Mejor educados (II)

Student Writing 2002

Ya hemos visto las ideas que nos daba Gregorio Luri para educar en casa. Ahora escuchamos lo que nos dice sobre la escuela.

  • Hijos y alumnos han de beneficiarse de una conversación intelectualmente rica con sus padres y profesores, pues para entender el mundo las palabras son tan importantes como los ojos.
  • ¿Por qué los poderes públicos ponen más empeño en controlar la higiene de los restaurantes que la calidad de las escuelas? ¿Acaso una mala escuela no es más tóxica que un producto caducado.
  • Un informe sobre cómo leen los usuarios en internet comenzaba así: “No leen”. Leer es una actividad compleja y lenta, que tiene poco que ver con Internet. El universitario medio español lee y calcula peor que el bachiller medio holandés.
  • Un padre puede enseñar a su hijo a prescindir de él, y un profesor debe enseñar lo contrario.
  • Nos hemos impuesto un undécimo mandamiento: “No lastimarás la autoestima del niño”. Pero la obligación de un maestro no es hacer felices a sus alumnos. La idea de una infancia feliz es una peligrosa fantasía literaria que a menudo contamina de infantilismo la vida de los adultos. No hay ninguna razón para creer que la infancia sea más feliz que cualquier otra etapa de la vida. Y ciertamente no es la etapa más noble. En el mundo hay dos tipos de personas: las que quieren ser felices y las que saben lo que quieren. Solo uno de esos grupos lee libros de autoayuda.
  • No hay tontería, por muy grande que sea, que no haya sido dicha por la psicología positiva y el cuento de lo alternativo y lo oriental. La psicología positiva nos viene a decir que si creemos con suficiente fuerza en algo, la realidad vendrá a comer a nuestra mano satisfaciendo mansamente nuestros deseos, porque la actitud positiva puede modificar la realidad, previniendo, incluso, el riesgo de cáncer. ¿Cómo demonios hemos permitido que se llame “pensamiento positivo” a una palabrería barata solo apta para deficientes emocionales?
  • Si un españolito llega a casa con un siete en un examen, probablemente será felicitado. Unos padres chinos o japoneses pondrán el grito en el cielo y harán cientos de ejercicios con su hijo para superar ese vergonzoso siete. A la práctica intensiva de una actividad la podemos llamar inteligencia persistente. Excelencia es la competencia para realizar la función propia de la manera más alta. Si la valoramos en un cocinero, un médico o un futbolista, ¡cómo no la vamos a valorar en la escuela! Pero hemos conseguido tener un sistema escolar que genera mucho más fracaso que excelencia.

 

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Conferencias 2016

Foto Raíces C

 

 

 

 

 

 

 

  • Tres raíces de Europa
  • Cervantes y el Quijote
  • El hombre que fue Chesterton
  • Sophie Scholl contra Hilter
  • 10 claves de la educación
  • Leer para pensar
  • Tres mujeres en guerra
  • Los afectos, la amistad y el amor
  • Quién es el hombre
  • Educación y conciencia moral
  • Relativismo y verdad
  • Comprender la evolución
  • Ciencia y fe
  • El sentido del dolor
  • El nacimiento de las virtudes
  • Librofórum

 

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2 minutos y 14 segundos

Se le declaró la guerra nada más nacer. Y tuvo que huir a Egipto. Un nuevo país, una nueva cultura, una lengua desconocida. La historia se repite, ¿verdad? Si tienes 2 minutos y 14 segundos, te sorprenderá lo que vas a ver, pero tienes que llegar al último segundo.

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Mejor educados (I)

Mejor_educados

Mejor educados es uno de esos libros cuya lectura necesita mucho lápiz. Apenas hay página donde no tengas que subrayar una idea, un dato, un consejo atinado, una expresión feliz. Y es que el autor te va interesando y convenciendo párrafo a párrafo a base de sentido común, conocimiento de causa y buen humor.

