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Blog de Javier Memba

El insolidario

Un apunte sobre "Easy Rider"

Archivado en: Inéditos cine, Easy Rider

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            Sostiene Bertrand Russell que muchos hombres eminentes fueron más importantes por su mito que por lo que fueron en realidad. Si esta teoría también puede aplicarse a las películas, Easy Rider (Dennis Hopper, 1969) es uno de sus ejemplos incontestables. El reciente óbito de Peter Fonda, su productor y coprotagonista junto al propio Hopper, no ha de nublar el juicio sobre esta cinta medio siglo después de su estreno: Easy Rider -inútil referirse a ella como Buscando mi destino, su absurdo título español- es un mito por su banda sonora -The Band, The Byrds, The Jimi Hendrix Experience, Steppenwolf- y por su apología de la sedición juvenil de la época. Pero cinematográficamente deja mucho que desear.

 

            Puestos a hablar de filmes de hippies, la obra maestra es Zabriskie Point (1970), del gran Michelangelo Antonioni. Ambientada en los disturbios del campus de Berkeley, Mark (Mark Frechette), su protagonista, era un joven que, tras matar a un policía en una refriega, emprende la huida. En su evasión se encuentra con la bella Daría (Daria Halprin) y juntos llegan al este del Valle de la muerte, a esa parte de la sierra Amargosa conocida como Zabriskie Point. Allí, entre las dunas sedimentadas caprichosamente durante milenios, la pareja tendrá esa experiencia lisérgica correspondiente a cualquier cinta de hippies que se precie. Como la del Mardi Gras de Nueva Orleans de Easy Rider. Pero plásticamente, mucho más bonita. Las fantásticas formas que adopta el desierto en Zabriskie Point son mucho más sugerentes que los burdeles de Nueva Orleans, por donde alucinan Wyatt (Fonda) y Billy (Hopper), a los que nos ha llevado el cine con tanta frecuencia.

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Publicado el 17 de agosto de 2019 a las 18:00.

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La cartelera perdida (III)

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            (viene del asiento del 23 de julio)

            Que en marzo de 1985 las proyecciones de la Filmoteca encontrasen su nuevo acomodo en la sala Torre de Madrid fue una alegría. No carente, eso sí, de un poso de pena. Alegría porque, junto a los Alphaville de Martín de los Heros, la Filmoteca ya era mi sala favorita. Y no sólo volvía a funcionar, sino que lo hacía además relativamente cerca de mi casa. Campamento, mi barrio, no queda lejos de la Plaza de España, donde estaba el Torre. Entonces, además, tenía metro directo. Así las cosas, de haber prisa y suerte con el suburbano, sin olvidar que de joven era capaz de correr, aunque bebía y fumaba, en un momento dado podía ponerme en media hora o poco más frente a la pantalla.

 

            El poso de tristeza de aquella alegría vino dado por esa nostalgia de ir al cine a la antigua usanza, como se hacía en mi infancia y adolescencia, cuyo crepúsculo acababa de empezar inexorable. Nunca he querido caer en la sensiblería, en ese sentimiento fácil de Giuseppe Tornatore, que deja ciego a Alfredo (Philippe Noiret), el proyeccionista de su Cinema Paradiso (1988), en uno de esos incendios que con tanta frecuencia se declaraban en las cabinas de proyección anteriores al filme de seguridad. Pero en esencia, la nostalgia de mi cartelera perdida es algo muy parecido.

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Publicado el 6 de agosto de 2019 a las 09:00.

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Adiós a un poeta y soldado

Archivado en: Inéditos cine, Rutger Hauer

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            Rutger Hauer no volverá a ver naves de combate ardiendo más allá de Orión. El intérprete de Roy Batty, el poeta soldado de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) -que es como decir el Garcilaso de la ciencia ficción-, lo fue antes de Erik, el escultor que protagonizaba la escatológica pero sobresaliente Delicias Turcas (1973), una historia de amor de Paul Verhoeven. Con ella, el cineasta y el actor, ambos holandeses, se dieron a conocer en la cartelera internacional. Hauer también fue otro Erik para Verhoeven, el aludido en el título de Erik, oficial de la reina (1977).

 

            Ya instalado en Hollywood, Sam Peckinpah le confió el John Tanner de Clave Omega (1983), su testamento cinematográfico. Pero fue de nuevo en Europa donde Hauer interpretaría su otro gran papel, el Andrés Kartak de La leyenda del santo bebedor (1988), del gran Ermanno Olmi. "Dios nos guarde a todos los borrachos una muerte tan dulce y tan hermosa", digámoslo evocando el final de aquella gran película, que hoy se impone para despedir al propio Rutger Hauer. Inolvidable intérprete de poetas soldados y de borrachos tan líricos como Batty el replicante, su recuerdo no habrá de disolverse como las lágrimas en la lluvia entre los amantes de la ciencia ficción.

Publicado el 24 de julio de 2019 a las 23:00.

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La cartelera perdida (II)

Archivado en: Inéditos cine, La cartelera perdida

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(viene del asiento anterior)

            Tomé conciencia del problema que suponía que la Filmoteca careciese de su propia sala de proyecciones a finales de 1981, cuando, ya instalada provisionalmente en la Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes, los responsables de la entidad decidieron quitar la alfombra de las escaleras, que dan acceso al espacio donde encontraron su nuevo acomodo las sesiones de la Filmo. Tratándose de otra más de las muchas filigranas que embellecen el Círculo, retiraron la alfombra para evitar que los cinéfilos y los meros espectadores -que, por supuesto, tampoco faltan en las sesiones de la Filmo- la estropeasen mientras hacían cola para entrar a la proyección.

 

            A diferencia del Príncipe Pío, que era un cine de reestreno antes de acoger a la Filmoteca y a tal fin obedecía su arquitectura interior, la sala Fernando de Rojas bien podía considerarse como uno de aquellos palacios de la exhibición, que se llamaba a las suntuosas salas de estreno que conoció el cine desde las postrimerías de la imagen silente hasta la popularización del video. Unos espacios que en este nefasto siglo XXI se han convertido en una de las grandes nostalgias de mi vida. Cortinones cubriendo la pantalla -que siempre era en scope-, confortables butacas forradas de terciopelo, alfombras en los pasillos y dorados por doquier. Toda una serie de lujos inherentes a los establecimientos de la Gran Vía y la calle de Fuencarral de la cartelera que me había visto crecer.

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Publicado el 23 de julio de 2019 a las 07:45.

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La cartelera perdida (I)

Archivado en: Inéditos cine, La cartelera perdida

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            Yo también quiero unirme a las celebraciones del treinta aniversario del cine Doré como sala de proyecciones de la Filmoteca Española. No estuve en su sesión inaugural, el primero de marzo del 89. Pero en la primavera de aquel año asistí por primera vez a uno de sus pases. Gentelman Jim (1942), de Raoul Walsh, fue el título en cuestión. Pese a las tres décadas que nos contemplan, aún recuerdo con nitidez, tal si hubiera sido ayer, aquella primera visita. Para quienes ya éramos asiduos a la Filmoteca, que la institución tuviese una sala de proyecciones propia era la materialización de un viejo anhelo. Como se dijo en su momento, en buena medida obedeció al empeño de Luis G. Berlanga, presidente de la institución entre 1979 y 1982.

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Publicado el 17 de julio de 2019 a las 10:30.

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El otro Arturo Fernández

Archivado en: Inéditos cine, Arturo Fernández

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            Que la dilatadísima carrera de Arturo Fernández, en los últimos años, se concretase a las comedias teatrales, no ha de hacer olvidar que sus primeros protagonistas se los brindó Julio Coll en Distrito quinto (1958) y Un vaso de whisky (1959), dos títulos canónicos del spanish noir barcelonés. Para Juan Bosch, Fernández encabezó los repartos de A sangre fría (1959) y Regresa un desconocido (1961). En fin, para Julio Buchs incorporó al Mario de El salario del crimen (1965). Porque, ya entonces, este interprete asturiano, respondía al arquetipo del dandi, taimado pero apuesto, un señorito del hampa que camelaba a las "chatinas".

 

            Y fue que andando los años 60, los comienzos cinematográficos de Arturo Fernández se fueron olvidando. Sin embargo, están tan ligados al cine policiaco barcelonés de los años 50 que su imagen de entonces sería la mejor ilustración para un cartel que anunciase un ciclo dedicado a tan querida pantalla. De alguna manera, José Luis Garci fue a recordar esos albores de la filmografía del actor al confiarle el don Gregorio de El crack II. Incluso el Gonzalo Miralles de Trúhanes (Miguel Hermoso, 1983) puede entenderse como una parodia del arquetipo que el azote de las "chatinas" representó en el policiaco barcelonés. Así camelando a las chicas y a los pardillos, con las mañas del hampa dorada, le recuerda tras la noticia de su fallecimiento el aficionado al noir español.

 

 

Publicado el 4 de julio de 2019 a las 15:00.

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Una serie de Krzysztof Kieślowski

Archivado en: Series de televisión, Inéditos cine, El Decálogo

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            Hace algunos meses, a raíz de mi libro sobre David Lynch, escribí varios artículos acerca de esa eclosión de las series a la que asistimos. Me referí a ella como la "nueva narrativa televisiva". Sostengo desde entonces que toda esa bonanza había arrancado con la primera temporada de Twin Peaks (1990), el gran éxito de Lynch para la pequeña pantalla.

 

            Más recientemente, hace algunas semanas, he visto El decálogo (1989), la serie del gran Krzysztof Kieslowski. Puesto a buscar un elogio que haga justicia a la calidad de esta obra maestra, sin duda imbuido por ese interés por el formato que me ha despertado la nueva narrativa televisiva, el primer encomio que se me ocurrió fue retrotraer a la emisión original de esta propuesta los antecedentes de esa nueva televisión. A poco que comencé a discurrir sobre ello, concluí que hacerlo sería tan gratuito como remontar ese amanecer de la nueva ficción catódica a En los límites de la realidad, el legendario serial creado por Rod Serling en 1959, todo un hito en la antena fantástica. Incluso cabría apuntar que se registran muchas más concomitancias entre Black Mirror -la encomiable creación de 2011 de Charlie Brooker que ya va por su quinta temporada, ejemplo meridiano del nuevo serial televisivo- y En los límites de la realidad, que entre El Decálogo y cualquiera de las propuestas señeras de la nueva narrativa televisiva.

