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Blog de Javier Memba

El insolidario

Lefranc de los Alpes a Venecia

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Lefranc, "El misterio Borg", de Jacques Martin

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            El destino ha querido que El misterio Borg (1964), tercera entrega de las aventuras de Guy Lefranc, toque muy de cerca al gran drama de nuestro tiempo. En esta ocasión, el arma con la que el pérfido Axel Borg planea doblegar al mundo entero, so pena de que algún gobierno le page clásica y desorbitada cantidad en oro, es una bacteria creada en un laboratorio -esta vez sí- llamada el "súpervirus". Borg se ha hecho con la nefasta fórmula después de que la robase un tal Dante Fosca, el ayudante de su creador, luego de que éste muriese en un accidente. Para demostrar su poder, el supervillano ha desatado en Steinberg -un pequeño pueblo de los Alpes suizos que ha quedado en cuarentena- una epidemia, semejante al tifus. Lefranc, que ha subido hasta aquellas alturas para participar en un critérium de esquí entre periodistas -y lo ha hecho además en unas primeras viñetas espléndidas- se ve arrastrado a su nueva aventura.

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Publicado el 6 de julio de 2020 a las 18:00.

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La octava entrega de Lefranc

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Lefranc, "El arma absoluta", de Jacques Martin.

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            La relectura de El arma absoluta, la octava aventura de Lefranc, treinta años después de la primera vez, me ha sorprendido por su madurez a varios niveles. Para empezar, su acción se abre con un flashback, que nos remite a 1928, cuando el as de la aviación Pierre Lorrain es contratado por un misterioso personaje -acompañado por la bella Yvonne Garand- para volar hasta Austria y recoger a un pasaje no menos enigmático.

            Estrellado el biplano durante su viaje de regreso, nunca se descubrió ningún resto humano entre los del aparato. Sin más indicación que el pretérito perfecto utilizado por el narrador, la analepsis sólo se nos descubre tras su última viñeta (pág. 10), cuando -medio siglo después- dicho narrador resulta ser el hijo de Pierre Lorrain -Michel Lorrian- y encontrarse con Lefranc en el mismo restaurante de la parisina estación de Lyon donde hemos visto arrancar la historia cincuenta años antes. Un arranque magistral que se diría más propio de una cinta de Alain Resnais que de un tebeo. Y quien sabe si El arma absoluta no era uno de los títulos atesorados por el cineasta. De lo que si hay constancia es de que el cómic fue una de las grandes influencias de Resnais y, su colección de álbumes, una de las grandes de Francia.

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Publicado el 17 de junio de 2020 a las 02:15.

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Un guión de Marguerite Duras

Archivado en: Inéditos, Cuaderno de lecturas, Marguerite Durás

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            No suelo leer guiones por la sencilla razón de que son obras incompletas, cuya lectura sólo concierne a los responsables de la película de la que son el embrión. Incluso esos falsos libretos, que no son sino descripciones de lo mostrado en los planos de la cinta -quiero recordar los del gran Godard, traducidos en 1973 por Miguel Marías para la colección el Libro de Bolsillo de Alianza Editorial- dejaron de interesarme cuando, al cabo de los años, pude ver los filmes en cuestión.

            Ésa es desde entonces mi regla, a la que sólo he hecho una excepción: Hiroshima mon amour, el guión que Marguerite Duras escribió en 1959 para la película del mismo título del gran Alain Resnais. Fue en febrero de 2003, mientras escribía mi libro sobre la Nouvelle Vague. Pero, tanto o más que por lo que aquella excepción pudiera aportarme en aquel momento, me decidí a leer el libreto de Hiroshima mon amour por lo estrechamente ligado al cine que estaba el Nouveau Roman, la nueva novela francesa de finales de los años 50. Tanto fue así que Alain Robbe-Grillet y la propia Duras -dos de sus principales exponentes- acabaron desarrollando sendas filmografías, más que considerables, como realizadores. Transcribo las notas de entonces:

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Publicado el 5 de junio de 2020 a las 22:30.

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Variación sobre el tema del falso culpable

Archivado en: Cuaderno de lecturas, El honor perdido de Katharina Bloom

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            Hace unas semanas, cuando escribí que Aventuras de un macuto había sido mi primera lectura de Heinrich Böll, hubo algo que me chirrió, empero mi desinterés por la literatura alemana. En efecto, revisando lo que llamo mi "Cuaderno de lecturas", que afortunadamente llevo con sumo escrúpulo -de no ser así ésta primera de Böll se me habría olvidado- comprobé que había leído El honor perdido de Katharina Bloom (1974) el mes de agosto de hace dieciocho años. Lo que sigue es la reproducción de las notas que tomé entonces.

            Vaya por delante que el texto carece del carácter político que le atribuí con anterioridad a la lectura, basándome en la espléndida adaptación cinematográfica de Volker Schlöndorff y Margarethe von Trotta, que vi veinticinco años antes del leer la novela. Llegada a la cartelera madrileña en 1976, aquellos fueron unos años aciagos por el empecinamiento con el que se le buscaba a todo un sentido político. A mi juicio, la política, a ambos lados del espectro, es la actividad más despreciable que puede ejercer el ser humano. En esta pieza de Böll se quiso ver una alusión a los daños colaterales de los procedimientos seguidos por la República Federal Alemana contra la represión del terrorismo en los años de plomo de la Fracción del Ejército Rojo.

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Publicado el 28 de mayo de 2020 a las 13:45.

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Una extraña aventura de Blake y Mortimer

Archivado en: Inéditos, Cuaderno de lecturas, las aventuras de Blake y Mortimer, El último faraón

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            Leí Brussel (1992), una de las entregas más destacadas de Las ciudades oscuras, el verano pasado y me cautivó de un modo extraño. No fue, desde luego, ese entusiasmo con el que me rindo ante las historias que me apasionan sean cual sea su formato. La propuesta de Benoît Peeters (guión) y François Schuiten (dibujo) me atrapó con sutileza, como una obsesión. De hecho, todavía le estoy dando vueltas a su universo paralelo, poblado por urbes imaginarias, o remedo de algunas reales, asoladas todas ellas por extraños cataclismos.

            Lo que en verdad no esperaba es encontrarme en dicho universo a mis queridísimos Blake y Mortimer. Llegué a El último faraón por ellos y más que una nueva aventura de los amigos del Centaur Club, que aquí llevan años sin verse, me he encontrado con una nueva ciudad oscura. Ya sé que en la contraportada del díptico de los inmortales se anuncia como fuera de colección. Pero imaginé que ese distanciamiento entre la serie canónica y este álbum sería semejante a la existente entre Las aventuras del teniente Blueberry y Marshall Blueberry, por poner un ejemplo.

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Publicado el 11 de mayo de 2020 a las 23:30.

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Los relatos más bellos del mundo VII

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Los relatos más bellos del mundo

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(viene del asiento del 17 de feberero de 2020)

            Una prueba irrefutable de la grandeza de la obra de Guy de Maupassant es su universalidad. Esta última, a su vez, queda harto demostrada con la disparidad de cineastas que se suceden entre las doscientas cincuenta y ocho adaptaciones del escritor acreditadas. Entre la nómina de realizadores que le han llevado a la pantalla destacan algunos de los grandes maestros de la historia del cine: Jean-Luc Godard y Jean Renoir, Kenji Mizoguchi y Robert Wise, Max Ophüls y Luis Buñuel... Y tampoco cabe duda de que si hay una pieza favorita de los adaptadores de Maupassant, ésa -por encima incluso de Bel ami (1885)- es Bola de sebo (1880).

            La historia de Elizabeth Rousset, la cocotte que es digna de un respeto mucho mayor que los matrimonios "decentes", que la empujan a los brazos del oficial prusiano que la desea, es todo un alegato contra las pretendidas "buenas costumbres" de la "gente de provecho", que se les llamaba en mi infancia. Probablemente, Maupassant quiso arremeter contra esa burguesía del segundo imperio francés, que más o menos debió de huir tras la debacle de su ejército en la guerra franco-prusiana (1870-1871), con la misma prisa que parten de Ruan los compañeros de viaje de Elizabeth -Bola de sebo para sus amantes- con rumbo a El Havre. Son tantas las prisas con la que quieren dejar atrás la patria -en El Havre aguarda el barco al Reino Unido- que incluso se han olvidado de las viandas con las que matar el hambre cuando ésta empieza a agobiarles en la diligencia. Aunque las señoras no se dignan ni a mirar a Bola de sebo, nadie hace ascos a su comida -ni siquiera las monjas-, cuando ella les ofrece toda su provisión. Y bien puede decirse que hace honor a su apodo. De hecho, comen ocho personas a dos carrillos.

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Publicado el 6 de mayo de 2020 a las 00:15.

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Frankenstein y el Día del libro

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Frankenstein, Día del libro

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            De un tiempo a esta parte, en lo que a Madrid respecta, las celebraciones en torno al Dia del libro se han convertido en una serie de actividades gregarias: lecturas continuadas de El Quijote en el Círculo de Bellas Artes, encuentros de los autores con su público, cuentacuentos para los niños... Encaminadas todas ellas a llevar a la gente a las librerías, que permanecen abiertas hasta entrada la madrugada, sólo cabe el encomio ante semejantes iniciativas.

            Ahora bien, eso no quita para que recordemos que la lectura es una actividad esencialmente íntima e individual: escritor y lector, no hay grey que valga. Leo desde que sé hacerlo porque leer es una acción solitaria. Si fuera un trabajo en equipo, yo sería analfabeto. Esa emoción, que parecen sentir quienes participan en las lecturas continuadas, yo la siento al ver a alguien en el metro abstraído en su libro. La gente, la masa, no existe para ellos. Sólo el libro. Algunos se pasan de estación magnetizados por sus páginas.

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Publicado el 24 de abril de 2020 a las 03:15.

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"El milésimo brazo del Mekong", cierra el díptico de "El valle de los inmortales"

Archivado en: Inéditos, Cuaderno de lecturas, las aventuras de Blake y Mortimer, "El valle de los inmortales".

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            En una reciente entrevista, Ramón de España recuerda cómo tradujo a nuestro idioma, casi por casualidad, La marca amarilla (1953). Fue a comienzos de los años 80. Ignacio Vidal-Folch se presentó un día en la redacción de la revista Cairo comentando que había descubierto los tebeos de un amigo de Hergé que eran buenísimos. No mucho después estaban hechas las gestiones para la adquisición de los derechos: La marca amarilla apareció seriada a partir del número 13 de Cairo, llegado a los quioscos en febrero del año 83. La portada no era otra que la del álbum: los dos amigos del Centaur Club paralizados ante un muro de Limehouse, el barrio de los criminales londinenses en alguna de las mejores ficciones que ha inspirado la ciudad. Un haz de luz proyectado contra ellos acaba de sorprenderles. A sus espaldas, en la pared de ladrillo descubierto, Olrik -a la sazón el pelele del profesor Séptimus- ha dibujado la "μ" (mi), duodécima letra del alfabeto griego, que, efectivamente, como creíamos todos, corresponde a la "m" del latino.

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Publicado el 22 de abril de 2020 a las 22:00.

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Una lectura para el confinamiento

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jack London, La peste escarlata

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            Admiré mucho al escritor barcelonés Jaime Rosal, fallecido a finales del año pasado, por un relato y una colección de libros que dirigió junto a Juan José Fernández para la mítica revista Star. Aquél fue Debo al jazz, una pieza incluida en La(s) falsa(s) ceremonia(s) (1977), su número de Star Books, la colección en cuestión. Recuerdo que en aquellas páginas refería su entusiasta afición al jazz mediante un soliloquio suscitado a raíz del "memorable concierto" de Miles Davis y su grupo, acompañados por la orquesta de Gil Evans, en el Carnegie Hall de Nueva York el 19 de mayo de 1961. Recogido en el que estaba llamado a ser uno de los álbumes en directo fundamentales del trompetista, Rosal trazaba un recorrido entre aquella grabación, Miles Davis at Carnegie Hall (1961), y el Get Up With It (1974). Tanta era la pasión desplegada en aquella entrega que, apenas acabé su lectura, comencé a esforzarme para que el jazz llegase a gustarme tanto como a él. Y ahora voy a hablar de aquel repertorio:

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Publicado el 4 de abril de 2020 a las 00:30.

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Volver a Robert Graves

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Robert Graves, La hija de Homero

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            Como tantos grandes autores elegidos por cualquiera de las dos pantallas, el británico Robert Graves vio cómo sus novelas eran objeto de nuevas reimpresiones, y en tiradas cercanas al bestseller, a raíz del éxito que conoció su díptico de Claudio y Mesalina -Yo, Claudio (1934), Claudio el dios y su esposa Mesalina (1935)- en la adaptación televisiva producida por la BBC en 1976, con todo el buen hacer que caracteriza a la antena inglesa, bajo el título genérico de Yo Claudio.

 

            Ciertamente, en España, Graves debió haber sobresalido mucho antes. Residente en Deiá (Mallorca) desde 1946, si no gozó del renombre que sí tuvo su compatriota Gerald Brenan entre la intelectualidad española, fue porque Graves, aunque enamorado de España -a la postre vivió más en nuestro país que en el suyo- no fue un hispanista. Y, sobre todo, no fue uno de esos hispanistas británicos prestos a escribir el nuevo relato de la historia de España surgido de la sensibilidad posterior a 1975. Más aún, Graves, que ya se afincó entre nosotros en 1929, abandonó la isla en 1936, ante el inminente estallido de la Guerra Civil, para no regresar a ella hasta 1946. A diferencia de tantos grandes autores británicos, resuelta y apasionadamente implicados en la causa republicana -quiero recordar al poeta W. H. Auden y a mi dilecto George Orwell, gran azote del estalinismo-, Graves salió de la Gran Guerra ahíto de esas carnicerías, que son todos los conflictos armados cuando quedan en la retaguardia los buenos, los malos, las causas justas y todo lo demás. Fue tanto el horror al que asistió en las trincheras de Francia que tras el armisticio se convirtió en un pacifista a ultranza. En este sentido, su proceso resulta semejante al de J. R. Tolkien.

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Publicado el 28 de marzo de 2020 a las 20:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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