Los Pilares de Europa

Pilares EurSubtítulo: Historia y Filosofía de Occidente

¿Hay algo que deberían conocer todos los europeos y muchos americanos? Sin duda, su identidad cultural: la génesis de una civilización que nace con Homero y se configura con las riquísimas aportaciones de Grecia, Roma y el Cristianismo, para cruzar después el Atlántico.

Si somos griegos, romanos y cristianos por herencia, después de leer este pequeño libro también lo seremos por fascinación. Sus páginas sintetizan dos milenios de historia y filosofía de Occidente, forman parte de un curso universitario de Antropología y aspiran a ser disfrutadas por buenos lectores de Bachillerato.

Los Pilares de Europa, Eunsa, 150 págs., 9 €

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Comprender la Evolución

Evolución

 

El origen de la vida, con su diversificación en millones de especies hasta hasta el inverosímil Homo sapiens, plantea preguntas fundamentales a la biología y la filosofía.

En este pequeño libro, científicos y filósofos ponen sus cartas boca arriba y nos muestran lo que ignoramos, lo que suponemos, y lo que realmente sabemos sobre estas cuestiones de permanente actualidad.

JR. Ayllón, Ed. EUNSA, 120 págs., 9 €

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“Estaciones”, Rigoni Stern

EstacionesEl muchacho regresó de la Segunda Guerra Mundial muy delgado y enfermo, también del alma. Un día, tumbado en la hierba con los ojos cerrados, notó que la chica que le acompañaba se sentaba a su lado y buscaba su mano. Entonces sintió que se disipaba el frío de su corazón, la tristeza que le atenazaba desde hacía tres años.

Mario Rigoni Stern, italiano como Vivaldi, ha puesto su magnífica prosa al servicio de las cuatro estaciones. El resultado es un libro trenzado con los recuerdos de la niñez, juventud, madurez y vejez de un hombre que siempre vivió en un pueblo de los Alpes italianos, donde la primavera, el verano, el otoño y el invierno hacían imposible la monotonía.

Los recuerdos de esta pequeña obra maestra -como el resumido en el primer párrafo- forman un mosaico lleno de vida donde no faltan los trabajos y oficios habituales, las fiestas y las aulas, la caza y la siega, la mujer y los hijos, los vecinos, los amigos, los juegos, las nevadas…

Mario Rigoni, uno de los grandes novelistas italianos del siglo XX, pasea su mirada sobre un mundo profundamente humano y hermoso. Una mirada generosa y agradecida, llena de respeto y amor por las cosas, las gentes y la naturaleza.

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¿Quiénes somos?

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Vivir en Burgos tiene su prestigio. Por Atapuerca, Gamonal y todo eso. Incluso te llaman de Barcelona para que vayas a explicar quién es el hombre.

Aceptas la invitación y el reto de aclarar en una hora por qué nuestra época es como es. Abordas en la primera parte nuestro genoma cultural: el descubrimiento griego de las virtudes, de la ley natural, de la conciencia moral, reforzado y enriquecido por la asombrosa revolución cristiana. En la segunda llega lo más interesante, las claves para entender nuestra peculiar situación posmoderna: Comte, Marx, Nietzsche, Freud, el darwinismo, la ideología de género, el relativismo…

Superada la prueba, antropología de la cerveza con Diego y Yeonk en San Cugat.

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Rocío en Roma

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Escribe Rocío:

El UNIV, más que un congreso universitario internacional, han sido unos movidísimos días en Roma, donde hemos visto, pensado, aprendido y hablado mucho más de lo que podíamos imaginar. Y es que Roma, más allá del turismo y de sus adoquines reñidos con los tacones, más allá de los infinitos sabores de sus “gelatti”, representa y contiene el principal motivo de nuestra estancia: las raíces cristianas y el Papa.

Entre mis muchas sorpresas, el contraste entre riqueza y pobreza. Me dice una amiga que debe ser por las pocas ciudades que he visitado en mi vida, pero eso no quita el gran contraste entre los miles de turistas con el estómago lleno de pizza y spaghetti, y otros miles de errantes que tratan de llenar su tripa con la limosna de los primeros, que solo bajarán la vista para verlos si el sol les molesta demasiado y si, por supuesto, no tienen un móvil entre las manos.

