de Pointe de Lac comenta a su entrevistador que el mal siempre es posible -porque lo frecuente es rendirse a todo tipo de codicias y apetitos, y no la renuncia de la virtud- me ha ganado la hondura moral del discurso de la autora.

            Apesadumbrado al considerarse el culpable de la muerte de su hermano, Louis, un criollo de la nueva Nueva Orleans de finales del siglo XVIII -1791 para ser exactos-, ha perdido el gusto por la vida. Así están las cosas cuando el vampiro Lestat se presenta en Pointe de Lac, la plantación de Louis, para ofrecerle la inmortalidad. Aunque, al parecer, en las sucesivas entregas de estas Crónicas vampíricas que Entrevista... inaugura se abunda en los motivos que llevan a Lestat a acercarse a Louis y se dan otros, aquí se dice que Lestat quiere hacerse con la plantación para encontrar allí un lugar donde meter a su anciano padre.

            A diferencia de otras novelas que he reseñado en entradas recientes, cuya lectura se me quedaba tan lejana como el visionado de sus adaptaciones cinematográficas -las notas reproducidas eran de más de hace diez años-, he vuelto a ver ex profeso la excelente adaptación de estas excelentes páginas llevada a cabo por Neil Jordan en 1994. Aunque hay cosas que en la película no aparecen o están cambiadas -por ejemplo, en la cinta, Louis pierde las ganas de vivir tras la muerte de su mujer-, en líneas generales, es una adaptación fidedigna. Al pie de la letra, incluso cabría decir. Tanto es así que una de las consideraciones de Rice que más me han llamado la atención, el referido a París como la madre de Nueva Orleans, se repite exactamente igual en la película. No hay duda de que el guión del filme de Jordan también es de Rice.

            De modo que fue ella, la autora de la novela quien también decidió omitir los pasajes del libro que faltan en la película. Entre éstos se encuentra el referido a Babette Freniere, la vecina de Louis. El episodio, que precisamente fue el que me descubrió el universo de Anne Rice en Los nuevos góticos, se remonta a cuando el joven Freniere -hermano de Babette- es víctima de Lestat tras salir victorioso de un duelo. Louis, sinceramente preocupado por el destino de la familia sin que el debió ser el hombre de la casa, avanzando en el texto, acaba enamorándose de Babette. Cuando los esclavos de Pointe de Lac comprenden que Louis y Lestat son unos vampiros, los condenados buscan refugio en casa de Babette, pero ella les traiciona e intenta matar a Louis.

            Por el contrario, eso de llamar al vampirismo "el don de la oscuridad" es un hallazgo de la película. En el libro no aparece por ningún lado. Con todo, para Louis, católico convencido, más que don es una maldición. Su problema para alimentarse de humanos será una constante a lo largo de todo el relato pues se niega a matar a sus semejantes. La duda en la que se debate Louis alcanza uno de sus momentos álgidos en la visita a una iglesia, donde hace del cura una de sus primeras víctimas.

            Sin embargo, la gran víctima de Louis será Claudia, una niña de cinco años a la que encuentra junto al cadáver de su madre durante una epidemia desatada en la ciudad. El vampiro, apesadumbrado, intenta darle muerte para aliviar su sufrimiento. Pero acaba alimentándose con ella hasta que Lestat acaba el trabajo otorgándole el don de la oscuridad.

            Convertida Claudia en una niña vampiro, los tres juntos constituyen algo parecido a una familia. Pasarán sesenta y cinco años aunque Claudia, aparentemente, sigue siendo una niña de cinco. A diferencia de Louis, no tiene ningún problema para matar a cuantos se acercan a ella encandilados por su aparente candor. En compañía de Lestat es capaz de perpetrar matanzas que acaban con familias enteras. Enamorada de Louis como la mujer que en realidad es, comparte con él ataúd. Por su parte, Louis ve en ella a una hija, a una amante -sin sexo- y a una compañera. Como los humanos, los vampiros de Anne Rice tienen uno de sus principales problemas en la soledad. Si cabe, en los condenados el drama de la compañía es más grande porque han de afrontar la eternidad entera.

            Siendo eso que anuncia ser, una entrevista, esta primera entrega de las Crónica vampíricas se articula en torno a un diálogo entre Louis y su entrevistador. A la postre, el recurso ha acabado por cansarme. Como empezaba a hacerlo la experiencia de Nueva Orleans, que comprende toda la Primera Parte de la novela, a la que pone punto y final la aparente muerte de Lestat. Días antes de llevarla a cabo, desde que ha comprendido que su destino es ser una mujer eterna encerrada en el cuerpo de una niña pequeña, Claudia discute constantemente con su creador. Tanto ella como Louis tienen el convencimiento de que Lestat no les cuenta cuanto sabe del don de la oscuridad. Pero es Claudia quien ofrece a Lestat unos gemelos como víctimas. Cuando comienza sangrarles descubre que los infelices habían bebido ajenjo -un veneno letal para los vampiros- y Claudia, ante la indecisión de Louis, se aprovecha de que Lestat está en trance de muerte para acuchillarle y arrojarle al pantano. Con todo, el vampiro vuelve a la casa la misma noche en que sus antiguos compañeros se embarcan rumbo a Europa en busca de los orígenes del vampirismo.

