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Blog de José Luis Gutiérrez Muñoz

Sonrisas de colores

Diwali

Archivado en: diwali, india, bal mandir, cooperacion, desarrollo

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Hoy es el día de Año Nuevo en el calendario hindú. Ayer se celebró el Diwali, la festividad religiosa más importante de la India, también llamada "fiesta de la luz", en la que se conmemora el triunfo del bien sobre el mal. Hinduistas, budistas, jainistas y sijs, evocan la victoria del dios Krishna, a través de su príncipe Ram, sobre el demonio Ravana, que mantuvo secuestradas durante catorce años a dieciséis mil doncellas en la isla de Sri Lanka. Dice la leyenda que los ciudadanos de India iluminaron el camino de vuelta a casa del príncipe Ram con infinidad de lamparillas de aceite, por eso el día del Diwali las casas se llenan de velas, y luces de colores. Además, para festejar esa victoria, se tiran infinidad de petardos durante toda la noche, incluso durante los días anteriores y posteriores al Diwali. En muchos aspectos, esta celebración se parece a nuestra Navidad: las casas se engalanan, se visita a familiares y amigos, se intercambian regalos, se estrenan ropas nuevas y se preparan comidas exquisitas.

Barack Obama, que inicia hoy en Calcuta su primera visita oficial a este país, ya ha felicitado el Diwali a todos los indios.

Millones de personas lanzan al cielo infinidad de cohetes y petardos, cada año más, porque el crecimiento económico de este país también repercute en esto. El gobierno indio ha pedido a los ciudadanos moderación con la pólvora, por el peligro que entraña, y porque se dispara la contaminación, ya de por sí elevada, pero a juzgar por las continuas explosiones, de noche y de día, que anoche alcanzaron su apoteosis, aquí nadie escucha este tipo de recomendaciones. Lo curioso es que hasta musulmanes y cristianos se suman a esta fiesta, aportando su dosis de ruido y humo. Claro que, hay quien ve en esto un signo de hermandad, aunque sólo sea por un día, entre religiones opuestas y muy a menudo enfrentadas.

En los ríos sagrados de la India se lanzan barcos de papel o lamparillas encendidas, y se cree que cuanto más lejos lleguen, mayor será la suerte y la prosperidad durante el año que empieza. Basándonos en esta tradición, nosotros hemos querido enviar también una nave con luz, no un barquito de papel, sino un globo de luz. Con los niños y niñas de Matruchhaya, que ya son expertos en este arte, fabricamos catorce globos de papel, con la intención de lanzarlos al cielo por la noche, y aportar un poco de serena belleza en medio de esta locura pirotécnica, pero los dioses que gobiernan esta parte del mundo, poco partidarios de novedades, favorecieron con la climatología el humo y el petardeo, y al levantar un poco de aire hicieron imposible el vuelo de nuestras silenciosas naves.

Mejor así, porque de lo contrario, nos hubiéramos sentido atacados por miles de baterías antiaéreas dispuestas a derribar nuestras pacíficas y majestuosas lámparas voladoras.

José Luis Gutiérrez

Matruchhaya, 6 de noviembre de 2010

 

Publicado el 30 de noviembre de 2010 a las 10:00.

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Recién llegados

Archivado en: Matruchhaya, Diwali, Sandeep, Dipali, embarazo

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El pasado lunes 2 de noviembre, cuando terminamos de trabajar con los niños y niñas de Matruchhaya, a eso de las seis y media de la tarde, salimos a llamar por teléfono a un locutorio que se encuentra a unos quinientas metros del orfanato. A la vuelta nos encontramos un coche de policía aparcado en la puerta.

Recien llegadosCuando entramos, Sandeep, el secretario de Matruchhaya, nos dijo que acababa de recoger a un bebé recién nacido de la cuna que han instalado en la tapia exterior del orfanato, comunicada con el interior, de modo que sea fácil abandonar al bebé, sin que éste corra ningún peligro, la madre no se tenga que identificar, y que la criatura sea descubierta rápidamente. Algo similar a lo que en los antiguos orfanatos llamaban torno.

La policía acudió inmediatamente para levantar acta del abandono. El bebé aparentemente estaba sano, pese a lo cual, al día siguiente, le llevaron al hospital para hacerle un reconocimiento general. Allí confirmaron que no mostraba ningún problema de salud. El propio Sandeep eligió como nombre para la niña Dipali, porque se parece mucho a Diwali.