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“Hice lo que tenía que hacer”

Cross

 

El pasado 2 de diciembre, en el Cross de Burlada (Navarra), el corredor que iba destacado en cabeza se equivocó pensando que había cruzado la línea de meta, dejó de correr y se puso a saludar al público. Era el medallista olímpico Abel Mutai, bronce en 3.000 obstáculos en Londres. Iván Fernández, campeón de Euskadi en las últimas cuatro ediciones, venía segundo y se dio cuenta, se paró detrás del keniano y le condujo hasta la meta, como se aprecia en el vídeo. Después declaró: “No merecía ganar. No le hubiera alcanzado si no se equivoca. Hice lo que tenía que hacer”.

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Conchita en Eurovisión

Conchita Resumo un artículo de Benigno Blanco en paginasDigital.es, titulado ¿El hombre es dios y Eurovisión su profeta?

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Este año el festival de Eurovisión nos ha acercado un poco más al mundo de la novela 1984 de Orwell: el gran hermano televisivo construye una realidad puramente ficticia para vendernos una verdad sobre lo humano ajena a la realidad de las cosas, pero que interesa al poder establecido. La diferencia con el mundo totalitario imaginado por Orwell es que lo que en éste era sórdido y gris, en el gran hermano eurovisivo es glamuroso y estéticamente brillante. La gran semejanza es que en ambos casos la finalidad es destruir a la persona para garantizar el poder de las élites del momento.

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Eurovisión nos ha presentado a un personaje ficticio (Conchita es en realidad un señor llamado Tom Neuwirrth) e imposible (el andrógino, la mujer barbuda), como símbolo de la capacidad del ser humano de crearse a sí mismo, definiendo su sexualidad al margen de la naturaleza dada como hombre o mujer. Si la ideología de género es la rebelión del hombre contra su condición de criatura, Eurovisión ha sido su profeta por unas horas.
Una causa terrible aunque imposible: borrar la huella de la creación en el hombre, deshumanizar al ser humano convirtiéndolo en un dios que se autocrea a sí mismo sin presupuesto natural previo alguno, como el ave fénix que se construye a sí misma desde una ceniza informe previa. Tengo para mí que detrás de todo esto hay muchas causas. Pero más allá está la ideología de género en sus versiones más extremas, un motor cada vez más patente y determinante, que sobrevuela y a la vez subyace a todas las otras.

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Se trata del intento de algunos de crear una sociedad postreligiosa y específicamente postcristiana pues piensan que la religión –y en especial la verdadera– es algo a superar si queremos construir (como ellos quieren) un mundo sin Dios, mundo que imaginan sin guerra ni violencia, al haber desaparecido la gran causa de división que es –según ellos– la pretensión de verdad de la religión (verdadera). Pero acabar con la Iglesia por la vía tradicional de la violencia (matar curas y obispos, quemar iglesias, prohibir las actividad religiosa, etc) no funciona. Ni Hitler, ni Lenin, ni Stalin, ni Nerón, ni Mao, ni… lo consiguieron. Hay que buscar un nuevo método: eliminar la base, los cristianos. ¿Cómo? Deshumanizando al hombre. Sin hombres no habrá cristianos. ¿Y cómo deshumanizar al hombre? Destruyendo la imagen de Dios en el hombre: la sexualidad.

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Tienen razón: si no respetamos nuestra sexualidad, nuestra feminidad o masculinidad, renunciamos a lo que nos define como humanos pues no hay otra forma de ser humano que ser hombre o mujer. Para ser ave fénix hay que renunciar a ser hombre o mujer. Por eso, el género como ideología, el juego mefistofélico queer, es un intento de crear una sociedad posthumana y, por ende, postcristiana, un mundo sin Dios… y sin seres humanos, que serán sustituidos por alfas y betas adictos al soma (al sexo) como juego. Así pasamos de la distopía de Orwell a la de Husley, pero no importa pues ambas tienen en común lo mismo: el monopolio del poder por una élite que dirige y controla un rebaño de posthumanos con figura humana.

