Gente Blogs http://www.gentedigital.es/blogs/ Sat, 01 Nov 2014 13:15:43 +0100 FeedCreator 1.7.2 EL mini-soterramiento del AVE http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11544/el-mini-soterramiento-del-ave/ La ministra de Fomento, Ana Pastor, habló el jueves 23 de octubre de la llegada del AVE a León y fue tan clara como incierta e indefinida. “No habrá ningún apeadero en la ciudad de León. El tren entrará y saldrá de León por donde toda la vida, como dice el sentido común”.... Y hasta ahí pudo leer la ministra. Y llegados a este punto sólo parece haber dos opciones: o se reabre la línea como estaba antes y volvemos a la barrera del paso del Crucero... o recuperamos la idea del soterramiento. Parece una locura la primera opción, con lo que sólo queda la opción del soterramiento. Está también claro que la situación económica no permite afrontar el último soterramiento proyectado en tiempos del Gobierno socialista (2.600 metros), ya que la venta del suelo que se liberaba y en el que se iban a construir más de 600 viviendas es ahora inviable... Pues da la impresión de que sólo queda la opción de un ‘soterramiento mini’, incluso bastante inferior a lo planteado por Goyo Chamorro, alcalde de San Andrés, que ha propuesto un soterramiento más corto y mucho más barato por la calle Azorín de su municipio. El problema es la falta de tiempo. Las fuentes más optimistas cifran en febrero la llegada del AVE a León. Apenas quedan cuatro meses y lo grave es que no hay una decisión tomada y mucho menos presupuestada. Sería bueno que la ministra de Fomento apostara de una vez por esa solución de sentido común y que lo reflejara en los Presupuestos de 2015. Hasta un minisoterramiento sería factible ahora, pero si se afronta con rapidez.

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José Ramón Bajo Fri, 31 Oct 2014 09:00:00 +0100
La corrupción que no cesa http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11543/la-corrupcion-que-no-cesa/ La Diputación de León vive en 2014 su ‘annus horribilis’. Este año e han encadenado hechos sin precedentes manchando la imagen de una institución bicentenariay sin saber todavía el alcance real porque hay demasiadas incógnitas que despejar.
El 12 de mayo moría asesinada a tiros la presidenta Isabel Carrasco en un injustificable ‘ajuste de cuentas’y venganza por la obsesión de una madre de hacerla pagar la persecución para cortar la carrera laboral y política de su única hija. Todavía se sigue instruyendo el sumario de este salvaje crimen cuando la Diputación vive otra penosa historia. Marcos Martínez, que tomó el relevo en la Presidencia de la Diputación el 30 de mayo, fue detenido el lunes 27 de octubre acusado de cobrar comisiones ilegales en contrataciones públicas. Por si esto no fuera poco, al día siguiente -martes 28- se imputa también al interventor de la Diputación, Jesús López Sánchez, más conocido por ‘Suso’ y que fue ‘ascendido’ al puesto por Isabel Carrasco por discrepancias con el interventor anterior.La espectacularidad de la ‘operación púnica’ dirigida por el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, hace pensar que las pruebas son contundentes contra Marcos Martínez. De momento, el Partido Popular le ha suspendido de militancia y le ha exigido la dimisión tras ser encarcelado. El miedo ahora es saber el alcance que esta trama de corrupción política puede llegar a tener en la propia Diputación y en ayuntamientos de la provincia.
En estos días el clamor contra la corrupción es total. En tiempos tan duros como los que estamos viviendo indigna especialmente que una parte de los mejor ‘colocados’ y de los que mayores sueldos tienen son los primeros en ‘poner el cazo’. Pero no nos engañemos, la ambición y la avaricia forman parte de la condición humana ya desde los tiempos en que Adán no fue capaz de sucumbir a los ‘encantos’ de la manzana de Eva. Recordarán aquellos tiempos del ‘¡Váyase, señor González!’ con los que José María Aznar atizaba a un Felipe González asolado por casos de corrupción (Juan Guerra, Filesa, Roldán,..). Aznar prometía acabar con la corrupción... pues ya ven lo que se ha ido descubriendo con Bárcenas forrado y entre rejas, Acebes, Gürtel, Rato... Y es que precisamente aquel empujón del crecimiento económico y el ‘España va bien’ creó el caldo de cultivo adecuado para que los ‘listillos’ de turno vieran la oportunidad ideal de mejorar sus ya de por sí saneadas cuentas. Lo grave es que no se salvan de este estado de corrupción generalizada ni los sindicalistas de UGT o CCOO ni tampoco el ya ex gran honorable Pujol.
Acabar con la corrupción es imposible porque siempre habrá alguien que ‘tienta’ que terminará encontrando un político maleable para lograr su propósito. Lo que si se puede hacer es endurecer la ley para que no salga tan barato corromperse y, sobre todo, que jueces y fuerzas de seguridad cuenten con los medios necesarios para detectar los delitos en tiempo y forma... no como ahora que se investigan años -o décadas- después.Hace falta mano dura contra la corrupción.

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José Ramón Bajo Fri, 31 Oct 2014 08:15:00 +0100
Pecados de juventud y/o ‘rescatar’ el pasado http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11541/pecados-de-juventud-y-o-rescatar-el-pasado/ La política española ha sido un cachondeo en las últimas décadas. La llegada de la democracia trajo la ansiada libertad que, como se puede ver en las hemerotecas, demasiadas veces se convirtió en libertinaje, en tráfico de influencias, en ‘poner el cazo’ para cobrar comisiones, en ‘enchufes’, en tarjetas opacas, en indemnizaciones millonarias... Pero la corrupción llegó a tal extremo y con tanto descaro que empezó a salir a la luz. Y con la crisis se está revisando la historia más cercana y sólo la pasividad y lentitud de los jueces está impidiendo que las cárceles estén llenas de corruptos. Mira que hay casos sangrantes,... pero, como siempre, van cayendo los pequeños... No se puede estar permanentemente mirando al retrovisor y con el ventilador en marcha para airear la mierda ajena para que tape la propia. En la lucha por el poder parece que vale todo porque el fin justifica los medios. Así nos va. Ya en 1987, los ‘Morano’s boys’ recurrieron a pecados de juventud -pequeños robos en joyerías de Salamanca y Zamora en su época de estudiante- para cargarse a José Luis Díaz Villarig  como alcalde de León con aquel famoso ‘pacto cívico’ PP-PSOE-CDS. Años más tarde desapareció de la escena política durante varios años Ismael Álvarez, alcalde de Ponferrada, porque le denunció por acoso una concejala con la que había salido y a la que había promocionado pese a su juventud. Ahora llegan Fernández, Redondo... Y tantos y tantos políticos,sindicalistas, constructores, etc...  que aprovecharon la situación para ‘trincar’ la pasta siguen campando a sus anchas....

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José Ramón Bajo Fri, 24 Oct 2014 08:00:00 +0100
Tudanca: mal comienzo http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11540/tudanca-mal-comienzo/ El nuevo secretario general del PSOE de Castilla y León (PSCyL), Luis Tudanca, ha empezado su cargo con ‘mal pie’. Primero porque fue refrendado en un congreso frío y gris y, segundo, porque apenas recibió el apoyo de un escaso 65% de los votos de los delegados socialistas. Luis Tudanca no sólo no logró su objetivo de aglutinar y ‘coser’ al PSCyL, sino que ni siquiera consiguió ilusionar a un partido roto por las trifulcas entre Julio Villarrubia y Óscar López.Es decir, apenas logró superar en un 10% el apoyo logrado en las primarias cuando tenía enfrente a Julio Villarrubia. Lo que significa que perdió en el camino al congreso algún apoyo de los logrados en las votaciones de los militantes por buscar la integración y apenas logró atraer a simpatizantes del ‘crítico’ Villarrubia.
Pero si salir elegido con ese raquítico apoyo ya es  de por sí problemático, el asunto se complica aún más cuando a las 48 horas del final del congreso tiene encima de la mesa el primer problema y no sabe resolverlo. Y es que o está muy ciego -todo el mundo sabe en León el pasado de Julio César Fernández, pues Matías Llorente no ha perdido ocasión de airearlo al menos desde la ruptura del pacto PSOE-UGAL-, o poco aguante tiene, ya que a las primeras de cambio fuerza a caer a su hombre de confianza, su número dos, su vicesecretario general. Parece raro que un primer espada de la política regional no sepa la vida y milagros de sus compañeros de viaje y más cuando, como en el caso de Julio César Fernández, estuvo a su lado desde el minuto uno y ha sido en los últimos meses unánimemente elogiado por su defensa al ultranza de las juntas vecinales. Las mismas críticas y el mismo pasado no han servido para moverle en los últimos años del sillón de secretario de Política Municipal en el PSOE-PSL. Luis Tudanca no calculó bien los riesgos del nombramiento y se escuda en decir que no conocía ese pasado; pues menos mal que está casado con una leonesa y pasa gran parte de los fines de semana en Villaquilambre y León. No ha hecho ni la más mínima defensa de Julio Fernández y ha optado por entregar su cabeza como símbolo de autoridad y de dejar claro que no tiene sitio en el PSCyL todo el que se mueva o genere la más mínima sospecha. Complicado futuro le espera a Luis Tudanca y más cuando parte con otro ‘déficit’ notable: no es procurador en las Cortes de Castilla y León para poder fajarse con su paisano burgalés Juan Vicente Herrera. No pinta nada bien para el PSCyL.
La situación creada por la renuncia forzada de Julio César Fernández afecta también al PSOE de León. Primero porque ha dimitido también de su cargo de secretario de Política Municipal y, segundo, porque se ha perdido un puesto de relevancia en el PSOE autonómico. Habrá que esperar al primer Comité Regional del PSOE para ver si Tino Rodríguez es capaz de recuperar ese puesto de privilegio para el PSOE de León.

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José Ramón Bajo Fri, 24 Oct 2014 07:15:00 +0100
Messi y el agujero por el que al Real Madrid se le puede escapar el Clásico http://www.gentedigital.es/blogs/realmadrid/6/blog-post/11542/messi-y-el-agujero-por-el-que-al-real-madrid-se-le-puede-escapar-el-clasico/ Decía esta semana Michael Robinson que este Real Madrid es la mejor versión del equipo blanco que ha visto desde la era de los galácticos. Tenga razón o no, lo cierto es que después de las derrotas ante la Real Sociedad y el Atlético, el conjunto de Ancelotti ha sabido rearmarse, primero a base de una cualidad innata de este equipo, la pegada, y después, con un mayor orden táctico, a través del juego. ###LEER_MAS###

Queda la sensación de que este equipo ya no es sólo un conjunto de velocistas. El Madrid ya no se limita a buscar las espacios, ahora ha encontrado la pausa necesaria a través de las asociaciones entre Kroos, James, Isco, Modric y, en ocasiones, Marcelo. Los blancos ya no son sólo sinónimo de vértigo, sino que manejan otros registros. A partir de esto, se puede decir que estamos ante un equipo más completo.

Sin embargo, hay una faceta sobre la que aún surgen dudas. Kroos ejerce como mediocentro posicional, lo que permite dar una salida de balón más fluida. El problema del alemán llega cuando tiene que ejercer ese rol en la fase defensiva. En algunos partidos, como en el derbi liguero ante el Atlético, los rivales aprovechan el espacio entre el centro del campo y la defensa para hacer daño. Es esa parte de la casa blanca la que casi siempre se queda sin barrer.