La educación española no está precisamente en sus mejores momentos, pero Gregorio Luri, desde su amplia experiencia como padre y profesor, sabe que un pesimista podrá ser un buen domador, pero no un buen maestro. Por eso sus planteamientos son siempre positivos. Desde el realismo, lejos de cierta ingenuidad buenista, pone el dedo en la llaga, pero ofrece soluciones que permiten educar con esperanza.

 

En esta primera entrega resumo con concisión telegráfica ideas para educar en casa. Ahí van:

Tres condiciones para triunfar como padres: amor, tranquilidad y sensatez. Los Simpson pueden tener muchos defectos, pero se saben muy afortunados por ser una familia. ¿Que la familia es represiva? ¡Para eso está! Precisamente porque tiene cosas muy valiosas que preservar. Aunque hay que reconocer que, en algunos padres, la actitud de prevenir cualquier peligro se parece mucho a la paranoia.

En las familias se ha producido una monumental transformación: la madre ha salido de casa, pero el padre aún no ha entrado. Pocas reglas y muy claras, para no tener que estar continuamente discutiéndolas. Pero poner normas claras exige tener convicciones claras. No te extrañes si tus hijos salen un poco a su aire, porque también son hijos de su tiempo y de su libertad. A unos padres pacifistas, alternativos y ecologistas les puede salir un hijo legionario.

Nuestras obras son nuestro mejor autorretrato. Es muy fácil defender las razones de nuestro hijo frente a su maestro, pero no es muy inteligente. En cuestiones educativas, los aficionados suelen ser los padres. Leer con los hijos y comentar lo leído lleva consigo un sorprendente crecimiento intelectual, equivalente a ir un curso por delante del que corresponde. Hay dos lecciones de economía fundamental que todo niño debería aprender en casa con el ejemplo de sus padres: están resumidas en el cuento de la lechera y en la fábula de la cigarra y la hormiga.

Los niños no necesitan que sus padres sean sus iguales, sino sus padres. El infierno se parecerá mucho, sin duda, a una familia con varios hijos adolescentes. Precisamente cuando los hijos se ponen hiperbólicos, los padres necesitan más tranquilidad. Una familia no es un grupo de personas reunidas en torno a un televisor. Si ustedes quieren ser unos padres progres, no olviden el último consejo de Che Guevara a sus hijos: “Estudien mucho”.

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Política educativa

GRA399. BARCELONA, 16/9/2014.- El presidente de Ciutadans, Albert Rivera, durante su intervención en la sesión vespertina de la segunda jornada del debate de Política General de Cataluña, hoy en el Parlament. EFE/Toni Albir

Los centros escolares estatales en España, salvo excepciones, dejan mucho que desear. Todo el mundo lo sabe. También se sabe que es en los centros libres donde se encuentra la enseñanza de calidad, salvo excepciones. Pero miras los programas de los partidos políticos y en casi todos aparece el propósito de estrangular esos centros de alto rendimiento.

Una prueba más, por si alguno no se había enterado, de la incompetencia e irresponsabilidad de nuestra casta política.

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Miseria del voto útil

miseria foto

A nadie en su sano juicio se le ocurre defender la violencia de género como un derecho del maltratador, y menos del asesino. Sin embargo, muchos de los que claman contra esa violencia injustificada –entre los que se cuentan casi todos nuestros líderes políticos- defienden el derecho de la madre a liquidar al hijo que lleva en su vientre. ¿No es esto una macabra perversión de la lógica? Francisco J. Contreras, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, analiza ésa y otras incoherencias en el artículo que reproduzco:

Miseria del voto útil

Según una encuesta de 2014, un 50.2% de los españoles se oponían a la ley de aborto libre aprobada por Zapatero en 2010, prefiriendo el retorno a una ley de supuestos; entre ellos, muchos querrían la introducción de mecanismos que garanticen que la ley de supuestos no se convierta de nuevo en el coladero que fue entre 1985 y 2010. Pero ese 50% de españoles va a votar el próximo 20-D, bien al PP, que ha incumplido clamorosamente su promesa de derogar la ley abortista del PSOE, bien a Ciudadanos, que defiende abiertamente el aborto libre en las primeras 14 semanas, junto a otras lindezas como el cambio de sexo para los menores, la legalización de la marihuana y de la prostitución o la regulación de los ‘vientres de alquiler’.

Las encuestas acreditan que un 40% de españoles estiman que el sistema autonómico ha llegado demasiado lejos con sus 17 taifas despilfarradoras, y se muestran partidarios, bien de su eliminación, bien de la devolución al Estado de competencias como la educación o la sanidad. Pero volverán a votar al PP, un partido que rechaza frontalmente el cuestionamiento del modelo autonómico y que no cumplió su promesa de garantizar el derecho a la educación en castellano en Galicia, Valencia y Baleares. O a Ciudadanos, que habla de “clarificar el sistema autonómico elaborando un listado de competencias exclusivas del Estado y competencias de las CCAA”. Pero ese listado ya existe: artículos 148 y 149 de la Constitución. Ciudadanos elude un posicionamiento nítido sobre la cuestión de si debe reducirse el poder autonómico.

Cientos de miles se manifestaron en tiempos de Zapatero contra el matrimonio gay, el divorcio exprés, la sectaria Ley de Memoria Histórica, la negociación con la ETA, la Educación para la Ciudadanía, la legislación miscelánea que, so capa de “promover la igualdad”, adoctrina a niños y adultos en la ideología de género. Sin embargo, la gran mayoría de aquellos manifestantes van a volver a votar al PP, el partido que no ha derogado una sola de esas leyes de ingeniería social, y que ha asumido el acuerdo de Zapatero con la ETA, manteniendo a Bildu en las instituciones. El partido que, con mayoría absoluta, no ha aprobado una sola medida significativa de apoyo a la familia o a la natalidad. Votarán por el gobierno cuyo Ministerio de Sanidad ha publicado el documento Abrazar la diversidad, donde se nos explica que “frente a los argumentos que sostienen que lo natural es la heterosexualidad, los hechos muestran que lo natural es la diversidad sexual”, que “todos hemos sido socializados en la homofobia y la transfobia”, y se aconseja a los profesores: “invita a personas abiertamente gays, lesbianas o transexuales a tus clases o al claustro para acompañar un proyecto educativo”. Y los que estén ya hartos del PP, votarán a Ciudadanos, el partido del cambio de sexo a menores.

Finalmente, aunque España sea el país más socialista de Europa, al menos un 20% de personas estiman que la salida de nuestro estancamiento económico está en la dirección de la rebaja fiscal, el aligeramiento del peso del Estado, la reducción de trabas burocráticas a la libre empresa y la flexibilización del mercado laboral. Sin embargo, van a votar al PP, el partido que prefirió subir brutalmente los impuestos antes que reducir gasto público; el partido bajo cuya gobernación España ha retrocedido cuatro puestos en el ranking mundial Doing Business de libertad económica y facilidades para la inversión. O bien a Ciudadanos, que se proclama socialdemócrata y propone unos complementos salariales que distorsionarán el mercado de trabajo y dispararán el gasto público.

Y el caso es que existe un partido pro-vida, pro-familia y pro-natalidad; un partido que defiende sin ambages el adelgazamiento del Estado (especialmente, mediante la reducción del poder autonómico) y la liberalización económica. Es Vox. Pero los millones de españoles pro-vida, pro-familia, anti-autonomistas y/o pro-mercado no lo van a votar, según las encuestas.

La explicación no es el masoquismo masivo, sino el ‘voto útil’. Está estrechamente relacionada con la obsesión por “no tirar el voto”, que se traduce en apoyo a los partidos que parecen tener posibilidades claras de representación parlamentaria.

El voto útil es una falacia lógica. Las consideraciones de utilidad tendrían sentido en un electorado muy reducido, en el que mi voto podría decantar la mayoría en una u otra dirección. Pero mi voto es una gota de agua en el océano. Mi influencia en el resultado electoral es infinitesimal: tan próxima a cero que, con criterios puramente pragmáticos, no se justificaría ni el pequeño esfuerzo de desplazarse a las urnas.

Lo racional desde un utilitarismo descarnado sería la abstención. Por tanto, no votamos por razones de utilidad, sino por razones morales: para mostrar nuestro compromiso con ciertas ideas, para expresarnos ideológicamente. Pero, si esto es así, lo racional es votar lo más coherente con nuestras convicciones. El ‘voto útil’ es una contradicción en los términos: todo voto es inútil. La ‘utilidad’ de un voto entre 25 millones es insignificante.

Pero el voto útil es también una enfermedad moral. “No querer tirar el voto” es una excusa para la claudicación ideológica, para la dimisión en la siempre incómoda defensa de posturas contra corriente. Es patético el entusiasmo de los españoles por acudir en auxilio del vencedor; los atisbos de subida de Ciudadanos en las encuestas se convirtieron rápidamente en profecía autocumplida: todos quieren sumarse al partido que se dice que sube. Y todos evitan apoyar al partido minoritario, escarnecido por las encuestas como friki y marginal. Todo el mundo busca el calor del rebaño, el confort gregario de pertenecer a un grupo grande, de estar con la mayoría.

La enfermedad del voto útil aqueja mucho más gravemente a la derecha que a la izquierda. La voto-utilitis nunca ha determinado una concentración total del sufragio en el PSOE: durante décadas, un número suficiente de electores de izquierdas han tenido el coraje y la coherencia necesarios para mantener viva a IU (aunque era más “útil” votar al PSOE).

Recientemente, el votante de izquierdas ha demostrado el coraje electoral de apostar por un partido “inútil” como Podemos, y su audacia se ha visto recompensada por su rápida transmutación en un partido “útil”. Y es que el votante de izquierdas cree de verdad en ciertos principios (equivocados, en mi opinión). Cuando considera que el partido mainstream los traiciona, emigra a nuevas opciones.

¡Ojalá la derecha tuviera esa gallardía! Lo que delata la voto-utilitis crónica en la derecha es un compromiso muy débil con las convicciones que supuestamente profesa el votante liberal-conservador. El conservador español se avergüenza de serlo: ha interiorizado el relato de la izquierda, que le adjudica el papel de villano histórico, nostálgico de dictaduras, defensor de inconfesables privilegios de clase y de rancios dogmas religiosos.

El conservador español sospecha que posiblemente tenga razón la izquierda, y que él después de todo no sea más que un carca insolidario, enemigo de la justicia social y temeroso de la libertad. El conservador español cree que el futuro pertenece a la izquierda, y que a lo más que puede aspirar la derecha es a minimizar los daños y ralentizar el inevitable desplazamiento de la sociedad hacia “el progreso”, hacia la izquierda.

Por eso está siempre tan dispuesto a escoger el mal menor. Por eso Vox seguirá en la marginalidad. Por eso el PP vencerá en las próximas elecciones (con el apoyo descarado, por cierto, de los medios de comunicación de la Iglesia). Por eso en las próximas Cortes, por primera vez en la historia democrática, no habrá un solo parlamentario que defienda la vida del no nacido.

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Arte, libertad y religión

Diario de nav

Hay periódicos que marcan la diferencia. Me parece que Diario de Navarra es uno de ellos. El artículo que reproduzco, Arte, libertad y religión, del 28.XI.2015, es tan solo un botón de muestra de los muchos que acreditan la calidad de este medio de comunicación. Lo firma Alejandro Navas, profesor de Sociología de la Universidad de Navarra. Hace referencia a un incidente local, pero creo que la reflexión es impecable y de valor general.

 

En la sociedad de la información y de las redes sociales resulta difícil llamar la atención. El exceso de mensajes y de estímulos invita a la estridencia si uno aspira a destacar. Supongo que este es uno de los factores que explican la trayectoria del artista responsable de la exposición blasfema. Según ha declarado él mismo en alguna entrevista, su madre era una prostituta y drogadicta, quedó embarazada y lo abandonó después de nacer en una clínica de Madrid vinculada a la mendicidad y la prostitución. Adoptado a los siete años, describe su infancia como “una mezcla de maltratos, abusos sexuales y diferentes problemáticas”, que culminarían en un intento de suicidio a los dieciséis. No voy a hacer de psiquiatra, pero está claro que una biografía así explica muchas cosas. En cualquier caso, no lo juzgo como persona. Más bien me daría pena, si no fuera por su habilidad para convertir el escándalo en negocio y autopromoción.

