lunes, 20 de noviembre de 2017 12:39 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Regreso al mundo

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum, Félix Baltistán Fundazioa

Entre estas dos imágenes hay unas horas de caminata y una frontera.

1. Descenso por el glaciar Gondogoro, resquebrajado y crujiente, con las moles que escoltan el Masherbrum (7.821 m.) al fondo.

2. Aparición de Hushé, primera aldea al pie de la cordillera.

Después de 46 días en el mundo de los hielos, el 20 de julio bajamos desde los 5.700 metros del collado de Gondogoro hasta los 3.500 de la cabecera del valle de Hushé. Por el camino empezamos a descubrir briznas de hierba entre las rocas que emergían del glaciar y a escuchar los primeros trinos de los pájaros. Los primeros puñados de tierra esponjosa en medio de los pedregales, el primer prado, el primer árbol (una sabina tan raquítica como tenaz, todavía por encima de los 4.000 metros), las primeras vacas, cuyas mierdas fragantes y deliciosas nos recordaron que llevábamos casi siete semanas sin oler nada. El aire del campamento base era tan pobre que nos obligaba a concentrar las fuerzas en los pulmones para expandirlos en busca de una bocanada suficiente, un aire tan mineral que nos dejaba las narices cuajadas de sangre reseca; pero cuando el 20 de julio dejamos atrás los últimos hielos de Gondogoro, la atmósfera empezó a empaparse de humedades y oxígeno, a cebarse con los sabrosos olores de musgos, barros y vacas. Respiramos un aire denso, dulzón, nutritivo. ¡Y la lluvia! La habíamos olvidado. ¡Maravillosa y cálida agua líquida cayendo del cielo! Recibimos el primer chaparrón como una bienvenida torrencial, generosa, emocionante. Nadie se puso la capucha.

En el momento de esta foto, entrando al pueblo, me faltaban seis o siete kilos, me dolían varias docenas de músculos y estaba a punto de perder una uña del pie. Pero los baltíes me pusieron esa guirnalda de bienvenida -como si yo fuera uno de los montañeros, je-, me dieron una cocacola de litro y medio y aquello fue pura felicidad.

Me sentí por fin en casa, y eso que aún estaba a miles de kilómetros por senderos, pistas, carreteras y aviones. Es que nunca había vivido algo así: el regreso al mundo.

*

Mi cámara se quedó, olvidada, en una aldea de aquel valle. Estas fotos me las ha dejado el amigo Joanet Riba.

*

Vivir donde acaba el mundo puede resultar muy peligroso. En ese mismo valle de Hushé, las lluvias monzónicas acaban de producir inundaciones y derrumbes que han destruido casas, carreteras y puentes y han arrasado las cosechas con las que a duras penas suelen sobrevivir los habitantes de esta región, que en su mayoría rondan el umbral de la pobreza extrema. En la aldea de Talis, una avalancha ha matado a quince personas y ha dejado sin casa a más de trescientas.

La Felix Baltistan Fundazioa, impulsada por vecinos de la región y por montañeros vascos, lleva años desarrollando proyectos en el valle y tiene a gente trabajando sobre el terreno. Ahora está organizando ayudas para socorrer a los habitantes, como podréis ver con detalle en su página. Han abierto tres cuentas para enviar dinero a la zona:

BBK: 2095 0038 51 9103522251

Kutxa: 2101 0038 51 0011074747

Caja Laboral: 3035 0044 85 0440018830

Publicado el 13 de agosto de 2010 a las 16:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Sed

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum

Porteador baltí en el glaciar Baltoro (Pakistán).

Publicado el 12 de agosto de 2010 a las 10:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

"Encaminarme era un alivio"

Archivado en: Tony Judt, Por qué viajar

Ha muerto el historiador Tony Judt, de quien no sé nada. Pero El Jukebox recomienda su artículo "Trenes que nunca volveré a coger". Un fragmento:

"De niño, siempre me sentía incómodo y un poco oprimido cuando estaba con gente, en especial mi familia. La soledad era una bendición, pero era difícil conseguirla. "Estar" siempre me producía tensión: cuando estaba en un sitio, siempre había algo que hacer, alguien a quien contentar, un deber que cumplir, un papel que no alcanzaba a desempeñar. En cambio, el proceso de encaminarme a algo era un alivio. Cuando más feliz me sentía era cuando estaba yendo a algún sitio por mi cuenta, y cuanto más tardaba, mejor. Me encantaba caminar, disfrutaba montando en bici, me divertía ir en autobús. Pero el tren era el paraíso.

Nunca me molesté en explicárselo a mis padres ni mis amigos, por lo que me veía obligado a inventarme metas: lugares que quería visitar, gente a la que quería ver, cosas que necesitaba hacer. Todo ello, mentiras. En aquellos tiempos, un niño podía viajar seguro en el transporte público a partir de los siete años, más o menos, y yo empecé a viajar desde muy temprano en metro por todo Londres. Si tenía algún objetivo, era recorrer toda la red, de extremo a extremo, una aspiración que estuve a punto de alcanzar. ¿Qué hacía cuando llegaba al final de una línea, a Edgware, por ejemplo, o a Ongar? Salía, examinaba con gran detalle la estación, miraba a mi alrededor, compraba un sándwich reseco y una bebida... y me montaba en el primer metro de vuelta".

*

"Encaminarse" es un verbo precioso.

*

Por qué viajar: Colin Thubron / Josep Pla / Miguel Sánchez-Ostiz / Agustín Egurrola

Publicado el 10 de agosto de 2010 a las 12:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Llamada desde 8.000 metros: "Azkenean!"

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza

En el campo base del Broad Peak, el 17 de julio fue el día de los walkie talkies mudos. Después de abrir la vía nueva y coronar la Cumbre Norte (7.550 m.), Iñurrategi, Vallejo y Zabalza pretendían seguir con la travesía de las tres cumbres. Esa madrugada iban a emprender la escalada de la Cima Central (8.013 m.). Yo me desperté a las seis y media de la mañana, ya esperando que en cualquier momento sonara la sirena del talkie, encendido 24 horas al día, para recibir noticias de los montañeros. Pensé que me llamarían hacia las nueve de la mañana desde la Cumbre Central, quizá a las diez, quizá a las once. Pero no hablé con ellos hasta las seis de la tarde.

Imaginad que estáis escuchando un partido de fútbol por la radio y que justo cuando vuestro equipo va a lanzar un penalti en el último minuto la transmisión se interrumpe. Y ahora imaginad que la angustia de ese silencio se prolonga con la misma intensidad durante doce horas. 

Quizá un poco menos: a las tres de la tarde, el talkie zumbó y escuché la remota voz de Juan Vallejo llamándome. Contesté pero él no me oyó y la comunicación se cortó.

Mientras tanto, otros tres montañeros vascos subían por la ruta clásica a la Cumbre Principal (8.047 m.) del Broad Peak. Habían sintonizado sus talkies en el mismo canal que los nuestros, de manera que yo también podía hablar con este trío. Ellos me mandaron alguna noticia sobre su ascensión a lo largo del día. Y por la tarde empezaron a darme referencias muy confusas de Iñurrategi, Vallejo y Zabalza. El montañero que llevaba el talkie bajaba agotado de la Cumbre Principal y empezó a decirme cosas bastante extrañas, a hacerme preguntas sin sentido, y sólo al día siguiente, al repasar los hechos con este otro trío, me di cuenta de que al hombre en esos momentos se le había ido la cabeza. Quizá fue un principio de edema cerebral, pero por fortuna bajó al campo base y se recuperó sin problemas.

Con los datos que este hombre me daba por el talkie, yo llegué a una conclusión muy clara: Iñurrategi, Vallejo y Zabalza estaban ya en la Cima Principal, después de haber atravesado la Central. Es decir: habían culminado la travesía de las tres cumbres del Broad Peak. Alegrón inmenso en el campo base, donde los pinches, el cocinero y yo saltamos y nos abrazamos como celebrando un gol. Por el horario, cuadraba: a esas horas, ya les tenía que haber dado tiempo a coronar las dos últimas cumbres. Así que escribí la nota de prensa anunciando la hazaña y la envié a Bilbao. Estuvimos a punto de divulgarla a los medios. Por suerte, decidimos ser prudentes y esperar hasta que nos lo confirmaran los montañeros.