            Ya en la Segunda Parte de la novela, tras un periplo por el Mediterráneo, Louis y Claudia arriban en el Viejo Continente y se dirigen a la Europa Central. Los vampiros que allí encuentran son meros espectros, bestias que matan brutalmente a sus victimas, no seres refinados como ellos. Esta Segunda, es la parte más breve y menos lograda de un texto que, precisamente por estar más atento a la soledad y la ética de los vampiros que al miedo que los chupadores de sangre causan en sus víctimas es uno de los más sobresalientes sobre el tema que he tenido oportunidad de leer.

            Quienes sí son sujetos tan refinados como despiadados son los condenados que encuentran reunidos en torno a Armand en el Teatro de los Vampiros del París decimonónico. Ya estamos en la Tercera Parte de la novela. Armand, con sus cuatrocientos años, asegura ser el vampiro más viejo. Al frente de su tropa de sangradores sacrifican a sus víctimas de cara al público, haciendo pasar el crimen por un espectáculo.

            Desde que Santiago, uno de los acólitos de Armand, descubre a Louis en un callejón, la desconfianza entre los parisinos y los criollos es mutua. Sólo Armand, quien desde el primer momento se siente atraído por Louis, consigue frenar los instintos de sus acólitos para con los americanos. Los franceses desconfían de una niña vampiro y están convencidos de que mataron a su creador. Según su ley, dar muerte a quien les convirtió en vampiros, es el mayor delito que puede cometer uno de ellos.

            No obstante lo cual, Claudia -siempre con el miedo a quedarse solos frente a la eternidad de nuestros condenados-, dando por sentado que Louis va a dejarla por Armand, le pide que antes de hacerlo convierta en vampiro a Madeleine. Esta última es una fabricante de muñecas que desea la conversión con todas sus fuerzas. De este modo podrá ser la eterna madre de la terrible niña. Tras muchas reticencias, Louis accede.

            Apenas han comenzado a disfrutar de todo ese tiempo del mundo que les aguarda cuando la cohorte del teatro cae sobre ellos. Aunque también se omite en la película, Lestat ha viajado desde América para confirmar lo que ya sospechaban los parisinos: Claudia intentó matarle. Armand consigue liberar a Louis -a quien el propio Lestat exculpó cuando se lo llevaron los del Teatro- del ataúd sellado donde se le ha confinado para la eternidad. Pero Claudia y Madeleine son expuestas a la luz del sol y destruidas. Louis, por su parte, se vengará incendiando el Teatro de los Vampiros con todos ellos dentro.

            En la Cuarta Parte se nos habla, por elipsis, de los viajes de Louis y Armand hasta que también se acaban por separar. Así llegamos al siglo XX, cuando Louis vuelve a Nueva Orleans. Ya no tiene problemas en alimentarse de quien le sale al paso. Finalmente se encuentra con otro vampiro y, tras seguirle, da con un Lestat decrépito y desvencijado que le estaba esperando con cariño. Pero Louis no se queda con él.

            Cuando el vampiro termina de contar su historia, su entrevistador, fascinado por los poderes del don de las sombras, quiere que lo convierta. Louis, no obstante las primeras reticencias, acaba por comenzar a sangrarle hasta que el joven pierde el conocimiento. Cuando lo recupera va en busca de Lestat.

            No he leído el resto de las Crónicas..., pero, al haber nacido al socaire del éxito de ésta, me da la sensación de que carecen de esa profundidad que da a esta primera el debate de Louis ante el bien y el mal, así como el miedo de todos los vampiros a la soledad. Tan semejante al de esos humanos de los que se alimentan, pero más angustioso visto desde la perspectiva que da la eternidad.

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Javier Memba Wed, 20 Aug 2014 22:00:00 +0100
El dios salvaje http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11503/el-dios-salvaje/             La vida me gusta especialmente cuando no es como la espero. Imaginaba que éste, que ahora se encuentra en su máximo apogeo, habría de ser un verano triste, como lo vienen siendo desde que no visito Formentera la primera quincena de agosto, y sin embargo está siendo muy bonito por un viaje relámpago a Soria, para participar en unos encuentros sobre poesía maldita organizados por Expoesía 07, y la lectura de las aventuras de Alix en la terraza.

            El díos salvaje, el último de estos queridos álbumes de los que vengo dando cuenta, es el que pone punto final a lo que los expertos llaman "La época dorada de Alix". Dicha edad arranca en 1962, cuando comienza la publicación de las primeras entregas de Las legiones perdidas en el semanario Tintín y concluye en 1969, cuando aparecen las últimas de este El dios salvaje en la misma revista.

