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El trabajo en Bal Mandir se está desarrollando según lo previsto. Cada vez estamos más convencidos de la eficacia del baile. Ninguna otra actividad creativa nos ha dado tan buen resultado con los niños como ésta. Recuerdo que los cuatro primeros años de trabajo en este orfanato, cuando nuestra tarea principal era la pintura mural, había siempre varias niñas y niños que se desentendían de ello, y preferían no participar, tal vez por temor a ensuciarse la ropa, o simplemente porque ese tipo de actividad colectiva no les satisfacía. Por otro lado, recuerdo que los más pequeños a menudo se sentían frustrados, especialmente cuando la pintura mural se acercaba a su conclusión, porque no les permitíamos pintar tanto como a ellos les gustaría.
Con el baile es distinto. Algunas de las niñas y niños que rehuían la actividad pictórica, se suman ahora con entusiasmo a las danzas. Ranju, Sanju, Kabita y Sujata son sordas, pese a lo cual, acuden diariamente a bailar, y no lo hacen nada mal, si tenemos en cuenta la dificultad que supone seguir el ritmo del grupo sin oír la música. Dos voluntarias de nuestro equipo, Mariana y Ana, conocen el lenguaje de signos, lo que está facilitando mucho la comunicación con estas chicas, pese a que, según me dicen, hay muchas diferencias entre el lenguaje de signos que se usa en los distintos países, lo cual no impide que se comuniquen.
Hoy ha sido el primer día sin lluvia, y lo hemos celebrado, porque la verdad es que empezábamos a estar cansados de estos aguaceros torrenciales impropios de esta época del año, que nos han hecho resfriarnos un poco a todos. Yo ya estoy prácticamente recuperado, aunque todavía no he alcanzado el nivel de resistencia física con el que llegué a Kathmandu. También los demás van superando los resfriados. Además, la moral del grupo está alta porque estamos viendo cómo participan y disfrutan los menores con todas las actividades que les proponemos, no sólo con el baile.
Esta semana han empezado las vacaciones del Dashain en las oficinas de Bal Mandir y en la habitación de Dididai. Durante esta semana Roji, Lata, Nimi, Upasana, Usha, Aacriti y Trilochana no recibirán las estimulantes lecciones de Pradip, por eso, especialmente durante estos días, estamos intentando trasladarlas hasta nuestro lugar de trabajo, habitualmente la habitación de baile, para que puedan disfrutar del ambiente festivo que acompaña a estas sesiones.
Nimi lleva varios días con fiebre sin poder salir de su habitación, pero las demás se muestran felices cada vez que las sacamos de su cuarto, para compartir con los otros niños y niñas de Bal Mandir la alegría del baile, aunque ellas no puedan bailar.
Lata da palmadas con mucha fuerza, al tiempo que sonríe, mientras escucha la música y ve bailar a los demás. La semana pasada, después de realizar la presentación del teatro de sombras, hicimos una proyección de unas cien fotografías del año anterior acompañadas con música. Lata empezó a aplaudir siguiendo el ritmo de la música, algo que inmediatamente se contagió al resto, y vimos las diapositivas acompañadas no sólo de la música sino también de rítmicas palmadas, risas y continuas exclamaciones.
Afortunadamente la situación de Lata, también la de Roji, Nimi, Upasana y Usha, todas ellas con parálisis cerebral, ha mejorado considerablemente desde que hace algo más de un año Dididai acondicionara una habitación, e iniciara un programa educativo y rehabilitador adecuado para estas menores. Aacriti y Trilochana, ambas ciegas, también están recibiendo educación. Tal vez ahora los menores más desfavorecidos y marginados del orfanato son Madhusadham y Ram. Su autismo, acompañado de un retraso mental considerable, les hace aislarse del resto. A pesar de que comparten habitaciones, comedor y todos los espacios del orfanato con los demás internos, Ram y Madhusadham apenas se relacionan con ellos.
Afortunadamente, gracias al esfuerzo de Dididai, también Ram y Madhusadham están recibiendo educación en una escuela especial fuera de Bal Mandir, pero el tiempo que están en el orfanato, resulta penoso comprobar el grado de aislamiento e incomunicación que sufren. No sé si se puede hacer algo más de lo que ya se está haciendo por ellos, pero lo cierto es que nos apena verles vagar por el orfanato, sin compartir juegos ni conversación con nadie, buscando intencionadamente lugares retirados para que nadie les moleste, Madhusadham hurgando en la basura o jugando con el agua, y Ram peleándose con otros niños que pretenden compartir la pelota o cualquier objeto que lleve en las manos.
Kathmandu, octubre de 2011
José Luis Gutiérrez
Publicado el 24 de octubre de 2011 a las 12:45.


Sarujan y Kajol, estaban tan contentos que no se dieron cuenta de que estaban rodeados de coches, y casi les atropella un camión.

Como el año pasado, los varones resolvieron su indumentaria con un amplio pantalón corto de deporte, pero para las jóvenes de más de 10 años, las cuidadoras, Roshní y Sandra, hemos tenido que alquilar, en la propia piscina, trajes de baño que parecían del siglo XIX.

Llegamos a Matruchhaya muy tarde, a las 12 de la noche, cansados pero felices. Nos sentíamos satisfechos, porque los niños y niñas para quienes habíamos organizado esto, habían disfrutado muchísimo de la excursión y del ambiente jovial y distendido.

Bavna tiene ahora siete años, y de momento su corazón le ha permitido hacer una vida relativamente normal. Es más introvertida de lo habitual, pero va al colegio, de hecho es la mejor estudiante de su clase; juega y se relaciona con los demás, aunque yo siempre he percibido en ella cierta expresión de tristeza, y una mirada seria, dura, como si juzgara lo que tiene delante con una rigurosidad impropia de un niño. A veces sonríe, pero nunca la he visto reír abiertamente. Hay días que tiene los labios amoratados, lo cual debe de ser también un síntoma de su problema cardíaco.










Por si esto fuera poco, Dididai recientemente ha contratado a Michelle, un educador especial europeo, que ha llegado a Bal Mandir hace unos días, para permanecer aquí durante nueve meses y trabajar con estos menores, al tiempo que forma a Pradip. Hemos tratado de arropar y apoyar a Michelle todo lo posible, conscientes de que viene solo, y de que la primera impresión que produce este orfanato es dura. Parece que su adaptación está siendo buena, y tengo la impresión de que, con ayuda de Pradip, logrará sentirse a gusto trabajando aquí.
Precisamente eso era lo más sorprendente y conmovedor de la escena. El enorme derroche expresivo en el afán comunicativo de Michelle, contrastaba dramáticamente con el mutismo de las cuatro niñas, pese a lo cual, Michelle no se daba por vencido, y seguía tratando de hacerse entender con el mismo ímpetu e ilusión que al principio. Entonces tuve la certeza de que Michelle continuaría así, día tras día, preparando con ilusión y esmero cada una de sus lecciones magistrales, sin dejarse abatir por el desánimo, y sin cejar en su empeño, hasta el último de los días de sus nueve meses de estancia en Bal Mandir. En ese momento, se me saltaron las lágrimas, por compasión hacia esas pobres niñas, pero también por admiración hacía ese singular profesor, que hacía de su trabajo un verdadero acto de fe.

Hace varios meses, Devi se fugó del orfanato junto con otras dos niñas, Nikita y Mina. Las tres se presentaron en una comisaría de policía para dar quejas de las condiciones de vida en Bal Mandir. Se organizó un buen revuelo. Después de aclarar todo con los responsables del centro de menores, la policía devolvió a Devi y Nikita a su orfanato. Devi, que parece una niña muy obediente y respetuosa, aseguró que había sido forzada por Mina en ese alocado suceso, pese a lo cual, nada más llegar a Bal Mandir, recibió un tortazo de su cuidadora por su osadía. Nikita recibió tres o cuatro, porque ya era la segunda vez que se escapaba. Mina, que según parece era la cabecilla del motín, dijo en comisaría que bajo ningún concepto deseaba regresar al orfanato, y pidió que localizaran a algún familiar suyo. Finalmente, un pariente la recogió, y se la llevó a su aldea natal.