Aquí tenéis el momento en el que, por fin ("azkenean!"), consigo hablar con Alberto Iñurrategi. Está en euskera. Le felicito, le pregunto qué tal han andado y me contesta que muy mal. Le pido que me confirme si han subido las dos cumbres: "Cómo, cómo que las dos cumbres", me responde. Bueno, las tres cumbres, digo yo, pensando que se refiere a la travesía completa de los tres picos. "Cómo que tres cumbres". ¿Cuántas, pues? Entonces me explica que todavía están bajando la Cumbre Central, que han necesitado ¡quince horas! para subirla porque se han encontrado una emboscada de nieve profunda (vídeo), la nieve más peligrosa que han padecido en toda su carrera, que consideran imposible subir en el mismo día a la Cumbre Principal, que no tienen tiendas ni sacos ni comida ni bebida y que van a bajar  por la ruta normal para buscar un sitio donde dormir.

-Audio: Iñurrategi llama desde el Broad Peak

Bajaron hasta los 7.100 metros y pasaron la noche en una tienda de campaña dejada allí por otra expedición, sin sacos. Con el amanecer, Zabalza y Vallejo, "rotos, agotados", decidieron seguir bajando hasta el campo base. Iñurrategi se había levantado a a las tres de la mañana y había salido montaña arriba. Arrastraba ya tres jornadas de esfuerzo extremo en altitud, especialmente las 17 horas de la batalla de la víspera, dos días sin comer sólido, sin apenas beber y sin apenas dormir. Pero fue capaz de remontar los 700 metros de desnivel que habían perdido la noche anterior, siguió escalando hasta la antecumbre del Broad Peak, atravesó la larga arista cimera como un funámbulo a 8.000 metros y culminó la ascensión de la duodécima montaña más alta del planeta: todo en apenas seis horas desde el Campo 3, menos tiempo que la mayoría de los alpinistas que suben frescos por la ruta normal. A las nueve de la mañana pisó la cumbre, no se lo pudo comunicar a nadie porque se había dejado el walkie-talkie en la tienda, y a la una del mediodía apareció en el campo base, justo a tiempo para pillar por sorpresa a todo el mundo y sentarse a comer. Bajó más de tres mil metros en cuatro horas (aquí, la noticia detallada de la hazaña).

De vuelta en el campo base, Mikel Zabalza y Juan Vallejo explican (en castellano) el suplicio de la Cima Central y la proeza de Alberto, que les dejó con la boca abierta:

-Audio: Mikel Zabalza explica la penosa Cima Central

-Audio: Juan Vallejo explica la penosa Cima Central

¿Y qué dice Iñurrategi? "Es que el camino hasta la Cumbre Principal ya estaba abierto por otros montañeros en días anteriores, así que debo agradecérselo a ellos. Al acostarnos la noche anterior, pensé que si dormía unas horas y bebía algo, recuperaría las fuerzas suficientes como para subir por la ruta normal: no es lo mismo abrir huella que aprovechar la de otros. En la primera hora me encontré bien, remonté bastante desnivel. Pero las energías del desayuno se me consumieron muy rápido y a partir de ahí fue un martirio. Después de dos días sin comer nada sólido y sin apenas beber, el cuerpo no tenía ninguna reserva y subí vacío. Iba muy lento, sufriendo mucho. Pero el camino estaba en muy buenas condiciones: pude subir gracias a la huella abierta por otros".

-Audio: Iñurrategi, Gailur Nagusiko igoera azalduz

Pronto publicaré un reportaje completo sobre la apertura de la vía nueva al Broad Peak y la travesía de sus tres cumbres.