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            Ya en su momento, pese a que entonces apenas me iniciaba en ese universo de Alix -largamente anhelado mientras la edición de sus aventuras quedó incompleta por tres veces en España- durante la lectura de Las legiones perdidas advertí que aquello era arte mayor. Y ahora, habiendo dado cuenta del cuarto título de esa tetralogía gloriosa, siento que la lectura de tanta excelencia me ha llegado cuando yo, modestamente, también empiezo a saber del universo de Alix. Así, mientras echo de menos las perfidias de Arbacés, el villano en los cuatro primeros títulos -que al parecer no vuelve a aparecer hasta La caída de Ícaro (2001)-, comprendo que Heraklión es aquí lo que Abdallah a las aventuras de Tintín.

            Como le prometió a su madre, la reina Adrea de El último espartano (1967), Alix aún tiene a su cuidado a Heraklión cuando arriba junto a él y Enak a un lugar de la Cirenaica donde Roma está levantando Apolonia, una ciudad a la mayor gloria de Apolo. Acuden a invitación del general Horatius, otro de los grandes secundarios de la serie. Pero alguien les ha engañado, Horatius no está allí.

            El gobernador romano de Apolonia les acoge con hospitalidad. Pero cuando Alix, tras despertarse sobresaltado en medio de la noche, se presenta el campamento del legado Varius, al mando de un fuerte en el desierto en las afueras de la ciudad, para preguntarle si pueden regresar a Roma en una galera militar, el legado -que resulta ser un déspota desquiciado- ordena que se le encadene a un banco como remero. Naturalmente, el intrépido se escapa.

            En su huída, nuestro héroe repara en unos lugareños que portan la estatua de un dios milagroso para ser colocada en Apolonia. Martin empieza a antojárseme tan dado a la magia como Edgar P. Jacobs, que no Hergé, de quien sólo recuerdo las viñetas alucinadas de Los cigarros del faraón (1932) y Tintín en el Tíbet (1960), así como las alusiones a los extraterrestres de Vuelo 714 para Sydney (1968), frente a la frecuencia de elementos sobrenaturales en las aventuras de Blake y Mortimer.

            Dejando a un lado los prodigios del dios, de vuelta a la ciudad, Enak pone al intrépido al corriente de la desaparición de Heraklión. Pero Kora, un joven cireneo que les escucha, les comenta que ha visto a Heraklión marcharse con unos compatriotas muy contento.

            Al legado, que también se encuentra en Apolonia, no se le pasa por alto la sintonía habida entre Alix y Kora. Al punto, habiéndose decidido que el Dios representa a Apolo, se le eleva al altar del templo de Apolonia y se convocan unos juegos para festejarlo. El legado Varius no pierde la ocasión para hacer que uno de sus hombres maltrate a la madre de Kora, esclavizada por los romanos. Al igual que Massina, el rey de los cireneos. Cuando nuestro héroe intercede por ellos, abre la puerta que guarda el misterio de esta aventura.

            Al serle concedida la libertad de los esclavos como recompensa a su triunfo en el combate singular contra el coloso de su legión al que le desafía Varius, los libertos conducen a Alix a través del desierto hasta su ciudad, escondida tras un profundo desfiladero. En esa urbe -que tanto me ha recordado al reino de la Ayesha de Ridder en las recónditas montañas de Kor-, los cireneos se han refugiado de los invasores romanos y conspiran contra ellos. Si bien su mejor arma es el díos, que apenas se cierran las puertas del templo, irradia unas ondas que lo destruyen todo.

            En el bastión de Massina también ha encontrado asilo la reina Adrea de El último espartano. Ya en trance de muerte, ha querido ver a su hijo por última vez y fue ella quien envío el falso mensaje.

            Todo queda arreglado a excepción de las suspicacias de Hera, la hija de Massina, quien desconfía de Alix y se niega a que abandone la ciudad. No obstante lo cual, el intrépido consigue hacerlo para regresar a una Apolonia en ruinas. Ha sido destruida por las radicaciones de la estatua cuando aún no se había terminado de construir. Alix y sus amigos arrojan al mar al dios.

            En cuanto al legado Varius, se nos muestra enloquecido -sin que se nos llegue a explicar por qué- al frente de sus hombres, todos muertos. Cuando los cireneos les salen al paso en el desierto, Alix jura a Hera que jamás rebelara el paradero de su ciudad y ésta le da un beso de despedida en el que yo he creído suponer un amor subrepticio, como el que ya atisbé en la reina Adrea. Es un sentimiento que Martin sabe transmitir en sus viñetas, al igual que esa idea de la perfección de la civilización romana -si no hubiera sido por la esclavitud- de la que hablaban cuando hice el bachillerato los profesores de Historia y de Latín.

            Observo que la ilustración de la contraportada ha cambiado respecto a las originales de la serie. Ya no es esa columna jónica con el mar al fondo y una galera en la lontananza. Ahora es una estampa de Alix y Enak caminando por la dársena de un puerto. Acaso el de Alejandría por el coloso que aparece en segundo término, tan semejante al mostrado en El demonio del faro (2008). En cualquier caso, las ochos páginas de curiosidades y reseñas bibliográficas que incluye esta segunda edición española de El dios salvaje han sido una delicia comparable a todos esos textos misceláneos que alimentaron mi tintinofilia a partir de los años 90, cuando ya había dejado de leer las aventuras de Tintín.

