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un amigo de león

Toma el sello con amor

Muchos estamos ahora como patos mareados, y eso que no he visto nunca un pato en esa situación. Si decimos atolondrados nos entendemos mejor. Me refiero al dominio de las llamadas ‘nuevas tecnologías' y, más concretamente a los teléfonos móviles que si no nos ha superado ha sido gracias a la gente joven que nos rodea y porque, aunque tengamos algunos años, tampoco somos inútiles a la hora del manejo de los mismos.

Maximino Cañón
24/11/2017 - 03:30

Cada vez tiene mayor vigencia la expresión de la celebérrima zarzuela ‘La verbena de la Paloma', de Ricardo Vega y Tomas Bretón, cuando decía "hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad". Y es verdad.
Una vez posicionado con este prólogo entro en materia. Sin agobiar, me gustaría que la gente joven se enterara de cómo fueron las cosas en tiempos de sus mayores. Dejamos a un lado la generalización del uso del teléfono, del fijo me refiero, para desempolvar lo que el papel supuso, en cuanto a las relaciones amatorias, tanto en sus inicios como una vez consolidadas en la distancia. Era frecuente que una vez conocida a una persona, generalmente en cualquier fiesta, que no fuera del lugar, se diera el siguiente paso pidiéndola las señas y el permiso para dirigirte a ella por escrito, así como lugar a donde se debía dirigir la misiva, con el fin de evitar la interceptación de la misma por los padres.
El servicio de ‘Correos' merece un sobresaliente por el importante papel que jugó en los enamoramientos en la lejanía a través de los queridos carteros (verdaderos cupidos de la época) los cuales eran esperados como agua de mayo cuando se trataba de amores lejanos. La semana pasada al ir a comprar unos sobres al estanco (ya casi no se usan) se me activó la memoria al recordar cuando las parejas, mejor dicho, generalmente una parte ellas, al escribir a la novia en el mismo sobre que contenía la carta se acompañaba el sello para que al contestar la misma no supusiera coste alguno. También, de manera implícita, evitaba que la otra parte tardara en contestar argumentando que allí no había sellos. Yo he sido testigo de ver como muchas cartas de novias en la distancia se despedían estampando uno o mas besos de carmín sobre el papel, debidamente perfumado, acompañados de unos ‘Mua', ‘Mua y Mua', por si había alguna duda de la intención. Ahora, en vez de sello: Te mandan una perdida que no cuesta. ..
P.D. A Isidro Díez Ordóñez, fiel seguidor de este medio.

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