El recurso del arte contemporáneo a la provocación y al insulto tiene más de un siglo de historia. Se entiende que los “creativos” incidan en esa dinámica si les proporciona notoriedad y dinero. “Escandalizar al burgués” se convierte así en un negocio rentable en todas las coyunturas económicas. No voy a entrar en disquisiciones estéticas, y me fijaré más bien en la sociedad que permite o incluso alienta ese tipo de manifestaciones.

Se observa en nuestro país una tendencia a adobar la fiesta y el arte con elementos anticristianos. Con aire cansino asistiremos en  la celebración de fin de año o de los próximos carnavales a la proliferación de varones disfrazados de cura o de monja. Algo similar ocurre en sanfermines. Es lógico que las pancartas de las peñas recojan aspectos de la actualidad con un tono satírico y burlón, y sería mucho pedir que el buen gusto fuera el criterio determinante, pero en una sociedad democrática debería ser posible compaginar la libertad de expresión con el respeto debido a los demás, de modo especial cuando la religión está por medio.

En una sociedad moderna y pluralista, donde cada uno puede vivir y buscar la felicidad a su manera –este era el ideal de Federico de Prusia, rey ilustrado por excelencia–, no habría mucho que objetar a manifestaciones de paganismo. Se habla mucho de nuestra sociedad “poscristiana”, pero sorprende esa fijación por lo cristiano cuando se quiere dar rienda suelta a la imaginación o a la espontaneidad. Va a resultar que ser pagano coherente es mucho más difícil de lo que parece a simple vista.  Ateísmo significa una vida sin Dios, y lo que encontramos aquí es más bien cristofobia, odio a Jesucristo y a todo lo cristiano.

Se podría analizar la raíz psicológica y antropológica de ese rechazo. Hay mucho estudiado sobre la necesidad de la fiesta para la persona y la sociedad, y se conoce la raíz religiosa de toda celebración. En el fondo, los hombres rinden así homenaje al Creador y se alegran y agradecen los dones recibidos, empezando por la propia vida (no deja de ser ridícula la pretensión, que veremos en las semanas próximas, de vivir las fiestas navideñas sin aludir al nacimiento de Cristo). Se entiende que un tipo humano como el moderno, supuestamente emancipado de la tutela religiosa, sienta la necesidad de matar al padre. “No hay Dios porque, de haberlo, yo no soportaría no serlo”, decía Nietzsche con su habitual clarividencia.  Léon Bloy expresaba lo mismo con otras palabras: “¿Por qué la Iglesia es tan odiada? Porque es la conciencia del género humano”.

Muchos de nuestros poscristianos parecen tener una verdadera obsesión con la Iglesia católica. Después de haber ido detrás de los curas con el cirio en la mano sienten ahora el irresistible impulso de hacerlo con el garrote. Dan la impresión de que no pueden vivir lejos del cura. En el fondo, siguen siendo tan clericales como antes, a pesar del cambio de bando.

Nos vendría bien un poco más del paganismo verdaderamente ilustrado, que respeta y deja vivir. La sociedad moderna, amiga del pluralismo, acepta como un avance que cada uno piense y viva como desee. Como a la vez queremos mantener la cohesión social, pues juntos somos más fuertes y prósperos, acudimos a procedimientos como fuentes de legitimación: el mercado en la economía, la democracia en política, el parlamento y los jueces en la justicia. Corresponde al gobierno la misión de velar por su correcto funcionamiento, garantía de paz y libertad. Lamento que tanto el Ayuntamiento de Pamplona como el Parlamento de Navarra  y la Presidenta del Gobierno no hayan estado a la altura en este caso. Han dejado escapar una magnífica oportunidad para mostrar que, efectivamente, gobiernan para todos.

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Qué pasa en las aulas (y II)

Inger foto

 

Había prometido terminar la reseña de Educación. Guía para perplejos, libro de Inger Enkvist, profesora sueca que demuestra sabiduría y experiencia al analizar las causas del éxito y del fracaso escolar y educativo. Esta entrada es más larga de lo habitual, pero el libro reseñado lo merece.

La educación de un joven –nos dice- es un proyecto de colaboración entre el propio joven, la familia, la escuela y la sociedad. Si hubo un tiempo donde cada uno sabía qué papel le correspondía, actualmente todo parece confuso: los profesores ya no responden a la imagen que solíamos tener de ellos, pero tampoco los alumnos ni los padres. Ni la sociedad, por supuesto. En medio de esa desorientación, padres y profesores deben utilizar todos los recursos a su alcance: su energía física, su equilibrio psíquico, su madurez, su sentido de responsabilidad y su sentido del humor.

Los padres no deben entender la familia como una democracia, y menos aún niñocéntrica. Al colocar al hijo en el centro corren el peligro de sobredimensionar su importancia y conseguir que piense que se le debe todo. La falta de agradecimiento y el mal comportamiento son su consecuencia natural. Algo peor sucede, como es lógico, cuando los padres no encarnan el modelo que deberían y son más bien antimodelos. Entonces el fracaso educativo está servido. Solo algunos jóvenes muy fuertes logran transformar esa experiencia en la decisión de “no ser como sus padres”, convirtiéndose a veces en los “padres de sus padres”.

La escuela ha sido la casa de la verdad hasta que el relativismo ha puesto por delante los valores de la convivencia, que se reducen a no herir los sentimientos del compañero o alumno, aunque se porte mal. Pero es perverso permitir la indisciplina, así como hablar de inclusión cuando se trata de alumnos que destruyen la escuela. Resulta contradictorio parlotear sobre la convivencia y no exigir las condiciones que la hacen posible. Porque el buen comportamiento de alumnos y profesores es condición necesaria del aprendizaje, y no se ha encontrado otra manera de educar. Quizá sea difícil de conseguir en algunos centros, pero conviene saber que cualquier escuela problemática deja de serlo en cuanto se propone cumplir normas básicas de puntualidad, vestimenta decorosa y obligación de hacer las tareas. Sin ese empeño, tendríamos que reconocer que somos injustos con los alumnos que quieren aprender y pierden el tiempo por el boicot de otros alumnos, en una especie de “escuela al revés” que hace exacto el célebre título la conjura de los necios.

También resula contradictorio que el Estado haya introducido la escolarización obligatoria y no el aprendizaje obligatorio. Es contradictorio insertar a un alumno por su edad y no por sus conocimientos, porque ese criterio manifiesta un desprecio por la educación en el seno del mundo educativo.

El informe McKinsey 2007 dice que el factor clave para el éxito educativo es la inteligencia y preparación del profesor, no la inversión en edificios y materiales. Para nuestra autora, el profesor no debe ser autoritario ni carismático, sino profesional, con una preparación que requiere ocio para leer y viajar, tiempo para las librerías, las bibliotecas, los museos, los conciertos, el teatro, el arte…

En el buen profesor se da un constante aprendizaje teórico y práctico, que produce pequeñas mejoras continuas, no cambios drásticos. La nueva pedagogía, por el contrario, tiende al pedagogismo: una fiebre innovadora que produce cambios incesantes e innecesarios. Así hemos llegado a un infantilismo educativo que “en vez de preparar al niño y al joven para las exigencias de la vida adulta, se le invita a estar siempre jugando, satisfecho de sí mismo”.

La innovación educativa no es siempre mejor que la tradición, pero la prensa ama la novedad. Un Ministerio de Educación que se concentra durante años en un buen proyecto, no genera noticias, mientras la crítica de cualquier político a ese proyecto puede aparecer en titulares. Así, el público oye constantemente que lo que propone el Gobierno está mal, y eso resulta deprimente y negativo.