 

            En esa miscelánea final de El dios salvaje, entre las reproducciones de las distintas portadas de la edición seriada y otras amenidades, he sabido que fue en esta época dorada cuando los álbumes pasaron de cuatro a tres bandas de viñetas por página. Esta nueva disposición será uno de los pilares para que la narrativa del gran Martin se independice definitivamente de la del gran Hergé, su maestro. Si la grafía es perfecta, la narración no le va a la zaga: la historia empieza con la misma viñeta de la costa africana de Barka, en la Cirenaica, donde se quiso alzar Apolonia. Una vez más, todo es una auténtica maravilla.

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Javier Memba Thu, 14 Aug 2014 13:45:00 +0100
El cine de un tiempo vano http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11502/el-cine-de-un-tiempo-vano/             A mi juicio, el culto al deporte al que asistimos, la proliferación de las tiendas de ropa y la exaltación de ciertas películas sin más mérito que su espectacularidad -que para colmo, al no ser más que a una exhibición de efectos especiales ya es en sí misma bastante dudosa-, obedecen a un mismo asunto: la levedad de nuestros días.

            El nuestro es un tiempo vano como ningún otro de los que he vivido. Más incluso que los años 80, cuando la frivolidad y la superficialidad eran ley. Porque entonces se alardeaba de ellas por cinismo, como lícito rechazo a la gravedad de los 70. Mas ahora, esas banalidades, son la pura verdad. No hay más gloria que la del fútbol -que ya hace enloquecer hasta las mujeres-, ir vestidos a la moda y ver películas fáciles, donde no haya más que espectáculo -léase "nada que entender"-. Si las cintas son robadas, mejor que mejor. Porque el expolio de la cultura, a veces con argumentos tan peregrinos como que es patrimonio de todos, es otro de los signos de nuestro tiempo.

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            Se convierte en héroes nacionales -al menos así se les llama- a los que antaño, cuando la practica deportiva era algo alienante -para mí lo sigue siendo-, eran simples campeones. Se prima la forma frente al fondo, el continente frente al contenido y la imagen -que prácticamente se reduce a la ropa- es el principal valor de una persona. Los sentimientos, como las películas, cuanto más fáciles, mejor: la bondad infinita de los pobres, la inocencia de los niños, la conservación de la Naturaleza...

            Vaya por delante que, exceptuando la degeneración del cine, que dada mi necesidad imperante de ver películas me toca muy de cerca, particularmente me daría igual que los valores de nuestros días fueran justamente los contrarios. Nada más lejos de mi intención que pontificar en aras de un tiempo más elevado. Pero hay algo que me aguijonea en la exaltación de ese cine que no tiene más mérito que su espectacularidad.

            Decía Cecil B. De Mille que las películas tienen que empezar por un terremoto y seguir subiendo. Cuando era un simple espectador; más aún, cuando era un niño pequeño y no entendía más cine que el de acción, lo hubiera suscrito a pie juntillas. Pero apenas me hice cinéfilo y avancé en mi experiencia como tal, descubriendo a cineastas de la talla de Godard, Antonioni o Bresson, empecé a ponerlo en duda. Hay películas que pueden empezar por su desenlace y acabar por su planteamiento; otras pueden hacerlo exponiendo una duda, para seguir abundando en ella, y son tan memorables o más que cualquier cinta de acción.

 

            Los lectores de esta bitácora ya saben que también hay cierto cine de géneros que estimo -el que recrea con acierto las reglas del género en cuestión- e incluso un cine malo que aprecio por entrañable: el que en la precariedad de su puesta en escena me devuelve el Madrid de mi pasado. Sin embargo, esa espectacularidad por la espectacularidad -que junto al agotamiento y el adocenamiento es la principal característica del cine de nuestros días- ya empieza a cansarme como la proliferación de las tiendas de ropa. Más aún, esas cintas fáciles, sin nervio alguno, sin otra cosa que la espectacularidad de los efectos especiales, me inspiran el mismo sentimiento que han de inspirar los campeones a quienes les convirtieron en héroes nacionales, para acabar volviéndoles a ver regresar tras haber hecho el ridículo que era habitual en ellos.

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Javier Memba Wed, 06 Aug 2014 13:00:00 +0100
SR.TALAVANTE: http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/11501/srtalavante/ SR. TALAVANTE:
Leo con sorpresa los comunicados que recientemente ha mandado Ud. en su cuenta de twiter y ya desde ahora le anticipo que no entiendo nada. No le pido que se explique bien por escrito porque si ya verbalmente se le entiende mal, por escrito se hace imposible. ¿Qué coño quiere?. Arremete Ud. contra la prensa, empresa y "compañeros" del G5 sin que se entienda bien el porqué. Lo de los "compañeros" del G5 lo entiendo porque se unen Vds. para defender intereses comunes de una serie de personas que tienen poco en común, si exceptuamos la profesión. De ese grupo se está desmarcando Manzanares y por lo poco que le puedo entender parece ser que también Perera y poco a poco se irán descolgando todos como paso antes con el G 10. Arremete Vd. Contra la prensa que no sé qué coño quiere Vd. que haga pues es un colectivo que casi siempre ha estado a sus órdenes y caprichos; claro, sucede que las órdenes son distintas dependiendo de quién vengan de los integrantes del Grupo. Arremete Vd. contra las grandes familias empresariales porque como son grandes no se pliegan a sus caprichos, o dicho de otras formas a sus honorarios no acordes con los tiempos de crisis que corren. Al final, es esto último lo que le /les preocupa .Porque Vd. y el resto, tienen fuerza en el ruedo y en los despachos pero no tienen fuerza en las taquillas que es donde hay que tenerla para que las grandes familias empresariales se entreguen a sus deseos. Solamente un torero en la actualidad llena las plazas y por eso va por libre, no necesita de ustedes. Vd. y los que como Vd. se llaman figuras del toreo no llenan ninguna plaza y en consecuencia, sus honorarios deberían estar de acuerdo con el dinero que generan no con el que piden. Los tiempos de crisis han llegado también para Vds. aunque no quieran reconocerlo; no en vano, en su Convenio colectivo Nacional, han rebajado el número de corridas para pertenecer al grupo A, de 43 a 37. Y esto perjudica enormemente al empresario modesto por cuanto los mínimos económicos de un torero del grupo A son superiores a los del grupo B que es donde deberían estar los que van por debajo de las 43 corridas anuales, o sea, la mayoría de Vds. Sr. Talavante, es usted un privilegiado porque se puede permitir vivir -y muy bien- de esto. Mientras, la mayoría de sus compañeros recogen las migajas que Vds. dejan: y ya ve que la Fiesta puede seguir también sin usted. Si torea menos, plantéese el porqué y ponga el remedio sin arremeter contra quien no tiene toda la culpa. La mayoría de la prensa ha estado siempre a su disposición, las grandes familias empresariales también, mientras el viento soplaba favorable, y sus compañeros del G5 va cada uno a sus aire como sucede siempre que se mezclan churras con merinas. Pensaron Vds. que su falsa unión negándose a torear en Sevilla, les iba a rentar réditos importantes y están viendo que no, y en la próxima feria de abril volverán a estar todos Uds. Y tragarán con lo que la empresa Canorea-Valencia les proponga. Dedíquese, pues, a torear donde le contraten, déjese de "temporadas bélicas", reconozca que la unión al G5 no ha sido ventajosa ni para Ud. ni para el resto y ajústese a los tiempos que corren. No maten Uds. a las empresas, llenen las plazas y entonces exijan lo que creen merecerse.. Solamente así esto tendrá continuidad.
Sin otro particular, me reitero suyo afectísimo, Cañaveralejo
Agosto 2014.

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Cañaveralejo Sun, 03 Aug 2014 16:30:00 +0100
LA ‘movida’ legislatura de Ibán García del Blanco http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11500/la-movida-legislatura-de-iban-garcia-del-blanco/ El ‘batacazo’ socialista en las Elecciones Municipales de mayo de 2011 dejó a Ibán García del Blanco poder, ya que había sido uno de los ‘hombres fuertes’ del equipo de gobierno municipal que entre 2007 y 2011 capitaneó Francisco Fernández. Fue elegido entonces diputado provincial por el partido judicial de León y portavoz del PSOE en la Diputación de León. Su traslado de domicilio al Bierzo y el consiguiente cobro de las dietas de desplazamiento le metió de lleno en la polémica y la Diputación suspendió el cobro de esas dietas. Unos meses después -febrero de 2012- fue elegido senador por la Comunidad Autónoma de Castilla y León en sustitución de Óscar López a quien Alfredo Pérez Rubalcaba le había nombrado secretario de Organización del PSOE, número 3 a nivel federal. Ahora, nuevo congreso socialista, nuevo líder,... y nuevo puesto para Ibán García del Blanco. Es el secretario de Cultura de la nueva Ejecutiva del PSOE que lidera Pedro Sánchez y parece que tendrá que devolver el puesto de senador a su ‘titular’ Óscar López con lo que dejará de cobrar un sueldo por encima de los 5.000 euros más los privilegios propios de los ‘padres de la patria’  para ‘sólo’ cobrar del partido un sueldo pequeño más dietas. Pero aún le quedan unos meses para buscar un hueco de relevancia en la próxima legislatura. Su residencia en El Bierzo y la mala situación del partido en esta comarca podrían abrirle las puertas como candidato a la  Alcaldía de Ponferrada... o quizá sea poco y quiera volver al Senado por derecho propio...

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José Ramón Bajo Fri, 01 Aug 2014 08:00:00 +0100
Políticos en el punto de mira http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11499/politicos-en-el-punto-de-mira/ El ex honorable Jordi Pujol también ha entrado  por todo lo alto en la lista de ‘políticos trincones’. Y lo ha hecho por todo lo alto. A su lado el mismísimo Luis Bárcenas parece un aprendiz. Se habla hasta de una fortuna de 2.000 millones de euros amasada en 23 años de presidente de la Generalitat y con sus hijos estratégicamente colocados para ‘pillar’ comisiones y cuanto negocio asomase a la sombra de ‘caudillo’ Pujol. Es cierto que la crisis que padecemos tiene un carácter mundial y que gran parte de los países de primer nivel la han padecido,pero ya hemos visto y comprobado que no todos de la misma forma. Y una de las claves del ‘desastre’ español hay que buscarla en la clase política. Filesa, Bárcenas, Roldán, EREs, Bankia y la ruina de todas las Cajas, crecimiento desmedido de las autonomías, cargos de confianza a ‘tuti plen’, absoluto descontrol de la gestión pública, deudas sin límites, liberalización interesada del suelo, financiaciones irregulares de partidos y sindicatos, gastos desmedidos, tráficos de influencia... En definitiva, una clase política -y judicial- donde han sido muchos los que han puesto el ‘cazo’ y otros tantos los que miraban para otro lado para no estropear un negocio que les terminaba beneficiando a casi todos. Las Cajas de Ahorro, paradigma de la rentabilidad y de la repercusión social de sus beneficios, cayeron estrepitosamente a medida que los políticos -y sindicalistas y constructores- fueron metiéndose en los consejos de administración. Intentar sanearlas costará una millonada. La construcción pagó cientos de campañas, pero el otrora motor de la economía es ahora un sinfín de solares pagados a precios de oro y de pisos sin terminar para pena de los ayuntamientos que ven como se esfumó su mejor fuente de ingresos... La fiesta parece que se ha acabado, pero lo peor es que unos pocos siguen de ‘marcha’ mientras la gran mayoría tiene que apretarse el cinturón para sobrevivir y pagar los derroches ajenos. Y los políticos piden castigos ejemplares para los mangantes ajenos mientras miran para otro lado en los propios.Unos fariseos que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y lo peor, esto no tiene pinta de que vaya a cambiar a corto plazo.

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José Ramón Bajo Fri, 01 Aug 2014 07:00:00 +0100
La tumba etrusca http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11498/la-tumba-etrusca/             Las chicas no menudean en mi amado cómic belga. De hecho, sólo alcanzo a recordar a la maravillosa Seccotine, de las entrañables aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, y a la no menos adorable Cerecita de Gil Pupila, la gran serie de Maurice Tillieux. Seguro que no es gratis que ambas colecciones pertenezcan a la Escuela de Marcinelle, en principio opuesta a la de Bruselas y su Línea Clara. Que esta última sea mi favorita no significa que la lectura de algunas aventuras de Spirou y Fantasio -La mina y el gorila (1956), El viajero del Mesozoico (1957)- no constituyeran una de las más preciadas glorias de mi feliz infancia. Dicha recuperada en parte en uno de estos veranos que tanto placer encuentro leyendo cómics al sol en la terraza. Fue así como di cuenta del resto de las aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, en una edición completa de Ediciones Junior con pie de imprenta 1995, y de dos tomos del integral de Gil Pupila publicados por Planeta De Agostini. Ya atesoraba los cuatro primeros álbumes de este simpático detective, en su primera versión española -creo- de Editorial Casals.

            Vaya esta digresión para dejar constancia de que, aun admirador de la Escuela de Bruselas desde hace cincuenta y dos años, ello no significa que desprecie la de Marcinelle. Antes al contrario, como el gran Hergé -el primer admirador del gran Franquin- también tengo en la más alta estima las delicias de ese otro gran pilar del cómic belga capaz de alumbrar maravillas como las encantadoras Cerecita y Seccotine.

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            Lidia, la chica que aparece de la mano de Alix en la portada de La tumba etrusca -y una de las pocas de la Escuela de Bruselas-, es mucho menos coqueta que las de Marcinelle. Aún así, inspirará a Brutus -el nuevo villano- tanta pasión que ese sentimiento será lo que eche a perder los propósitos del desalmado, ávido de convertirse en el nuevo rey de los etruscos. Pero vayamos por partes.

            Tras la presencia de Lidia en la portada, lo primero que me ha llamado la atención de La tumba etrusca (1968) ha sido su prólogo. Como ya apunté en el asiento concerniente a La esfinge de oro (1956), dichas introducciones son consecuencia de la concepción por entregas semanales de los álbumes dada su publicación anterior en la revista Tintín. Pero, en esta ocasión, Martin hace virtud de la necesidad y el preámbulo queda como un presagio. En sus viñetas se nos refiere cómo, de vuelta a Roma por la Vía Aurelia, Lucius Valerius Sinner y su séquito se encuentran con Alix, Enak y Octavio. Este último es un sobrino de Julio Cesar que se dirige en compañía de nuestros amigos a Tarquini en busca de Lidia, su hermana. Valerius Sinner obsequia a los jóvenes con unos panecillos y un águila imperial, tras descender del cielo y arrebatarle el suyo a Octavio, vuelve a devolvérselo. Lucius Valerius va a ver en ello un designio de Júpiter. En efecto, nuestro Octavio es el futuro César Augusto, el primer emperador romano. Pero antes de llegar a serlo habrá de vivir esta aventura junto a nuestro Alix Graccus.

            Estamos en la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Nuestros amigos, naturalmente, forman entre los partidarios de Julio César. Aunque en esas primeras viñetas que tanto me complacen creen que Valerius Sinner y su séquito son gente de Pompeyo, sus antagonistas en esta entrega serán los moloquistas. Aunque Moloch Baal, la abominable divinidad que adoran los moloquistas es de origen fenicio, en torno a su culto se han juramentado varios etruscos que aún quieren imponerse a Roma. Esa Tarquini a la que se dirigen nuestros amigos en busca de Lidia, fue una de las principales ciudades de Eturia.

            Siempre ávidos de sacrificios infantiles para su dios impío, los moloquistas saquean las aldeas y las villas en busca de niños que inmolar. Huelga decir que Alix los salva con las mismas que da de beber a un moloquista cautivo de los romanos.

            Ya en la villa de Tullius en las afueras de Tarquini, donde les espera Lidia, resulta que entre los secuestrados para el holocausto se encuentra Claudius, el hijo de la casa. A quien Brutus -un pretendido amigo de Tullius- libera misteriosamente. En realidad Brutus es el gran señor de los moloquistas. Ante la desidia de Vesius Pollion, el prefecto romano, un pusilánime que ha llegado a una inteligencia con los etruscos, intentará que nuestra tropa no regrese a Roma.

            Perseguidos pues por los moloquistas apenas emprenden el camino, tras algunas peripecias es Lidia la que acaba cayendo en sus manos. Ni que decir tiene que a Alix le falta tiempo para acudir en su rescate. Sin embargo, será Brutus quien, en un primer momento, salve a la muchacha de ser ofrecida en holocausto a Moloch Baal.

            En la búsqueda de Lidia, Alix descubre la tumba aludida en el título, donde se guarda el tesoro de los etruscos -"que los romanos han buscado en vano durante siglos", nos explica nuestro héroe- y donde están acuartelados los moloquistas. Con la ayuda de aquel al que dio de beber, Alix consigue encontrar a Lidia. Pero la coyuntura le obliga a abandonarla de nuevo en la guarida de sus antagonistas para ir en busca de refuerzos a Tarquini. Lejos de conseguirlo, Brutus -que no duda en descubrirse como jefe los conjurados y amenaza con pasar a sangre y fuego la ciudad- le emplaza a una de esas carreras de cuadrigas que tanto gustaban a Jacques Martin.

            Entre tanto, en la tumba etrusca, Lidia vuelve a ser descubierta por los moloquistas en tres viñetas de la página 51 que alabo por su prodigiosa expresividad y lo eminentemente cinematográficas que son.

 

            Volviendo a las cuadrigas, tras vencer la carrera y enardecer a la multitud cuando los moloquistas se disponen a atacar Tarquini, Alix parte al frente de las masas a la tumba etrusca. Brutus que ha escapado de la ciudad con su gente y ya ha llegado a su guarida, vuelve a salvar a Lidia del sacrificio. Al hacerlo le abandonen los moloquistas que aún pueden. Cautivo del pueblo romano, el águila del prólogo vuelve a descender de los cielos para acabar con Brutus. Aunque la similitud fonética de su nombre con uno de los asesinos de César induce a dudas, su sentimiento por Lidia es inequívoco.

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Javier Memba Wed, 30 Jul 2014 21:30:00 +0100
"El conformista" de Alberto Moravia http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11497/el-conformista-de-alberto-moravia/                    Aludida hace unas semanas, en el asiento referido a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, vuelvo ahora sobre los apuntes que tomé de mi lectura de El conformista, una de las novelas fundamentales de Alberto Moravia. Dije entonces que la adaptación de Bertolucci me parecía superior. Pero no quería con ello menoscabar el original en modo alguno. Junto con Crónica de pobres amantes de Vasco Pratolini, El desierto de los tártaros de Dino Buzzati y El barón rampante de Italo Calvino, El conformista es una de las grandes ficciones italianas del siglo XX que he tenido oportunidad de leer. Lo que siguen son las notas que tomé al acabarla, en mayo del 99:

                   Tres son los capítulos dedicados a lo que podría entenderse como un prólogo a la aventura de Marcello Clerici, que se nos va a contar con una asombrosa ausencia de artificios para lo que fue la novela en el siglo XX.

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                   El primero de esos preámbulos está dedicado a mostrarnos cómo Marcello busca la complicidad en un amigo (Roberto) después de haber matado a una lagartija; el segundo; a cómo el padre de Marcello está abocado a perder la cabeza, lo que debemos entender en el extraño comportamiento del hombre con su esposa, en los cotilleos de la criadas y en unos dibujos que el aprendiz de desquiciado hace en una foto del matrimonio. Finalmente, el tercero y más importante de estos preliminares se refiere a cómo el pequeño Marcello es objeto de las burlas de sus compañeros a causa de un incipiente afeminamiento que detectan en él. Precisamente están intentando ponerle una falda cuando Lino, un cura secularizado por pederasta que trabaja de chofer, intercede por el muchacho. En su segundo encuentro, cuando Lino pretende abusar del niño prometiéndole que va a regalarle una pistola, Marcello lo mata.

                   Ya en la primera parte de la novela, Moravia nos presenta a Clerici convertido en un adulto. Al cabo de los años, consulta en los periódicos la noticia de la muerte de Lino. El Marcello que ahora se nos propone es funcionario en un ministerio de Mussolini. Está a punto de casarse con Giulia, una mujer a la que no ama pero le gusta por su normalidad. Tal vez por las burlas de sus compañeros y por el incidente de Lino, ser como el resto de la grey es cuanto preocupa a nuestro protagonista. En vista de lo cual, se congratula de la comida en casa de su suegra -ésta desprecia el anónimo donde se le indica que Marcello sufrirá la misma suerte que su padre, enajenado por la sífilis-, tanto como de confesar sus pecados a un sacerdote.

                   Más adelante, el ministerio le envía a París con la misión de identificar a un antiguo profesor suyo en la Universidad (Quadri), convertido en conocido antifascista exiliado en la capital francesa. Ha de señalarle para que Orlando, otro agente del fascio, acostumbrado a lo que sea "por la familia y la patria", lo mate. En cuanto al fascismo que cabe suponerle a Marcello Clerici a excepción de la repugnancia que le inspira su madre -quien vive amancebada con su chofer en el más completo abandono- y su padre -internado en un hospital psiquiátrico- nada hay que nos demuestre la supuesta fe de Marcello en el fascio. El título de la novela de deja lugar a dudas: Clerici es un conformista -como el noventa por ciento de los mortales por otro lado-, lo que equivale a decir que de quien manda por el simple hecho de que manda, sea cual sea la ideología que le ha llevado al poder.

                   Durante el viaje a la capital francesa, Giulia, al confesarle a su marido que no es virgen, le contará cómo ha sido víctima durante años de los abusos de un viejo verde que ha sido testigo en la boda. Es el tipo que mandó el anónimo. Pero Marcello, indiferente a casi todo, sólo reaccionara ante la belleza de una prostituta que trabaja en un burdel al que ha de acudir en busca de instrucciones.

                   Ya en París, Lina -seguro que no es casualidad que el nombre sea el femenino de Lino-, la mujer de Quadri, cautivará a Clerici desde el primer momento. Sin embargo, la mujer del antifascista por quien se siente atraída es por Giulia. De modo que, asqueada, aceptará las efusiones de Marcello -al que, al igual que Quadri, sabe un agente del Gobierno italiano- en la esperanza de que así se mantendrá al lado de Giulia. Tras llevarla de compras, los dos matrimonios pasarán juntos la velada en un restaurante de lesbianas. Lina propone a los extranjeros unas vacaciones en una casa de campo. Giulia, que se siente incómoda ante el cariño que Lina le profesa, se muestra reacia, pero a Marcello no le resulta muy difícil convencerla para que acepte la invitación.

                   Pero el viaje que cuenta es otro, aquel que, en contra de lo previsto, en el último momento, Lina decide acompañar a su marido. Es entonces cuando Orlando mata al profesor Quadri.

                   La última parte del libro, el epílogo, comienza con la caída de Mussolini. Tras terminar de acostar a su hija, Giulia, muy preocupada porque la buena posición de la que goza se venga abajo, pregunta a Marcello si lo de Quadri tendrá alguna consecuencia. Ante la sorpresa de él, ella confiesa que lo sabe desde que leyó la noticia. Resuelta a seguir junto a su marido, aunque él mismo le ofrezca la separación, Giulia y Marcello salen a ver el ambiente que se respira en la calle. Aturdida por los acontecimientos y la alegría de la gente, Giulia le pide a Marcello que hagan el amor en un parque. Están a punto de ponerse a ello cuando el rayo de una linterna se queda pendiente de ellos: el portador de la lámpara resulta ser Lino.

                   A la mañana siguiente, la familia emprende el viaje a su residencia de verano con el fin de evitar las posibles represalias en Roma. Morirán durante el bombardeo de un aeródromo que se encuentran en el camino.

                   Accesible en todo momento, la claridad con la que está escrita la convierte en una de las novelas más amenas que he leído en mucho tiempo. Muy probablemente, esa narración lineal, sin artificios, que vengo a alabar aquí, se deba a la fragmentación cronológica de la película, vista por primera vez con anterioridad a la lectura del texto original. Revisada la cinta de Bertolucci inmediatamente después de finalizada la novela, hay que apuntar que ésa, junto con la inclusión del personaje de Italo, es una de las principales diferencias entre el libro y el filme. El resto es la supresión de la muerte de Clerici y su familia, el cambio del nombre de Lina por el de Ana, que le da el cineasta, y la introducción de Marcello en la cuadrilla que dará muerte al profesor. En la novela, como ya he apuntado, Clerici sabe por la prensa de que la misión -por cierto, cancelada en el último momento sin que los sicarios lleguen a enterarse- ha sido llevada a buen término.

 

 

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Javier Memba Sat, 26 Jul 2014 09:15:00 +0100