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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Fuck off / ongi etorri

Archivado en: Batido de coco, Emigración

El debate sobre la emigración es muy complejo, tiene muchos rincones, no puede simplificarse. Vale. Pero al final, después de darle mil rodeos, siempre vuelvo a la casilla de salida: qué derecho tenemos los habitantes de la opulencia a cerrarles el paso a quienes vienen de la miseria, en nombre de qué razones les impedimos que tomen su parte del pastel. Sólo se me ocurren respuestas egoístas.

La emigración es un jaleo, claro, quién lo niega. El asunto es que no parecemos muy dispuestos a ceder un milímetro de nuestra comodidad para que otros puedan respirar. Preferimos levantar un muro de excusas alrededor de nuestra chiripa geográfica para no saber nada de esas personas raras a las que les ha tocado nacer en el lado chungo, para no pensar que nuestro nivelón de vida es cómplice de la injusticia.

Publicado el 7 de abril de 2010 a las 20:15.

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Un dedito contra el hambre

Archivado en: Batido de coco, Facebook

Seamos críticos, seamos despiertos, denunciemos a las grandes instituciones que tengan responsabilidades en las grandes injusticias de este mundo. Claro que sí. Ojalá hubiera muchos más críticos rigurosos, con argumentos, entusiasmo y poder suficiente para poner el dedo en tantas llagas. No dejemos a ninguna persona ni a ninguna organización fuera de nuestro juicio crítico. ¡A por ellos!

Pero no seamos hipócritas. No gritemos tanto si no somos capaces de exigirnos nada a nosotros mismos.

El creador de una página de Facebook llamada "Cambio los tesoros del Vaticano por comida para África" se alegra de dos datos: han superado el millón de personas apuntadas a la página y han recaudado 3.000 euros para Médicos Sin Fronteras (es decir: hacen falta diez  de esas personas para juntar tres céntimos de euro).

No dudo de las buenas intenciones de ese millón de personas, seguramente tienen un gran corazón. Me alegro de verdad por esos 3.000 euros, que mejorarán la vida de alguien, y agradezco su esfuerzo al impulsor de la colecta.

Pero no nos engañemos: apuntarse contra el Vaticano no cuesta nada y esta iniciativa ofrece un retrato perfecto de nuestra solidaridad de chiripalo. ¿Quién se apunta a acusar a otros de las injusticias de este mundo? Cientos de miles de voluntarios alzan la mano. ¿Quién está dispuesto a levantarse del sillón y hacer algo real contra esas injusticias? Las manos en los bolsillos y a silbar. Entre ese millón de personas tan concienciadas, ¿cuántas contribuyen contra la pobreza con alguna iniciativa que de verdad les exija algo, les suponga algún tipo de esfuerzo, algún sacrificio? Hablo de muchas más cosas que una limosna, por supuesto, pero el dato de la recaudación no es precisamente muy alentador.

Todas esas personas olvidan un detalle muy importante: cualquiera de ellos es millonario en comparación con los hambrientos de África de quienes dicen compadecerse. Está muy bien que el Vaticano venda sus tesoros pero ¿cuántas personas entre ese millón de exigentes están dispuestas a cambiar sus tesoros (el coche, el frigorífico, la lavadora) por comida para África?

Somos unos maestros del hablar y no hacer nada. Buscamos a algún culpable lo suficientemente grande y malvado como para que nuestras responsabilidades, tan pequeñas, no parezcan dignas de ser juzgadas. Y así nos sentimos con la conciencia tranquila aunque nunca movamos un dedo. O sólo uno: el de hacer click en Facebook.

*
Con la rabia que me da escribir sermones...

Publicado el 6 de noviembre de 2009 a las 11:15.

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¡Que te comas al abuelo! Ya no, mami

Archivado en: Batido de coco, Luis Pancorbo

Cuando escribí aquellas entradas sobre los testimonios humanos en las cumbres de los alrededores (Bianditz, Jaizkibel), volví a pensar en un asunto que siempre me ha intrigado: el empeño que tiene mucha gente en organizar el destino de su propio cadáver.

