Vivir

Película que muchos consideran la mejor de Zhang Yimou, ganó el Gran Premio del Jurado y al mejor actor en Cannes 1994. A través de la vida de un matrimonio, cuenta la evolución de la sociedad y la cultura china en el siglo XX, desde antes de la Revolución Comunista de Mao. Los momentos felices y los trágicos se suceden en una historia entrañable y emotiva, que también representa una critica velada al dogmatismo del sistema.

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El camino a casa

Un poema visual para el que es difícil encontrar adjetivos adecuados. Con esta película, Zhang Yimou obtuvo en el Festival de Berlín 2000 el Oso de Plata (Premio Especial del Jurado). Narra la historia del primer matrimonio no concertado, en un pueblo remoto del norte de China. Con un delícadísimo ritual de seducción, una bella e ingenua campesina gana para siempre el corazón de un joven maestro. La fuerza de las imágenes y de los gestos solo precisa de unos diálogos escuetos. Tras su cuidada sencillez, Yimou subraya los sutiles matices del enamoramiento, critica de forma implícita la deshumanización de la vida urbana, y exhibe una asombrosa sustancialidad dramática y lírica. Séptimo Arte en estado puro.

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Ni uno menos

Zhang Yimou, 1999. Desde que en 1988 triunfara con Sorgo rojo, el líder de la Quinta Generación de la Escuela de Cine de Pekín ha dirigido un buen número de obras maestras. Dice que muchos de los parientes de su madre eran maestros rurales, y que cada vez que pasaba por delante de una escuela sentía la tentación de pararse a mirar por la ventana. Es lo que ha hecho en esta bellísima película, ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia 1999. En ella cuenta cómo el profesor Gao, maestro en una escuela primaria de una deprimida zona rural, tiene que ausentarse durante un mes para atender a su madre enferma. El alcalde consigue que le sustituya Wei, una inexperta chiquilla de trece años, poco mayor que sus nuevos alumnos. Wei es tan real que, por no cambiar, no ha cambiado ni de nombre. Los espectadores reirán las travesuras del aula, se identificarán con la sencillez de los pequeños y con la maestra en apuros, y quedarán profundamente conmovidos por la evolución de la historia y su desenlace. Yimou, el más occidental de los cineastas orientales, es un excepcional narrador, con una sencillez y una técnica inigualables.

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El chico

Chaplin, 1921. Una pobre mujer londinense se ve en la necesidad de abandonar a su hijo. Por una serie de avatares, el bebé terminará siendo cuidado por Charles Chaplin, un vagabundo que se convierte en su padre. En la primera de sus obras maestras, Chaplin pone la insuperable expresividad de su gesto al servicio de una magnífica historia dramática, llena de profundidad, humor, emoción y ritmo.

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Luces en la ciudad

Chaplin. Esta magnífica historia provoca la carcajada y la emoción de forma insuperable. Las escenas cómicas en la inauguración de la estatua, en el combate de boxeo o en el restaurante son antológicas, igual que el romance con la florista ciega, repleto de melancolía e ilusión hasta su bellísimo desenlace.

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Tiempos modernos

Chaplin, 1936. Crítica ingeniosa y sutil de la sociedad industrial, centrada en la crisis económica de 1929. Chaplin -director y protagonista- nos muestra la vida del obrero en plena sociedad capitalista industrial, sometido a los nuevos ritmos de trabajo que marca la cadena de montaje, bajo las consecuencias del industrialismo desaforado: división de clases sociales, paro, pobreza, deshumanización del trabajador en su trabajo, represión policial, etc. El mensaje final, sin embargo, no carece de optimsimo: hay que resistir y no perder la sonrisa ni la esperanza.

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