Publicado el 9 de agosto de 2010 a las 11:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Los amigos de la bomba atómica

Archivado en: Viajes, Estados Unidos

Hoy, 6 de agosto, es un día apropiado para recuperar esta historia del archivo:

"En el mapa de Nevada (Estados Unidos), entre las áreas parduscas del desierto y las manchas verdes de los bosques, aparecen aquí y allá unos enormes polígonos en blanco. Están delimitados por trazos rectos de color naranja. Dentro de ellos no hay rastro de topónimos, sombras de montañas ni cursos de ríos, sólo espacios vacíos de muchos kilómetros cuadrados con nombres tenebrosos: Campo de tiro de la Fuerza Aérea de Nellis, Zona de pruebas de Nevada, Campo de pruebas de Tonopah. Al borde de las carreteras 50 y 95, por ejemplo, dos pequeños rectángulos naranjas llevan como ambigua denominación Área peligrosa y Zona militar de acceso restringido.

En los años 50 el ejército probó sus juguetes atómicos en los desiertos de Nevada, hasta que un misil nuclear de veinte kilotones mató a doce científicos y los habitantes se cansaron de quedarse calvos antes de tiempo. Se organizaron protestas y los militares tuvieron que devolver algunas tierras para calmar los ánimos. Pero sólo algunas: en otras, las carreteras aún se desvían para rodear los huecos misteriosos del mapa, y desde allí siguen llegando a los pueblos ecos de bombardeos secretos y noticias a medias de residuos radiactivos almacenados en el subsuelo.

Sólo visitan esos lugares los platillos volantes, para espiar la industria armamentística. Así lo afirma el semanario Noticias del mundo, de gran éxito en los supermercados de Nevada. Su último editorial se muestra muy preocupado porque los alienígenas están secuestrando cada vez más científicos estadounidenses. Qué estarán planeando los marcianos. Y en portada, la foto exclusiva del cráneo del diablo, recién desenterrado en algún páramo del Oeste, con dos excrecencias óseas a modo de cuernos. Nada nuevo: ya sospechábamos que el diablo merodeaba por estos andurriales. Con el photoshop como herramienta al servicio de lo paranormal, los secretos de la región alimentan estos desvaríos tan entretenidos para los amantes de las conspiraciones y los paranoicos de diverso pelaje. Pero la parafernalia militar también seduce a otros fans -supuestamente más racionales- de la metralla patriótica y la bomba gloriosa.

En Wendover, primer pueblo del desierto salado de Utah, se alza un monumento «viva-la-bomba-atómica». La Fundación Memorial Wendover, impulsora del asunto, reivindica el grandioso evento que protagonizó el Grupo Composite 509 del Ejército de los Estados Unidos: bombardear Hiroshima. Según proclama un folleto de la Fundación que reparten en la oficina de turismo del pueblo, estos chavalotes del Grupo 509 se entrenaron en Wendover «para cambiar el destino de la humanidad».

«Probablemente, la historia más importante del mundo», titubea el encabezamiento del folleto. Debajo luce el logotipo del Grupo Composite 509: un rayo sobre la leyenda «Primer bombardeo atómico». Y al pie, como apoyo argumental, las palabras que pronunció el presidente Harry Truman en 1945: «La bomba atómica resulta demasiado peligrosa en un mundo sin ley. Rezamos para que Dios nos enseñe a usarla según sus caminos y sus propósitos».

Después de reclutar a Dios entre sus filas, las Fuerzas Aéreas estadounidenses desarrollaron el proyecto supersecreto Manhattan en este rincón desértico entre Nevada y Utah. El coronel Paul Tibbets -después lo nombraron general, quizás como reconocimiento a su habilidad para pulsar un botón- entrenó al mejor grupo de bombardeo para una misión que pretendía rematar la guerra. Primero ensayaron los técnicos: a las cinco de la mañana del 16 de julio de 1945, la tierra tembló en Alamogordo, desierto de Nuevo México. Una bola de fuego de 1.500 metros de diámetro estalló sobre la llanura y en su interior alcanzó 55 millones de grados. En plena noche, el resplandor iluminó la ciudad de Gallup, a 378 kilómetros, con la fuerza de varios soles. Una columna de humo blanco se elevó 12.000 metros, se abrió en forma de hongo y saludó el nacimiento de la era atómica. Apenas tres semanas más tarde, a las 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, el Enola Gay sobrevolaba Hiroshima y el mayor Ferebee anunció «¡bomba fuera!». Tibbets apretó el botón.