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Publicado el 15 de junio de 2019 a las 00:00.

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Que la tierra sea leve a un maestro del cine de miedo

Archivado en: Inéditos cine, Narciso Ibáñez Serrador

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            Llamarle "Chicho" me resulta algo muy cercano a eso de los admiradores de Gabriel García Márquez, que para dejar constancia del entusiasmo que les inspira su obra tienen a bien llamarle "Gabo" como si hubiera existido alguna confianza entre ellos. Yo soy entusiasta del cine de miedo y como tal también vengo a rendir mi pequeño tributo a Narciso Ibáñez Serrador. Prefiero llamarle así, por su nombre completo, para que quede claro el respeto que, desde la encendida admiración que me inspira su obra, le profeso. A Buñuel siempre le llamo "don Luis" por el mismo motivo.

            Que otros alaben Un, dos, tres responda otra vez..., el concurso por antonomasia de la televisión en España, todo un capítulo en la historia del medio en nuestro país y todo un recuerdo en nuestra memoria colectiva. Ahora bien, yo me quedo con Historias para no dormir. El dibujo de esa puerta abriéndose al comienzo de su cabecera, dejando entrar un rayo de luz en la penumbra que llenaba el plano, fue la primera imagen angustiosa que me magnetizó. Raramente conseguí ver más. Eran emisiones con dos rombos, prohibidas a los niños de hace más de cincuenta años. El propio Ibáñez Serrador solía apuntar que los de miedo son cuentos para adultos. Con todo, entre aquellas historias que nos quitaron el sueño, supe por primera vez de la experiencia de Edgar Allan Poe, deidad y referencia de toda ficción diabólica, en un acercamiento a sus últimos avatares que Ibáñez Serrador nos presentó en 1967 bajo el título del más célebre poema del estadounidense: El cuervo.

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Publicado el 8 de junio de 2019 a las 16:00.

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Una reconstrucción del gran Tod Browning

Archivado en: Inéditos cine, London After Midnight

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            Desde que supe que el cine abandonó la imagen silente sin haber llegado a experimentar con ella hasta sus últimas consecuencias, vengo dándole vueltas al asunto. No debemos de ser muchos los interesados en el tema, pero a mí me incumbe bastante más que cualquiera de los grandes debates de nuestro tiempo, incluida la temporada final de Juego de tronos. De hecho, el cine actual, a grosso modo, me interesa en la misma medida que pueda interesarle a un arqueólogo, como tal, el arte contemporáneo. Me explico: rara es la temporada que no veo alguna cinta buena, que como aficionado aplaudo y admiro. Pero mi cinefilia -un apetito insaciable, un afán de pantalla sin límites, que no afición, que no mero entretenimiento-, básicamente es arqueológica. De hecho, si me pagasen por hacerlo, dedicaría con gusto el resto de mis días a escanear fotograma a fotograma -a menudo es así como se hace- esos títulos del amanecer del cine de los que la literatura generada por su mito es cuanto ha llegado hasta nosotros. Y en el tiempo que me quedase libre, escribiría sobre ello.

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Publicado el 19 de mayo de 2019 a las 17:30.

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Que la tierra sea leve a Agnès Varda

Archivado en: Inéditos cine, Agnès Varda

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            Hace apenas unas semanas, asistiendo a una proyección de Los espigadores y la espigadora (2000), comprendí que más pronto que tarde tendría que escribir estas líneas que me ocupan. En una de sus secuencias, aquella en la que Agnès Varda conduce para ir al encuentro de sus entrevistados, repara en que los inequívocos signos de la vejez que muestran sus manos le anuncian la inminente llegada de La Parca. Y ahora, que la vida de esta gran cineasta ha quedado sumida para siempre en el último fundido a negro, antes que sus obras maestras de ficción -Cleo de 5 a 7 (1962), La felicidad (1965), Una canta, la otra no (1977), Sin techo ni ley (1985)- me vienen a la cabeza sus documentales sobre la memoria: Les demoiselles ont eu 25 ans (1993), Las playas de Agnès (2007). Estimo especialmente los dedicados a su marido, el gran Jacques Demy. En uno de ellos: Jacquot de Nantes (1991), escuché a Varda una frase que de la que he hecho una de las máximas por las que se rige mi vida: "La verdadera dicha es el recuerdo".

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Publicado el 29 de marzo de 2019 a las 15:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

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Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

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Recordando a Audrey Hepburn

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Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

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70 años de la revista Tintín

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Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

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Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

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Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

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Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

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La inglesa que presidió el cine español

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Recordando Musicolandia

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Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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