Os invito a entrar en un museo muy particular que he creado esta semana. La visita guiada comienza en la sala 207 del Museo Reina Sofía de Madrid, donde sólo el 15% de las obras tienen firma de mujer. El recorrido termina en el Museo Thyssen, que hasta febrero repasa la trayectoria de Berthe Morisot, la primera mujer artista que se unió a los impresionistas, en 1864. Encendemos la audioguía...
PLAN, la organización internacional de protección de los derechos de la infancia, acaba de hacer público su cuarto informe sobre la situación de las niñas en el mundo, enmarcado en la campaña 'Por ser niñas', a la que se une ahora Isabel Coixet con el rodaje de un spot. La cinta de la directora catalana cuenta las dificultades añadidas que tiene ser mujer en un país en desarrollo, al sufrir doble discriminación.
Según la ONG, 86 millones de niñas en todo el mundo crecen sin recibir educación alguna, sin ir a la escuela, y 10 millones son obligadas cada año a contraer matrimonio antes de los 12 años. A estos números hay que añadir los 140 millones de niñas y mujeres que sufren la mutilación genital.
El informe revela además que 500 millones de niñas y mujeres habitan en zonas marginales de las grandes ciudades, y 30 millones de niñas viven en la calle expuestas a la violencia sexual.
Mientras seguimos esperando el informe que el Ministerio de Igualdad ha pedido al Consejo de Estado para estudiar las alternativas legales disponibles, a la hora de eliminar los anuncios de 'contactos' en la prensa escrita, unos y otros siguen dando pequeños pasos de cara a esa prohibición.
PP y PSOE acordaron ayer en el Ayuntamiento de Madrid instar a los medios de comunicación a no publicar dichos anuncios por promover la prostitución, mientras que IU se abstuvo argumentando que en estos tiempos que corren, de crisis, la supresión de estos espacios en los diarios daría lugar a más prostitución callejera y a conflictos para las mujeres que se dedican al oficio más viejo del mundo.
La idea es, además, según la portavoz adjunta del PSOE, Ángeles Álvarez, es llevar el texto a la Federación Española de Municipios y Provincias para aplicarlo al resto de ayuntamientos españoles. "Deberíamos colaborar a desentrañar los eufemismos de los anuncios, que donde dicen 'siempre dispuestas' en realidad dicen 'siempre extorsionadas', y donde dicen 'ardientes' dicen 'quemadas'. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad en la construcción del mundo que dejaremos a nuestras hijas, y deben asumir su responsabilidad en las estrategias que la sociedad elabora para erradicar prácticas sociales no deseables", explicó la concejala socialista en Pleno.
En cuanto a la parte 'popular', Concepción Dancausa, delegada de Familia y Servicios Sociales, afirmó que el problema de prescindir de los ingresos no es motivo suficiente para que un medio decida mantener estos espacios en sus páginas: "Hay medios como 20 minutos, La Razón o Público, que ya han puesto por delante de sus ingresos sus compromisos éticos".
IU, que se abstuvo en la votación, plantea que "no se puede responsabilizar a los medios de comunicación del control de las mafias, hay que intervenir en las agencias especializadas que pagan los anuncios", explicó la edil Milagros Hernández. "Las mafias no se publicitan, se mueven en la semi clandestinidad. Si no, no habría problemas para acabar con ellas. La prohibición de estos anuncios no sirve para nada en la lucha contra la trata", continuó. "Su prohibición las lanzaría a la calle o a los clubs, donde tendrían que someterse a las imposiciones de los empresarios por el vacío legal existente. Además, crearía nuevos espacios de prostitución callejera, y encima en un momento de crisis, abocando a muchas mujeres a una situación difícil", terminó.
Si ayer hablaba de la inseguridad a la que está expuesto el Mundial de Sudáfrica, hoy me gustaría plantear un tema no menos preocupante: la alerta que Reino Unido ha lanzado ante el posible aumento de violencia de género en los hogares durante el campeonato.
