Gente Blogs http://www.gentedigital.es/blogs/ Tue, 01 Sep 2015 18:04:12 +0100 FeedCreator 1.7.2 La última aventura de Jhen http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11683/la-ultima-aventura-de-jhen/             A diferencia del nombre de Jacques Martin, que sólo aparece en la portada para recordarnos que el maestro fue el guionista de las primeras entregas de la serie, el título de esta nueva entrega de las aventuras de Jhen no es baladí: estas viñetas nos van transportar a los Cárpatos de Drácula. Más aún, dada la variación de la grafía con la que se escribe aquí el nombre del conde -que al parecer es la original en rumano-, hasta puede imaginarse que se nos va a presentar la verdadera historia del personaje real que se esconde tras el mito. Y, en efecto, esta nueva entrega de las aventuras de Jhen apunta en ese sentido. Estamos en los tiempos de Vlad Tepes, la Transilvania del siglo XV.

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            Lo que no hubiera imaginado ni por asomo es que las nieves donde está localizada la historia iban a recordarme las nieves de algunas entregas de Jonathan Cartland -El fantasma de Wah-Kee, El niño luz-, un western con guión de Laurence Harlé y dibujo de Michel Blanc-Dumont, que leí con sumo agrado en su edición española de Grijalbo-Dargaud de los años 80. En lo que a mi afición al cómic se refiere, los 80 constituyeron toda una edad dorada en la que me reencontré con mi amada Línea Clara después del extravío por la Línea Chunga -El grato Fritz, Mr Natural, los Freak Brothers, Makoki- de la década anterior. En gran medida, toda esa dicha de los 80 fue debida a las publicaciones de Grijalbo-Dargaud. El catálogo de NetCom2, infatigable en su tarea de acercar al lector español la Línea Clara clásica -pero también la contemporánea-, parece ir a la zaga de Grijalbo-Dargaud en tan encomiable tarea. A él pertenece este Draculea al que me refiero.

            Contratado por Vlad Dracul para reforzar los muros de su fortaleza, el castillo de Targovista, Jhen se adentra en lo "más profundo de los misteriosos Cárpatos" con Wenceslas, un nuevo compañero. Supongo que el tal Wenceslas ya aparece en alguna de las ocho entregas anteriores que aún no he tenido oportunidad de leer. Pero esos niños, que aquí comienzan a desaparecer en la primera página, son una constante en una serie cuyas primeras entregas giran en torno a Gilles de Rais, uno de los mayores asesinos de infantes que la historia recuerda. Y, pensándolo bien, puede que los crímenes contra la infancia, en un tiempo tan cruel como el medioevo fueran tan frecuentes como nos muestran estas páginas pobladas de lugareños que se protegen del frío con la piel de un oso cabeza incluida.

            Ya en esa posada tradicional de la aventura en los Cárpatos, donde se empieza a rumiar el misterio sobre el que girará la historia, Jhen conoce a Ilona, una bella muchacha que trabaja en el Castillo. Ocasionalmente se encuentra en la posada ayudando a su padre el posadero. Al punto, Jhen queda prendado de ella.

            Si tengo la teoría de que Martin fue el más independiente de los tres grandes discípulos de Hergé -Bob de Moor, por el contrario, se me antoja el más mediatizado por el creador de Tintín- es, entre otras cosas, porque Martin desconoce por completo ese consejo de Hergé de no complicar las cosas enredando en amoríos a los personajes. La búsqueda de Ilona emprendida por Jhen nos irá conduciendo, como el hilo de Ariadna a Teseo por el laberinto del Minotauro, por los horrores y misterios que rodean Targovista. Desaparecida de la cama de Jehn tras pasar su primera noche juntos en el castillo, nuestro héroe no cejará en su empeño hasta descubrir que las desapariciones de mujeres y niños no son obra de Mircei Israti, el príncipe rival de Dracul. Muy por el contrario, lo son de una conjura capitaneada por Vlad, uno de los hijos de Dracul a quien su padre, fascinado por su crueldad, da el nombre de Draculea. Puede seguirse, por tanto, que nos encontramos ante un episodio de la juventud de Drácula imaginado por Jerry Frissen y Jean-Luc Cornette, los guionistas. Lástima que Ilona, cuyo dibujo podía enmarcarse en la estela de las chicas de Milo Manara, no vuelva a aparecer.

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Javier Memba Mon, 31 Aug 2015 06:30:00 +0100
"Cenicienta" sin magia http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11682/cenicienta-sin-magia/             Alabo en lo que vale ese interés de Kenneth Branagh, uno de los grandes intérpretes y directores de Shakespeare en la escena y en el cine contemporáneos, por bajarse de vez en cuando de esas alturas, donde le mantiene su buen hacer con las versiones de El Bardo de Avon, para darse, a ambos lados de la cámara, a retrofuturismos tan encomiables como el steampunk. Fue el realizador de Frankestein de Mary Shelley (1994) y uno de los protagonistas de Wild, Wild West (Barry Sonnenfeld, 1999), dos títulos canónicos del género. Ni su Hamlet del 96 ni su Trabajos de amor perdidos (2000) le impidieron en 2011 la realización de Thor, su aportación a los superhéroes de la Marvel, cuyo drama particular -es hijo de Odín y está en liza con su padre- le convierte el más shakesperiano de Los Vengadores.

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            Sin embargo, la buena voluntad y el buen hacer de Branagh no han bastado para que la versión en imagen real de Cenicienta, estrenada hace apenas unos meses, respondiera a las expectativas puestas en ella por la Disney, sus productores. Sí señor, finalizada ya su explotación en la cartelera y recién llegada a las plataformas comerciales, puede decirse que esta nueva versión -más o menos libre- del cuento tradicional del Perrault ha sido un fracaso comercial. Pero Branagh no es el responsable.