Si la dirección de un colegio habla más de métodos que de contenidos, hay que tener cuidado. Los métodos son importantes, pero solo como apoyo casi invisible al contenido y al pensamiento. Un buen método de lectura es, sin duda, importante, pero el mejor de los métodos no enseñará a leer en menos de 200 horas, y nadie se convertirá en un buen lector si no invierte 5.000 horas.

Los jóvenes necesitan ser educados en la belleza, la verdad y la bondad, algo que todo buen maestro sabe transmitir con la materia que enseña. Frente a ese clima enriquecedor, la ideologización y politización de la escuela denota y produce subdesarrollo intelectual en un país. Es curioso que los neomarxistas, tan críticos, no se pregunten por qué nadie pide refugio político en Cuba, Venezuela, Corea del Norte o Zimbawe.

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Desconexión

Pujol 2El Parlamento catalán ha aprobado la desconexión de España, mientras pide dinero al Estado opresor; mientras los dirigentes nacionalistas y su partido son objeto de investigación penal por megacorrupción; mientras su líder carismático, Jordi Pujol, se hunde en el pozo de la infamia con toda su familia, judicialmente declarada organización criminal. Todo al mismo tiempo, en un esperpento histórico que el presidente Rajoy espera solucionar con palabras y más palabras, sin hacer nada, como de costumbre.

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¿Qué pasa en las aulas? (I)

Inger Foto libro

 

Damos por sentado que la educación es una tarea tan importante como difícil, y que escuela y familia, padres y profesores, pueden mejorar mucho. Dicho esto, debo añadir que esta guía para perplejos es una mina de información, experiencia y sentido común. Una lectura, por tanto, altamente recomendable a padres y profesores.

Inger Enkvist, catedrática de Español en Suecia, describe la politización de las reformas educativas en muchos países occidentales; analiza los errores de la llamada nueva pedagogía, nacida con la revolución de mayo del 68; destaca, entre esos errores, el haber confundido la igualdad de derechos con el derecho a no ser evaluado negativamente; explica que esa premisa equivocada lleva a sustituir el aprendizaje por la mera escolarización, suficiente para conseguir su triple ideal: autonomía, tecnología y facilidad.

El igualitarismo –nadie puede ser mejor ni peor- lleva consigo la devaluación de contenidos, la sustitución de los exámenes difíciles por los trabajos fáciles, y el paso de las calificaciones objetivas a la ambigüedad del “progresa adecuadamente”.

En la raíz de la nueva pedagogía encontramos también a Rousseau. Su romántico buenismo, al poner el énfasis educativo en los sentimientos y la motivación, ha desprestigiado la autoridad del profesor y el esfuerzo de la voluntad. Por eso, cada vez hay más “escuelas en donde no se lleva a cabo ningún tipo de educación, ni intelectual ni moral”. Al buenismo le cuesta digerir el aumento de vandalismo y de acoso escolar, pues en la escuela lúdica y divertida no debería existir la violencia. Pero los hechos demuestran lo contrario: que, si la familia y la escuela no exigen el cumplimiento de ciertas normas, ellas mismas pagan las consecuencias, y después la sociedad entera.

Frente a la facilidad como ideal, toda educación de calidad ofrece programas de estudio exigentes, para que los jóvenes sientan su tarea como un reto que puede ser gratificante. Esa calidad implica fijar umbrales para acceder a los diferentes cursos, pues de lo contrario se forman bolsas de fracaso escolar que tienden a colapsar el sistema y llevan a un fracaso vital más amplio. En la evaluación internacional PISA, los países con mejores resultados son los que centran la educación en el aprendizaje esforzado, no los que prefieren la autonomía del alumno. Es la diferencia, por ejemplo, entre Finlandia y Suecia. En Finlandia no ha entrado la nueva pedagogía, la selección del profesorado es exigente y su retribución económica es alta, igual que su reconocimiento social.

Además, la falta de estudio y de lectura produce ignorancia conformista y esquemas mentales muy limitados. Exigir esfuerzo a los alumnos es mostrarles respeto. “De ninguna manera los adultos, y menos los profesores, deben respetar la cultura de la incultura”.

Continuará, por supuesto.

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