El Gobierno británico pretende con esta llamada de atención conseguir que los aficionados al fútbol moderen la ingesta de alcohol, presunta causa de las agresiones que ya se incrementaron durante el pasado Mundial de Alemania, en 2006.
En aquella ocasión, asegura el Ministerio de Interior inglés, los casos de maltrato crecieron un 25%, sobre todo durante los partidos que jugaba el equipo de Eriksson. Este porcentaje se disparó al 30% cuando Portugal dejó fuera a los británicos, en cuartos de final.
Los agentes de Staffordshire, han explicado, además, que los principales incidentes de violencia, en general -no sólo machista- ocurren en el interior y los alrededores de los pubs, principales lugares de consumo. Este es el vídeo que han colgado en Internet para concienciar a los ciudadanos:
Son noticias que leemos una y otra vez, pero que no dejan de sorprenderme. La ONGD SETEM acaba de presentar el informe 'Pasen por caja. Las grandes superficies y las condiciones laborales en la industria de la confección'. Entre sus conclusiones, el documento revela que las trabajadoras de las fábricas proveedoras de Carrefour, Lidl y Aldi en Bangladesh cobran salarios de entre 21 y 34 euros al mes. De nuevo, toca a nuestra puerta occidental el mal de la explotación laboral y la violación de los derechos humanos.
La campaña 'Ropa Limpia'(*), que coordina dicha institución en España, ha organizado una' flash mob' ante el Carrefour Express de las Ramblas (Barcelona), donde se han podido leer mensajes como el que escribe una trabajadora de una fábrica proveedora de ropa de Tesco en Tirupur (India):
"Hacemos horas extras cada día. No quedan registradas en ninguna parte. En la hoja de salario sólo ponen una o dos cada semana".
O este otro de una mujer empleada en una fábrica proveedora de ropa de Carrefour en el mismo lugar:
"Nos hacen trabajar de las 9 de la mañana a la 1 de la madrugada. Esto puede durar 30 días seguidos".
'Pasen por caja. Las grandes superficies y las condiciones laborales en la industria de la confección', presenta los resultados de la investigación llevada a cabo en 2008 en 30 fábricas proveedoras de Lidl, Aldi, Tesco, Wal-Mart y Carrefour, en lugares como Tailandia, Sri Lanka, Bangladesh e India.
Albert Sales, coordinador de la campaña 'Ropa Limpia' en Cataluña y responsable del estudio, asegura que se "incumplían la mayoría de los convenios fundamentales de la Organización Internacional del Trabajo y que en la raíz de este problema está la presión que ejercen las grandes cadenas de distribución sobre sus proveedores, exigiendo precios y plazos de entrega imposibles sin realizar un control efectivo de las condiciones de producción".
La investigación revela además que, en la mayoría de países productores de ropa, el salario mínimo legal se sitúa alrededor del 50% de lo que necesitaría una persona para salir adelante, para sobrevivir, o para 'mal vivir'. La mayoría de los 31 centros de trabajo investigados (proveedores de Tesco, Wal-Mart, Carrefour, Aldi y Lidl) cumplían con ese salario mínimo legal pero insuficiente. Las fábricas de Bangladesh pagaban un salario de entre 17 y 24 euros mensuales, y las trabajadoras no pasaban de los 34 euros al mes, contabilizando horas extras. Eso sí, cubriendo jornadas de hasta 12 horas diarias, durante siete días a la semana. En India, siempre segun este informe, los salarios van de los 45 a los 53 euros mensuales; y en Sri Lanka oscilan entre los 33 euros y los 60 euros. Todos, ridículos y escasos.
Por otro lado, sólo una de las 31 fábricas contaba con representación sindical. Si nosotros no hacemos nada y ellos no pueden defenderse, ¿cómo terminará esta historia?
*La Campaña Ropa Limpia (CRL) es una coalición internacional de ONG, organizaciones de personas consumidoras, sindicatos y otras entidades que trabajan por la defensa de los derechos laborales en el sector textil mundial. Nació en los países Bajos en 1989, está activa en 14 países europeos y coopera con grupos de trabajadoras y trabajadores del sector textil organizados en todo el mundo. En el España está coordinada por la ONGD SETEM.
