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Cambiando cromos

Hoy me quiero referir a la satisfacción que me produjo el pasado domingo, por la mañana observar, a indicación de mi amigo Enrique como, sin cambiar sustancialmente la fórmula, se canjeaban cromos con listado en mano, donde figuraban los que no se tenían de las diversas colecciones que en la Plaza Mayor de la Constitución convergían.

Archivado en: Maximino Cañón, cambiar cromos, coleccionar escaños, Gonzalvo I, Gonzalvo II

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Maximino Cañón
26/4/2019 - 01:10

Por momentos se olvidaba uno de la edad que se tiene al tiempo que nos acordábamos de la banda original con la que acompañábamos la deseada ceremonia del cambio, con el fin de completar las diversas colecciones, y que más o menos sonaba así: "Le tengo; le tengo; no le tengo, no le tengo", mientras el niño que te ofrecía el cambio, te iba enseñando los cromos que él tenía repetidos para que tú, a su vez, hicieras lo mismo, a fin de arreglarnos los dos.
Aún recuerdo el precio que pagué por un cromo de un jugador de fútbol (yo que de ninguna manera era, ni soy, excepto cuando juega España, aficionado al mismo) la astronómica cantidad de una peseta de la época por un jugador que creo que se llamaba ‘Gonzalvo primero o segundo', no recuerdo bien, que creo que era el me faltaba para completar la colección. En esas estábamos, cuando nos acercamos a los diferentes corros, integrados por personas de todas las edades: niños, papás y mamás; abuelos y abuelas, cuando escuchamos un soniquete que, aunque con distinta letra, nos retrotraía a nuestros años infantiles. Por no quedarnos con la duda le preguntamos al par de chiquillos, de unos diez o doce años, que en qué consistía el latiguillo que acompañaba al cambio y, sonriéndose, pero con mucha educación y gracia, nos dijeron que era la coletilla con la que identificaban a los cromos objeto de trueque y que consistía en lo siguiente: ‘LETE', ‘LETE', y ‘NO LETE',NO LETE', es decir, de manera abreviada querían decir, ‘le tengo y no le tengo'. Después de observar cómo se producían dichos intercambios en una mañana soleada en plena Plaza Mayor y que si eran días lluviosos el intercambio de cromos se llevaba a cabo en los soportales.
Con el tiempo, verán cómo los cambios se producirán, pero de chaqueta política, es decir: de partido a partido, buscando una mayor rentabilidad que la de rellenar un álbum de cromos pegados con engrudo de harina y agua que era mucho más barato que la cola y estaba al alcance de cualquiera. Muchos de los que coleccionaban cromos hoy lo hacen con escaños y con un pegamento que fusiona el culo con el escaño sin que te riñan en casa aunque se te rompa el pantalón.

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