Se da la curiosidad de que ahora que el equipo carbura llega el 'Clásico', y con él, se presenta el momento de examinar esa carencia táctica con el jugador que, tal vez, más puede explotarla: Lionel Messi. Con Luis Enrique, el argentino es aún más mediapunta que delantero centro, parte desde más atrás y le gusta llegar al área por sorpresa. Si Kroos, Modric o el jugador que actúe por esa zona no se coordina con los centrales, el Madrid estará abocado a la derrota en el choque de este sábado.

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Francisco Quirós Fri, 24 Oct 2014 06:30:00 +0100
Recordando al gran Truffaut http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11539/recordando-al-gran-truffaut/             Hoy se cumplen treinta años de la prematura muerte del gran François Truffaut y a mí me viene a la cabeza lo cierto que resultó ser ese anuncio, que el maestro hizo en el 80, acerca de que se retiraría cuando se implantara el vídeo. A la postre, eso fue lo que pasó hoy hace tres décadas.

            Y ahora, que sus actores están viejos y también el video ha sido desplazado por los nuevos procedimientos. Ahora, que las películas en puridad ya no lo son -se trata de archivos que no se ruedan, sino que se graban con una cámara-, es cuando la pentalogía de Antoine Doinel -Los cuatrocientos golpes (1959), Antoine et Colette (su episodio de El amor a los 20 años fechado en 1962), Besos robados (1968) y Domicilio conyugal (1970)- me sigue pareciendo las visión más equilibrada del sentimiento amoroso, desde que nace hasta que se extingue, de toda la historia del cine. Más aún, junto con el Poema 20 de Pablo Neruda -"es tan corto el amor y es tan largo el olvido"-, el ciclo Doinel es el retrato más certero del sentimiento amoroso de toda la cultura del siglo XX.

            Ya en la gloria que su sin par filmografía le dispensó, creo que el gran Tuffaut ha quedado como un cineasta romántico. Esa modernidad, con la que la Nouvelle Vague irrumpe en la historia del cine para un marcar un antes y un después de ella, en él escasamente duró un par de cintas -Tirad sobre el pianista (1960) y Jules et Jim (1962)- que, por otro lado, también son historias de amor. Porque el maestro, incluso cuando rodaba un relato criminal -La novia vestida de negro (1968), La sirena del Mississippi (1969)-, éste llevaba implícita una historia de amor.

 

            Maestro igualmente de filmófilos -la cinefilia y el cine de autor también nacieron con la Nueva Ola francesa-, yo estimo especialmente al gran Truffaut porque su amor al cine -expreso en textos como El cine según Hitchcock (1967) o Las películas de mi vida (1975)- marcó el mío de forma indeleble. Y yo, que tengo en las películas la redención de la realidad, hoy no puedo dejar de evocar aquel primer verso de la canción que le dedicó Aute tras su fallecimiento: "Recuerdo bien aquellos cuatrocientos golpes de Truffaut".

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Javier Memba Tue, 21 Oct 2014 09:30:00 +0100
El anciano que se creía Peter Pan frente a un sombrío capitán Garfio http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11538/el-anciano-que-se-creia-peter-pan-frente-a-un-sombrio-capitan-garfio/             Volvió en sí aún entumecido. Un dolor punzante le trepanaba la cabeza de sien a sien. Tardó en hacerse la más mínima composición de lugar. Todavía aturdido, se esforzaba en concentrar su mirada en algún punto cuando reparó en un ruido. Se le antojó insólito para el lugar. Por más que no supiera dónde se encontraba ni cómo era aquel sitio, aquel ruido, oído más que escuchado, fue todo un mal presagio. Era como si alguien estuviese trasvasando agua de un cubo a otro. Al punto volvió a írsele la cabeza. La vista se le nubló otra vez. En esta segunda ocasión, el desvanecimiento fue breve. Algo más que una de esas cabezadas en que, en los días que sucedían a las noches mal dormidas, le vencía el sueño.

           Esta segunda vez, apenas estuvo unos minutos transpuesto. Al recobrar el conocimiento y verla a ella, empezó a comprender. La mujer le miraba fijamente, sin expresión alguna en su rostro, con la inquietante frialdad de un maniquí. De hecho, por un instante, la creyó una de esas figuras que, en la alta madrugada, parecen acecharnos en los escaparates de las calles solitarias. Inútil intentar mantenerle la mirada con esa migraña centelleando en su cabeza.

###LEER_MAS###

            Con todo, recordó que estaba hablando con ella, acaso unas horas antes, en la barra de un club nocturno. Entre las sombras del tugurio donde la conoció le parecía más joven. Por eso, al no querer ella decirle su nombre -"llámame como quieras" le contestó cuando se lo preguntó-, decidió llamarla la "chica anónima". Después se puso a contarle que él era "el único tío, de toda España, que había entrado con una cabra en un cabaret", todo un clásico de las milongas que llevaba soltando en sus dos décadas de noches patibularias. "Yo soy como Peter Pan, sigo siendo un niño a mis sesenta y nueve años", era lo último que recordaba haberla dicho. En efecto, ése solía ser el colofón final al repertorio de sandeces que soltaba a las señoritas que animaban las barras americanas.

            Pero ahora, mientras le miraba sin expresión alguna, cubierta su desnudez del club con una gabardina y con esa luz cenital cayendo sobre ella a plomo desde una bombilla, le parecía una mujer hecha, derecha y fatalmente enigmática, no esa chica diferente que asemejaba ser en las sombras del night club.

            Ya iba para veinte años -esos veinte años de noches patibularias- que su segunda esposa cogió la puerta y se fue. También hacía diez de que en los bares de copas, donde aún se creía un galán lo suficientemente apuesto y calavera como para dar músicas a las jóvenes -aunque para ellas sólo fuera un viejo pesado-, empezaron a prohibirle el paso. Decía asumir su soledad como el resultado de la vida sentimental que había tenido. Sin embargo, cuando la llamada de la carne volvía a estremecerle, no tanto como en la cumbre de su edad, pero sí de vez en cuando, le faltaba templanza. Amancebado pues con su propia mano, "no va a ser siempre este consuelo" se decía los días que cobraba la pensión. Llegada esa noche, se vestía como Julio Iglesias -a quien imitaba y llamaba "Julito", tal si le conociera- y salía en busca de los clubes de farolillos rojos donde se compra el placer a precios no muy caros.