07:00 horas. Navas de Rey. Encarna, de 41 años y madre de cuatro hijos (de 21, 20, 18 y 8 años), empieza su día, una jornada que se repite de lunes a viernes, los 365 días del año, sin descanso, sin puentes, sin festivos, sin vacaciones. Por delante quedan 400 cabras a las que ordeñar, con la ayuda de dos de sus vástagos.
La vida de Encarna y la de su familia depende de estos animales, y de los pastos y el agua necesarios para mantenerles. Pero, poco a poco, la tierra responde y los recursos escasean, aunque nos encontremos a sólo unos 52 kilómetros de Madrid, y no en un país en vías de desarrollo.
Cada vez se le hace más difícil sacar adelante un negocio con el que apenas llega a los mil euros mensuales, con demasiado sacrificio y dedicación. Aún así, y a pesar de la escasa formación de la que dispone, su vocación por este trabajo, por la naturaleza, por los animales, le prohíbe cambiar de gremio. Estamos hablando de la empresa familiar, de un oficio que conoce desde los nueve años, "cuando empezaba a ordeñar a mano con mis padres. Luego iba a la escuela. Y desde que me casé, hace ya 22 años, así es mi vida", explica Encarna.
Haciendo cuentas
"Gano muy poquito, unos 1.200 euros al mes, por ahí, porque hay que pagar pienso, pastos, medicinas... Las tres personas que estamos aquí no cobramos más de 400 euros cada uno", me comenta.
Comprensible, teniendo en cuenta que le pagan 35 céntimos por litro de leche, y debe pagar el pienso a 24. Y luego añadir alfalfa, paja para los animales...
Solamente para sostener la maquinaria, la ordeñadora, "se gastan unos 600 litros de gasoil al mes, lo que supone unos 450 o 500 euros mensuales".
Y hay más. Cada día los animales comen 400 kilos de pienso, "que cuestan unos 2.000 euros al mes". También están las medicinas, el detergente necesario para limpiar la ordeñadora, "cuando llamamos a la máquina para sacar el estiércol, el alquiler de los pastos, que son 4.000 euros al año...".
Mientras charla conmigo, cura la herida a una de las cabras, echándole un spray azul, y me confiesa que también hace de veterinaria, asistiendo incluso a los animales en los partos, para ahorrar y evitar la llamada al profesional. Tampoco le importa levantar los 40 kilos que pesa cada saco de pienso.
Seguimos ordeñando, en tandadas de 24 cabras. La leche que recoge cada una de las ocho tetinas se va a un tanque que está en el exterior de la granja y que enfría la leche que va saliendo. Una cisterna la recoge cada día, porque Encarna forma parte de una cooperativa que luego le vende la materia prima a una empresa para fabricar quesos y otros productos lácteos.
Cabras en peligro de extinción, falta de agua y pastos
Sus cabras, de la raza del Guadarrama, están en peligro de extinción "porque aquí no se gana lo que se tiene que ganar y la gente las ha quitado y han quedado muy poquitas", afirma Encarna. "Parece mentira, porque ahora es todo más fácil. Cuando era joven hacíamos todo a mano, y había que bajar la leche al pueblo en cántaros, en los caballos, para entregársela a los lecheros. Lo malo es que ahora no hay ni agua, no hay embalses, me falta agua para el ganado, y en verano tengo que traerla, hasta 5.000 litros, de junio a casi octubre". También le faltan pastos.
Las ventajas del "yo me lo guiso, yo me lo como"
Terminamos, friega la ordeñadora, son las 11:10, hemos ordeñado a 400 cabras, le hemos echado de comer a los cerdos y nos subimos al cerro para supervisar a las cabras, que están pastando. Se fuma el cigarro en su particular hora del bocadillo, y me confiesa que "la tranquilidad y que nadie me manda", son los aspectos que más valora de su profesión.
Cabrera y ama de casa
Nos vamos a casa, y me invita a café y chorizo. Antes de ducharse y mientras lo hacen sus hijos, aprovecha los segundos, vaciando el lavavajillas, arreglando la cocina... Aquí está su otra realidad, levantar un hogar.