El folleto de la Fundación Memorial Wendover muestra la foto del hongo atómico. Debajo, la imagen de Paul Tibbets asomado a la ventanilla del Enola Gay recién aterrizado en el portaaviones: «El coronel Paul Tibbets felicita a su equipo al regreso del histórico y exitoso bombardeo». Tibbets sonríe.

En el dorso de la foto encuentro un cupón: «Sí, quiero contribuir al Memorial Wendover, que conmemora el evento más importante del Composite Group 509, que cambió el destino de la humanidad y aceleró el final de la Segunda Guerra Mundial». Puedo contribuir con 5, 10, 20, 50 o más dólares. Si aporto 50 o más, me regalan un vídeo. El folleto cuenta que el 60% de Hiroshima quedó reducido a cenizas, que tres días más tarde otra bomba arrasó Nagasaki -porque la ciudad de Kokura, primer objetivo de la jornada, quedó oculta bajo la niebla- y que el 11 de agosto Japón se rindió. «El Grupo 509 fue escogido para hacer historia... ¡y la hizo!», concluye el folleto, entusiasmado.

¿Muertos? ¿Qué muertos?".

*

Es una de las historias del libro Los sótanos del mundo.

Publicado el 6 de agosto de 2010 a las 14:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Que cómo es la vida en un campo base, preguntan

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum

Publicado el 5 de agosto de 2010 a las 11:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Waqar Yunus, porteador de altura

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum, Porteadores

Aquí va el fragmento de un futuro reportaje sobre los porteadores baltíes del Karakórum, en el que no todo serán viejillos doblados bajo el peso de bidones enormes.

"-Una vez en el Gasherbrum II me dejaron solo, exhausto, sin comida, y no podía ni moverme. Estaba tumbado en la nieve, pensando que iba a morir allí, cuando apareció un montañero japonés que me preparó una sopa de sobre. Con esa sopa ya pude ponerme en pie y empezar el descenso.

Ese fue el peor momento de la carrera de Waqar Yunus, un porteador de altura de 42 años que lleva desde los 19 abriendo huellas en la nieve, fijando cuerdas en los tramos más delicados y transportando las cargas de los montañeros a siete y ocho mil metros.

(Waqar Yunus, en el campo base del Broad Peak).

-Este año he decidido retirarme. Cuando era joven, subía desde el campo base hasta el campo 3 de tirón, con 13 kilos en la mochila, dejaba el material y bajaba seguido. Ahora ya no puedo. Es muy duro, es peligroso y además tengo negocios y tres mujeres: mucho trabajo -se ríe.

Los porteadores de altura como Yunus ganan mucho más que un porteador común, de los que transportan las cargas hasta el campo base: entre 12 y 15 euros diarios. Gozan de un notable prestigio social en sus valles natales. Y a veces, en su labor de apoyo, llegan hasta la misma cumbre de las grandes montañas. Así se van labrando un palmarés y un cierto caché:

-Empecé como pinche de cocina con 18 años, en una expedición al Broad Peak. Al año siguiente ya me vieron fuerte y me llevaron como porteador de altura al Gasherbrum II (8.035 metros). Esa montaña la coroné con 24 años, ayudando a una expedición catalana. También he subido tres veces al K2, en una de ellas llegué hasta los 8.100 metros. Y en otra ocasión, con una expedición japonesa, nos quedamos a 150 metros de la cumbre del Gasherbrum I (8.068 m.). Soplaba un viento terrible, hacía muchísimo frío y el hielo estaba tan duro que golpeábamos con el piolet y no se clavaba ni un milímetro. Además nos quedamos sin cuerdas, así que tuvimos que bajar.

Con el dinero ganado en los ochomiles, Yunus abrió el hotel Karakorum Inn en pleno bazar de Skardú (capital del Baltistán), un edificio de tres plantas y 35 habitaciones en el que se jacta de ofrecer comida pakistaní, china, inglesa y española. La prosperidad económica también le ha permitido tener tres mujeres, con las que se casó a los 25, 27 y 29 años: una en Kande, su pueblo natal, con la que tiene tres hijos y una hija; otra en el cercano Hushe, con la que tiene un hijo y una hija; y la tercera en Skardú, sin hijos.