En cierta ocasión, un amigo dijo que quería que esparciesen sus cenizas en tal monte. Lo dijo muy serio y sin motivo aparente (incluso creo que la Real había ganado ese domingo). Yo nunca he sentido ninguna inquietud por ese asunto. No sé, quizá me surja más adelante, pero ahora mismo no veo mucha diferencia entre que mi cadáver se haga uno con el cosmos o que se lo echen para comer a los perros. Bueno, sí: en el cosmos quizá me encuentre con Paulo Coelho, y eso sí que no.

Por el momento, mi única y leve preocupación es que se proceda con mis restos de una manera barata, rápida y limpia (un chorro de combustible y una cerilla, fluash). No se me ocurre ningún otro deseo post mortem (en realidad, no se me ocurre nada que un fiambre pueda desear). Sí, alguna vez he propuesto que me disequen haciendo muecas, con los brazos extendidos y la mano abierta hacia arriba, y que me coloquen de esa guisa en el recibidor de una casa, para que las visitas puedan colgar sus abrigos y sus paraguas en mis brazos y manos, mientras ríen y comentan la graciosa ocurrencia y sus ganas de imitarla.

Aparte de esas tonterías, no se me ocurría nada más. Hasta que hace unos días, en Tolosa, escuché una interesantísima conferencia del viajero, periodista, antropólogo y gran divulgador Luis Pancorbo, que habló sobre ciertas tribus amazónicas. Dijo algunas cosas sobre los yanomami.

Los miembros de este pueblo amazónico consideran que toda persona tiene un animal que es su doble. Puede ser un jaguar, una nutria, un tucán... Y ambos, persona y animal, corren suertes parejas. Cuando el hombre tiene hambre, es porque en ese momento el jaguar al que está asociado también tiene hambre. Cuando el hombre sale a cazar, el jaguar sale a cazar. Cuando el hombre vomita, es porque el jaguar vomita. Ambos mueren a la vez.

Entonces, tras la muerte, el espíritu puramente humano puede liberarse de la asociación con el animal. Para eso hay que quemar el cuerpo. Sólo entonces se libera el espíritu, que entra en la morada del dios de ultratumba.

Los yanomamis, por tanto, queman los cadáveres. Y queman todos los objetos del difunto: la hamaca, el arco, las flechas, los enseres de cocina... Queman hasta su nombre, de una manera simbólica: en cuanto arde el cuerpo, nadie vuelve a pronunciar el nombre del difunto nunca más.

Y aquí viene lo bueno. Durante el funeral, los yanomamis preparan un banquete con carne y puré de plátano. Mezclan las cenizas del difunto en el puré y se lo comen.

Me parece una idea estupenda. Podemos ir discutiendo el menú. ¿Preferís mezclarme con el colacao y echarme unos crispis, batirme y revolverme con unos huevos y unos hongos suculentos, revolverme en un buen marmitako?

Me gustaría dejaros un buen sabor de boca.

Publicado el 8 de junio de 2009 a las 08:00.

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¿Cómo lo llevas psicológicamente?

Archivado en: Batido de coco

Me gustó que algunas cafeterías y algunos restaurantes de Nueva York prohibieran el uso del teléfono móvil, para proteger a los demás clientes de la avalancha verborreica de tanto impúdico suelto. Y recordé aquella prohibición un poco después, en el autobús que me llevaba de Madrid a San Sebastián. Muchos pasajeros ya no soportan varias horas de silencio, lectura o contemplación por la ventana (en fin, no soportan quedarse a solas con ellos mismos) y empiezan a telefonear a todo quisqui para salvar ese aburrimiento desesperado. El parloteo se extiende por el autobús y trepana el cráneo de todo aquel que pretenda sestear o leer un poco. 

Mi compañera de asiento, una chica que llevaba tres pueblos burgaleses explicando por teléfono una fiesta de disfraces, se interrumpió un momento. Al parecer, su interlocutora se estaba preocupando por el coste de la llamada. Y entonces la chica soltó una frase terrorífica: "Tranquila, es que pago un minuto y puedo hablar cien".