            Con las mismas que la falta de una generación de realizadores del calibre de aquellos que pusieron en marcha ese Hollywood clásico que aún admiramos ha hecho que en el cine estadounidense de nuestros días se supla la auténtica emoción por la aparatosidad de los efectos especiales, la alarmante falta de argumentos originales ha convertido esa misma pantalla en caldo de cultivo para las sagas -que explotan un asunto que ha demostrado su comercialidad hasta el agotamiento- y los remakes, que no son sino una vuelta a los éxitos pretéritos. Vale todo con tal de que dé dinero. Las adaptaciones de las antiguas series de televisión -que en sus días de gloria catódica fueron la competencia directa del cine- ya constituyen un verdadero género. Como también lo son esas de los cómics de las que el Thor de Branagh es uno de los mejores ejemplos.

            Todo es susceptible de pasar por el tinglado de Hollywood si sus ejecutivos estiman que puede dar dinero. Todo excepto quitarle la magia a los cuentos. A la postre, cuando se convierte a la imagen real una película que fue un éxito en su versión animada se trata de eso. 101 dálmatas (Más vivos que nunca) (Stephen Herek, 1996) y Maléfica (Robert Stromberg, 2014), como es sabido reconversiones a la carne y al hueso -si se me permite la expresión- de dos clásicas animaciones de la Disney -101 dálmatas (vv. aa. 1961) y La bella durmiente (Clyde Geromini, 1959), respectivamente- tampoco obtuvieron los resultados esperados. Ya se está rodando la adecuación a los nuevos procedimientos de Pinocho (vv. aa., 1940) y a tenor de los resultados de sus predecesoras, puede aventurarse que tampoco será esa filón de oro que se espera sea.

            A mi juicio, las animaciones son mucho más dadas a los cuentos infantiles que la imagen real. Es como si aquellas viñetas que los ilustraban en las ediciones anteriores al cine cobraran vida para contarnos la peripecia de sus protagonistas. Genuina representación de ese carácter fabuloso que estas ficciones entrañan, restituirlas por las la imagen real en aras del negocio, es quitarles la magia. Ni más ni menos.

 

 

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Javier Memba Thu, 27 Aug 2015 14:30:00 +0100
Ciencia Ficción autóctona (y II) http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11681/ciencia-ficcion-autoctona-y-ii/         (viene del asiento anterior)

 

Y ya puestos a hablar de estelas, líneas e influencias, son tres las que registro en Gira, gira, la pieza de Domingo Santos, otro de los principales autores y editores de ciencia ficción en España. Díez y Moreno hablan de la impronta de Kafka. No cabe duda de que la situación que vive el protagonista y narrador es auténticamente kafkiana. Sin embargo, a mí, el asunto me parece heredero del de La autopista del sur, el célebre cuento de Julio Cortázar donde se da noticia de un embotellamiento. Otra segunda influencia que registro es la de Vuelva usted mañana, la célebre sátira de Larra sobre las oficinas públicas.

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            Desoyendo los consejos de quienes saben lo que hay, el protagonista y narrador de Gira, gira se dirige a Cosmópolis a realizar una gestión burocrática. Pero tanta es la densidad del tráfico que tardará horas en poder bajar del coche para ocupar la habitación que ha reservado en un hotel. A partir de ahí, todo se convierte en una pesadilla con el automóvil como protagonista. Cuando parece que finalmente va a poder realizar su gestión, el burócrata encargado del asunto ha muerto en un embotellamiento. Nuestro protagonista acabará perdiendo el juicio.

            Concebida en los días en que nacía el sentimiento ecológico, a mí, que la ciudad me parece el mayor invento de la Humanidad y me carga el ruralismo, el espíritu de Gira, gira no acaba de convencerme. Prefiero el ciberpunk, con su mitificación de la urbe.

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            Gabriel Bermúdez Castillo es un clásico vivo de la ciencia ficción patria y La última lección sobre Cisneros (1978), que yo aplaudo sin paliativos, una de las piezas emblemáticas del género en nuestro país. Muy influenciada por las consecuencias de la explosión demográfica, que tanto preocupaba en los años 70, en una primera lectura La última lección sobre Cisneros puede antojarse en la órbita de Cuando el destino nos alcance (1973), la cinta en la que Richard Fleischer adaptaba ¡Hagan sitio, hagan sitio! (1966), la distopía sobre un futuro sin políticas de control de natalidad de Harry Harrison.

            Esa misma falta de recursos para tanta gente -y la posibilidad de viajar hacia el pasado- ha hecho que las diferentes naciones lleguen a una entente. En base a dicho acuerdo, cada una de ellas, sin interferir en las otras, durante un tiempo determinado puede instalar una colonia en distintas épocas, de un pasado tan remoto como los primeros periodos geológicos, y mandar desde ella toscos alimentos al presente.

            La que a nosotros nos ocupa es la llamada Nueva España 3, una colonia abierta en el Pérmico Medio. La señorita Hidalgo es la maestra del lugar. Llegó allí 26 años antes y en la construcción del asentamiento perdió a su marido. Tras dictar su última lección sobre el cardenal Cisneros a los niños de los colonos, entra en escena un grupo de soldados para destruirlo todo y llevárselos de regreso al presente.

            Lo que aguarda en dicho presente es un Madrid de 22 millones de habitantes. Pese a que llega hasta Guadalajara no caben todos en él. Ante este panorama, hay que racionar sus salidas a la calle y avanzar por la vía pública es una auténtica odisea. Naturalmente, tampoco hay viviendas para tanta gente. De modo que encajar en algún cubículo a los llegados de Nueva España 3 se convierte una tarea que requiere mucho tiempo. Es entonces cuando La última lección sobre Cisneros, amén de esa ciencia ficción con mayúsculas que es desde sus primeras líneas, alcanza idénticas cotas en lo que a la literatura canónica -digámoslo como los editores- se refiere. El relato comienza a ser la crónica de cómo la señorita Hidalgo se va quedando sola en la terminal de llegada, entregada a sus recuerdos, mientras el sistema -que desoye las peticiones de nuestra protagonista para ser enviada a otra colonia del pasado- va buscando agujeros para todos sus antiguos compañeros en Nueva España 3.

