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Un amigo de León

"Adiós, con el corazón..."

Que con el alma no puedo, y al despedirme de ti, al despedirme me muero". Esta tonada se canta, o cantaba, cuando, después de haber disfrutado de una agradable compañía durante un tiempo, generalmente en los veranos y Navidades, y la persona, o personas visitantes, tenían que abandonar el lugar en el que habían pasado una feliz temporada gozando de agradables momentos y, quien sabe si de una incipiente compañía que, con el tiempo, llegara a ser la persona que te daría compañía de por vida.

Maximino Cañón
15/1/2021 - 04:40

No cabe duda que la letra de la mencionada canción auspiciaba una impronta de pena por lo positivo que tuvo la convivencia con las personas que se ausentaban. Esto, digamos, se recuerda con la esperanza de volver a encontrase en otra ocasión, con quienes se despidieron dando un afectuoso "Adiós". Esto es lo positivo. Lo malo y lo negativo, nunca mejor dicho, es cuando la letra de la canción se convierte en un mal augurio reflejando una indeseable realidad como es la despedida pero para no volver, de aquellos seres queridos, que se han visto señalados por el estigma de la muerte sin poder, en la mayoría de los casos, sentir el amor y el calor de padres, hijos, hermanos, parejas o personas que les acompañaron en vida.
Ésta es la triste realidad mientras no se encuentre el esperado remedio contra la pandemia que, por cierto, y con mucha esperanza, se anuncia con inmediatez. Los humanos tenemos el defecto que todo lo que no vemos o tocamos no lo sentimos. Digo esto después de escuchar a un experimentado médico hacer unas declaraciones respecto a la frivolidad con la que algunos colectivos siguen tratando al Covid 19, cual si de un reto entre jóvenes se tratara, haciendo caso omiso de las instrucciones sanitarias cuando, acompañando la intervención explicativa al respecto con unas imágenes de enfermos en una ‘UCI', dijo: "Si la mayoría de quienes hacen poco caso de la indicaciones de prevención vieran lo que nosotros vemos cada día, muchos no necesitaban ponerse las mascarillas porque no saldrían de casa". El virus no es ninguna broma, ni se trata de engañar a las autoridades saltándose las normas a la torera con incumplimientos horarios. Así que, por lo que más quieras, no cometas imprudencias de las que luego tú, o tus familiares o amigos, tengan que sufrir las consecuencias. Mi recuerdo para los que nos dejaron, y un esperanzado año para los futuros vacunados.

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