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CIRCO: FESTIVAL DE OTOÑO

Rigot escenifica el equilibrio de la vida con 'Les Colporteus'

Siete funambulistas se convierten en locos muy cuerdos sobre los alambres del madrileño Circo Price. Hablan con su cuerpo y transmiten la historia gestual de su director, Antoine Rigot, quien no ha podido subirse a la 'cuerda floja' desde aquel fatal accidente.

Archivado en: Circo Price, funambulistas, Antoine Rigot, Les Colporteurs, Le fil sous la neige, equilibrio

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gentedigital.es/Marcos Blanco
14/11/2008 - 09:52

El lenguaje del funambulista es el equilibrio de la vida. Será ese uno de los motivos por los que esta figura artística encadila a millones de personas. Evidentemente, cuanto mayor sea la altura sobre el suelo, más excitación visual nos genera el panorama. Sino, recuerden la reciente congregación multitudinaria que suscitó durante 'La noche en blanco' madrileña la supuesta travesía desde la azotea del Instituto Cervantes al Círculo de Bellas Artes de de un hombre que finalmente no salió. Por el viento, dicen. Sin embargo, en este caso, el vértigo físico se aleja de este tópico y la historia va mucho más allá.

El alambre de acero de 12 milímetros fue la pasión de Antoine Rigot durante dos décadas hasta que un accidente en el año 2000 le privó de tal posibilidad. Entonces, tuvo que buscar su propio equilibrio personal en el día a día, recuperar poco a poco esa movilidad perdida. Así, Rigot, fundador del grupo francés 'Les Colporteurs', quiso recuperar la magia perdida y rememorar aquellas sensaciones con el espectáculo 'Le fil sous la neige' (El hilo bajo la nieve), que se representa desde el 12 hasta el 16 noviembre en el Circo Price de Madrid.

Con un monólogo sonoro y la visualización de un cuerpo que ha perdido su capacidad para danzar sobre el hilo, la obra adquiere un sentido emotivo palpitante. Las palabras son muy importantes, pero el idioma coporal puede ser capaz de contar las mismas cosas, de conseguir la comprensión entre seres abonados al silencio. De este modo, se comportan Florent Blondeau, Sanja Kosonen, Julien Posada, Molly Saudek, Andreas Murtwyler, Ulla Tinka y Agathe Olivier. Estos siete fantásticos funambulistas convierten los cables en su escenario.

Como dice Rigot, cuando bailan sobre ellos, éstos vibran y ahí surge la conexión con el público. Durante hora y media, al ritmo de tres músicos, se convierten en locos muy cuerdos sobre el cableado. Corren, saltan, realizan peripecias imposibles como varios '180' hacia atrás, se observan los unos a los otros, hay abrazos, paseos con tacones, hacen el 'spagar', utlizan la cabeza como si fuesen sus pies, caminan con una venda en los ojos... Danza, ballet o chispazos propios del clown surgen durante el transcurso de 'Le fil sous la neige', que acaba convirtiéndose en una metáfora de la superación humana.

El nivel artístico es tan elevado que cada poco el público aplaude, los niños parecen hiptonizados por los sucesos del foso y las exclamaciones por la sopresas corporales que generan los siete magníficos no cesan a lo largo de esta historia. La banda sonora creada por Rèmie Sciuto, Antonin Leymarie y Boris Boublil realzan este armónico ejercicio. Para finalizar, la voz de Rigot nos habla de un sueño, en el que se subía a la cuerda, caminando por la oscuridad hasta que aparecía la luz, con el gentío mirándole desde la tierra. Entusiasmado, afirma haber recuperado justo en ese momento el hilo de la vida. Porque en nuestro ejercicio diario, todos intentamos mantener el equilibrio.

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