jueves, 20 de septiembre de 2018 06:04 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Javier Memba

El insolidario

Una celebración del universo de Blake y Mortimer

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Las aventuras de Blake y Mortimer, sobre "La vara de Plutarco"

imagen

            El inexorable alejamiento de la impronta de Edgar P. Jacobs, por el que derivaron las aventuras de Blake y Mortimer cuando fueron retomadas por otros autores, alcanzó sus cotas más altas en El juramento de los cinco lores (2012), mucho más cerca del universo de T. E. Lawrence que del los héroes de Park Lane. Desde entonces ha habido un intento deliberado por parte de los sucesores del maestro de retomar sus asuntos, que a la postre no son otra cosa que los cánones de la serie. De ahí que La onda Séptimus (2013), la penúltima entrega, sea una vuelta al argumento de La marca amarilla (1956), la obra maestra de Jacobs. Ésa también es la causa de que La vara de Plutarco (2015), este último álbum de la serie que vengo a comentar con el entusiasmo que me ha procurado su lectura, nos lleve a los días anteriores a El secreto del Espadón (1950-1953), esa triple aventura que abrió la colección.

            Yves Sente (guión) y André Juillard (dibujo) son los autores de un mayor número de entregas posteriores al fallecimiento de Jacobs. A ellos se debe, entre otras, El juramento... Así que, en cierto sentido, el desagrado que me causó aquel álbum ha sido reparado con creces con la satisfacción que me ha causado de éste. No acabo de entender las críticas de las que La Vara de Plutarco ha sido objeto en algunos foros de aficionados a la serie.

 

            Sente, que fuera el primero de los sucesores de Jacobs en acometer el pasado de los personajes en el primer tomo de Los sarcófagos del sexto continente (2003), vuelve ahora sobre él. Tiene a tal efecto una guía inmejorable: Les Mémoires de Blake et Mortimer: Un opéra de papier, las memorias que el propio Jacobs publicó en 1981, páginas en las que intercala sus recuerdos con apuntes sobre sus personajes. Es allí donde el maestro nos dice que el capitán Francis Blake, antes de ser reclamado por el MI5, fue un oficial de la RAF. Este último empleo le ocupa al comienzo de La vara de Plutarco. Comanda una escuadrilla de un portaviones de la Royal Navy: The Intrepid.

 

            Estamos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Aunque el capitán, pilotando su aparato, regresa a Londres desde alta mar para derribar un avión de la Luftwaffe que intenta destruir el parlamento británico, el verdadero enemigo de esta historia no son los alemanes. Muy por el contrario, son los espías del Imperio Amarillo de Basam Damdu, el dictador de Lhasa que pondrá en marcha un conflicto mundial en El secreto del espadón, que ya se teme la inteligencia inglesa. Esa guerra, que comienza a fraguarse en el Tíbet, es a la que se fragua en estas páginas. Si bien eso de la "amenaza amarilla" obedece a un viejo temor occidental -como poco se remonta a aquel vaticinio de Napoleón que rezaba: "Cuando China despierte, el mundo temblará"- siempre me ha chocado que el lugar elegido por Jacobs para el nacimiento de ese nuevo orden mundial fuese un país que imagino lleno de lamaserías y tan apacible como el presentado por Hergé en Tintín en el Tíbet (1959), mucho antes, por cierto, de que los apologetas del Dalai Lama de Hollywood se pusieran en marcha.

 

            Pero quedémonos de momento en La vara de Plutarco. Durante el combate en el cielo del parlamento, uno de los militares que han sido testigos del enfrentamiento desde el puente de Westminster muere al caerle encima los restos del avión. Su jefe, el comandante Benson, pertenece al Estado Mayor. La Oficina de Guerra está desolada ante la facilidad con la que el enemigo descifra sus mensajes. Dada la eficacia con la que Blake ha derribado al alemán, pide permiso a los superiores del capitán para que le permita ocupar el puesto dejado por el finado. Como el tiempo apremia, Benson invita Blake a hospedarse esa noche en su casa. En efecto, es la primera vez que el capitán entra en el que será su piso de soltero junto al profesor Philip Mortimer.