-El montañismo es muy bueno para la región. En invierno, muchos hombres emigran a las ciudades, a Rawalpindi, a Lahore, a Karachi, porque en nuestros valles no tenemos ningún trabajo. Las familias apenas pueden sobrevivir con lo poco que cultivan y con alguna cabra. No tienen ingresos. Pero en verano llegan las expediciones, que necesitan cientos de porteadores, cocineros, guías... Es dinero para mucha gente".

El reportaje describirá las andanzas y los sufrimientos de los porteadores, los empeños de los habitantes de los valles del Karakórum para conseguir unas vidas más dignas, las experiencias y opiniones de algunos montañeros para aclarar si estamos ante un caso de explotación o un trato laboral justo...

Publicado el 3 de agosto de 2010 a las 16:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

¡Chun-tacatachún-chimpum! ¡Menudos tres!

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum

Algunas de estas imágenes dan escalofríos. Pero esos primeros tres segundos de apariencia relajada son los que a mí aún me remueven los nervios: yo veía cómo las tres hormiguitas se alejaban del campo base, pronto desaparecían glaciar adentro, y luego me pasaba el día con el walkie-talkie en el bolsillo, esperando durante horas a que por fin sonara la llamada, tirurí-tirurí-tirurí... Si alguien me explica cómo editar y colgar archivos de audio WMA, publicaré alguna de esas charlas tartamudas y confusas del talkie.

 

Publicado el 1 de agosto de 2010 a las 22:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

¡Y en casa preocupaus!

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum

Desde la puerta de mi tienda de campaña, con vistas a un diamante de rocas y hielo que se alza cuatro kilómetros en vertical, al que llaman K2. En las noches limpias, sobre la misma cumbre brilla la Estrella Polar.

Publicado el 1 de agosto de 2010 a las 21:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Reformas en el campo base

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum

No es un zigurat, una mastaba, una pirámide, un mausoleo ni un altar de sacrificio. Después de 24 días multiplicados por diez intestinos, Karim y Amín clausuraron el primer receptáculo de roca (que no de Roca) y construyeron el segundo. Podéis ver al fondo el K2 y en primer plano la tienda de las dos kas.

Publicado el 29 de julio de 2010 a las 09:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

Enlaces

La primera etapa de este blog:

Aquel blog con ruedas:

Amigos y maestros:

- Entre Asia y Europa (Zigor Aldama)

- Las ciudades visibles (Oskar Alegría)

- Balazos (David Álvarez)

- Independent docs (Unai Aranzadi)

- Salam agur (Mikel Ayestarán)

- El kiliki errante (Daniel Burgui)

- Leitzaran (Xabier Cabezón)

- Sintomático (Miguel Carvajal)

- Vagamontañas (Eider Elizegi)

- Sergio Fanjul (pues eso)

- Mari kazetari (June Fernández)

- Harrikadak (Mikel Iturria)

- La buena prensa (Miguel Ángel Jimeno)

- Cosas de cumbres (Javier Marrodán)

- Diario de un escéptico (Jaime Martín)

- Momo dice (Lucía Martínez Odriozola)

- Fogonazos (Antonio Martínez Ron)

- Letras enredadas (Pedro de Miguel)

- El jukebox (Alberto Moyano)

- Allendegui (Juan Andrés Muñoz)

- El canódromo (Javier Muñoz)

- Eresfea (Josean Pérez Aguirre)

- Gente de internet (Leandro Pérez Miguel)

- Paper papers (Toni Piqué y Gonzalo Peltzer)

- El adversario (Carlos Ranedo)

- Carreras del mundo (Marc Roig)

- Un quiosco de malaquita (Mònica Roig)

- Un vikingo en Asia (Eric San Juan)

- Vagón-bar (Paco Sánchez)

- Vivir de buena gana (Miguel Sánchez Ostiz)

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Recibe este blog tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD