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Nuevos problemas, viejas soluciones

Pasaron las primeras elecciones del año y la fiesta de la democracia nos ha legado un cúmulo arbitrario de preguntas representativas: ¿Ganaron las izquierdas? ¿Las derechas? ¿Los extremos han llegado para quedarse? ¿Pactarán con el diablo o se disfrazarán de él?... Ha perdido el pueblo, como siempre.

Archivado en: Guillén Fernánez Ferreras, imperio, nación, El Cid, elecciones

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Guillén Fenández Ferreras
03/6/2019 - 09:25

Votamos cada cierto tiempo, bajo un sistema que favorece a ciertos partidos en ciertos lugares y que menosprecia a los demás, y he aquí toda nuestra fuerza democrática. Una vez cada cuatro años escuchamos a distintos próceres, mesías que proclamarán en el desierto su particular reino de los cielos amparados bajo su propio salvador. Para unos el Reino es la España del Cid, del Imperio y la Nación, la Patria por encima del individuo y Dios por encima de la Patria (sin que nadie defina con exactitud ni la una ni el otro) ¿alguna medida efectiva, alguna propuesta nueva en cualquier ámbito? No.Los otros apelan a viejos fantasmas: hay un enemigo, el capital, oprimidos y opresores, diferenciación y lucha de clase, vuelta al lumpen proletariat y discursos marxistas que rayan lo teológico pero ¿no suena como un disco rayado, como una serie de panfletos y fanzines repetidos hasta la saciedad, a ver si el cántaro se rompe de una vez y se confirma la existencia de una conspiración universal? En realidad no difieren tanto unos de otros: ambos consideran la necesidad de la existencia de un enemigo y ambos lo sitúan fuera de sí mismos. Para unos la inmigración, el separatismo y cualquier ruptura con la tradición. Para otros, el capital, la gran empresa y el traje de cuatro cifras. ¿Y los que quedan en el medio? Para estos está aún más claro: poder, poder y más poder. No descubro nada si hablo de las subvenciones ni del mamoneo general que proclama el statu quo como forma de vida; medidas paliativas, discursos soeces, viperinos y exceso de onanismo: yo, yo y solamente yo. En fin, los problemas de la democracia.
Nadie, sin embargo, se plantea que la existencia de estos problemas no sucede fuera de nosotros mismos por causas completamente ajenas a nuestra naturaleza, menos ideal de lo que pensamos, más animal si se me permite. ¿Propuestas? Simplificar la situación, adaptarnos a los nuevos paradigmas. ¿Cómo? Ningún poder de ningún ser sobre otro. ¿Utópico? Por supuesto, la utopía ha de servir de faro. Pero, ¿alguna solución para estas elecciones que vienen? Tal vez. Seguir el ejemplo de aquella fábula de Saramago y no votar. Nadie, en ningún sitio. Pero hagan lo que les dé la gana, faltaría más. Eso sí, nos van a joder si pueden salvar el culo,... y el que avisa no es traidor.

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