Bajamos al pueblo, dejamos a uno de los hijos en el médico y hacemos la compra en la tienda de Conchi: dos barras de pan, tomate frito, donuts, Coca-Cola y espaghetis, por unos 7 euros. "Ya lo ves cómo está la vida de cara. Y luego la leche no vale nada", bromea con Juanito, el tendero. Pasamos por la carnicería donde despacha su hijo de 18 años, el único que en estos momentos no le ayuda con las cabras.
Volvemos a la cocina, hacemos la comida, subimos a uno de los hijos a la finca y recogemos a la niña en el colegio. Comemos, fregamos los platos y aquí no termina todo. Por delante queda una tarde repleta de tareas domésticas: lavadora, plancha... Son las 15:15. A esta hora recibimos la llamada de uno de los hijos y acudimos en su ayuda para cruzar a las cabras en la 501, que se han escapado de la finca.
Más tarde, a las20:10, nos trasladamos de nuevo a la ordeñadora, "para apartarlas, echarles el pienso y cerrar a las chivas. Luego, nos iremos a casa a hacer la cena", dice Encarna. El esperado final llega. Son las 21.40. "No estoy cansada porque estoy acostumbrada. Es más, me iría de juerga ahora mismo", exclama entre risas.
"¿Te quedarías con este trabajo?", le pregunto. "Sí, sinceramente, sí. Me gusta estar en el campo, tranquila, cuidar a los animales, estar con mis hijos...". Respuesta admirable, allá donde las haya. Y la entiendo. Porque pasar el día con ella me ha traído el recuerdo de muchos fines de semana en Galicia, en A Manchica (Ourense), en la granja de vacas de mi abuela y de mi tía Lourdes, dando de comer a los animales, viendo como algunos de ellos venían al mundo... Luego recuerdo también el momento en el que todo eso se acabó, con la crisis de precios de la leche.
También -no lo puedo evitar- me vienen a la mente otros miles de mujeres que se dedican a producir alimentos en el mundo, y que ahora se mueren de hambre porque nadie les ha explicado que es la sostenibilidad ambiental, porque no cuidamos la tierra. De los más de mil millones de pobres que hay en el planeta, el 70% son mujeres. Recibimos salarios menores que el hombre desempeñando el mismo trabajo, y en nuestra propiedad se encuentra tan sólo el 1% de la tierra. Pero nos erigimos como las principales productoras de alimentos, llegando incluso a porcentajes del 70-80% en lugares como África subsahariana, el 65% en Asia, o el 45% en América Latina.
Asunto pendiente: Erradicar la pobreza extrema, el hambre, y garantizar la sostenibilidad ambiental.
Hoy Nawja ha vuelto a clase, a su instituto en Pozuelo (Madrid). Lo ha hecho con velo islámico, oculto por una capucha, y aprovechando una salida del centro, una de esas excursiones lectivas en las que las normas cambian. Uno puede llevar gorra, pañuelo o lo que se tercie.
De momento, no existe intención alguna de abandonar el IES Camilo José Cela para poder seguir usando su 'hiyab', ni tampoco ha mostrado voluntad de quitárselo dentro del aula para continuar con su vida normal, como ya hacen muchas alumnas de países como Francia, sin ir más lejos.
Es más, la familia se reunió el pasado viernes con el director del centro para dejarle bien claro su negativa a cambiarla de instituto, y para decirle que Nawja seguirá yendo a clase con el 'hiyab'. El Consejo Escolar, por su parte, acordó no modificar las normas y seguir prohibiendo el uso del velo. Así que la familia de Nawja emprenderá acciones legales, recurrirá la resolución de la Consejería de Educación -rechazó el recurso del padre por el tratamiento recibido, al no permitirle entrar en clase-, y también el reglamento interno del IES y la última decisión del Consejo.
Vamos, que seguimos dándonos cabezazos contra la norma establecida y haciéndonos las víctimas por no querer aceptarla. El viernes pasado, escuchando La Ventana de la cadena SER, emitido desde San Sebastián, no daba crédito. Una mujer del público, con opción como las demás personas que allí se encontraban a mostrar su opinión en el espacio que presenta Gemma Nierga, terminó diciendo que el programa la estaba discriminando por llevar velo.
¿El motivo? No quería responder a las preguntas de Nierga relacionadas con el tema que allí se estaba tratando, sino hablar de lo que le viniese en gana. Gemma, como es lógico, intentaba educadamente -aunque sin éxito- reconducir la temática de su programa, y entonces 'la individua' en cuestión soltó la gran frase.
No sin antes dejar claro que el llevar 'hiyab' nada tiene que ver con la sumisión de la mujer musulmana, sino que su decisión de ocultar el cabello se debe a que la mujer árabe lo tiene demasiado hermoso y debe guardar para su marido el bien preciado...
La película de David Baute sobre la feminista Mercedes Pinto se ha llevado la Biznaga de plata "Afirmando los derechos de la mujer" en el 13º Festival de Cine de Málaga.
El reconocimiento en esta sección del certamen lo comparte con la actriz Ana Belén, premiada por su trayectoria, y con la película 'La luna dentro de ti', de Diana Fabianova, una cinta que aborda cuestiones relativas a la mujer en cine de animación.
Pinto fue una escritora expulsada de España en los años 20 por su defensa del divorcio como un derecho de las mujeres, especialmente, las víctimas de violencia de género. La novela en la que la pensadora narra su experiencia del maltrato, 'Él', fue llevada al cine con el mismo título por Luis Buñuel, durante su exilio mexicano:
Fallecida en 1976, la figura de Mercedes aún se recuerda en los países de Sudamérica que la acogieron durante su exilio: Chile, Cuba, México y Uruguay, país donde su labor como reformadora del sistema educativo caló tan hondo que hoy la película está ya catalogada como 'Bien de Interés Cultural' y será proyectada en todos los centros escolares.
Las actrices protagonistas de la cinta son Silvia Munt (que interpreta el papel de periodista), Marta Aura (escritora) y Paola Bontempi (estudiante).
Me despierto con la noticia de que una niña yemení de 13 años ha fallecido tras sufrir una hemorragia genital tres días después de su boda con un adulto, por supuesto. Ocurrió el pasado 2 de abril en la provincia de Hayyat, según publica el Foro Árabe Al Chaqaeq para los Derechos Humanos, y confirma los riesgos físicos que suponen los casamientos prematuros.
Desgraciadamente, el caso de Ilham Mahdi Al Asi no es el único en este país de Oriente Próximo, sino que hay una larga lista de pequeñas, víctimas de estos crímenes. El pasado mes de septiembre, por ejemplo, nos daban otro nombre, el de Fawziya Ammodi, una niña de 12 años que también fue obligada a contraer matrimonio con un hombre que le doblaba la edad. La consecuencia en este caso ha sido más grave. Fawziya estuvo hasta tres días de parto antes de morir desangrada en un hospital, y su bebé también perdió la vida, tras un embarazo salvajemente precoz.
Son hechos duros, pero reales, que exigen que nos ocupemos de ellos y que trabajemos para proteger de una forma más eficaz los derechos de las niñas en especial y de las mujeres en general. Tenemos que luchar contra los matrimonios infantiles, contra la violación de los derechos de la infancia, y entregar a cambio educación. Esa será la única herramienta que nos servirá para anular la ignorancia de ciertas creencias, costumbres o tradiciones.
Más de la mitad de las niñas yemeníes (un 52%), especialmente aquellas que viven en zonas rurales, se casan antes de cumplir la mayoría de edad (entre 7 y 10 años), siempre con hombres mucho mayores y que, incluso, tienen más mujeres en su poder, según un estudio de la Universidad de Sana'a. Las menores suelen pertenecer a familias pobres que, 'cediendo' a sus hijas, consiguen el dinero que necesitan para sobrevivir o pagar deudas.
En 2008, una niña yemení de ocho años nos sorprendió a todos pidiendo el divorcio después de que su padre le forzara a casarse y a trasladarse a vivir durante dos meses en casa de su marido, de 30 años. Nayud Mohamad Naser consiguió llegar a un tribunal de primera instancia de la capital yemení en busca de ayuda y contar la violencia de género que sufría en su día a día. "Intentaba huir de una habitación a otra, pero me perseguía, me pegaba y hacía conmigo lo que deseaba sin que yo entendiera nada de lo que ocurría (..) Cuando me veía jugando también me golpeaba y me pedía ir al dormitorio", dijo la niña en el tribunal, según el diario ‘Yemen Times’. La buena noticia es que en este caso la justicia ordenó la detención del marido y del padre.
El Parlamento yemení, por su parte, ha intentado aprobar una ley para fijar la edad mínima para casarse en 17 años. La propuesta no salió adelante porque muchos argumentaron que violaba la 'sharia' o ley islámica. Los diputados pertenecientes a partidos islamistas han pedido volver a debatir en el Parlamento la normativa, que aún no ha sido promulgada por el gobierno.
Asunto pendiente: Luchar por los derechos de la infancia y de la mujer.
Interrumpo su taller de corte y confección en Orcasitas (Madrid) y, aunque ante las primeras preguntas se muestran a la defensiva, poco a poco consigo establecer un lenguaje común, el de la tolerancia. Las mayores han vivido ya algún que otro rechazo por parte de la sociedad, especialmente en el ámbito laboral, y rechazan cualquier estereotipo que caiga sobre sus tradiciones y costumbres.
Las más jóvenes afrontan con ilusión una nueva etapa dentro de una cultura que aman y que no consideran en absoluto machista, lejos de los clichés que aparecen cada vez que hablamos de ella. "¿Te importa que te llamemos paya?", me preguntan. Para nada.
Loli, la profesora, tiene 38 años y actúa como la cabecilla del grupo, quizás por poseer un mayor nivel cultural. Sus alumnas Sara (15 años), Fátima (16), Sonsoles (17) y Pili (34), asienten prácticamente a cada una de sus respuestas.
¿En qué lugar se encuentra la mujer gitana?
Loli: Hemos evolucionado. Mi madre no tenía los mismos estudios que tengo yo, ni la misma capacidad de actuación en la vida, al igual que la mujer paya. Hace 30 años no gozábamos de las mismas oportunidades en ningún ámbito. Payas y gitanas somos mujeres, y siempre hemos estado sometidas.
Sara: Sí hemos evolucionado, porque por ejemplo yo voy al colegio, y mi madre no pudo porque tuvo que trabajar.
¿Con qué os habéis encontrado a la hora de buscar empleo?
Pili: Voy con mi marido a pedir trabajo. Nos presentamos en la oficina, con buena apariencia, pero en cuanto abrimos la boca me dicen que no hay trabajo. Estuve muy dolida, es muy duro que todavía haya este racismo tan tremendo.
Loli: Aún son una minoría las mujeres gitanas formadas, pero lo importante realmente es disponer luego de una oportunidad de trabajo y que la sociedad se implique. Yo, por mi físico, no aparento ser gitana, soy de esas gitanas llamadas ‘invisibles'. Todos somos muy guays por detrás, pero los comentarios racistas salen en un momento u otro. Cada vez que he pedido respeto a compañeros o jefes, me han despedido o me han cambiado de puesto. Otro caso que he vivido, fuera ya del mundo laboral, fue cuando una vecina, profesora, me invitó al cumpleaños de su niña, y cuando estaba con mi café y mi trozo de tarta en la mano, me dice hablando de todo un poco que lo que más asco le da son los gitanos, que no los soporta. Imagínate la cara que se me quedó.
¿Seguís estando relegadas al cuidado del hogar o a la venta ambulante?
Loli: No, porque la vida no está para tener un solo sueldo. La mujer tiene que salir y traer dinero a casa, y los hombres gitanos lo ven igual. Nadie quiere pasar calamidades.
Pili: Mi marido no me pondría ningún inconveniente si trabajase, al revés. Él no es como mi padre, que le ponía límites a mi madre, sino que piensa en los niños y en vivir mejor.