Supongo que a Dipali le espera un futuro prometedor, porque reúne todos los requisitos para poder ser adoptada muy pronto: no se aprecia en ella problema físico, ni de ningún otro tipo, y además, no hay rastro de la madre, ni de familiar alguno, lo cual simplifica mucho el papeleo. Después de la cena, una monja y una cuidadora vinieron hasta mi habitación con el nuevo bebé en brazos, para mostrármelo. La monja llevaba en la mano un trapo, y me indicó que era la tela en la que su madre la había envuelto para dejarla en la cuna. Aunque no le dije nada, pensé que deberían guardar esa prenda como si fuera una reliquia, porque era el único vestigio que Dipali tendría de su madre biológica.

El día siguiente, martes 3 de noviembre, a última hora de la tarde, Sandeep recibió un aviso urgente: una chica joven acababa de dar a luz en un hospital de Baroda, y pedía al doctor que matara al bebé, y le permitiera a ella salir sin siquiera registrar su nombre. Era muy joven y soltera, había logrado llevar el embarazo en secreto, y sentía que su vida quedaría destrozada en el momento en que en su entorno se supiera que había sido madre. Sandeep, avisado por el doctor, se presentó allí de inmediato, y tranquilizó a la chica asegurándole que si firmaba la renuncia al bebé, Matruchhaya se ocuparía de él, y ella quedaría en el anonimato. Esto último hubo de repetírselo varias veces, y hasta prometérselo. Finalmente firmó. A las diez y media de la noche Sandeep estaba en Matruchhaya con un nuevo bebé, otra niña, a la que han puesto de nombre Shraddha.

Además, hoy mismo han recibido aviso de otro hospital para ir a recoger a un nuevo recién nacido, otra niña. No es habitual ingresar tres niñas recién nacidas en cuatro días, pero lo cierto es que Matruchhaya está adquiriendo prestigio como orfanato, y para las madres que tienen que tomar la difícil decisión de abandonar a su recién nacido, este orfanato les ofrece la seguridad de que estará bien atendido, y de que se respetará escrupulosamente su anonimato.

Algunas chicas jóvenes que han quedado embarazadas, pasan los últimos meses de gestación ocultas en Matruchhaya, dan a luz en un hospital próximo, firman la renuncia a su bebé, regresan al orfanato, y cuando se sienten recuperadas del parto, regresan a su casa sin siquiera ver a la criatura que han parido. Las monjas dicen que de ese modo es menos dura la separación. La discreción con la que son llevados estos asuntos, permite a la chica volver a su entorno sin despertar ninguna sospecha, simplemente ha de decir que ha estado de viaje unos meses por cualquier cuestión.

Publicado el 6 de noviembre de 2009 a las 08:30.

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Globo

Archivado en: India, Diwali, globo, cooperación, desarrollo, ONG, orfanatos, Matruchhaya

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No recuerdo qué día del mes de julio de este año, cuando estábamos trabajando con los niños y niñas de Sinincay, en Ecuador, vimos que la plaza se engalanaba para una fiesta. Ésa misma noche participamos de los bailes, y contemplamos un humilde espectáculo pirotécnico, que tenía embelesados a los menores. Cuando terminaron los fuegos artificiales, desplegaron un globo de papel de seda, en forma de cubo, de aproximadamente un metro de lado, compuesto por una sucesión de formas geométricas, de llamativos colores.

Todo el globo estaba cerrado, excepto por la parte inferior, donde un aro, de fina varilla de caña, dejaba una abertura circular de unos 40 cm . de diámetro. En el centro del círculo se suspendía una tira de lienzo, enrollada a dos alambres tensados en forma de cruz desde el aro. El lienzo estaba impregnado en parafina, el combustible capaz de hacer volar el artefacto. Prendieron varias hojas de papel de periódico, con las que calentaron el aire del interior del globo para, poco después, encender el lienzo.

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Publicado el 19 de octubre de 2009 a las 09:15.

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Saputara

Archivado en: Saputara, Matruchhaya, Gujarat, India, Maharashtra, Baroda, Ahmedabad, Diwali

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Nadiad, 15 de noviembre de 2008

El pasado martes 11 de noviembre, a las once de la noche, un autocar de sesenta plazas nos esperaba en la puerta del orfanato. Durante todo el día los niños y niñas de Matruchhaya estuvieron nerviosos, porque sabían que por la noche saldríamos de viaje hacia Saputara, un pueblecito de montaña, a tres mil metros de altitud, al sur de Gujarat, en el límite con la región de Maharashtra.

Invertimos nueve horas y media en hacer los trescientos cincuenta kilómetros que separan Nadiad del mencionado pueblo. Los niños no paraban de cantar y reír. Tal era la expectación que el viaje había despertado en ellos, que parecía imposible que se llegaran a dormir; pero afortunadamente, después de varias horas, uno tras otro fueron cayendo dormidos. Llevábamos cuarenta menores, desde los tres o cuatro años de edad de Bhauna o Sapna, hasta los dieciocho de Sanguita, todos ellos igualmente ilusionados. Además nos acompañaban diez cuidadoras, y cuatro trabajadores del orfanato. Toda una expedición.

Varios días antes habíamos preparado el viaje con Sister Pushpa, la directora de Matruchhaya. Queríamos que nuestra estancia aquí, además de las actividades lúdicas y creativas que desarrollamos, sirviera de excusa para hacer algo excepcional con los niños.

Hace dos años fue una visita al zoológico de Baroda, el año pasado fuimos al circo de Ahmedabad, y éste queríamos organizar algo diferente, más ambicioso incluso que lo de años anteriores. Sister Pushpa nos habló de Saputara, y nos dijo que unas Hermanas de su congregación regentaban un internado allí, que nos podría servir de alojamiento, pues los estudiantes estaban aún disfrutando de sus vacaciones del Diwali.

Nos pareció buena idea, y contratamos el viaje con un conductor de autocares, conocido de las monjas, que resultó ser un magnífico profesional del volante, que hizo sentirnos seguros en todo momento.

Cuando llegamos a Saputara, por la mañana, después de toda la noche de viaje, tres monjas del internado nos estaban esperando. Tras el desayuno, quisimos tomarnos un tiempo de descanso, pero los niños estaban tan alterados, que salimos inmediatamente hacia el teleférico.

Algunos expresaron cierto temor a la altura, pero arropados por el grupo, todos se fueron subiendo a las cabinas, excepto Bhauna, que al tener un problema de corazón, nos pareció más prudente que se quedara esperándonos, comiéndose un helado con su cuidadora.

La experiencia fue única para todos ellos, y las vistas preciosas. Cuando bajamos, caminamos hasta una planicie donde ofrecían paseos en camello. En esta actividad sí incluimos a Bhauna.
Regresamos a comer al internado y, después de un pequeño descanso, nos fuimos a dar un paseo en barca por el lago de Saputara. Llenamos tres barcazas, pero el dueño del negocio no quiso cobrarnos nada, al saber que los niños eran de un orfanato.

Por esa misma razón, las monjas consiguieron precios muy reducidos en el resto de los sitios a los que fuimos. Cuando volvimos al internado estábamos agotados, pese a lo cual, los niños no paraban de jugar y reír.

El jueves 13 de noviembre, por la mañana, emprendimos el regreso, pero decidimos tomárnoslo con calma, e ir parando en distintos lugares por el camino. Cuando se acercaba la hora de la comida, nos detuvimos junto a un río, en un lugar idóneo para el baño, pues se formaban pequeños remansos de poca profundidad. Entre bromas y salpicaduras, todos los niños y niñas se fueron metiendo en el agua con la ropa que vestían, aunque sin calzado.

Sister Koquila, que nos acompañaba desde Matruchhaya, se metió en el agua con el hábito; parecía una niña más, y ella misma se encargó de echar al agua, uno tras otro, a todos los mayores que parecían conformarse con contemplar la escena desde la orilla. Yo me sentía a salvo, tranquilamente sentado en mi silla de ruedas.

Sabía que les parecería demasiado peligroso arrastrarme hasta el agua; pero entonces, alguien pensó que si yo no podía ir hasta el agua, el agua sí podía llegar hasta mi, y Punam, una de nuestras niñas, se acercó a mí sigilosamente por la espalda, y vació sobre mi cabeza una botella grande de agua, de modo que, terminamos todos empapados, por lo que comimos al sol mientras nos secábamos. Entre unas cosas y otras, llegamos al orfanato a las tres de la madrugada del viernes.

Publicado el 17 de noviembre de 2008 a las 14:30.

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José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz

José Luis Gutiérrez Muñoz (Madrid, 1963), pofesor Titular y Director del Departamento de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Director del Grupo de Investigación UCM "Arte al servicio de la sociedad". Responsable de diversos proyectos de cooperación al desarrollo que desde 2004 vienen llevándose a cabo en orfanatos de India, Nepal y Ecuador.

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