            Su aspecto de playboy apergaminado y su voz, reducida por el cáncer de garganta que había superado a la que emitía una sola cuerda vocal, le hacían repelente; su petulancia, pesado. Así las cosas, metido en el alterne, le habían pegado en más de una ocasión. Otras madrugadas acabó en comisaría. Mas a la postre, tanto sus agresores como la policía terminaron por darse cuenta de que no era más que un patético anciano. La más triste de las criaturas de la noche. Su peor experiencia en los night clubs, apenas había empezado.

            Recobrado por completo el conocimiento, ese ruido como de agua trasegada, que, ahora sí, escuchó a la perfección, volvió a escamarle. No se equivocaba cuando imaginó que ella le había echado algo en el licor. Intentó acercarse a la chica anónima para pedirle explicaciones y descubrió estupefacto que estaba atado hasta la total inmovilización dentro de una armadura, una estructura -pegada a la pared- exactamente igual que esas que refuerzan el hormigón en las construcciones. Le habían amarrado tan a conciencia que no podía hacer el más mínimo movimiento. Intentó protestar pero ella se lo impidió metiéndole un pañuelo en la boca. Acto seguido le amordazó a conciencia. El galán trasnochado ya no podía hablar ni moverse.

            Comprobó con desconcierto que se hallaba en un cuarto vacío "Y si pasan días sin que nadie venga a desatarme", pensó por un instante. Supuso que se encontraba en un piso en obras por los sacos de yeso y de cemento Pórtland apilados junto a unos ladrillos que había frente a él. El panorama fue un alivio porque le hizo suponer que más pronto que tarde alguien iría allí, a retomar el trabajo, y nada más verle, se apresuraría a liberarle. Todo quedaría entonces como una broma de pésimo gusto que denunciaría, naturalmente.

            Un tipo cetrino, rechoncho, de facciones toscas, en quien reconoció al portero del club donde entró en busca de un "ratito agradable" unas horas antes, vestido ahora con un mono de trabajo, hizo su aparición. Mientras se remangaba y se ponía unos guantes de goma, le observó cómo si estuviera tomándole medidas mentalmente. Su gesto para con él era tan carente de expresión como el de la chica anónima. Pero a él, que más le hubiera valido aquella noche volver a complacerse con su mano, se le antojó como el de un veterinario a quien vio en el 77 examinar a unos animales antes de ser sacrificados.

            Ya puestos los guantes de goma, el portero metió las manos en una espuerta de cemento sobre la que había echado un cubo de agua y se puso a mezclarlo y amasarlo. Apestaba a sudor. Olía tan mal que la angustia del cautivo se vio trufada por el asco. Ese asco, tan próximo al miedo, que inspira el hedor procedente de la jaula de una fiera corrupia, pongo por caso.

            -Ya conoces a mi acólito, ¿no? -comentó ella-... Antes equivocaste la respuesta cuando te pregunté si preferías que te lo diera "todo de golpe, y mi amor se consumiera como un relámpago, una llamarada, o si lo querías poco a poco" -continuó sin apenas esperar la contestación.

            Al anciano, que por creerse Peter Pan se veía ahora atado de pies y manos frente a alguien mucho más sombrío que el capitán Garfio, le hubiera gustado saber si, dados los encantos de la chica anónima, cuando ésta se ofrecía de esa manera, hubo alguien capaz de inclinarse por el "poco a poco".

            De no haber sido tan pagado de sí mismo, cuando ella le dijo "contigo será gratis", él debió pensar que allí había algo raro. Pero como estaba convencido de enamorarlas a todas con sus formas de los actores del Hollywood clásico, le pareció lo más normal del mundo que una mujer como aquélla -de esas capaces de parar un tren, que se decía en la juventud del anciano-; una mujer gloriosa como pocas -como no se ven, desde luego, en el alterne barato, donde todas son feas, brutas y desdichadas-, una mujer que alegraría la mirada de cualquier hombre, saliera de entre las sombras de una barra americana para prendarse de él.

            El acólito comenzaba a aplicar el cemento con la correspondiente espátula sobre un ladrillo cuando pudieron oír que se acercaba un coche en la calle. Ella le hizo un gesto para que se detuviera. El cautivo sintió un alivio fugaz al escuchar que se abría una puerta del automóvil y bajaba alguien. Acto seguido se oyeron unos pasos alejándose y el sudor volvió a perlar la frente del Peter Pan de sesenta y nueve años.

            Recordó entonces la insistencia de la chica anónima en hablar del tiempo que tarda en fraguar el cemento armado cuando aún estaban con los güiscachos. Aquello, que entonces le pareció una de esas amenidades que dicen o escuchan las señoritas en el alterne, para hacer ese gasto de refrescos que el cliente paga como champán y no bebe nadie, ahora le produjo un pálpito. Esta nueva inquietud fue a sumarse una rabia muy íntima. Ya con trazas de pesadumbre.

            En cierto sentido, ella sintetizaba a esa mujer gloriosa con la que sueña el muchacho desde sus primeras poluciones hasta que, ya sexagenario voluptuoso, se vuelve a ver cómo se aleja, entre las vueltas que da la vida, la que sabe a ciencia cierta será la última que ha de desear en vano. Primero chicas, luego mujeres. Son muchas, naturalmente, y se suceden. Pero a la larga es sola una: la que nunca se consigue. Ésa que siempre se desea más que a nada en el mundo -y no es retórica-, pero en balde: siempre se pierde de forma inexorable. Porque por más mujeres con la que se haya estado íntimamente, siempre hay una con la que no es posible.