 

            La misión consiste en enviar una serie de falsas señales desde el estrecho de Gibraltar para confundir a los alemanes respecto al lugar del desembarco aliado en Francia. El profesor es el encargado de diseñar los transmisores en un centro secreto del MI6 donde se descifran los códigos del enemigo y se idean las claves propias. Un lugar que me ha recordado la base de Spaceways (1953), la deliciosa cinta del gran Terence Fisher, donde Blake vuelve a encontrarse con Mortimer. En el MI5 -el servicio de seguridad interior al que el capitán pertenece en el resto de los álbumes, frente a este MI6 de estas viñetas, su par para el exterior- no ingresará hasta El secreto del Espadón.

 

            Entre los agentes, lingüistas, científicos y demás expertos que conviven en el centro, también se encuentra Olrik. Es aquí donde nuestros héroes y su eterno enemigo se encuentran. Se nos dice que el villano, en el que el propio Jacobs se retrató, es húngaro y se encuentra allí en calidad de políglota. Comparte su barracón con Zhang Hasso, un tibetano que hace creer a Olrik que trabaja para el futuro imperio de Basam Damdu.

 

            Ahí queda la cosa cuando Blake y Mortimer vuelan hasta Gibraltar para dejar caer los trasmisores en sus aguas. Los submarinos italianos que patrullan en el Mediterráneo captan sus señales y se lo comunican a sus aliados alemanes. El engaño funciona hasta que deja de hacerlo y los ingleses descubren que hay un traidor entre ellos. El felón no es Zhang Hasso, como cabría esperar. La corrección política de nuestros días -que aplaudo- y as referencias posteriores de la colección han llevado a Sente a buscar a otro traidor. Son dos para ser exactos: los gemelos Clarke, ambos tenientes del ejército británico. Uno de ellos está destinado como ayudante de Benson, su hermano Harvey es su homólogo respecto al jefe de la base de Gibraltar. Entre ellos se pasan los mensajes para desbaratar los planes de los ingleses mediante la vara de Plutarco aludida en el título. Se trata de una regla de corte hexagonal que, colocando adecuadamente las letras grabadas en el interior, permite leer los mensajes que los hermanos se envían, desbaratando así los planes del alto mando británico. "Es el medio más antiguo para transmitir mensajes secretos", explica Mortimer (5ª viñeta, pág. 59). "¡Plutarco cuenta que los espartanos lo utilizaron por primera vez hacia el año 400 a. C.!"

 

            Naturalmente, Olrik está detrás de los envíos. Su empeño consiste en que los aliados y los nazis sigan debilitándose,"cuando acabe la guerra todo redundará en beneficio de nuestro emperador" (última viñeta pág. 41). Hasso, que consigue escapar del coronel haciéndose pasar por agente de Lhasa, no es otro que el informante con el código ZH22. Aquel que morirá a manos de Olrik en las primeras viñetas del primer tomo de El secreto del Espadón, luego de que el villano le descubra comunicando con la base de Scaw-Fell hacia la que parte el capitán al final de esta entrega. Y también es Olrik quien da muerte a Harvey Clarke, después de que éste asesine al comandante Benson. Odia a su jefe porque le considera culpable de la muerte de su padre en la Gran Guerra.

 

            No cabe duda de que esas referencias a las entregas anteriores de la serie contribuyen a crear el universo propio de las aventuras. A mi juicio, todos los mundos ficticios construidos mediante este procedimiento tienen su origen en La Comedia Humana. Abundando en ese entramado de alusiones, se impone dar noticia del ofrecimiento de su casa como alojamiento al capitán por parte de la ya viuda Benson. Sí señor, ella será la señora Benson de Park Lane en el resto de las entregas de la colección. Cronológicamente todas ellas son posteriores, aunque esta sea la última publicada.

 

            En definitiva, La vara de Plutarco es toda una celebración del las aventuras de Blake y Mortimer, cuya lectura ha sido un verdadero placer.

Publicado el 7 de enero de 2016 a las 22:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Comentarios - 2

1 | Ivo - 15/1/2016 - 03:13

Muito interessantes seus comentários, concordo com eles.

2 | Javier Memba (Web) - 15/1/2016 - 22:14

Muchas gracias.

Tu comentario

NORMAS

  • - Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • - Toda alusión personal injuriosa será automáticamente borrada.
  • - No está permitido hacer comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • - Gente Digital no se hace responsable de las opiniones publicadas.
  • - No está permito incluir código HTML.

* Campos obligatorios

Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


Seguir en Facebook

              Instagram

 

https://twitter.com/javiermemba

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

COMPRAR EN KINDLE:

 

 

 

 

Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Archivo

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD