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Feliz entrada del año 2020, con recuerdos nunca perdidos

Con la resaca superada, fruto de una despedida año como se merece, sobre todo cuando eres joven, nos asentamos en lo que viene. La despedida de del año se ligaba con el comienzo del siguiente.
Como es lógico, a unos suceden otros, materializando aquello de que hay que empezar el año, además de con ropas interiores de colores, de la mejor manera posible. , "sin acritud", que diría Felipe para los amigos. ¡Cómo han cambiado los años!

Archivado en: Maximino Cañón, TVE, 'El gato montés', 'Paquito el chocolatero', Nochevieja, Año Nuevo

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Maximino Cañón
17/1/2020 - 01:10

En los sesenta, setenta y demás, se cenaba y se comían las uvas mayoritariamente en familia para, a continuación, proceder al brindis familiar con sidra o cava, al son del archiconocido pasodoble ‘El gato montés' que TVE emitía, como comienzo del nuevo año. Era el pistoletazo de salida para los jóvenes, los cuales, ataviados con las mejores galas, trataban de impresionar a los potenciales ligues. El resto de la familia, unos por ser mayores y otros por no llegar a la edad, se consolaba siguiendo la programación que la televisión emitía hasta bien entrada la madrugada como programación especial, donde se prodigaba lo mejorcito de las variedades del momento, tanto de aquí como de fuera de nuestras fronteras. En los últimos años, con una cierta apertura, se esperaba la sorpresa como gancho para aguantar la programación en casa.
Quien no se acuerda de aquel medio ‘destete' (no sé si improvisado o no) en que la desconocida cantante italiana Sabrina sembró de admiración muchos hogares, unos para alabarla y, sobre todo, otras, para condenarla. ¡Qué vergüenza! Lo que si fue cierto es que, como dirían hoy, alcanzó el liderazgo de audiencia, tanto en directo como en las repeticiones de la Nochevieja. En el baile predominaba la vestimenta con esmoquin para los hombres y los trajes largos o llamativos para las mujeres. Después de la larga noche unos regresaban a casa sin haber roto un plato, ni nada; otros iban en taxi porque las piernas no eran el soporte del cuerpo y otros, los que mejor apariencia tenían y si además habían ligado, ponían el colofón tomando el ya tradicional chocolate con churros en el París, donde se tenía que hacer cola. También había quienes, a pesar de pisar pocas veces la iglesia, como conclusión de la fiesta, iban a la primera misa del año nuevo. El caso era demostrar que habías sido de los últimos en aparecer por casa. Una vez, bailado, fumado (tabaco me refiero), ligado (quien lo fuera) y desayunado acompañabas a casa de la pareja de la noche y así, hasta la tarde del Año Nuevo, si es que te despertabas. Al día siguiente, y con el organismo todavía de aquella manera, se producía el cambio de impresiones en el bar sobre como a cada uno le había ido la noche. Los más afortunados aportaban como prueba irrefutable del éxito en la noche anterior, el número de teléfono que la eventual conquista te había proporcionado lo cual, por entonces, era como el beso de la española, pues no se lo daban a cualquiera. La Nochevieja entonces, como creo que también hoy aunque con menos edad, suponía pasar del estatus de la pubertad al de la juventud, con los derechos que ello conllevaba., aunque de las obligaciones hacíamos caso omiso.
Las salas de fiesta eran el objeto principal donde, sin contar con las envidiadas sociedades, las parejas formales; es decir, las de un cierto compromiso que ya paseaban del brazo sin rubor y sin esconderse de la gente, alquilaban mesa en los conocidos Jaris, Acapulco, Club Radio, Riosol, Conde Luna etc. para esa noche en la que se despedía el año y que te daba derecho a tener sitio y a beber una botella de cava para cada dos, que entonces decíamos champán sacando pecho, y a bailar hasta que el cuerpo o la orquesta en directo aguantara. Lo de los pinchadiscos vino después. En el transcurso de la gala salían del baúl de los recuerdos y de las notas de la orquesta las canciones y bailes mas vetustos y queridos del repertorio popular, tanto español como de los extranjeros, finalizando la velada con la famosa conga precedida del inmortal ‘Paquito el chocolatero'.Después llegaron los hijos/as, o la generación siguiente a la nuestra, y ya, como sucede con los cambios de ciclo, la cosa cambio. Lo de para mejor o peor es indemostrable porque los recuerdos siempre nos dicen que lo pasado fue mejor, pero eso, como he venido manifestando, y en los que me afirmo continuamente, solo son recuerdos, y por lo tanto imposible de comparar en el mismo tiempo y como decía Calderón de la Barca en su inmortal obra ‘La vida es sueño': "Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son". A seguir soñando

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