            Para nuestro sexagenario voluptuoso, que cuando en verdad era un castigador al que no le hacía falta recurrir a los placeres mercenarios amó -por así llamar al sexo- lo suyo, ella -la chica anónima- era esa mujer gloriosa que sintetizaba a todas las que, en cincuenta y tantos años de vida sexual, pasaron sin que los deseos que hicieron brotar en él llegaran a cumplirse.

            Cuando abandonaron el night club le llevó a un lujoso apartamento. Allí, al verla desnudarse, creyó que se desvestían para él todas las que había soñado desde adolescente, cuando presumía entre los amigos del colegio de haber estado "empujando" -que lo llamaban entonces- contra ésta o aquélla. Cuando sus voluptuosas formas quedaron al descubierto, también lo hicieron las de las sus compañeras de trabajo tantas veces soñadas y las de las mujeres de los otros. Después las efusiones que ella le dispensó, fueron las que las camareras de los bares de copas le hubieran dispensado. Sí señor, fue como si en ella se hubieran sucedido, en un fabuloso carrusel, todas las mujeres que le gustaron y se fueron desde que su virilidad se alzó por primera vez.

            Sin embargo, también fue aquella la primera vez que esa misma virilidad, que le venía pidiendo guerra desde que se irguió en la adolescencia, le falló. No tuvo fuerzas. Ya estaba demasiado viejo y cansado. Lo último que recordaba, antes del desvanecimiento, era a ella reprochándoselo con sarcástica sonrisa:

            -Eso es todo lo que te inspiro con todo lo que me esforzado en complacerte -bromeó entonces.

            Y era ahora cuando ella, tras hacer un gesto al acolito para que retomara su tarea luego de cerciorarse de que la calle recuperaba su silencio, volvía con guasa sobre el asunto al observar:

            -Tú, que me lo ibas a comer todo. Tú, que me ibas a transportar al séptimo cielo... Sin embargo, no vayas a creerte que esto te pasa por no haber podido cumplir conmigo, después de haberme susurrado en el club todas esas maravillas que ibas a hacerme -comenzó a decir-. Todo te hubiese sido posible. Me hubiera prestado a lo que me pidieras. Todo te lo hubiera permitido. Pero, de haber sido mi mejor amante, tu suerte no habría cambiado. Escribiste tu destino cuando elegiste que mi amor fuera el fulgor de un solo instante.

            Humillado por su virilidad, que sabía perdida para siempre, también empezaba a estarlo por el miedo. El acólito ya había colocado toda una fila de ladrillos, que empezaban a cerrar herméticamente la armadura a la que le habían atado. Aunque su respiración era torpe y muy ruidosa, como la de un ser primitivo, trabajaba muy rápido. Parecía uno de esos héroes de la productividad laboral que nos muestran los viejos noticiarios soviéticos. Sí señor, todo un estajanovista del enladrillado. El primer hombre que entró con una cabra en un cabaret en España, no quería rendirse ante la evidencia: estaban levantando una pared delante de él.

            -No es nada contra ti. No es personal, vamos. Es parte de una cruzada que hemos emprendido -se detuvo un momento para pensar contra qué o quiénes se habían alzado-... contra los viejos que no quieren admitir que lo son y frecuentan los burdeles. Como sabrás por tu propia experiencia, hay algo impúdico, hasta resultar repugnante, en la sexualidad de los ancianos -continuó con otra de sus irónicas sonrisas.

            Amordazado como estaba, el Peter Pan del cabaret y la cabra acuso el sarcasmo con uno de esos gestos con que los ancianos que no pueden gritar se resienten de los dolores. Aunque aquello era falso, también era verdadero. Falso porque no le estaban emparedando por eso, la Anónima y el acólito no precisaban motivos para sus atrocidades; verdadero porque el desdichado sólo era un anciano que frecuentaba los burdeles y, en efecto, era consciente de que, vista desde las edades anteriores, hay algo que se hace impúdico, hasta resultar repugnante, en la sexualidad de los ancianos.

            Tampoco podía negarse que, de haberse quedado en su casa, como corresponde a los sexagenarios en la alta madrugada, nada de aquello le hubiese ocurrido. Fue un motivo más para reconcomerse, mientras el acólito seguía enladrillando y la Anónima mirando con el mismo interés que si estuviera asistiendo a un experimento científico.

            Tres horas después, la pared tras la que estaban sepultando ya le llegaba hasta el pecho. El sexagenario voluptuoso se hacía a la idea de que su hora había llegado. Tenía la certeza de que nadie iba a echarle de menos. Si acaso en el banco, después de meses de no tocar la pensión. Se pondrían en contacto con la Seguridad Social. Estos, entonces, le instarían a que fuera a dar fe de vida a algún sitio. Sabía que ese era el procedimiento. Y también sabía que él no iba a poder ir a dejar constancia de que aún existía porque habría dejado de hacerlo.

            Cuando sólo restaban un par de filas de ladrillos para que la pared que había de sepultarle llegara hasta el techo, el Peter Pan de sesenta y nueve inviernos recordó cierta historia, incluida en un libro que leyó en su juventud. Se refería a una costumbre medieval albanesa según la cual, en uno de los pilares de los puentes en construcción, se emparedaba viva a una virgen para asentar la obra.

            -Ahora podrás comprobar por tu propia experiencia el tiempo que tarda en fraguar el cemento Pórtland -le anuncio la Anónima mientras el acólito comenzaba a arrojar la primera de las espuertas de este material. Fueron necesarias diez, hasta cubrir por completo la armadura que aprisionaba al desdichado y alcanzar el nivel de los ladrillos. Llegado a ese punto, el estajanovista del enladrillado colocó las últimas dos filas de rasillas. Para entonces, el sexagenario voluptuoso apenas respiraba. La mordaza impidió que le entrara cemento en la boca y, al ser éste un material poroso, durante algunos minutos apuró las últimas briznas de aire.

            Murió pensando si sería cierto ese carrusel final, que dicen nos repara el último trance, en el que nos es dada una última visión de los momentos estelares de nuestra existencia. Calculaba que el procedimiento habría de ser muy semejante a ese otro, que le hizo ver en la Anónima a todas las mujeres que deseó en vano cuando exhaló su último aliento.

            Cuando el acólito acabó su tremenda tarea, que incluyó el insonorizado mediante una gruesa capa de poliestireno expandido y el pintado, la pared donde el Peter Pan de la cabra quedó sepultado parecía un muro de carga. De modo que no fue tocado por ninguno de los inquilinos que, en los siguientes años, ocuparon el piso.

            Meses después del emparedamiento de aquel playboy trasnochado, ante la denuncia de unos familiares de otro villano infeliz que sufrió la misma suerte, llamó la atención de la policía la desaparición de varios clientes de distintos clubes de alterne. Coincidió que la última vez que se les vio, todos ellos iban acompañados de una mujer. Por ese "atractivo especial", con que la describían los escasos testigos, parecía ser la misma persona en todos los casos. Nadie la había visto con anterioridad ni volvió a verla nunca en ninguno de los establecimientos de los que salió con los desaparecidos. No mucho tiempo después, sin pista alguna, sin pruebas tangibles, se cerró la investigación sin ningún resultado.

 

            El tiempo volvió a pasar inexorable. Desde hace unos meses, distintos vecinos del barrio del madrileño barrio de Tamboriles -hasta un total de cincuenta- vienen observado cómo en una pared de su casa ha aparecido una mancha antropomórfica. Los expertos en temas esotéricos, los investigadores de lo oculto, estiman que se trata de auténticas psicoplastias.

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Javier Memba Sun, 19 Oct 2014 19:45:00 +0100
EL gran día de Luis Tudanca http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11537/el--gran-dia-de-luis-tudanca/ El Congreso Extraordinario del PSOE de Castilla y León refrendará a Luis Tudanca como nuevo secretario general. Tras la victoria en las primarias ante Julio Villarrubia ahora sólo queda el refrendo del máximo órgano socialista. Tudanca contará con su voto y también con el de su esposa, la leonesa Mariela Blanco Sabugo, que fue elegida delegada en el ‘congresillo’ de Valdefresno donde se alcanzó una lista de consenso con 46 delegados oficiales y 23 críticos, pero con la rémora de no lograr el 100% del apoyo al haber 94 votos a favor (88,7%) y 12 en blanco. En cualquier caso, ya no es tiempo de bromas; el PSOE tiene que ponerse las pilas si quiere tener opciones electorales. Pero Mariela Blanco no será la única mujer importante en la ‘nueva’ vida de Tudanca. Y es que propondrá a la vallisoletana Soraya Rodríguez, ex portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, como nueva presidenta, y a la zamorana Ana Sánchez como nueva secretaria de Organización. Mucho tendrá que trabajar en el PSOE leonés para que su ‘poderío’ en militantes se traduzca en peso político.

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José Ramón Bajo Fri, 17 Oct 2014 07:30:00 +0100
Las cuentas de la Junta http://www.gentedigital.es/blogs/leon/29/blog-post/11536/las-cuentas-de-la-junta/ EL consejero de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, Antonio Silván, -también procurador en las Cortes de Castilla y León y vicesecretario de Organización del PP en Castilla y León- presentó las cuentas de la Junta en la provincia de León. La provincia más extensa de la Comunidad -ahora segunda en población tras Valladolid- encabeza la distribución del gasto territorializado con 1.022,7 millones de euros, más los 96,7 millones de euros como aportación de las ayudas directas de la PAC. Es decir, se esfuerzan en remarcar los políticos del Partido Popular, que León se lleva 1 de cada 5 euros que gasta la Junta del presupuesto territorializado. Además, la rebaja de un 10% en el tramo autonómico del IRPF y la rebaja de 3,6 céntimos del polémico ‘céntimo sanitario’ -todavía quedará un recargo de 1,3 céntimos en litro- han hecho que las críticas lleguen a Herrera y su equipo por aprovechar la coyuntura preelectoral para aliviar los maltrechos bolsillos de castellanos y leoneses.
El triunfalismo del PP, que ve unos presupuestos creíbles, inversores y que favorecen el crecimiento económico y del empleo, contrasta con las críticas lanzadas por el resto de partidos de la oposición, uno de los cuales -el PSOE- ya ha anunciado que presentará una enmienda a la totalidad.
Dice el PSOE que son “los presupuestos de la mentira y el engaño” y que tampoco son los presupuestos del crecimiento porque “no promueven la mejora de la economía, ni el empleo, ni el empleo digno, ni el incremento de ingresos, ni la recuperación de poder adquisitivo de las rentas mínimas ni de las medias”. Denuncia el PSOE que los recortes de esta legislatura (desde junio de 2011) han superado los 3.000 millones de euros y con tal desfase es imposible corregir partidas tan machacadas como las de educación (912 millones en menos de cuatro años) y los 667 millones ‘recortados’ en sanidad. El PSOE leonés centra sus críticas en Antonio Silván: “Si el leonés no barre para León, qué podemos esperar de los demás. Y eso que son unos presupuestos de un año electoral”.
Parecidas críticas hacen el resto de partidos de la oposición (IU y UPL) y los sindicatos, que ven unos presupuestos de continiudad y, por tanto, para seguir pagando deudas pasadas y sin visos de que estén orientados a la creación de empleo y al bienestar de los castellanos y leoneses.
El PP todavía tiene la fase de enmiendas para mejorar los presupuestos, sobre todo en obras tan demandadas como retrasadas como el nuevo Centro de Salud de Sahagún. Lo más curioso de la presentación de los procuradores es que también apareción por la sede el procurador Pedro Muñoz, alcalde de Toreno y que en público y privado ya apuesta por otra formación política, tanto que el PP del Bierzo ha pedido ya su expulsión del partido.

