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El insolidario

Apuntes para unas estampas madrileñas XVIII

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Cierra A todo México

 

            No me gusta ni hablar ni escribir sobre comida. Ya sé que los tratados de cocina del Renacimiento son uno de los tesoros más preciados por los bibliófilos y supongo que el tema, en la pluma adecuada, inspirará una prosa tan elevada como cualquier otro. Pero a mí, que aborrezco la comida casera, no me interesa. Basta con encender la televisión para advertir que el auge de la gastronomía al que asistimos alcanza hasta a los niños. Ahora, sus nuevas gracias en los concursos no consisten ni en cantar ni en bailar ni en ser un precoz sabihondo; ahora, el niño que prima en la pequeña pantalla es el buen cocinero. Sin embargo, a mí, cuanto tiene que ver con los fogones me interesa tan poco como el deporte en su conjunto.

 

            De modo que al venir hoy a evocar el restaurante A todo México de la calle San Bernardino 4, no me mueve el elogio de sus suculentos tamales y enchiladas, pese a que sé que no he de volver a comerlos tan sabrosos. Muy por el contrario, vengo a reflexionar, como procuro hacer siempre al fin y al cabo, sobre cómo el tiempo se nos escapa.

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Publicado el 1 de marzo de 2016 a las 12:45.

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Apuntes para unas estampas madrileñas XVII

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           Adiós al Comercial

            En los últimos meses he asistido al cierre o remodelación de tres cafés que frecuenté cuando iba a establecimientos públicos: el Dindurra, del Paseo Begoña de Gijón; el Montesol, del Paseo Vara del Rey de Ibiza; y el Comercial, de la madrileña Glorieta de Bilbao. Tres que en realidad son cuatro si sumamos el Parnasillo de la Calle de San Andrés de Malasaña, clausurado hace unos días. No cabe duda, el de los cafés a la usanza finisecular decimonónica, con tertulias de conspiradores contra el gobierno reaccionario y cerillera atendiendo los lavabos, también es un modelo de negocio agotado.

            Lo que se estila ahora son las modernas franquicias de las multinacionales y los cafés que intentan rehabilitarse acaban convertidos en híbridos despersonalizados. Pierden ese encanto, que prolongó su larga vida desde finales del siglo XIX hasta bien entrado nuestro nefasto siglo XXI, como perdieron sus puertas giratorias en aras de las automáticas. De bien poco les sirve poner wifi y abrir páginas en Facebook. Incluso resulta chocante implantar semejantes modernismos en lugares tan a la antigua. El Dindurra ha revestido de dorados su tradicional Art Déco y a no pocos de sus clientes de toda la vida les parece una verbena.

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Publicado el 18 de septiembre de 2015 a las 13:45.

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Apuntes para unas estampas madrileñas XVII

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           Llorando a La Chopera de El Retiro

            Mis recuerdos son toda mi riqueza. Sin embargo, aquellos que guardo de lugares que ya no existen, cuyo pasado no puedo añorar desde las nuevas fisonomías, se me antojan de una memoria ajena. Calculo que a quienes añoran uno de esos pueblos sumidos bajo las aguas de un pantano ha de ocurrirles algo muy semejante a lo que me sucede a mí con la Chopera de El Retiro. Aún puedo remontarme cincuenta años atrás, cuando era un niño al que le daba miedo salir de Madrid. De aquel Madrid anterior al Zoo de la Casa de Campo, el de la Casa de Fieras, principal maravilla de El Retiro. Entonces La Chopera era una suerte de velódromo infantil donde los niños aprendían a montar en bicicleta, a menudo alquilada en El Caballo de Hierro. A excepción de mis días en La Arganzuela, siempre he vivido lejos de El Retiro. No obstante pasé en La Chopera alguna tarde de mis primeros domingos, alguna de aquellas que te invitaba a comer en su casa un compañero del colegio que vivía por allí.

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Publicado el 5 de junio de 2015 a las 22:00.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XVI)

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Recordando a Moncho Alpuente

            Tuve noticia del fallecimiento de Moncho Alpuente recién tomada tierra en el aeropuerto de Gatwick para una estancia de cuatro días en Londres. Vaya este dato como disculpa de mi demora en dejar constancia de la muerte de un buen amigo. Bien es cierto que también allí hubiera podido escribir estas líneas. Pero calculé que la distancia de Madrid habría de ser beneficiosa para evocar a alguien que, amén de una buena persona en toda la extensión de la palabra, fue uno de los principales patrocinadores del Madrid de los años 80. Es más, si no fue él quien llamó por primera vez a todo aquello "La movida madrileña" le faltó muy poco. Desde luego -junto con el también entrañable Oscar Mariné-, fue el que acuñó la expresión Madrid me mata. Nombre que dieron a una las revistas legendarias de aquellos años.

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Publicado el 27 de marzo de 2015 a las 23:00.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XV)

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Los curiosos de la cuesta Moyano  

          Guardo dos recuerdos muy queridos de Atocha y sus aledaños. El primero es el del scalextric, que se llamó popularmente al paso elevado que se alzó desde 1968 a 1986 en la glorieta del Emperador Carlos V; el segundo, el de aquellos lectores de los índices de los libros ofertados en los puestos y tenderetes de la cuesta Moyano. El scalextric de Atocha, junto al de Cuatro Caminos, fue una de las más destacadas manifestaciones de la modernidad de aquel Madrid que fue mi pequeño paraíso; los lectores de los índices, una escena familiar, capaz de procurarme un profundo sosiego incluso en mis días mas alborotados.

            Con el tiempo, los coches, signo externo de la prosperidad de las familias en ese Madrid que literalmente los alzaba al cielo en los pasos elevados, pasaron a ser la causa principal de los agobios del tráfico. No obstante lo cual, como seguían siendo indispensables, se convirtieron en una de esas cosas necesarias pese a que se tiendan a ocultar -algo así como la prostitución- y los scalextric se soterraron. Hasta ahí todo me encaja.

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Publicado el 25 de noviembre de 2014 a las 13:15.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XIV)

Archivado en: Apuntes para unas estampas madrileñas, "Elogio y exaltación del metro"

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Elogio y exaltación del metro

            Hace muchos años, en un bar muy castizo donde solía emborracharme a finales del pasado siglo, hubo una noche que el dueño me habló de lo raro que se la hacía ir a los sitios donde no hay metro. No porque necesariamente fuera a viajar en él, sino porque como buen madrileño, ir a un sitio cuyo subsuelo no estuviera horadado por sus túneles le resultaba extraño. Siendo el caso que a mí me ocurre igual, aunque nunca había llegado a considerarlo, al punto me rendí ante la certeza de su argumento.

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Publicado el 12 de septiembre de 2014 a las 00:15.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XIII)

Archivado en: Apuntes para unas estampas madrileñas, el cierre de Fuentetaja

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El cierre de Fuentetaja

            No sabría decir cuándo cerró sus puertas, pero debe de hacer más de veinticinco años. El caso es que siempre que paso por el número 28 de la calle Sagasta, recuerdo que allí estaba Libros La Tarántula. Junto al Galeón, del 7 de esa misma calle -que entonces no era de libros de viejo, como ahora- y Turner, del 3 de Génova, formaba lo que yo llamaba "las librerías de Alonso Martínez". Casi embriagaba, de tan maravilloso, el olor a papel impreso que te recibía en ellas cuando entrabas.

            Amo las librerías de Madrid desde que siendo un niño mi madre me llevaba a una que había en un piso de la calle Leganitos, sin más noticia de su existencia que una pequeña vitrina con algunas novedades en el portal de la finca, y me obsequiaba el Tintín correspondiente a la celebración de turno. A excepción de Espasa Calpe, he visto cómo cerraban todas las de mi época. Casi siempre para dar paso a tiendas de ropa, otra prueba irrefutable de la banalidad de nuestros días.

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Publicado el 17 de junio de 2014 a las 00:45.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XII)

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Cierra el último Bravo's

            Fui joven apasionadamente. Ahora bien, si en uno de mis insomnios se me apareciese Mefistófeles dispuesto a comprarme el alma a cambio de la eterna juventud, le respondería aquella frase con la que Groucho Marx fue a titular el quinto capítulo de su memorable Groucho y yo: "¿Mi juventud?, puedes quedarte con ella".

            Si acaso, si el día anterior a la vigilia de la oferta hubiese sido uno de esos en los que me dejo llevar por la ira de los frustrados, puesto Mefistófeles a ofrecerme quimeras por la entrega, se la daría a cambio de esa gloria que la fortuna me negó. Empero no creo que mi alma impía, insolidaria y blasfema pueda tener ningún valor para el gran corruptor.

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Publicado el 28 de diciembre de 2013 a las 09:00.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XI)

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           Mi camino de baldosas amarillas

            Siempre que los comerciantes vuelven a echar los toldos en las alturas de la calle Preciados, acabo recordando que fui el niño más feliz del mundo. Bien es cierto que la costumbre, que anuncia la inminencia de esos queridos 40 grados que todos los estíos bendicen mi ciudad, data de este nefasto siglo XXI. Pero a mí, siempre al tanto para verificar con mirada melancólica el paso del tiempo, me hace evocar la vieja calle Preciados. Un lugar que me sé de memoria porque mi paraíso perdido estuvo allí.

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Publicado el 22 de junio de 2013 a las 00:45.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (X)

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Malasaña, hoy igual que ayer

 

            Pese a que nunca he permanecido más de tres semanas seguidas fuera de Madrid, hay zonas de mi ciudad, de las que en otro tiempo fui habitual, por las que hace años -muchos años- no he vuelto a pasar. Con posterioridad a los días en que las frecuenté, mi vida discurrió por otros derroteros, sitos en otras calles y distritos, que me han llevado a este 2013 en que, salvo la asistencia a las proyecciones en la bienamada Filmoteca -alabado sea por siempre su nombre-, me perturba todo lo que me separe de mis libros, mis películas, mis fotos, mi ordenador... Todo, en fin, lo que signifique traspasar la puerta de mi casa.

            Ante este panorama, aunque me molesta salir, cuando acabo por hacerlo y ocasionalmente visitó algunas de esas zonas de Madrid que han quedado más lejos en el tiempo que en la distancia, me maravillo como si viajara al lugar más remoto de mi horizonte. Calculo que ha de deberse a que se trata de un viaje en el tiempo, al limbo del pasado, que por quimérico siempre es más seductor que un viaje en el espacio.

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Publicado el 17 de marzo de 2013 a las 01:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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