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Un amigo de León

Aquella censura

En aquel León de los años sesenta existía un club juvenil cuyo nombre estaba compuesto por las primeras sílabas de las actividades que en aquellos años se realizaban: Formación, Recreo y Cultura (FORECU) sin otra pretensión que la de facilitar el encuentro entre jóvenes para llevar a cabo actividades que en años se permitían pero sin ninguna significación política, como así se expresaban en los estatutos que José Manuel Morán, recién licenciado en Derecho y hombre con grandes inquietudes y conocimientos culturales, confeccionó.

Maximino Cañón
07/10/2022 - 04:40

En lo cultural tuvo especial relevancia el cine forum con la proyección de películas en el desaparecido (como todos los de entonces) Cine Azul, a las doce de la mañana dominguera.El teatro jugó un papel importante entre aquella juventud. Consecuentemente en nuestro club se programó una obra de teatro dirigida por el citado José Manuel Morán, cuyo autor era Fernando Arrabal, poseedor de múltiples premios, tanto españoles como extranjeros, pero mal visto en España en aquellos momentos. Se me hizo el encargo de llevar el libreto, creo que era ‘El cementerio de automóviles', a la Delegación de Turismo en León para, una vez pasada por el dedazo de la censura, se diera, o no, el visto bueno para su puesta en escena o en teatro leído, procedimiento obligatorio antes de cualquier representación.
Pasados unos días fui a recoger el mencionado libreto y al entrar me dijo el ordenanza: "Pasa, que te está esperando el delegado para hablar contigo".
Una vez en el despacho, con una mirada inquisitorial propia de aquellos años y cargos, me dijo: "¡Pero vosotros estáis locos!, ¿No sabéis quién es ese tipo?" El autor de la obra era Fernando Arrabal, autor, dramaturgo, poeta y excéntrico a todas luces, con claras influencias parisinas debido a sus años de estancia en París donde conoció y se integró en grupos contestatarios del momento en nuestra vecina Francia y, además, "está como una cabra".
Eran años en los que quien se oponía al régimen era considerado "rojo"a pesar de que, en el futuro, muchos de los que conocí con el Libro Rojo de Mao bajo el brazo hoy militan en partidos de derechas sin ningún problema.
Después de aguantar la soflama correspondiente y volver con la cabeza gacha, pensaba: rojo, lo que se dice rojo, no se si lo sería, pero, en lo que tenía toda la razón era en la calificaron de su estado mental del que siguió haciendo gala y que hoy, con sus noventa años me imagino que seguirá siendo genio y figura. Así recuerdo aquel momento y así lo cuento.

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