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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

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El trabajo en Bal Mandir se está desarrollando según lo previsto. Cada vez estamos más convencidos de la eficacia del baile. Ninguna otra actividad creativa nos ha dado tan buen resultado con los niños como ésta. Recuerdo que los cuatro primeros años de trabajo en este orfanato, cuando nuestra tarea principal era la pintura mural, había siempre varias niñas y niños que se desentendían de ello, y preferían no participar, tal vez por temor a ensuciarse la ropa, o simplemente porque ese tipo de actividad colectiva no les satisfacía. Por otro lado, recuerdo que los más pequeños a menudo se sentían frustrados, especialmente cuando la pintura mural se acercaba a su conclusión, porque no les permitíamos pintar tanto como a ellos les gustaría.

Con el baile es distinto. Algunas de las niñas y niños que rehuían la actividad pictórica, se suman ahora con entusiasmo a las danzas. Ranju, Sanju, Kabita y Sujata son sordas, pese a lo cual, acuden diariamente a bailar, y no lo hacen nada mal, si tenemos en cuenta la dificultad que supone seguir el ritmo del grupo sin oír la música. Dos voluntarias de nuestro equipo, Mariana y Ana, conocen el lenguaje de signos, lo que está facilitando mucho la comunicación con estas chicas, pese a que, según me dicen, hay muchas diferencias entre el lenguaje de signos que se usa en los distintos países, lo cual no impide que se comuniquen.

Hoy ha sido el primer día sin lluvia, y lo hemos celebrado, porque la verdad es que empezábamos a estar cansados de estos aguaceros torrenciales impropios de esta época del año, que nos han hecho resfriarnos un poco a todos. Yo ya estoy prácticamente recuperado, aunque todavía no he alcanzado el nivel de resistencia física con el que llegué a Kathmandu. También los demás van superando los resfriados. Además, la moral del grupo está alta porque estamos viendo cómo participan y disfrutan los menores con todas las actividades que les proponemos, no sólo con el baile.

Esta semana han empezado las vacaciones del Dashain en las oficinas de Bal Mandir y en la habitación de Dididai. Durante esta semana Roji, Lata, Nimi, Upasana, Usha, Aacriti y Trilochana no recibirán las estimulantes lecciones de Pradip, por eso, especialmente durante estos días, estamos intentando trasladarlas hasta nuestro lugar de trabajo, habitualmente la habitación de baile, para que puedan disfrutar del ambiente festivo que acompaña a estas sesiones.

Nimi lleva varios días con fiebre sin poder salir de su habitación, pero las demás se muestran felices cada vez que las sacamos de su cuarto, para compartir con los otros niños y niñas de Bal Mandir la alegría del baile, aunque ellas no puedan bailar.

Lata da palmadas con mucha fuerza, al tiempo que sonríe, mientras escucha la música y ve bailar a los demás. La semana pasada, después de realizar la presentación del teatro de sombras, hicimos una proyección de unas cien fotografías del año anterior acompañadas con música. Lata empezó a aplaudir siguiendo el ritmo de la música, algo que inmediatamente se contagió al resto, y vimos las diapositivas acompañadas no sólo de la música sino también de rítmicas palmadas, risas y continuas exclamaciones.

Afortunadamente la situación de Lata, también la de Roji, Nimi, Upasana y Usha, todas ellas con parálisis cerebral, ha mejorado considerablemente desde que hace algo más de un año Dididai acondicionara una habitación, e iniciara un programa educativo y rehabilitador adecuado para estas menores. Aacriti y Trilochana, ambas ciegas, también están recibiendo educación. Tal vez ahora los menores más desfavorecidos y marginados del orfanato son Madhusadham y Ram. Su autismo, acompañado de un retraso mental considerable, les hace aislarse del resto. A pesar de que comparten habitaciones, comedor y todos los espacios del orfanato con los demás internos, Ram y Madhusadham apenas se relacionan con ellos.

Afortunadamente, gracias al esfuerzo de Dididai, también Ram y Madhusadham están recibiendo educación en una escuela especial fuera de Bal Mandir, pero el tiempo que están en el orfanato, resulta penoso comprobar el grado de aislamiento e incomunicación que sufren. No sé si se puede hacer algo más de lo que ya se está haciendo por ellos, pero lo cierto es que nos apena verles vagar por el orfanato, sin compartir juegos ni conversación con nadie, buscando intencionadamente lugares retirados para que nadie les moleste, Madhusadham hurgando en la basura o jugando con el agua, y Ram peleándose con otros niños que pretenden compartir la pelota o cualquier objeto que lleve en las manos.

 

Kathmandu, octubre de 2011

José Luis Gutiérrez

 

Publicado el 24 de octubre de 2011 a las 12:45.

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Sarujan

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Cuando decidimos que el teatro de sombras sería la actividad principal de este año en Bal Mandir, fuimos conscientes de que ello implicaría inventar una historia para representarla con los niños y niñas del orfanato nuestro último día de estancia en Kathmandu.

