sábado, 23 de octubre de 2021 17:27 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Javier Memba

El insolidario

Gótica y anticlerical

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El monje" de Matthew G. Lewis

imagen

 

            Ateo que fue católico, apostólico y romano; ateo gracias a Dios, como don Luis Buñuel, a mí los tópicos protestantes sobre la corrupción del catolicismo pueden llegar a cargarme tanto como esa gravedad luterana que hace que aborrezca el cine de Bergman en su conjunto. Ahíta de estos prejuicios, El monje, la novela más celebrada del inglés Matthew G. Lewis, por momentos se antoja más anticlerical que gótica. Con todo, al volver ahora a las notas que tomé de mi lectura de ella en 2000 por las alusiones en el asiento anterior, he de reconocer que esta delicia satisfizo con creces el interés que despertó en mí desde que vi su edición de bolsillo en el escaparate de El Aventurero. Aquella librería de la calle Mayor tan entrañable como tantas otras que he visto cerrar a lo largo de mi experiencia como lector. Pero si cabe El Aventurero más porque mi madre me compró allí Tintín en el país de los soviets -¡ni más ni menos!-, uno de los últimos libros que me obsequió en uno de nuestros últimos paseos. Pero vayamos con esas páginas de Lewis que nos ocupan.

            Ambrosio, el monje en cuestión, es prior de un convento de capuchinos de Madrid. Tenido como ejemplo de pureza, sus encendidos sermones causan la admiración de toda la ciudad.

            Lorenzo y Cristóbal son dos jóvenes amigos que conocen a Antonia y a su carabina. El primero queda prendado de la bella joven y comienza a cortejarla. Al volver de su primer encuentro, Lorenzo descubre a su hermana Inés -una novicia de las clarisas en las que las resonancias de la doña Inés de don Juan, de Margarita la tornera y todas las monjas seducidas son evidentes, que ha acudido a escuchar uno de los discursos de fray Ambrosio- intercambiando un gesto comprometido con un desconocido. Emplazado por Lorenzo con la espada, éste resulta ser Raimundo, el marqués de la Cisternas.

            Ya en la soledad de su celda, Ambrosio no es tan piadoso como aparenta en el púlpito, lo que se nos viene a demostrar mediante el retrato de la vanagloria de sus virtudes que llena el pensamiento del religioso.

            Entre el resto de los monjes destaca por su entrega un joven que responde a un nombre un tanto sospechoso para un varón. Se hace llamar Rosario y se acerca al abad sibilino.

            Cuando Ambrosio confiesa a Inés, ésta, sin darse cuenta, pierde un billete que no se le pasa desapercibido al prior. Tras descubrir que se trata de una nota galante, donde Raimundo la cita para la fuga del convento, el monje, desoyendo las súplicas de Inés, quien además está embarazada, acusa a la desdichada ante su cruel superiora. Ésta, en su desesperación, vaticina que el cruel monje acabará sucumbiendo a las pasiones impetuosas.

            Otra vez en el convento, Rosario descubre al abad que es una mujer de noble familia llamada Matilde, que ha ingresado en la orden por el amor que él la inspira. No quiere que el sentimiento se materialice, sino que le basta con admirar la infinita piedad del abad de cerca. Ambrosio, escandalizado como si hubiese visto al mismísimo Maligno, anuncia a la muchacha que tendrá que abandonar la santa casa. Si es obligada a ello, asegura que optará por el suicidio. En efecto, Matilde intenta quitarse la vida. Impresionado por el arrojo de la joven, Ambrosio permite que, ocultando identidad y sexo, la muchacha permanezca en el convento.

            Tan folletinesca como mandan los cánones del género, que probablemente obedecían a la venta por entregas semanales de las novelas de la época, en el siguiente capítulo (III), don Raimundo cuenta a Lorenzo su historia. Se abre así un flash-back...

            Durante un viaje a Estrasburgo tuvo oportunidad de salvar a una baronesa alemana de unos crueles salteadores de caminos. El episodio concerniente a esta aventura, donde se incluyen los fragmentos de la posada cuyo dueño está en connivencia con los facinerosos en cuestión, es uno de los más logrados de todo el libro. Agradecido, el barón de Lindenberg, esposo de la dama, acoge a Raimundo en su castillo.

            Se inicia el volumen segundo con los amores que don Raimundo hace brotar en la baronesa, quien también resulta ser española. El tópico sobre la belleza y la pasión de las compatriotas -sin duda más grato pero igualmente extendido en el mundo anglosajón- es otro de los pilares de Lewis. Pero para don Raimundo no más española que la suya. Su anfitriona no cuenta. Como ya sabemos, quien inspira al valiente es Inés, sobrina de la baronesa. Enterada esta última del sentimiento que une a los dos jóvenes, despechada por ello, decide poner cuantas trabas están en su mano a la incipiente y clandestina relación. Así las cosas, los amantes intentan aprovechar la leyenda de la monja sangrienta que gravita sobre el castillo para emprender la huida.

            Según dicha conseja -que sería recogida en 1822 por Charles Nodier, el creador de la "literatura frenética", en Infernaliana, su antología sobre aparecidos-, el espectro de la monja fue una antepasada del marqués de las Cisternas. Beatriz, la religiosa aludida, renunció a la santidad por un amante, un antepasado del actual barón, al que posteriormente asesinó confabulada con el hermano del señor del castillo. Este último, a su vez, daría muerte a la depravada Beatriz en la cita en la que debía haberla hecho su esposa. Desde entonces, se sigue apareciendo todas las noches de un determinado día. Llegada la fecha en cuestión, la fatal pareja conviene que Inés se disfrazará de monja sangrienta. De esta manera, aprovechando el miedo que el espectro causa entre los lugareños, Raimundo podrá llevársela y convertirla en su esposa. Pero la desgracia, en otro de los mejores episodios del texto, hace que sea el espectro verdadero quien vaya al encuentro de marqués.

            Descubierto su plan, Inés, que se cree defrauda por Raimundo, es devuelta a España y obligada a profesar -es decir, es devuelta al momento en que se nos presenta al comienzo de la novela-, en tanto que su amante se ve envuelto en una fantástica peripecia. Finalizada ésta, cuando Raimundo sabe del destino de su dueña, cerrado el flash back, lo que hay es que Lorenzo intenta sacar a su hermana del convento. La cruel priora se lo impide, desoyendo incluso la dispensa del Papa. La pérfida superiora asegura que Inés ha muerto.

            Mientras tanto, en el convento de los capuchinos, en uno de sus transportes -bella palabra que me descubre el gran traductor de estas páginas, Francisco Torres Oliver, para aludir a los trances-, Ambrosio posee por primera vez a Matilde. Entre la contrición y la fascinación por el descubrimiento de los placeres de la carne, no tarda en convertirla en su amante.

            No obstante, será la bella Antonia -a la que conoce al ir a dar un sacramento a su madre-, la que representa el verdadero deseo del monje. Pero la dulce Antonia suspira por Lorenzo desde que el joven la abordó al comienzo de la novela. Matilde, advirtiéndolo, se ofrece a ser amiga del pérfido Ambrosio y ayudarle a conseguir a la desdichada mediante unas prácticas diabólicas que lleva a cabo en la siniestra cripta del convento. Gracias a estos conjuros, Antonia cae en un sopor sobrenatural, del que Ambrosio se vale para poseerla. Descubierto en su repugnante lance por la madre de la muchacha, el religioso la dará muerte. Su crimen será tomado por un óbito natural.

            Paralelamente, merced a las buenas artes de su fiel criado y de una monja aterrada ante la maldad de la superiora, Raimundo y Lorenzo tienen noticia de que Inés está encerrada en los subterráneos del convento. Convocado el Santo Oficio para detener a la superiora durante la celebración de una procesión, ésta es acusada en público de sus crímenes, provocando así un motín en el que, además de ser linchada la pérfida abadesa y algunas de sus peores secuaces, es arrasado el convento. Este fragmento me ha hecho recordar la revuelta de Melmoth... y pensar en la influencia que Lewis debió de ejercer en Maturin.

            Liberada Inés de su cautiverio, se nos cuenta que la infeliz ha permanecido presa en el más lóbrego sótano. Sin más compañía que el cadáver del hijo que esperaba, las ratas y los insectos; sin más alimento que pan duro y agua; condenada a semejante suerte por la superiora para que pudiera reconcomerse en su pecado antes de morir.

            Quien no podrá evitar la muerte será Antonia, tras descubrir que Ambrosio no es el ser piadoso que ella cree, sino el asesino de su madre y el hombre que la ha deshonrado, será llevada por éste a la siniestra cripta, cuyos subterráneos están comunicados con los del convento de las clarisas. Durante el episodio en que es liberada Inés, se descubre casualmente a Ambrosio acabando de dar muerte a Antonia. Después de que ella haya advertido su jugada, ha llevado a la muchacha a la cripta para tenerla allí encerrada de por vida.

            El Santo Oficio se dispone a juzgar al monje y a Matilde cuando ésta le propone que venda su alma al Diablo para evitar las torturas del auto de fe. Tras las mismas dudas que le han venido agobiando durante toda la narración, el malvado religioso acepta.

            Apoyándose en unas palabras de su súplica, el maligno no le concede la larga vida que esperaba. Muy por el contrario, tras llevarle a un lugar escarpado de Sierra Morena -el clásico tópico anglosajón sobre España-, el Diablo confiesa al abad que Antonia era su hermana -al principio se nos ha dicho que Ambrosio fue un huérfano criado por los frailes-; Matilde, un demonio y que, cuando él creyó que iban a buscarle para la tortura, lo que le decidió a vender su alma, lo que en verdad se le llevaba era el perdón de la Inquisición. No deja de ser curioso que, pese al puritanismo luterano que gravita en estas páginas, el Diablo, finalmente, sea presentado como una especie de justiciero. Pero a la postre, son sus mañas las que hacen que el vaticinio de Inés sea cierto

            Sé que en los trece años transcurridos desde mi lectura, El monje ha sido lleva al cine. Lástima que aún no haya podido ver la película.

 

Publicado el 18 de enero de 2013 a las 23:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Comentarios - 0

No hay comentarios



Tu comentario

NORMAS

  • - Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • - Toda alusión personal injuriosa será automáticamente borrada.
  • - No está permitido hacer comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • - Gente Digital no se hace responsable de las opiniones publicadas.
  • - No está permito incluir código HTML.

* Campos obligatorios

Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

Miniatura no disponible

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

COMPRAR EN KINDLE:

 

 

 



contador de visitas

Contador de visitas


 

Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Archivo

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD