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No me tapéis el sol

Es una sencilla invitación a reflexionar sobre la vida y su diversificado pensamiento como una simple metáfora que no persigue otra cosa que remover conciencias.Buscamos la verdad y para ello recuperamos la verdadera doctrina que fundaron nuestros antecesores que llega a nuestros días como un conformista alegato en su pormenorizada influencia.

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Manu Salamanca
25/6/2021 - 01:10

Como concepto único, todos desarrollamos la gran crisis de modernidad que trasladada al ideal político y humano, vivimos en todas las comunidades de nuestra querida e ilusionante España. Hemos soportado etapas fraudulentas tremendas con especulaciones adheridas a la supuesta capacidad de construir e identificar el verdadero concepto del bien común, al mismo tiempo que hemos sufrimos mucho hastío existencial de incertidumbre en la sensación de ensoñadora felicidad, ya que la misma ha dejado de ser un proyecto colectivo no menos participativo y, para tan sólo transformarse en una inquietante corruptela política que aún seguimos padeciendo, la gente ha dejado de esperanzarse como una forma de concreción de lo que debería de ser nuestro mejor momento, no olvidemos que todo aquello confiado a nuestra viva imagen y semejanza, nos conduce a lo todo lo clásico y como algo que extendemos con voz perdurable queriendo orientar nuestro presente a nuestro inquietante futuro. En estos momentos de confusión, necesitamos puntos de referencias, es mucha la desorientación, de descrédito absoluto y de terrible naufragio asumido. En la búsqueda de una autenticidad como esencia, presenciamos un retroceso en el avance de nuestra humanidad, como de todas esas banales estimulaciones, por lo que quedarse a medias es muy fácil, nada complicado. Nuestras previsibles muestras de afectividad empiezan a desquiciarse ante el modelo como virtud de querer ser realmente humanos. Damos demasiada importancia a la educación del carácter. Es importante generar estándar de personalidad ofreciéndose a los más jóvenes, ya que se adentran de continuo en una exigente participación de imitación en la misma claridad de sus relevantes formas. Ellos han quedado huérfanos de prototipos y acuden insistentes a las aclamadas redes sociales dentro de su mundo natural y desafiante. Son reglas que perpetúan una sociedad de consumo que no alcanza la plenitud exigente, ya que las mismas reglas deberían suponer patrones que contribuyeran a las demás cualidades y capacidades profesionales que tienen que adquirirse. La educación es el puente que transcurre desde la familia hacia el mundo que no es tan sólo de los jóvenes, sino también de una clase política que no ejerce con responsabilidad sus funciones, no proponen ejemplarizantes movimientos acordes con sus excelsas posibilidades de cambio. "No me tapéis el Sol" de la verdad, de la justicia y la equidad, de la ilusión y de sus emociones, de la alegría, de la belleza, de la esperanza como excelentes virtudes y ante ilógicas conductas gregarias que se establecen mediocres como pertenencia a un grupo de sufribles e inadaptados posicionamientos.

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