¿A qué os gustaría dedicaros?
Sonsoles: Quiero trabajar en un jardín de infancia, con niños pequeños.
Fátima: Yo quiero ser monitora de tiempo libre. No me gustaría quedarme en casa, sino compartir con mi marido las tareas y salir a trabajar.
Sara: Yo quiero ser abogada, porque me gusta estudiar mucho. Haré una carrera.
¿Todavía son muchas las niñas que se quedan en casa?
Pili: No, porque yo no quiero eso para mi hija, no quiero que se pase el tiempo fregando o en la venta ambulante, como mi madre o mi abuela. Y como yo, cualquier mujer gitana. Queremos que tengan una determinada posición social, un trabajo, que sepan enfrentarse a este mundo... Yo sí me quedé, y ahora a los 34 años sé leer gracias a un cursillo al que estoy viniendo. Nunca es tarde, pero si después nos cierran las puertas en el mundo laboral, no valdrá de nada.
¿Ha cambiado vuestra vestimenta?
Loli: Sí, ha cambiado (responde molesta). En otros países llevan la falda más larga, menos escote, muchos colores fuertes, aquí no.
Pili: Un montón, mi madre así no iba, y yo ahora me pongo como me da la gana, y mi marido no me dice nada, pero mi padre si que se quejaba.
Sonsoles: Ahora vamos vestidas como cualquier chica de nuestra edad.
Sara: Con piercings, tatuajes, mechas, los tenis, el oro, las uñas...
¿Seguís contrayendo matrimonio a edades tan tempranas?
Loli: Sí, sigue siendo una mayoría, pero la edad no es tan temprana. Las madres tratan de que tengan una juventud más plena, y las educan para que no se casen tan jóvenes. Es respetable. Por ejemplo, yo creo que ahora las mujeres payas se casan muy tarde y tienen hijos muy tarde, me parece antinatural.
Pili: Yo tengo una niña que se casó con 14 o 15 y una nieta de 2 años. En cambio, mi hermana tiene 30 y no quiere casarse. Hay de todo. Me hubiese gustado que mi hija se casase más tarde. Tuve que sacarla del instituto y no pudo estudiar, y eso que a ella le gustaba. Pero se buscó novio muy pronto y no pude hacer nada.
Sonsoles: Ahora mismo no pienso en el matrimonio. Hay que disfrutar, con veintitantos ya tendré tiempo de casarme y tener hijos.
Fátima: Yo prefiero seguir los estudios y tener un buen trabajo.
Sara: Hasta los 30 nada, lo tengo claro.
También tenéis hijos muy pronto, tal y como decías Loli.
Loli: Es una opción que no es obligatoria, va un poco con nuestra cultura. Con 15 años estamos ‘hechas', preparadas. Pero una paya sigue siendo una niña. Maduramos antes.
Pili: Tengo cuatro hijos, el primero lo tuve a los 17, otro a los 18... Me casé a los 15. Pero hubiese preferido que mi hija no tuviese descendencia tan pronto. Aun así, creo que ha sido muy madura. Lo llevamos en los genes, tenemos fuerza suficiente para llevar una casa. Que nos comemos el mundo vaya. Con 7 años mi hija Nerea me dobla la colada, hace la cama... Lo inculcamos desde pequeñas.
¿Qué me decís del control del varón (padres, hermanos) sobre las mujeres de la casa?
Loli: Una cosa es el respeto y otra el temor, el miedo. Eso no existe. Tengo cuatro hermanos, y lo que hacían cuando vivíamos juntos era protegerme, cuidarme, no me obligaban a nada, me amaban. Ahora a mi marido le tengo un respeto, como él a mí. Pero siempre se ha visto al hombre gitano como a un ogro, y a la mujer como a una pobrecita, y no es así. El machismo existe en todas las sociedades, pero no lo hemos inventado las gitanas.
Pili: Mi madre sí ha podido estar más sometida, pero ha cambiado todo. En cuanto al trabajo, ella no podia trabajar, por ejemplo, pero mi mundo y el de mi hija ya son mundos diferentes.
Sara: En mi caso es mi madre la que está encima, para que limpie, para que haga los deberes...
Sonsoles: En mi caso igual.
¿Os dejan ir a las discotecas?
Pili: Yo sí voy, con mi marido.
Loli: Tenemos otras formas de relacionarnos.
Sonsoles: No me dejan, y además para salir y correr peligro te lo montas en casa, más tranquila y a gusto. Si salgo el sábado el tope es a las 22:30.
Fátima: A mí no me gusta.
Sara: Prefiero estar en casa con mi familia. No salgo mucho.
¿Estáis de acuerdo con la prueba del pañuelo?
Pili: Yo como gitana estoy muy orgullosa, porque es lo que nos hace diferentes. Me gustan mis raíces y demostrar que me he portado bien hasta ese día.
Sonsoles: Es una de las cosas más bonitas en una boda, por lo que se demuestra.
Fátima: Así luego no te pueden echar en cara nada, si has estado con uno o con otro.
Sara: Es lo más bonito que hay en una mujer gitana.
¿Consideráis que ahora vuestra cultura es más igualitaria?
Loli: Sí. Antes no podíamos sacarnos el carné de conducir, ni abrir una cartilla en el banco. Te hablo como mujer, no como gitana. La nuestra es una cultura machista como cualquier cultura. Tengo amistades payas y gitanas, y hay casas en las que el hombre payo es incluso más machista.
Pili: Mi marido no sabe hacer nada sin mí y las cartillas y las tarjetas están a mi nombre, yo soy la que saca el dinero (bromea).
¿Qué significa para vosotras ser mujer y gitana?
Loli: Estoy orgullosa de ser mujer, gitana o no. Ya está bien de etiquetas.
Pero las etiquetas, como dice Loli, todavía están ahí y tardarán en marcharse. El financiero y presidente de la fundación Open Society, George Soros, denunció este miércoles, en el marco de la II Cumbre Europea sobre el Pueblo Gitano que se celebra hoy y mañana en Córdoba, que 12 millones de gitanos que viven en Europa sufren "la peor forma de exclusión social", la étnica.
Asuntos Pendientes. ¿Cuántos tienes tú? A mí todavía me quedan muchos que tratar. En este blog recogeré mi punto de vista y breves reportajes sobre temas sociales y todo tipo de desigualdades, cetrándome especialmente en la mujer.
Nací en Redondela (Pontevedra), en 1981, y me licencié en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Vigo allá por 2003.Xesús Lodeiro (jefe de Deportes en Radio Galega) fue la persona que me dio mi primera oportunidad en radio. Trabajé dos años en esta emisora, en el programa 'Galicia en Goles', junto a Xoan Galán, cantando goles y leyendo resultados a cien por hora.
Al mismo tiempo, escribía en Atlántico Diario, donde pasé por diferentes secciones a lo largo de tres años, hasta terminar coordinando Deportes. También estuve en la Escuela Gallega de Consumo (dependiente del Instituto Gallego de Consumo). A través de una beca universitaria, elaboraba materal didáctico sobre temas vinculados a la publicidad, e impartía talleres a niños y padres. Además, a lo largo de estos años y gracias a Fernando Ramos, he participado en diferentes cursos para el Ministerio de Administraciones Públicas, como profesora.
En 2006 me trasladé a Madrid para cursar el master de Radio Nacional de España, donde comencé a trabajar en 2007, tras terminar el master, en Bienvenido a 'Casa'. Desde 2008 soy colaboradora de RNE, en el programa 'Tolerancia Cero' de Radio 5 y en 'Abierto hasta las 2'. Compagino mis tareas en esta emisora con Genteen Madrid, donde me encargo de cubrir la información del sur de Madrid, como redactora.
Desde septiembre de 2011 colaboró también en Radio 5 elaborando el microespacio 'Tendencias'.
En 2009 gané el premio Carmen Goes de Periodismo en la modalidad de Radio por un reportaje sobre la ablación que podéis escuchar en este programa de Tolerancia Cero.
Entre mis planes futuros: terminar mi tesis doctoral.