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            Aunque su título se me antoje próximo a Juntacadáveres, el protagonista de la Triología de Santa María de Juan Carlos Onetti, La ciudad cuyo nombre era Lluevemuertos (1979), de Enrique Lázaro, parece un cuento de Borges. Concebida como una exaltación de la disyuntiva, podría ser un sueño del narrador o un juego que a éste le propone el narrador que, a su vez, conduce su supuesto sueño. De hecho. esa ciudad, a la que nunca se acaba de llegar porque los ramales que conducen a ella siempre acaban confluyendo en otro que lleva a un nuevo desvío, podría no existir.

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            Con César Mallorquí el texto entra en la ciencia ficción contemporánea. Y no es sólo porque Mallorquí -hijo de José Mallorquí, el creador de El Coyote- sea uno de los autores incluidos habitualmente en las antologías y selecciones de la ciencia ficción española del momento, también por la contemporaneidad del asunto. Hasta ahora, todos los argumentos se quedaban en las inquietudes pretéritas de la literatura prospectiva -los viajes espaciales, la explosión demográfica, la deshumanización de las grandes ciudades, el agotamiento de los recursos naturales-, en La pared de hielo, de Mallorquí, se alude a algunos de los problemas bioéticos de nuestro tiempo.

            Su protagonista y narrador es (?). Quiere que el lector le llame así (pág. 269) porque no es más que una interrogación. Cuando comienza a contarnos su historia, está perdiendo la memoria a pasos agigantados. Ni siquiera sabe para que sirven los dedos que tiene en una mano. Ello se debe a cierta droga que se le está suministrando para aplacar el apetito desmesurado que siente por ciertos copos de avena, al pensar en Helena, la modelo que anuncia dichos cereales.

            Estamos en un mundo distópico en el que tras las guerras de religión se ha erigido como único dios al tirano Jawharlal Nanda, un científico merecedor de varios premios Nobel, capaz de crear la vida y manipular las voluntades a su antojo.

            Se inicia entonces un flash-back que nos lleva al día en que (?) entró a trabajar en el Laboratorio de Síntesis de GenCorp. Allí sufrió lo que él creyó un accidente cuando se le cayó el cultivo 13-L. Apenas comienza a preocuparse por aquello que puede haberle contaminado, Nanda le hace creer que el cultivo es una variedad mutada de la gripe. Sin embargo, es a partir de entonces cuando comienza a sentir esa voracidad de cereales, el obsesivo amor por la mujer que los anuncia y otros extraños síntomas. Y es que el accidente ha sido un ardid para utilizar a (?), sin que él lo supiera, como conejillo de indias en el Proyecto Maya.

            El infeliz decide entonces dar muerte a Nanda. Como le será imposible hacerlo de otro modo, (?) escupe en la cara a una de las niñas que van a ser entregadas al dios tirano para satisfacer sus deseos. La muchacha quedará así infectada de lo mismo que le han inoculado a él y contagiará a su vez al científico cuando éste la ultraje.

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            Ya que para los antólogos no existe diferencia entre el cine y la literatura prospectivas, hay algo en las primeras páginas de El bosque de hielo, de Juan Miguel Aguilera -otro de los autores más representativos del aquí y el ahora del género-, que ha venido a recordarme vagamente el asunto de Alien. Si bien, a medida que el relato avanza entre las nieves de los cometas, me ha parecido más en la líneas de En las montañas de la locura, la novela corta de Lovecraft.

            Diana, la protagonista de Aguilera, es una científica que sueña con Ivan, un colega y antiguo novio de quince años atrás, de un modo muy vivido. A raíz de la experiencia, se interesa por el destino del tal Iván. Así descubre que se le dio por perdido con su nave, la Hoyle, en un asentamiento humano de uno de esos cuerpos celestes donde transcurre la narración. Lo último que se supo de él fue mientras se dedicaba a sembrar gigantescos árboles vivienda -un kilómetro de altura- por los cometas de más allá de la órbita de Plutón. Dicho reino comienza en la Nube de Ort.

            La humanidad está tan hecha a vivir fuera de la Tierra que hay humanos que no la han pisado nunca. Ése es el caso de Emma, uno de los contactos de nuestra protagonista en la Nube. Al haber crecido "en un ambiente de gravedad casi nula", Emma mide un metro más que Diana y resiste mucho más tiempo sin respirar, entre otras singularidades.

            Otro de los encantos de esta propuesta es que también guarda una historia de amor. Cuando a Diana le surge la oportunidad de viajar hacía el lugar donde se perdió el rastro de Iván, duda sinceramente entre emprender la marcha o continuar junto a Pablo, su actual novio. Naturalmente, acaba por partir para descubrir que Iván no ha muerto. Fue él quien la llamó telepáticamente en el sueño. Porque, aunque parece que murió congelado, lo que ocurrió fue que pasó a una especie de dimensión diferente. Allí el tiempo se ralentiza hasta el punto de que nuestros años apenas son segundos. Iván propone a Diana retomar con esa nueva cronología su amor, que así será poco menos que eterno. Sin embargo, ella prefiere volver junto a Pablo y seguir envejeciendo al ritmo habitual.

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            Elia Barceló es otra de las referencias indispensables en la literatura prospectiva contemporánea y autóctona. Pero, paradójicamente, según sostienen Díez y Moreno, su obra se aprecia mucho más en el extranjero. Con todo, aquí no hay antología que se precie en la que falte. Mil euros por tu vida, el relato incluido en ésta, entra de lleno en esa biología a la carta que tantas posibilidades ofrece al género en la actualidad. Sus protagonistas son un matrimonio de burgueses catalanes, los Peyró. Ya octogenarios, han decidido comprar los cuerpos de dos subsaharianos. Con ellos como continente, los Peyró, sin perder su identidad, se deshacen de sus cuerpos viejos para gozar de la vitalidad de los nuevos, tomados a "los anfitriones", que llaman a los vendedores. Dicho de otra manera, una nueva vida a cambio de un millón de euros, de los que a la familia de los infelices que venden el cuerpo sólo les llega ese millar aludido en el título.