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José Ramón Bajo Fri, 17 Oct 2014 07:00:00 +0100
"Pilón" de William Faulkner http://www.gentedigital.es/blogs/javiermemba/65/blog-post/11535/pilon-de-william-faulkner/             Atesoro desde hace treinta y cinco años una colección de obras escogidas, reunidas por Editorial Marín del fondo de otros sellos a comienzos de los años 60. Entre los autores españoles destacan novelistas como el inspector de policía Tomás Salvador, quien -a decir de Francisco Candel, otro de los incluidos en aquellos textos-, no fue un hombre tan del anterior régimen como cabe suponer a la vista de su empleo. Adaptado a la gran pantalla en tres ocasiones. Dos de ellas lo fue por Francisco Rovira Beleta y una con el acierto de Los atracadores (1962), todo un clásico de ese spanish noir que tanto estimo últimamente. Sí fue del anterior régimen, a todas luces, Manuel Halcón. Consejero nacional del Movimiento antes de pasar a dirigir la revista Semana durante más de veinticinco años, su actividad periodística no le impidió escribir algunas de las novelas que le llevaron a la colección de la que hablo.

            En lo que a los autores extranjeros se refiere, no hay duda de que la selección se hizo en base a un catálogo del gran editor barcelonés Luis del Caralt, quien en 1971, al dar a la estampa La ciudad y el campo -primera novela de Kerouac- también se convirtió en el primer editor español del heraldo de la generación beat. Pero no adelantemos acontecimientos. El criterio que primó en Marín -más distribuidora que editorial-, puesta a reunir a los autores extranjeros, fue la popularidad de las adaptaciones cinematográficas de las que la obra del elegido fue objeto. Así, entre los títulos seleccionados sobresalen Rebeca (1938) de la inglesa Daphne du Maurier, Sinuhé el egipcio (1945), del finés Mika Waltari, o Sublime obsesión (1929), de estadounidense Lloyd C. Douglas. Sabido es que todas ellas han sido objeto de películas sobresalientes de Alfred Hitchcock, Michael Curtiz y Douglas Sirk respectivamente.

###LEER_MAS###

            Hace sólo treinta años, en los albores de mi cinefilia, solía preguntarme qué pintaban allí dos tomos de William Faulkner. Aunque el Nobel de 1949 fue uno de los mejores guionistas de Howard Hawks en sus años en Hollywood (1932-1945), sus novelas no inspiraron cintas de la celebridad buscada por editorial Marín en su propuesta. El prefacio de Mariano Orta al volumen primero de los dos dedicados a Faulkner, al ser un mero ejercicio de retórica no contribuyó en modo alguno a despejar mis dudas. Sí encontré, no obstante, un dato definitivo sobre la principal característica de la obra del autor de El sonido y la furia (1929): la brutalidad -entiéndase como un elogio- que entraña para cuantos conciben la literatura como un ejercicio armónico y apacible.

            Sin embargo, aquel dato no fue bastante. Me adentré en la obra del miembro más turbulento del triunvirato presidencial de la narrativa estadounidense de la primera mitad del siglo XX -el consabido Ernest Hemingway y el atormentado Francis Scott Fitzgerald le acompañan en aquel podio- a través de otras ediciones de Faulkner que atesoro, cuyas traducciones estimo mucho mejores: la de El sonido y la furia de Mariano Antolín Rato para Bruguera; la de Mientras agonizo (1930) de Agustín Caballero Robredo y Arturo del Hoyo para Seix Barral; la de Santuario (1931) de Lino Novás Calvo para Espasa Calpe -por otro lado un ejemplo meridiano de traducción a la antigua usanza-; y la de Luz de agosto (1932) de Enrique Sordo para Argos Vergara. Ésta última, es mi favorita de las novelas de Faulkner que he tenido oportunidad de leer hasta la fecha.

            Así las cosas, aquellos dos tomos de Marín se me antojaron desubicados por estar en una colección que, pese a integrar ya de antiguo mi tesoro, sólo he llegado a apreciar con el paso del tiempo. Fue en épocas aún recientes cuando, luego de ver la adaptación de Pilón (1935) realizada en 1957 por Douglas Sirk bajo el título de Ángeles sin brillo, me decidí a leer el original, primera pieza del segundo tomo de esas obras escogidas del autor a las que aludo, de la que acabo de dar cuenta hace unas horas.

            Ya en el prefacio del primer volumen, Orta advierte sobre la dificultad de atrapar la música del lenguaje de Faulkner de algunos traductores y Julio Fernández-Yánez, que para empezar deja el título original del texto -Pylon- viene a dar cuenta de ello. Me ha hecho gracia que la falsa piel de la encuadernación se me haya abierto por el lomo a medida que manoseaba el libro, al igual que me ha sucedido con La historia de la música en el cine y otros textos, a cual más preciado, de hace más de treinta años. Pero leer "dijo el otro", cuando el personaje -el mecánico Jiggs, pongo por caso- tiene un nombre y acaba de formular una pregunta, o responder a ella -con lo que debería rezar "preguntó", "respondió" o cualquier otro verbo sinónimo-, me ha parecido de una pobreza lexicográfica alarmante. Sin embargo, no es mi costumbre denostar el trabajo literario de nadie y no seguiré por ese camino.

            Pilón suele considerarse como una obra menor de Faulkner y aunque cronológicamente hay que situarla entre Luz de agosto y ¡Absalón, Absalón! (1936), dos de sus piezas de arte mayor, no hay duda de que el novelista no alcanza en sus páginas la plenitud de su genio. Aquí no hay asuntos de la turbulencia de la castración del Benjy de El sonido y la furia, la desfloración de Temple Drake por parte de Popeye con una mazorca de Santuario o la peripecia la familia Bundren puesta a trasladar en un carro de mulas el cadáver de la madre (Addie) a Jefferson de Mientras agonizo... Dicho de otra manera, aquí no parece haber nada de esa reproducción brutal de la realidad de las novelas de Faulkner.

            Ambientada en Nueva Valois, trasunto de Nueva Orleans, que no en Yoknapatawpha, el territorio imaginario del escritor -que, además de marco de sus grandes ficciones, es la representación mítica del condado de Lafayette (Misisipi) que le viera crecer-, el título hace alusión a los pilones en torno a los cuales giraban los primeros aviones en sus carreras de exhibición. Sus protagonistas son el piloto (Roger Shumann) y lo que bien podríamos llamar la tripulación de uno de aquellos rudimentarios aparatos. A saber: Jack, el paracaidista; Laverne, la esposa de Roger; el ya citado Jiggs, el mecánico, y el pequeño Jack Shumann, el hijo de Laverne y Roger.

            Tan desarraigados todos ellos como esos vaqueros trotamundos, que el cine ha retratado tantas veces rompiéndose la cabeza de rodeo en rodeo, el único drama digno de la brutalidad de Faulkner que presentan es el trío -aborrezco la expresión ménage à trois- existente entre el matrimonio y el paracaidista. Para fascinación del periodista, cuyo nombre nunca se nos llega a revelar, entre los dos hombres han llegado a un acuerdo para no molestarse cuando el otro comparte la cama de turno -duermen donde les cuadra, naturalmente-, con Laverne. No es vano que su hijo se llame Jack, como su amante, y lleve el apellido de su marido. En realidad, no sabe quién es el verdadero padre del niño.

            Según la fecha de una crónica del reportero (pág. 149) estamos en el 16 de febrero de 1935. Unos párrafos antes se nos ha contado en una analepsis ese fragmento de Laverne (Dorothy Malone en la cinta de Sirk) tirándose en paracaídas, con sus maravillosas piernas descendiendo del cielo como un regalo de los dioses para solaz de los simples mortales, que abre el filme. Aquí el episodio acaba con la cuadrilla detenida por escándalo público. Será el propio sheriff quien les facilite la huida cuando las masas, siempre prestas a los linchamientos en el universo de Faulkner, van a buscarles al calabozo.

            La novela empieza con Jiggs reservando unas botas que no tendrá dinero para comprar hasta después del espectáculo. Pero la fascinación del periodista es la misma en los dos formatos. A buen seguro que el magnetismo que ejercen sobre él los acróbatas era compartido por un importante sector de la población. Al hilo de esta lectura he recordado una vieja película de George Roy Hill -El carnaval de las águilas (1975)- vista sólo una vez y hace de ello hace treinta y nueve años. Acaso fuera a través de sus secuencias mi primer acercamiento a esa aviación de exhibición que tanto gustaba entreguerras, empezando por el propio Faulkner, piloto voluntario en la aviación canadiense a finales de la del 14.

            Lo cierto es que el estilo de vida de Shumann y su gente impresiona tanto al periodista que, además de dejarles pasar la noche en su casa, les consiente que le quiten el dinero mientras duerme y otros abusos. Aunque en un primer momento no acaba de convencer a su editor -siempre me sorprende que se llame así a quienes en la prensa española serían directores o redactores jefe- sobre el interés del reportaje que está escribiendo sobre los aviadores, lo cierto es que esa fascinación -que en realidad lo es por el desarraigo, por la vida a salto de mata- es el principal argumento de esta obra, una de esas novelas en las que, aparentemente, no pasa nada.

            Siempre necesitados de dinero, Roger se arriesga más que los otros pilotos por muy insignificante que sea la bolsa a ganar en el espectáculo. El mismo afán les lleva a inscribirse en una carrera cuyo premio puede sacarles del apuro. Pero su avión es demasiado lento. Así pues, ante la oportunidad de hacerse con un aparato más rápido, aunque también de manejo más peligroso, no lo dudan.

            Como tantos grandes asuntos en las novelas de Faulkner, se nos cuenta mediante una elipsis que el aparato de Roger cayó a un lago con él a bordo. Aunque no llegan a encontrar su cadáver, sus compañeros lo dejan todo dispuesto para el entierro por si llegan a dar con sus restos en el fondo. A tal fin Jack confía al periodista el dinero que tienen además del que Laverne -que naturalmente siempre he imaginado como Dorothy Malone- le cogió.

            Un último capítulo -que lógicamente, habida cuenta del puritanismo del cine estadounidense de la época, se omite en la película- nos muestra a Laverne entregando a su hijo a los padres de Roger. Ellos le anuncian que no podrá volver a ver al pequeño Jack y ella acepta argumentando que espera otro hijo que no es de Roger. Cuando su suegro le pregunta si Jack verdaderamente es su nieto, ella le responde afirmativamente.

            Ya solo con sus abuelos, el niño destroza un avión de juguete que le ha dejado Laverne, a la que nunca llama "madre". El periodista, quien se lo ha comprado, ha puesto en allí ciento setenta y cinco dólares que encuentra el abuelo del niño. El anciano y su mujer discuten sobre el origen del dinero, que calculan ganado por Roger o Laverne, pero con malas artes. De ahí que estuviese oculto, según el razonamiento de los ancianos.

            A modo de coda, Faulkner nos presenta a otro periodista -un becario diríamos ahora, aunque el traductor le llama "empleado"- que descubre el comienzo del reportaje de nuestro reportero tirado en la papelera. Se trata de un texto lacónico, empero conmovedor, que lee -leemos- con entusiasmo antes de pedir a Hagood, el editor, que le deje terminarlo. A mi juicio, es en este final de Pilón donde se percibe mayormente el genio de Faulkner.

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Javier Memba Tue, 14 Oct 2014 14:00:00 +0100