También tuvimos en cuenta que el baile debería ocupar buena parte de nuestro tiempo de trabajo con ellos, porque es la actividad colectiva que más les motiva, por lo que habría que incluirlo en la propia función teatral. Ya hemos empezado a ensayar con ellos las diferentes danzas que aparecerán en la representación. Asimismo, hemos empezado a elaborar algunos de los elementos que utilizaremos en el teatro de sombras, y hemos tenido ya una sesión de maquillaje creativo con ellos.

A continuación anotó la historia que ha creado Mariana para la actuación final:

 

Érase una vez un monito llamado Sarujan que vivía en los bosques de los alrededores de Kathmandu. El monito tenía ese nombre tan especial porque a sus padres les encantaban las películas de Sarujan y Kajol, y cuando nació el monito, le vieron tan guapo que decidieron ponerle el nombre del protagonista que tanto admiraban. Sarujan vivía feliz entre los árboles. Corría, saltaba, bebía agua de los manantiales y jugaba con los otros monitos.

Una tarde de tormenta, Sarujan se entretuvo más tiempo de lo normal en el bosque. De pronto, unos cazadores aparecieron, tiraron sus redes sobre él y lo atraparon. El monito luchó y mordió las redes, pero no pudo escapar. Los cazadores metieron al monito en un gran camión, con otros animales, y los llevaron al zoológico de Kathmandu.

El tiempo pasó y el monito creció y creció. Vivió con sus amigos los animales del zoo un Dashain, y otro, y otro... Aunque echaba de menos a su familia, se sentía cada año más feliz con ellos. A pesar de estar entre rejas, compartían entre todos muchas alegrías. A los elefantes, les encantaba bailar el charlestón, y todas las mañanas, cuando se despertaban, limpiaban sus trompas, y para despejarse, bailaban charlestón. El monito les miraba muy contento. Los cocodrilos, que querían mucho a Sarujan, cuando veían que estaba triste, hacían para él su danza favorita: el baile del Coyote.

Una mañana, los vigilantes metieron una preciosa monita en la jaula de Sarujan. Estaba muy asustada, pero a pesar de ello, Sarujan inmediatamente se dio cuenta de que era una monita muy mona, con unos bellos ojos, y una colita larga y de color azul brillante. Sarujan se enamoró de ella desde el primer instante.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó Sarujan.

-Me llamo Kajol -dijo la monita.

Kajol añoraba a su familia. Sarujan, que la vio muy triste, pidió a los leones que bailaran una famosa canción que se escuchaba a menudo en la radio del zoológico. Pero a Kajol nada podía alegrarle, por eso Sarujan le prometió que se escaparía con ella para regresar a los bosques y poder reunirse con sus familias.

Saltaron lo más alto posible, pero no lo consiguieron.

Treparon por las rejas de la jaula, pero no lo consiguieron.

Escarbaron la tierra, pero no lo consiguieron.

Forzaron la cerradura, pero no lo consiguieron.

-¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¿Qué podemos hacer? -gritaron una y otra vez, cada vez más fuerte, tan fuerte, que del interior de una manzana, plof, salió una anciana del tamaño de un gusano que les dijo:

-Si queréis salir de la jaula, necesitaréis la ayuda de los niños. Todos conocen unas palabras mágicas que al gritarlas juntos, os ayudarán.

-CUCHICHÍ CUCHICHÁ CUCHICHI BOMBAM -gritaron todos los niños que en ese momento estaban visitando el zoológico, y las rejas de la jaula de Sarujan y Kajol de repente desaparecieron como por arte de magia.

Los monitos salieron corriendo, y todos los animales les animaron, y les dijeron que tuvieran mucho cuidado. Así fue como se despidieron de sus amigos los animales del zoo.

Sarujan y Kajol, estaban tan contentos que no se dieron cuenta de que estaban rodeados de coches, y casi les atropella un camión.

-¡Ayudaaaaa! -gritaron los monos, y los niños gritaron las palabras mágicas, y el tráfico se paralizó.

Los monitos, cogidos de la mano, comenzaron a correr y correr, y al fondo de una carretera, vieron un bello palacio, donde vivían muchos niños y niñas.

-Somos los niños y niñas de Bal Mandir -dijeron, vivimos aquí todos juntos, y lo que más nos gusta es bailar, sobre todo, nos gusta bailar rap.

Todos empezaron a bailar rap, y a los monitos les gustó tanto que enseguida lo aprendieron lo bailaron con ellos.

Gracias a las explicaciones que los niños y niñas de Bal Mandir dieron a los monitos, después de varios días de viaje y varias aventuras más, Sarujan y Kajol por fin llegaron al bosque y se reencontraron con sus familias, y vivieron juntos muy felices.

 

José Luis Gutiérrez

Kathmandu, octubre de 2011

 

Publicado el 18 de octubre de 2011 a las 11:00.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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