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Quien lea esto que no se asuste. Lo que he descrito es imposible, no sucederá. Pero si no lo atajamos a tiempo, su coste en vidas humanas (ahí está el aborto como testigo) y en felicidad personal puede ser tan terrible como el de los totalitarismos ideológicos del siglo XX. El paraíso del género no existirá nunca porque es imposible, como lo era el reich del milenio o el paraíso comunista. Para comprobarlo, ¿vamos a pagar el mismo alto coste humano que pagamos para desengañarnos de los mitos nazis o marxistas? Espero que no, que aprendamos a tiempo.

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El ficticio ave fénix de Eurovisión 2014 quizá no sepa nada de esto; probablemente él esté a lo suyo, sin más (no soy quién para juzgarle), pero en el juego global de la estrategia de género este espectáculo que las televisiones europeas acaban de dar es una pieza más del puzzle ideológico de nuestra época ante el que no podemos ni chuparnos el dedo ni mostrar indiferencia si queremos ser actores responsables de nuestra época.

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Le Goff

Le GoffHa muerto Jacques Le Goff, el gran medievalista francés. Luisa Corradini, en una entrevista para La Nación, nos cuenta que “recurrió a todas las disciplinas para estudiar la vida cotidiana, las mentalidades y los sueños de la Edad Media: antropología, etnología, arqueología, psicología. Sus obras mezclan conocimiento y perspectivas. Con ellas es posible introducirse en un medioevo fascinante, donde se estudiaba y se enseñaba a Aristóteles, Averroes y Avicena, las ciudades comenzaban a forjarse una idea de la belleza y los burgueses financiaban catedrales que inspirarían a Gropius, Gaudí y Niemeyer. En esa Edad Media masculina, la mujer era respetada, las prostitutas, bien tratadas y hasta desposadas, y solía suceder que las jovencitas aprendieran a leer y a escribir”.

Después, Corradini le pregunta por el supuesto oscurantismo de la Edad Media. Le Goff responde:

-Aquellos que hablan de oscurantismo no han comprendido nada. Esa es una idea falsa, legado del Siglo de las Luces y de los románticos. La era moderna nació en el medioevo. El combate por la laicidad del siglo XIX contribuyó a legitimar la idea de que la Edad Media, profundamente religiosa, era oscurantista. La verdad es que la Edad Media fue una época de fe, apasionada por la búsqueda de la razón. A ella le debemos el Estado, la nación, la ciudad, la universidad, los derechos del individuo, la emancipación de la mujer, la conciencia, la organización de la guerra, el molino, la máquina, la brújula, la hora, el libro, el purgatorio, la confesión, el tenedor, las sábanas y hasta la Revolución Francesa.

 

 

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Joseph Pearce por sí mismo

Pearce fotoUn joven inglés está siendo juzgado. Se llama Joseph Pearce. Es líder de un grupo nacionalista radical y director de una revista que incita al odio racial. Alega que su racismo no es odio a los inmigrantes de color, sino amor a Inglaterra. Pero en esa precisión ve el juez un claro paralelismo con Bruto y Casio, que quisieron justificar su magnicidio por amor a Roma. Y envía al acusado a la cárcel, a una celda de aislamiento en el ala de máxima seguridad. El joven no puede hablar con nadie, pero en los autores de los libros que devora encuentra animada conversación y grata compañía. Se trata de Lewis, Tolkien, Belloc, y de un gigante llamado Chesterton.

Al salir de la cárcel comienza a llevar una doble vida. “Durante el día escribía propaganda llena de odio, y por las noches leía las páginas llenas de amor de Chesterton y Lewis”. Intentaba encajar la cuadratura de sus lecturas cristianas en el círculo de su ideología racista, pero era imposible. Por fin, abandona los senderos del nacionalismo radical y pide el bautismo en la Iglesia Católica. Entonces concibe el proyecto de escribir una ambiciosa biografía del escritor que ha dado la vuelta a su vida, con el deseo de difundir a los cuatro vientos su portentosa figura. Trabaja en ese libro de 1991 a 1995, después de su jornada laboral, entre las seis y media de la tarde y la media noche. “Tenía la sincera esperanza de que aquel libro repararía en cierta medida el daño que mi vida pasada había causado”. Y así fue. El resultado provocó en miles de lectores de todo el mundo la fascinación por Chesterton, y al mismo tiempo nuestra deuda impagable con Joseph Pearce.

Después vinieron las biografías de Tolkien, Óscar Wilde y Solzhenitsin. Y de nuevo un proyecto audaz, que se plasma en Escritores conversos, otro libro de lectura amenísima, trenzado con los itinerarios vitales de los mejores escritores ingleses de la primera mitad del siglo XX: Newman, Eliot, Hopkins, Knox, Baring, Evelyn Waugh, Lewis, Graham Greene… Todo esto lo cuenta Pearce al final de Mi carrera con el diablo, su recién publicada autobiografía. Antes, a lo largo de doscientas páginas intensas, con un envidiable nervio narrativo, nos relata sus años de activista violento. Dudo que algún lector no llegue al final del libro después de empezarlo, y a ello contribuirá, sin duda, la admirable traducción de José Gabriel Rodríguez Pazos.

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Las causas del aborto

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Alejandro Navas, El aborto, a debate, EUNSA, 2014, 150 págs., 10 €

Este pequeño libro es una inesperada lección de historia contemporánea, donde se hace patente la grandeza y la miseria de la democracia y sus partidos, de los resortes del poder y de la libertad informativa. El sociólogo y profesor Alejandro Navas tiene a su favor, además de múltiples saberes, la serenidad y el nervio narrativo del buen periodismo. Reconozco que lo he leído con interés creciente de la primera a la última página, sorprendido –a través del hilo conductor del aborto- por el certero informe sobre España y Europa en las últimas décadas. Análisis elaborado a base de referencias históricas, jurídicas, filosóficas, económicas y políticas, con multitud de datos relevantes y observaciones inteligentes.

En el pasado hemos discriminado a la mujer y traficado con esclavos. En el siglo XX hemos inventado la cámara de gas, arrojado bombas atómicas y provocado mil millones de abortos, mientras se nos llena la boca con apelaciones a la solidaridad y a los derechos humanos. Para el autor, el aborto no es una lacra aislada, sino la cara más inhumana de la crisis que padece la civilización occidental desde el inicio de la última centuria, junto a desmesuras como la revolución bolchevique, el nazismo y las guerras mundiales. Europa es un infierno iluminado por la condescendencia del sol, dijo Papini por entonces.

¿Cómo hemos podido eliminar a esos mil millones de inocentes? En las páginas 139 a 143 encontramos la enumeración de una decena de causas. La principal me parece la evolución –quizá revolución- que han experimentado los conceptos y las vivencias de la sexualidad y del amor (pág. 102). “Si el horizonte vital de tantas personas del primer mundo no va más allá del disfrute inmediato, y el sexo ocupa un lugar central en el supermercado del placer, la proliferación del aborto será una consecuencia necesaria”. Los griegos ya sabían que la primera víctima del hedonismo es la cabeza, y ahora lo comprobamos al oír al presidente de Extremadura afirmar que nadie puede obligar a ser madre a una mujer embarazada. El derecho a eliminar la vida no nacida ni siquiera se argumenta, se postula sin más, con una mezcla de crueldad e infantilismo que retrata muy bien a nuestra cultura.

Quizá sin proponérselo, el profesor Navas también nos brinda en este libro un fino argumentario sólido en los datos, impecable en la lógica, brillante en muchas páginas. ¿Un ejemplo? A quien sostiene que se puede matar a la propia madre no hay que darle argumentos, dijo Aristóteles, sino azotes. ¿Qué diría usted a quien invoca el derecho a matar a su hijo, y además con cargo a los presupuestos del Estado?

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