Si algún día se confirma que las ondas de los móviles alteran nuestras células, en aquel autobús se estaba rifando un enorme tumor. Pero los diálogos troceados casi merecían un cáncer. Una señora cubana o dominicana discutía a gritos sobre unas tijeras de uñas: "¡Yo pensé que eran las mías! ¿Cómo me voy a llevar unas tijeras de uñas que no son mías? ¿Estás loca?". Un hombre trataba de bajar la voz al explicar los detalles de una negociación empresarial, pero acababa informando a todo el pasaje sobre la dudosa catadura moral de su cliente. Al otro lado del pasillo, una chica preguntó con voz atemorizada: "¿Se ha enterado ya el aitá?". Una joven china, de apariencia delicada y cutis porcelanoso, se enfadó con su interlocutor y empezó a graznar y gorgotear como si estuviera bebiéndose de trago un bidón de callos en salsa. Justo detrás de mí, una chica guipuzcoana que estudiaba en Madrid le dio esta explicación a su compañera de viaje: "Mi madre me dejó ir a vivir a un piso con mis amigos, con la condición de que su psicólogo me hiciera un seguimiento".

* * *

Nos obsesiona la seguridad. Ansiamos tener la vida bajo control hasta los mínimos flecos y buscamos manuales de instrucciones para todo. No hay más que ver los libros de autoayuda, las revistas especializadas y los programas de televisión que tratan la vida como una lavadora medianamente complicada de programar: cómo criar hijos adolescentes mangarranes, cómo triunfar en el trabajo, cómo organizar las finanzas domésticas, cómo clasificar a los amigos y familiares en nueve tipos, cómo cuidar la relación de pareja, cómo ahorrar, cómo gastar.

Conozco a personas que han salido de pozos profundos gracias a la ayuda de un psicólogo (también a personas que no han sacado nada en limpio después de bastantes sesiones, pero eso puede pasar en cualquier ámbito). Tengo a esa profesión por una rama médica valiosa. Sin embargo, la psicología empieza a aparecer hasta en la sopa, nos la recomiendan en cuanto surge un grumo de complicación en nuestra vida, y me da la impresión de que se ha convertido en el comodín al que recurrimos para que nos mastique las complejidades de la existencia y nos las dé en papilla.

La madre que exige la supervisión de un psicólogo para que su hija viva en un piso de estudiantes parece un caso extremo, caricaturesco, pero resulta muy ilustrativo de esta clase de dimisiones personales. Porque en el fondo son dimisiones: ni soy capaz de tutelar esa primera emancipación de mi hija ni me hago cargo de las consecuencias; prefiero pagar a un profesional para que tome mis decisiones y asuma mi responsabilidad.

No aceptamos la incertidumbre, no aceptamos las consecuencias de nuestras propias decisiones, nos asusta -demasiado- la posibilidad de errar. Por eso necesitamos que un profesional nos aconseje qué decidimos, cuáles son nuestras prioridades, cuáles son nuestros problemas, qué debemos evitar, qué debemos buscar, por qué cosas luchamos y cuáles abandonamos. Queremos que nuestras decisiones subjetivas, falibles, inseguras, cuenten con el respaldo de un profesional y así se conviertan en decisiones objetivamente acertadas, profesionalmente garantizadas, corolarios de leyes firmes.

Y sin embargo, parece difícil que el mejor profesional en los asuntos de nuestra propia vida no seamos nosotros mismos. Al menos mientras seamos capaces de llevar las riendas, que no siempre podemos.

* * *

Eresfea transcribe en su blog estas palabras de Clint Eastwood:

"Las nuevas generaciones de jóvenes son bastante quejicas, no nos engañemos. Ahora la gente pregunta a los niños cosas del tipo `¿cómo estás llevando las cosas desde un punto de vista psicológico?´. Antiguamente tan sólo apretabas el culo y tirabas hacia delante. Y si te tocaba las narices un chaval más grande que tú, le respondías y eso te permitía ganarte el respeto de los demás.

No puedo decirte cuándo empezó todo esto de la `generación de los quejicas´ pero supongo que algo se torció cuando la gente empezó a preguntarse continuamente por el sentido de la vida".

* * *

En un episodio de Los Simpson, Marge se engancha a las tragaperras y acaba confesando su adicción: "Es cierto, tengo un problema. Necesitaré la ayuda de un psicólogo para superarlo". Responde Homer: "No, que son muy caros. No lo vuelvas a hacer y ya está".

Publicado el 5 de enero de 2009 a las 00:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

Enlaces

La primera etapa de este blog:

Aquel blog con ruedas:

Amigos y maestros:

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- Independent docs (Unai Aranzadi)

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- El canódromo (Javier Muñoz)

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- Vivir de buena gana (Miguel Sánchez Ostiz)

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