            Mientras los Peyró duermen, sus anfitriones vuelven a ser ellos mismos. En ese tiempo, los subsaharianos se aman y engendran un hijo. Tanto Tòfol Peyró como Abraham, su anfitrión, no quieren que el niño nazca. Uno por el escándalo que le causa la simple idea de que sus empresas sean heredadas por un negro, el otro porque odia a los blancos que le han comprado la vida. Son ellas, las mujeres, tanto Anna Peyrò como Sarah, su anfitriona -que han empezado a comunicarse mediante un diario- quienes se empeñan en que el muchacho nazca. El alumbramiento tiene lugar en la Barcelona de 2033. El niño es negro y no es sino uno más de los muchos hijos de anfitriones del Tercer Mundo que están naciendo en el Primero últimamente.

            Con esta excelente pieza de Barceló, tan conciliadora como ingeniosa, el género vuelve a apostar por esa buena voluntad, por ese entendimiento de las space opera de los años 60 y 70.

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            El académico José María Merino, además de uno de los más dispuestos de la institución -nunca le falta tiempo para contestar a las preguntas de los periodistas-, es uno de los mayores defensores de la literatura prospectiva desde la literatura canónica. No obstante lo cual, sostienen los antólogos que su interés por el género es meramente circunstancial. El viaje inexplicable, su aportación a estas páginas, es todo un homenaje al libro en un tiempo en que éstos han dejado de existir porque toda la información se transmite mediante pantallas. Nos habla de él un tipo que se encontró uno en Puertomarte, durante el retraso del vuelo. Al abrirlo cautivado por su flexibilidad, descubrió fascinado como los signos gráficos (letras) formaban palabras; y éstas, oraciones que expresaban ideas; y las ideas ficciones en las que no faltaban referencias a otros libros. A destacar entre ellas, además de las sempiternas a El Quijote, las alusiones a Celina y el profesor Souto, los protagonistas de Cuentos de los días raros del propio Merino.

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            A poco que se piense hay que admitirlo: aunque mi dilecto steampunk parezca un subgénero actual -nacido en los años 80 como una serie de ucronías ciberpunk-, en realidad es el primero. Puede que sea ahora cuando se nos descubre desde esa perspectiva, pero la ciencia ficción en sí misma es un retrofuturismo de la era victoriana. De hecho, 20.000 leguas de viaje submarino (1870) y La máquina del tiempo (1895) pueden considerarse las primeras novelas steampunk. Es a sus autores, Verne y Wells respectivamente, a quienes el género homenajea constantemente en nuestros días y las adaptaciones cinematográficas de ambas novelas -junto a Chitty Chitty Bang Bang (Ken Hughes, 1968)- inspiraron las primeras cintas steampunk canónicas.

            Sin embargo, puestos a hablar de cine, no hay duda de que al día de hoy, no obstante sus orígenes literarios, la pantalla es mucho más favorable a este retrofuturismo que la novela. El poderío visual de filmes como La liga de los hombres extraordinarios (Stephen Norrington, 2003) no puede compararse con ningún fragmento literario por mucha riqueza plástica que el texto tenga.

            Ni que decir tiene que Juan Jacinto Muñoz Rengel, acaso el más destacado representante del steampunk patrio -amén de uno de los narradores fantásticos más sobresalientes del momento- es consciente de esa desventaja de la actual literatura steampunk respecto al cine steampunk, su par en la pantalla. De ahí que, sin dejar de prestar atención a esos protosubmarinos, locomotoras, dirigibles y demás prodigios que constituyen la principal seña de identidad del subgénero -nos habla de una expedición a Marte, de autómatas que recuerdan a la Eva futura de Villiers de l'Isle-Adam, e incluso de cocheros automáticos y palomas mensajeras mecánicas-, se muestre más steampunk en el asunto a tratar -en buena parte mediante las entradas en el cuaderno de campo de su protagonista- que en la profusión de instrumentos fabulosos en la narración. Al menos, así se me antoja a mí London Gardens, su relato incluido en estas páginas. Su protagonista, el profesor Barnaby, es depositario de unas rocas recogidas en Marte por una expedición al planeta Rojo que acaba de regresar al Londres victoriano.

            En buena lid, pero siempre compitiendo con su vecino, el también científico profesor Schmidt, Barnaby cree haber dejado definitivamente atrás a su adversario cuando sus investigaciones en las rocas marcianas le llevan a la conclusión de que éstas, en realidad, no son tales. Muy por el contrario, son una suerte de continentes que guardan organismos vivos, cartilaginosos y con forma de extrañas espirales. Muy superiores a cualquier forma de vida en la Tierra.

 

            Por unos días, Barnaby es la admiración de todo Londres. Publica sus descubrimientos en el Times "el periódico más importante del imperio" y cree que toda la gloria conocida entonces alcanzará su cenit cuando dé a conocer el código criptográfico de los organismos. Pero esa gloria es para Schmidt, que acaba de descubrir el código criptográfico de una rosa común, flor en la que yo he creído adivinar esa rosa sin por qué, que florece porque florece, sin desear ser reconocida en su belleza, a la que se refiere Angelus Silesius.

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Javier Memba Tue, 18 Aug 2015 04:15:00 +0100
Ciencia Ficción autóctona (I) http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11680/ciencia-ficcion-autoctona-i/             Ya van siendo muchas las primaveras que encuentro en la caseta de Cátedra lo que más me interesa de la Feria del Libro. Esta de 2015 ha sido la última. Entre las novedades de dicho sello, que ya de antiguo viene conjugando en su propuesta la erudición con la divulgación bien entendida -quiero recordar La historia de la fotografía (1981) y el resto de las entregas sobre la materia de Marie-Loup Sougez-, adquirí en la última cita de El Retiro Historia y antología de la ciencia ficción española. La edición, llegada a las librerías el otoño pasado, ha estado a cargo de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, dos autoridades en la materia. Y en verdad hay que serlo para descubrir con su sagacidad, entre la tradición realista de la narrativa española, esas fantasías que son siempre las novelas y relatos de ciencia ficción.

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            Ahora bien, lo mismo que basta con leer algunas de las leyendas de Bécquer -La cruz del diablo (1860), El monte de la ánimas (1861), El beso (1863)...- para rendirse ante la evidencia de que la narrativa romántica es básicamente fantástica, escrutando en la obra de algunos autores canónicos de nuestras letras -como los llaman Díez y Moreno- se descubre que entre ellos no faltaron quienes, más o menos esporádicamente, practicaron la ciencia ficción.

            Para empezar, los editores sientan las bases de lo que para ellos es ciencia ficción. A saber, aquella literatura prospectiva -expresión que prefieren a la de "anticipación", más común- que cuenta con un "nóvum". Por nóvum -término que toman del académico croata Darko Suvin, toda una eminencia en el estudio de la materia, quien lo acuñó en su Metamorfósis de la ciencia ficción (1984)- hay que entender "aquello que no es científicamente posible en el momento de la escritura. Pero sí científicamente asumible o, lo que es lo mismo, siendo imposible en nuestro mundo real, aceptamos una verosimilitud científica en el escenario de la obra" (pág. 15). Simplificando -y si se me permite la expresión- el nóvum es a la ciencia ficción lo que el Macguffin de Hitchcock al suspense de las películas. Si bien el nóvum, a diferencia del Macguffin, no necesariamente tiene que hacer avanzar el argumento de los asuntos prospectivos. Puede ser lisa y llanamente el telón de fono mientras el argumento discurre por unos derroteros próximos a los de la sempiterna novela negra, tal es el caso del ciberpunk.

            Una vez sentado lo qué es ciencia ficción, se nos ofrece una panorámica por todos sus subgéneros desde los días de Wells y Verne con sus viajes espaciales hasta el steampunk de nuestro 2015. No por conocido, el recorrido resulta menos interesante. Me encanta además que Díez y Moreno, ajenos a la diferencias entre los dos formatos, entremezclen en su relato películas y novelas. Al fin y al cabo, esas diferencias entre los soportes no son más que una minucia. El espíritu prospectivo y el nóvum no varían en función del formato.

            La historia de la ciencia ficción española propiamente dicha comienza en la pág. 67. Sostienen Díez y Moreno que sus primeros cultivadores fueron algunos admiradores de Wells y Verne. Verbigracia, el periodista Nilo María Fabra.

            Tras un repaso por los autores del 98 que practicaron el género esporádicamente -Ángel Ganivet, Azorín, Baroja, incluso Unamuno- se nos retrotrae a las primeras space opera, algo anteriores, de Tirso Aguimana de Veca. Si nos presentan en este orden del discurso es porque los editores ven en ellas un claro precedente de todas estas utopías de corte social -que tienen uno de sus mejores ejemplos en el cuento anarquista, cultivado entre otros por Azorín- que capitalizaron el género en los años que precedieron a la Guerra Civil.

            Ya en la posguerra la ciencia ficción decayó. Ello no fue óbice para que en su exilio estadounidense, uno de los grandes poetas del 27, Pedro Salinas, volviese a la narrativa tras 25 años de ausencia con una distopía canónica: La bomba increíble (1950).

            Mientras el género empezaba a publicarse en las mismas ediciones populares que las novelas del oeste de Marcial Lafuente Estefanía y las románticas de Corín Tellado, autores como Tomás Salvador o Daniel Suerio, respectivamente, daban la talla en títulos de más altura como La nave (1959) y Corte de Corteza (1969). Bien visto, incluso Antonio Buero Vallejo hizo ciencia ficción en La Fundación (1974): "introduce en ella como clave del relato elementos demiúrgicos que enlazan el texto con los trabajos de Philip K Dick" (pág.75).

            La aportación en los años 70 de editoriales como Acervo -donde leí mis primeras selecciones de Lovecraft- o la efímera Nostromo, también son objeto de la debida noticia. Sin olvidar la de Zikkurat, el fanzine mas recordado y, naturalmente, la de la editorial Minotauro, referencia obligada en cuanto a la difusión de los grandes clásicos del género antes de que fuese adquirida por el Grupo Planeta.

            Siempre tan cerca del cine, José Luis Garci también cultivo la literatura prospectiva y, por supuesto, Juan José Plans, quien fuera autor de Juego de niños (1976), relato en el que se basa ¿Quién puede matar a un niño? (1976), la obra maestra de Narciso Ibáñez Serrador.

            Imbuidos de un afán en verdad integrador, algo poco frecuente en estas selecciones, de ordinario sólo atentas a las afinidades de los editores, aquí parecen estar citados todos los que se han asomado al género desde aquellos primeros admiradores de Wells y Verne hasta el steampunk de Juan Jacinto Muñoz Rengel.

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            Curiosamente, hay que reconocer una vez más que el prospectivo es uno de los géneros más apegados a las inquietudes de su tiempo. De ahí la oportunidad de Cuatro siglos de buen gobierno, la pieza de Nilo María Fabra que abre la selección. Publicada en 1895, en los días en que daba sus últimos estertores el imperio español, es una ucronía sobre lo que hubiera podido ser el imperio ibérico si Miguel I, el nieto de los Reyes Católicos, heredero del reino de España y del de Portugal, no hubiera bajado al sepulcro con tan sólo un año. Su muerte trajo al país a la Casa de Austria, una dinastía foránea que "convirtió a la nación, señora de tantos pueblos, en feudo de una familia ajena a nuestras costumbres, de distinta raza, enemiga de las libertades populares, obligada a amparar derechos patrimoniales en Europa que ni directa ni indirectamente afectaban a la Península" (pág 143).

            En esta primera ucronía sobre la historia de España, por defecto, como corresponde al subgénero de la historia que pudo ser, Fabra viene a desarrollar esa teoría expresada por los Nikis en su canción El imperio contraataca, aquello -con ripio y todo- de que España perdió sus posesiones a causa del mal gobierno de los Austrias y los Borbones.

            Pieza en verdad ingeniosa, sólo me ha chocado en ella cierta coletilla, ese "y en fin" con el que el autor acaba las enumeraciones.

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            Azorín, con un estilo en el que demuestra ser ese gran prosista del idioma por el que se le tiene, nos presenta, bajo el título de El fin del mundo, una pastoral poscatástrofe. No sabemos cuál ha sido la hecatombe -en las últimas líneas se nos descubrirá que se trata la elucubración de un viejo taumaturgo-, pero asistimos a la última visión del mundo del último hombre antes de morir. Con él morirá el planeta tal y como lo concebimos, porque dicha concepción es en base a la percepción de él que nos proporcionan nuestros sentidos, y la percepción de la Tierra de la especie venidera en el trono de la Naturaleza puede ser muy diferente a la nuestra.

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            Inspector de la policía franquista y antiguo voluntario en la División Azul, Tomás Salvador lo tiene todo para ser un personaje odiado por el establishment cultural de nuestros días. No creo que sirviera de mucho que otro novelista y militante comunista, Francisco Candel, recordara que Salvador "en algunas ocasiones, intercedió por otros escritores amenazados por la policía, o incluso por mí mismo, asegurando que no se trataba de comunistas sino de católicos progresistas". Sabido es que quienes ganaron la guerra perdieron la historia de la literatura. Se olvida así que este inspector de Barcelona fue autor de un relato criminal de la talla de Los atracadores (1955). Como bien recuerdan Díez y Moreno, las crónicas canónicas de nuestros días ignoran a este policía. Sin embargo, ellos no tienen ningún problema en reivindicar La nave como uno de los grandes textos que ha dado el género en nuestro país.

            Polizón a bordo, el relato de Salvador seleccionado para la ocasión, pertenece a los reunidos en Marsuf, viajero del espacio (1964). En esta ocasión, Marsuf es el polizón que viaja a bordo de la nave antorcha -Bandeirante- a Ganímedes, el tercer satélite de Júpiter. Leo Carey, su bisoño capitán, le descubre cuando el cohete -que se les llamaba entonces- comienza a perder su rumbo por un exceso de peso. Apenas ordena que se le arreste, su segundo, Julius Daonte, le cuenta la historia de Marsuf.

            Se trata de un mito entre los astronautas. Cuando no puede volar, se emborracha en las tabernas de las bases. Algo así como un lobo de mar, pero en los viajes siderales. Un desarraigado que se embarcó "en la soledad más espantosa que se conoce" (pág. 168) -en verdad han de serlo los viajes espaciales-, capaz de enardecer con su ejemplo a las tripulaciones. Naturalmente, Carey le deja que siga a bordo.

            Inmerso en ese interés por la navegación sideral, que presidía la ciencia ficción en los años que precedieron la llegada a La Luna, cuando conoció su primera edición Marsuf, viajero del espacio, también resuena en el relato cierto lenguaje castrense. En cualquier caso, amén de como ejemplo de ciencia ficción española de los 60, Polizón a bordo también es harto representativo de la literatura juvenil de la época. Su primera editorial, Doncel -la misma que publicaba los libros de Formación del Espíritu Nacional-, era algo así como la encargada oficialmente de aquellas que debían ser las lecturas constructivas para los adolescentes de entonces. Ese canto al servicio, pero también al idealismo, que encarna la propuesta de Salvador, encaja a la perfección en el espíritu que se nos quiso inculcar en nuestra infancia y en nuestra adolescencia. Pasados cincuenta años, visto ya a través de la pátina del tiempo, yo lo recuerdo sin resentimiento alguno. Como el resto de las cosas de mis primeros años, vinieran de donde vinieran.

(Continuará)

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Javier Memba Fri, 14 Aug 2015 12:15:00 +0100
SEBASTIAN CASTELLA, REIVINDICATIVO http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/11679/sebastian-castella-reivindicativo/ Se ha desatado contra el mundo del toro una tormenta que sólo tiene visos de terminar cuando los aficionados y fundamentalmente los profesionales, cojan el toro de la intransigencia por los cuernos para acabar de una vez con la cuadrilla de imbéciles que "bajo una presunta corriente animalista que no encierra más que una persecución política e ideológica" quieren acabar con la Fiesta o lo que es lo mismo con la Cultura que es lo que ha sido declarada la Fiesta. Bajo la bandera de animalistas se niega el derecho al trabajo a toreros, ganaderos, empresarios, publicistas, mulilleros,...y demás personal auxiliar cerrando caprichosamente plazas y llamándolos asesinos. Los políticos miran para otro lado pensando que con encuadrar al mundo del toro dentro de la Cultura estaba todo solucionado y no es así. Hay una enorme permisividad hacia estos energúmenos, agresivos e intolerantes. Hay un tipo impresentable, además holandés, que con toda impunidad se lanza a los ruedos incluso para agredir a los toreros y no pasa nada; al individuo en cuestión no se le prohíbe la entrada a las plazas pese a estar totalmente identificado. Los grupos de imbéciles que le siguen, insultando, agrediendo, acorralándonos a las puertas de las plazas y bañando de pintura los coches de espectadores aparcados junto a las plazas campan por el forro de sus caprichos... y sigue sin pasar nada. El torero Sebastián Castella ha alzado la voz, su autorizada voz, pidiendo a la afición que responda y la mejor manera de hacerlo, es, como ha pedido Sebastián, acudiendo en masa a las plazas: " salgamos del armario y llenemos las plazas", ha reclamado el torero. Como he dicho antes, somos muchos más que ellos y alguna vez habrá que dejar de ser silenciosos. El próximo día 16 de agosto, Sebastián Castella se encerrará con seis toros en la plaza de toros de El Puerto de Santamaría y es una ocasión propicia para llenar esa maravillosa plaza y de paso disfrutar de las delicias de esa ciudad y ver a uno de los toreros más en forma de la actualidad: no engaña a nadie, torea como lo que es : serio, profesional, figura no adscrita al G5 y con una variedad en su toreo que justifica su actuación como único espada. Sebastián Castella ha empezado a reivindicar el toreo, harto de tanto pasotismo y dejadez. Sería hora que sus compañeros lo siguieran. Felicidades Sebastián por tu iniciativa y que siga el ejemplo.- Cañaveralejo-
Agosto 2015

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Cañaveralejo Tue, 11 Aug 2015 13:45:00 +0100
Formentera, otra vez http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11678/formentera-otra-vez/  

            Veintiséis

            En los veranos que no la visité, imaginaba que mi regreso a Formentera habría de ser tan grave como el del antiguo farero de La Mola en un documental sobre el fin del oficio que tuve oportunidad de ver. Un asunto trascendental. Como el retorno a Ítaca de Ulises, poco más o menos.

            Al fin he vuelto en estos días y en modo alguno ha sido así. Simplemente se ha tratado de un déjà vu en el que lo consabido ha pesado más que la nostalgia. En unos paisajes que me sé de memoria -entre otras cosas porque los he fotografiado hasta la saciedad y he vuelto con insistencia sobre esas imágenes en los veranos de ausencia- los ceda el paso de los cruces de otrora han sido sustituidos por modernas rotondas que facilitan la circulación. En las afueras de San Francisco, Es Pujols y La Mola han dispuesto esos grandes aparcamientos que tanta falta hacían.

###LEER_MAS###

            Para escarnio de los afectos al ruralismo espurio, esos que dicen añorar lo silvestre y sus supuestas grandezas aunque viven en una ciudad, en los últimos cinco años -los que se llevaba sin volver a ella-, Formentera se ha urbanizado mucho más que en los dieciséis anteriores, cuando la visité todos los meses de agosto con regularidad. Del cenáculo contracultural que fuera en los 70 no queda ni el recuerdo. Han dedicado una calle a King Crinson en Els Pujols, pero casi nadie sabe dónde está. Erik -el hippie, ya anciano en mis últimos veranos, que cantaba en el mercadillo de La Mola- ha cedido su puesto a una joven que entona canciones aflamencadas, plenas de soflamas de la rebeldía más básica. Eso sí, ella está convencida de haber descubierto la contestación.

            La Formentera de 2015 es una máquina de hacer dinero en la que venden camisetas que aluden a la estancia de Bob Dylan en la isla y empiezan a menudear los spas. Tanto es así que hasta los payeses, de ordinario tan antipáticos con los foráneos como suelen serlo con los turistas los verdaderos rústicos, van atemperando sus recelos de los veraneantes. Todo ha cambiado. Sin embargo, también podría decirse que todo sigue igual. Formentera sigue siendo un lugar ideal para pasar unas vacaciones por más que comience a ser pasto de las masas. La paradoja se asemeja a la de la fotografía analógica, cuyo proceso es totalmente diferente. Pero, en lo que a la toma de vistas respecta, es exactamente igual a la digital.

            "Hay tantas Formenteras como visitantes y residentes tiene la isla", decía, con razón, el último farero de La Mola. A mi juicio, todo consiste en saber lo que se añora. En mis primeras nostalgias, hace cuarenta años, cuando Formentera e incluso Ibiza eran una Arcadia hippie, comprendí que el espacio y el tiempo pueden llegar a ser dos formas de la misma trampa. Desde entonces jamás buscó los buenos días perdidos en el lugar donde los viví. Ni en ningún otro sitio, por supuesto. Recordar es una dicha a la que me entrego constantemente. Protestar por lo que se ha llevado el curso del tiempo, además de una inutilidad, es otra cosa muy distinta.

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Javier Memba Sun, 09 Aug 2015 22:00:00 +0100
EL calvario de Marcos http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11677/el-calvario-de-marcos/ El levantamiento del secreto del sumario de la llamada ‘operación púnica’  está generando titulares escandalosos en la prensa provincial y nacional con frases del propio ex presidente de la Diputación en conversaciones interceptadas y grabadas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Tal y como se contó al principio de la detención de Marcos Martínez, parece clara la estrategia de adjudicar contratos públicos de explotación de San Isidro a empresas de la trama a cambio de que Alejandro de Pedro Llorca, apodado ‘el conseguidor’, le perpetuara al frente del Partido Popular de León y de la Diputación promocionándole ante Floriano o Cospedal. Las conversaciones telefónicas siempre son más distendidas cuando se planea algo y lo que menos se piensa es que se conozca la ‘trama’ y te puedan estar escuchando y grabando al estar pinchado el teléfono. La gravedad de la ‘operación púnica’ es que el cerebro de la trama, David Marjaliza, y el ex consejero de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, siguen en prisión desde mediados de octubre de 2014. El resto de imputados importantes ha ido saliendo de la cárcel con fianzas accesibles. Otra parte de los implicados sólo declaró ante el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco. El verano será duro para todos ellos. Los sesenta tomos de que consta el sumario darán mucho de sí y seguro que esconden más de otra sorpresa.

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José Ramón Bajo Fri, 31 Jul 2015 08:00:00 +0100
Cuatro semanas sin ‘Gente’ http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11676/cuatro-semanas-sin-gente/ Tal y como es habitual desde hace once años,  el periódico Gente en León descansa por vacaciones durante cuatro semanas en el mes de agosto. De ahí, que esta semana hayamos preparado un periódico de carácter mensual recogiendo una parte de la amplia y variada oferta festiva que por estas fechas ofrece la provincia de León. Nuestra próxima cita, será el viernes 4 de septiembre, también con un periódico repleto de fiestas en honor de la Virgen y del Cristo; además de variadas propuestas de ocio en una provincia tan extensa y con una oferta cultural, paisajística y gastronómicas tan rica.
Será éste un agosto especial desde el punto de vista informativo. Los incendios volverán a ser el ‘pan nuestro de cada día, devorando miles de hectáreas de monte sin que se tome ninguna medida de prevención en invierno ni tampoco se monte la vigilancia necesaria para lograr ‘cazar’ a tanto pirómano como hay suelto. Parece que es mejor gastar en apagar incendios y repoblar terrenos asolados que invertir en prevención; un tema que podría generar cientos de empleos.
Pero al margen de los incendios, será un verano ‘movidito’ en el plano político. Por un lado, el desafío independentista de Cataluña capitaneado por Artur Mas con el 27 de septiembre como fecha para unas elecciones en Cataluña que marcarán bastante el futuro de España. Y por otro lado, Mariano Rajoy y su Partido Popular tendrán un triple trabajo en un verano cargado de deberes. Primero, el despliegue para aminorar la ‘aventura’ independentista de Mas y Junquera. Segundo, para explicar su gestión en estos más de tres años y medio al frente del Gobierno de España para intentar afrontar con éxito las elecciones generales de fin de año, en una etapa muy abierta al cambio tras la aparición de nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos que han sabido conectar con el ciudadano y amenazan el tadicional bipartidiosmo PP-PSOE.  Y tercero, buscar estrategias para que tanto caso de corrupción como hay abierto no salpique de lleno al Partido Popular y/o a algunos de sus principales líderes. Además, el PP tiene previsto aprobar los Presupuestos Generales del Estado para 2016, toda una declaración de intenciones del PP para los próximos cuatro años que también darán que hablar. Parece que los políticos no tendrán vacaciones este verano. El 4 de septiembre les contamos este apasionante verano.

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José Ramón Bajo Fri, 31 Jul 2015 07:15:00 +0100
COSO DE CUATRO CAMINOS,SANTANDER :125 AÑOS http://www.gentedigital.es/blogs/taurino/16/blog-post/11675/coso-de-cuatro-caminossantander-125-anos/ El 25 de julio de 1.890 se inauguró la actual plaza de toros de Cuatro Caminos con un aforo inicial de 11.700 localidades, que tras sucesivas remodelaciones en aras de mejora de la comodidad...???, la última en 2003, se redujo hasta las 10.045 localidades que constituyen el aforo actual. No fue esta la primera plaza de toros que tuvo Santander pues hubo otras dos anteriores; la primera plaza estable se construyó en la década de 1840 en la actual calle de San Luis, detrás de la calle Burgos. La segunda plaza se inauguró el 4 de agosto de 1.859 con una corrida en la Cúchares y El Tato se encerraron con astados salmantinos de Veragua y Rodríguez y tuvo vida hasta 1.890 en que se inauguró la actual. Todo ello da fe de la tradición taurina de Santander que pese a pasar por altibajos, actualmente se encuentra totalmente consolidada. El arquitecto fue Alfredo de la Escalera y la construcción se hizo sobre obra de mampostería, ladrillo, hierro y madera, rematada con una arcada de estilo mudéjar. El ruedo tiene un diámetro de 51 metros y consta de tendidos y dos gradas. La primera corrida de toros fue del Conde de la Patilla y la lidiaron Cara Ancha y Luis Mazzantini que repitieron actuación el día 27 del mismo mes de julio. La tercera corrida fue una encerrona del diestro Guerrita que lidió seis toros del Marqués de Saltillo, aunque en realidad solo fueron cinco pues el último se lo cedió al sobresaliente Miguel Almendro. En 1.913 se celebró la llamada corrida monstruo que tuvo repercusión nacional ya que en realidad fueron tres corridas de toros en una: la primera a las 10,30 de la mañana en la que Vicente Pastor, Cocherito de Bilbao y Torquito lidiaron astados de Benjumea; la segunda fue a las 3,30 de la tarde con toros de Parladé para Machaquito y Joselito y tras esta se celebró la tercera con toros del Marqués de Saltillo para Ricardo Bamba y El Gallo. Las principales figuras de cada época se dieron cita en Cuatro Caminos, desde Joselito, Machaquito y Vicente Pastor hasta los Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, el otro Joselito y los más actuales, José Tomás, Ponce, El Juli, El Cid... Y esta es a grandes rasgos la historia de esta plaza, más que centenaria, histórica a la que deseamos larga vida y sea respetada por los mandamases de cada época sean del color que sean.
Cañaveralejo
Julio 2015

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Cañaveralejo Sun, 26 Jul 2015 10:15:00 +0100
Juan José Lucas http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11674/juan-jose-lucas/ Las Cortes de Castilla y León han elegido a los tres nuevos senadores por la Comunidad, los populares Juan José Lucas y María Mar Angulo y el socialista Óscar López, que han logrado el respaldo de 67 de los 84 procuradores, los de sus grupos, con 11 sufragios en contra y 6 abstenciones. Han votado en contra de la propuesta, que iba en una lista conjunta, los diez procuradores de Podemos y el único de IU, y se han abstenido los cinco de Ciudadanos y el de UPL. Merced a los resultados de las elecciones autonómicas del pasado 24 de mayo, donde el PP logró 42 de los 84 procuradores en las Cortes, el PSOE 25, Podemos 10, Ciudadanos 5, y 1 UPL e IU, el Parlamento de Castilla y León votó a los tres senadores autonómicos que le corresponden. Repiten, y en principio estarán cuatro años más en la Cámara Alta, el actual vicepresidente primero del Senado y expresidente de la Junta de Castilla y León, el soriano Juan José Lucas; y el portavoz del grupo socialista en esa Cámara, Óscar López, que siguió el Pleno desde la tribuna de invitados de las Cortes autonómicas. La novedad es la entrada de la senadora por elección popular, procuradora regional y presidenta del PP de Soria, María Mar Angulo, que sustituye en el puesto a la exvicepresidenta de la Junta, la también soriana María Jesús Ruiz. Llama la atención que Lucas, funcionario de 71 años y 35 años en política desde su primer cargo en 1980 con UCD como director provincial del INEM, siga en el primer plano político cerrando el paso a otros dirigentes del PP que no ven la hora del relevo de los ‘históricos’. Hay que renovar...

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José Ramón Bajo Fri, 24 Jul 2015 08:00:00 +0100