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La soledad del alcalde de León

La información gráfica de la manifestación en defensa de León dejó clara la orfandad por la que atraviesa en su propio partido el alcalde José Antonio Diez. Que van a por él está cantado. Incluso lo escenifican en público. No lo ocultan. Sus compañeros ideológicos, los que mandan en el PSOE regional y provincial -que son quienes cortan el bacalao- le dejaron más solo que la una en medio de la populosa concentración. Todo un bajonazo en el costillar del corregidor leonés.

Archivado en: Julio Cayón, José Antonio Diez, 'operación acoso y derribo', Antonio Silván

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Julio Cayón
28/2/2020 - 01:10

Su posición a favor de una autonomía leonesa no ha hecho más que añadir gasolina a los enfrentamientos que mantienen desde hace tiempo. Considerado por la oficialidad como un aspirante incómodo, su candidatura a la Alcaldía de la capital leonesa levantó muchísimos recelos, chispas y no pocas trabas. Y lo decían en el primer ‘foro' que se les presentaba. No se andaban por las ramas.
Si ya de por sí el perfil de Diez les parecía de muy escasa solidez -esa era la opinión de los ‘amos'- la independencia con la que se nutrió durante sus cuatro años como portavoz en el Ayuntamiento presidido por Silván, acabó por desbaratar las relaciones con la cúpula socialista. No les gustaba la manera que tenía de hacer política ni en el Consistorio ni en la calle. Por mejor decirlo, no les gustaba nada de Diez.
Y en este sentido no es aventurado afirmar que cuando llegue el momento -de aquí a poco más de tres años- se intente ‘la operación José Antonio Diez' para descabalgarle de sus responsabilidades, orillarle y, si posible fuera, arrumbarle lo más lejos posible. Eso ya se baraja con cartas marcadas y algún comodín a mayores para asegurar, sobre el tapete, el repóquer. En eso están.
Lo cierto es que Diez asistió al desfile de las banderas de León, pancartas y enseñas sindicalistas acompañado por su familia y respaldado por algún que otro munícipe de viejo cuño, quien aún discierne el significado de la palabra lealtad. Los demás, quienes mandan, parecían la línea de ataque de aquel viejo fútbol donde se alineaba al delantero centro, los interiores y los extremos. Salvando las distancias, como la muy recordada de la Cultural en los años setenta del pasado siglo con los Ovalle, Villafañe, Marianín, Larrauri y Zuazaga. Pues algo parecido.
Diez, con su leonesismo y sus ideas, puede empezar a pasar un quinario a corto plazo en León y en Valladolid. Y hasta en Madrid. Bien ha hecho en rearmarse con los miembros de la Agrupación Local del PSOE, sus valedores, que está con él sin fisuras. A muerte. Al menos -y es un indicio- de momento. Ojo avizor.

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